miércoles, marzo 29, 2006

Tortilla de Divorciado con Ensalada Ensimismada. Un auténtico Menú Wolffo.


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Well I'd rather see you dead, little girl, than to be with another man
You better keep your head, little girl or I won't know where I am

You better run for your life if you can, little girl
Hide your head in the sand little girl
Catch you with another man that's the end… little girl


Well you know that I'm a wicked guy and I was born with a jealous mind
And I can't spend my whole life, trying just to make you toe the line

You better run for your life …

Let this be a sermon, I mean everything I've said
Baby, I'm determined and I'd rather see you dead

You better run for your life …


I'd rather see you dead, little girl, than to be with another man
You better keep your head, little girl, or you won't know where I am

You better run for your life …

Desde la primera vez que escuché esta canción sentí unas ganas tremendas de cantarla, incluso una melancolía gigantesca por no haberla escrito yo. Me gustan las tres guitarras, los coros y la magia que tiene la melodía de las estrofas; me gusta esa primera frase: "preferiría verte muerta, nena, antes que con otro hombre", no porque la comparta, sino por lo que tiene de sincera confesión. John Lennon en estado puro, los Beatles en estado puro, yo mismo en estado de estupefacción. Báilate esta conmigo, ¿quieres?

La tortilla:

La ensalada:


Por razones editoriales, he retirado esta receta de mi weblog. Pronto, eso sí, podrás leerla en un soporte más cómodo para ti (y más lucrativo para mí).
Gracias.

jueves, marzo 23, 2006

Otra


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El consejero matrimonial entra sonriente y satisfecho en la estancia; bajo su brazo bonachón, los hombros falsamente dóciles, enormemente sólidos, del animal de bellota que lleva años aterrorizando a su familia con sus golpes, sus gritos, su mal humor. Lola mira asustada, encogida en su silla, sin comprender muy bien porqué su marido y su consejero son tan amigos. Algo no funciona.

Ella sabe, lo sabe muy bien, que el gran talento de su diario maltratador, de su semanal violador, no son los golpes, no son los gritos, no es su capacidad de sembrar el pánico en su casa, sino su paradójico encanto. Su simpatía natural, su sonrisa, su arte para concitar buenos sentimientos hacia él, de ser el centro, de provocar ternura, cuando es el más grande bestia que ella ha conocido.

El consejero, bien alimentado, de porte estúpido y mente enfermiza y actual, carraspea y se sienta en su sitio, al otro lado de la mesa, mientras Górgolo, el marido, ocupa su silla al lado de Lola. Puede que haya sido sin querer, pero Lola, que lleva sandalias hasta en invierno sólo porque a su marido le gusta ver que todos los días se pinta los deditos de sus pies casi perfectos, puede que haya sido sin querer, digo, pero una bota de Górgolo pisa con saña los delicados pies de Lola en lo que supone una novedad: sus pies eran lo único que, hasta ahora, había respetado.

Lola ha aprendido a llorar hacia dentro. Así llora, encuentra consuelo en las lágrimas vertidas hacia dentro, y nadie se da cuenta de que sufre.

El consejero pone sus manos encima de la mesa y entrecruza sus dedos gordezuelos:

- Tengo buenas noticias, Lola…

Lola derrama una lágrima más.

- Me lo ha dicho Górgolo hace un momento: a partir del viernes, va a dejar de pegarte. Eso es bueno, ¿no?

Górgolo sonríe imbécilmente. Lola empieza a llorar hacia fuera. Como tú, como yo. Como todo el mundo.

- ¿A partir del viernes? ¿Y esta noche… y si me pega esta noche?

El consejero abre sus manos como queriendo abarcar el mundo:

- Si eso pasa esta noche, ¡será la última noche! Si has aguantado palizas durante 15 años, podrás aguantar una más…

Górgolo parece incómodo, demasiado grande para un sillón tan pequeño. Además, su indumentaria parece agredir el ambiente, el frío ambiente de la consulta del consejero matrimonial. Cruza las piernas y aprovecha para darle una patadita a Lola.

Ella, con el rostro cubierto de lágrimas, casi sin fuerzas, consigue preguntar:

- ¿Eso es todo…?

- ¿Qué más quieres, hija…? ¿Qué te pida perdón?

- Bueno…

- Naturalmente, hay algunas condiciones que tienes que cumplir, pero nosotros estamos aquí para evitar la violencia, ¿verdad? Lo que perseguimos es la paz, y creo que, por fin, hemos encontrado la paz.

Por vez primera, habla Górgolo.

- La paz de los cojones, sí. Y como no estés contenta esta vez…

El consejero toma la palabra. Sabe, lo sabe bien, que es preferible que una vez declarado el cese de las palizas, es mejor que ya no hable más el animal, y que sea él mismo, como consejero, como pacificador, el que llene de optimismo y entusiasmo cada minuto. Es más presentable.

“Mira, te voy a decir, más o menos, el trato que creo, os conviene a los dos. Ya lo he pactado con Górgolo, a él le parece bien, así que si a ti te convence, ya tenemos solucionado el problema…

“… él deja de darte palizas sistemáticamente y tú, mañana mismo, sin esperar más, retiras las denuncias que has presentado contra él. También, dejarás de ir a la escuela esa de la universidad que vas, para que tengas más tiempo para la casa, que la tienes un poco descuidada últimamente. Vas a tener que dejar esa odiosa costumbre de esconderle las botellas y no volverás a cerrar la puerta desde dentro para que él no pueda entrar si viene con algun amigo o alguna amiga a casa por la noche. Por supuesto, tampoco puedes negarle el débito conyugal…

Vamos, que seguirá violándome, piensa Lola.

“… y tienes que prometer que se acabaron las denuncias. No puedes judicializar la vida marital, cada discusión que tenéis. ¿Qué te parece?”

Lola se levanta y mira a su marido: grande, cabrón y con gafas de sol. Mira al consejero: más grande aún, pero débil de carácter y de falsa pero inagotable sonrisa.

- ¿Por qué…? - Lola, tan llorona, tan maltratada, no quiere firmar el trato- O sea, que todos estos años de palizas, de violaciones, de terror, tengo que olvidarlos sólo porque él, que sólo sabe pegar, gritar, mentir y correrse dentro de mí, dice que ya no va a pegarme más palizas? Esa no es la paz que yo quiero, consejero, eso no es paz. Eso es una paliza más; la más grande, la peor. No, no y mil veces no. ¡No!

Lola, tan maltratada, ha dicho que no.

¿Y España?

domingo, marzo 19, 2006

Miedo


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M-Clan me parece que podía haber sido el gran grupo de rock español. Y francamente, no sé porqué no lo ha sido. Quizá 15 o 20 años antes, no lo sé... El caso es que dentro del desolador panorama del rock español, un grupo tan auténtico, tan banda, tan rockeros sin pose, es muy de agradecer. Tienen muchas grandes canciones pero, para mí, esta, que se la debo a mi cuñado Quique, es la mejor de todas. En su versión original es soberbia y yo, con dos bemoles, la versioneo y la cuelgo para que, definitivamente, mis detractores se suiciden al escucharla. Si me lo permitís, se la dedico a mi sobrino Chejo, que sé que le encanta este tema.

Temo el día en que deje de tener miedo. El miedo es una constante en mi vida, me ha acompañado desde pequeñito y, seguramente, me ha hecho ser como soy.

De pequeñito tenía dos miedos recurrentes. El primero, agarrotador, era el miedo a la madrastra de Blancanieves. Su imagen de estricta gobernanta me perseguía en sueños, escaleras del castillo arriba, hasta que me acorralaba en un balcón en lo alto de la torre y tenía dos opciones: saltar al vacío o entregarme a la libidinosa madrastra. No tengo cicatrices, ni columna doblada ni nada de eso, así que supongo que me enrollé con la madrastra unas cuantas veces.

El otro miedo recurrente que me perseguía asaz terroríficamente era la imagen de Fraga en Palomares. Ese bestial meyba, esas tetas caídas (bajo de pecho, como decía Obélix), esa presencia aterradora… Uf, nunca iré a bañarme a Palomares, pero no por miedo a las radiaciones, sino porque allí donde Fraga ha metido sus huevazos, no me veréis retozando a mí.

Crecí un poco.

Luego me dieron miedo, mucho miedo, Alfredo Amestoy, Kiko Ledgard y Mayra Gómez Kemp. Los tres, desnudos, me perseguían por los pasillos de mi colegio y me acorralaban en la clase de 3ºA – la única sin ventanas de todo el colegio – y me obligaban a tomar un bocadillo de mantequilla con jamón de york y un batido de fresa. Amestoy portaba el bocadillo y lo acercaba amenazador a mi cara mientras lo apretaba y un rulillo de mantequilla desbordaba. Mayra, en segundo plano se limitaba a sonreír y a cantar “que vivan los novios, los novios con marchaaaa…. con marcha nupciaaaal” (un canto premonitorio) mientras Kiko me ofrecía con mano parkinsoniana el batido de fresa que desbordaba por el temblor. Terrorífico, podéis creerme.

Crecí otro poco.

Salía de casa adolescente y terco, con un plumero rebelde de pelos rubioscuros en la cabeza; descubrí lo guapa que era mi madre, y ahora que ya era más alto que ella, le pasaba orgulloso el brazo por sus hombros redonditos y cansados y caminaba con ella así por la calle, como diciendo a mis amigos, vale, vale, pero ¿habéis visto qué madre más guapa tengo? Rubia, bajita, rellenita, con unas piernas asombrosamente bellas y guapa, muy guapa, con una belleza alegre y cansada. Ella era mi miedo. Miedo de perderla. Miedo de que algo le pasara a esa mujer formidable que alumbraba mis noches y velaba mis días. En aquellos días de inmortalidad, aferrado a mis amigos, mi miedo era la soledad, el rechazo. Mi adolescencia terminó un 2 de agosto, cuando recibí una llamada de mi hermano pequeño. Mis padres y tres de mis hermanos habían salido (coche cargado, madrugada de prisas y risas, bocadillos y bolsas de chuches para el viaje) para nuestro habitual mes de vacaciones en el sur; yo cogería el tren esa misma noche y me reuniría con ellos a la mañana siguiente. La voz de mi pequeño hermano todavía resuena en mis oídos:

- Hemos tenido un accidente… Paloma y yo sólo tenemos heridas…. A papá se lo ha llevado la ambulancia… Mamá y Montse están ahí, tapadas… me parece que se han muerto.

Ese día pensé que ya no tendría miedo jamás.

Pero el miedo nunca ha dejado de acompañarme. Ya no tengo sueños terroríficos, ni recurrentes, ni nada de eso; ya no me da miedo la oscuridad, ni siento la mano fría del miedo en mi espalda en los largos y solitarios pasillos y calles; tampoco me dan miedo las chicas y el ridículo ya sólo me produce ternura; pero me da mucho miedo de que las cosas terminen.

De que se termine el amor que me dan mi mujer y mis hijos, el amor de mis hermanos y amigos. Tengo miedo de cada tropiezo de mis hijos, de cada esquina que doblan, de cada día que amanece.

Tengo miedo de pasar inadvertido, no soy como los buenos árbitros, me gusta que hablen de mí; tengo miedo de que se termine este mundo a veces tan cabrón, pero tan fabuloso en conjunto. Bueno, de que se termine el mundo no, sino de que se termine mi historia en este mundo.

Un miedo atroz a la muerte, a dejar de levantarme por las mañanas y sentirme vivo por el amor, la amargura y el deseo. Tal vez si fuera creyente, en algo o alguien, ese miedo desaparecería. Pero tengo la desgracia de ser un descreído, un escéptico y de gustarme más lo material que lo espiritual. Entendiendo por material, claro, una sonrisa de mis hijos, la risa de los niños o el estallido de placer de la mujer que amo.

Tengo miedo, mucho miedo a que todo eso termine.

Tengo miedo, ahora que lo pienso, a dejar de tener miedo, pues sólo venciendo la parálisis a que el miedo me invita, soy capaz de sentirme valiente.

Tengo miedo: pero sigo.

(A modo de Estrambote. Añadido a las ocho y pico de la tarde.
Esta mañana, con el ánimo bien dispuesto, me he sentado a escribir pensando en hacer un post divertido, de esos que -aunque esté mal decirlo- me hacen gracia hasta a mí. Yo no sé quién maneja los hilos, más bien me inclino a pensar que no hay ser superior apretando teclas, manejando hilos, cambiando las agujas; pero el caso es que, de repente, sin darme yo cuenta, cambió el viento: y los aires nuevos me trajeron, a traición, el recuerdo de mi madre. Perdí a mi madre y a mi hermana Montse a los 18 años; de repente, me acordé del día en que casi se derrite mi madre cuando una tarde le dije, al subir de una playa del sur y una ráfaga traviesa de viento levantó los faldones de su pareo, que parecía Marilyn, a sus cincuentaymuchos años. De repente su risa, su voz, sus lágrimas llenaron mi cabeza y un enorme desasosiego me ha acompañado todo el día. Tampoco sé porqué escribo este comentario inútil pero os juro que llevo toda la tarde pensando que debía hacerlo. A lo mejor el miedo no debe mentarse. Es un fantasma que te atrapa y te desafía cada vez que lo mencionas. A lo mejor el miedo es la esencia de la vida. Ni idea, tú)

sábado, marzo 11, 2006

Vete.


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No me des más la brasa con tu melancólica pedigüeñez.

No finjas que me quieres ni un día más: vete.

No quieras darle la vuelta, ni aparecer como víctima, porque víctimas somos los dos. No quieras forzar las cosas para que sea yo el que rompa. ¿Qué más da? ¿En qué alivia eso el dolor?

Has dejado de quererme, ya no soy parte de ti, entonces, ¿para qué quedar bien? ¿En qué mejora las cosas el que puedas decirle a los demás que fui yo el que la jodió?

Hazte un favor: vete. Y ya no vuelvas.

En realidad, querida, me has echado de ti hace ya años. Y si lo piensas, si lo pienso, si un pájaro discrimador observara desde lo alto la escena completa, te lo diría con toda claridad: nunca me aceptaste del todo en tu vida.

No es que fueras alguien de quien presumir demasiado, la verdad, no tienes muy buena fama. Pero, ya lo sabes, a mí eso me da igual, no tengo que rendir cuentas, y cuando lo hago, generalmente es para posicionarme contracorriente, un rasgo estúpido, vale, pero mío. Así que yo te enseñaba con orgullo, te llevaba de la mano, te presentaba en todas partes sin complejos porque, tonto de mí, creía en lo nuestro.

Después de varias bofetadas, la vida te puso a un lado de mi camino y no lo dudé: me eché a un lado de la carretera, me detuve, llené el depósito y (me hice la ilusión de que) te seduje.

Me diste cien gramos de satisfacción y kilo y medio de calamidades, pero en mi balanza vital optimista e imperturbable, las satisfacciones, tan nimias, se convirtieron en toneladas de felicidad, ahora lo veo, fingida, que aplastaban las calamidades, como David aplastó a Goliath.

Hace un año que te estás yendo y sin embargo, cuentas que soy yo el que se pira, el que rompió la baraja el que lo ha hecho mal. Mal, caray, menuda palabra, menuda idea, hacerlo mal. A pesar de todo, te he dejado la puerta abierta, porque de vez en cuando llamas a mi puerta, pero a ver si dentro de un año, sigues viniendo por aquí.

Publicidad, eres una puta muy cara. Casi me has quitado la vida. De hecho, me has quitado la forma de ganarme la vida. Hoy ya no quiero ganármela, me conformo con un empate sin goles y sin lesionados. No me quieres, vale, pero no digas que fui yo.

Yo hice lo mío. Cumplí con mi parte. Te amé y trabajé duro para dignificar tu mal nombre. Y tú te limitaste a dejarte querer y a largarte.

Vete, por favor.

Y no vuelvas más. Nunca más.

lunes, marzo 06, 2006

Uno y trino.

Tres en uno.
Es dura la vida si eres la Golfísima Trinidad. Cuando eres uno y trino, el mundo es diferente. Sur cuento: Fui requerido en el mismo lugar, en el mismo instante, pero como tres prersonalidades diferentes, de forma esquizoide, múltiple. Debía ser Wolffo, el Ciclón de Valdemorillo, un huracán de rocanrol desatado en el pequeño escenario del Plaza; debía ser Wolffus Tribulete, el repórter, el piriodista sagaz e inquisitivo, enviado espacial, que cubriera el acontecimiento e hiciera interviús y todo lo demás; por último, la entidad gestora del grupo de empresas Plaza Mayor necesitaba un famoso, un reclamo eficaz y atractivo para el gran público, el hombre que diera el toque de glamour, de distinción, de sexo desenfrenado: Wolfferas, naturalmente.

Llegué al sitio. El mismo sitio que los lunes y los martes me abre las puertas del zulo latino al que llaman cocina para aleccionarme en las artes de la cocina de batalla; llego, digo, y me preguntan quién soy. Me lo pienso y digo que soy Wolffo, el Ciclón, porque al músico, el día que toca, se le invita a las copas. Cuando soy yo mismo nunca bebo más que PepsiMax y Gaseosa Unide, pero cuando he de transformarme en la bestia sexual que hace que las mujeres se desnuden al escuchar mi garganta rota, entonces bebo vodka con naranja y un hielo, que sabe a fanta y que me coloca sin darme cuenta. Pido, pues, y quedo fatal, porque me preguntan que qué vodka bebo y yo no sé, ¿ruso? pregunto, y no, joder, se trataba de decir una marca y yo de vodkas, ni puta, si me hubieran preguntado por la marca de la gaseosa digo cuatro sin pensarlo (revoltosa, unide, carrefur y casera, lo flipas, ¿eh?), o incluso de la naranja, sueps, fanta, kas, trina, mirinda o gold (la del carrefur, que tiñe los vasos), pero vodka… es como si me preguntan marcas de bragas, ni idea; tarde, muy tarde me doy cuenta de que mi maestro doc me lo ha puesto a huevo mil veces, Absolut, hijo, absolut, un icono de cretaividad publitaria, además…

La chica me pone un vodka que no sé cómo se llama, pero como si pone amoníaco: me da igual. Cojo mi copa, con una única piedra de hielo a la deriva y me siento. En seguida me hace efecto, porque noto que se me acerca San Pedro y se sienta a mi mesa y me dice hola, ¿tú eres el piriodista? y yo sí, coño, ¿cómo lo has notado?, y él, porque de toda la peña que hay aquí tú pareces el único que no sabe ni qué hace aquí ni qué está bebiendo, dímelo en verso, le reto al tonto de San Pedro, pero él es ágil de mente y me dice, se te nota en la cara de idiota. Cabrón. Levanto la vista y veo acercarse un trío increíble: la Divina Gilda y Lostie completamente desnudas, salvo por unas púas Jim Dunlop que posicionan en sus pezones y su triangulito mágico, acompañadas por un inmutable mOe:) que viste un elegante taparrabos de piel de castor y una pajarita hecha de prepucio de elefante. La alegría que me produce la visión de este trío calaveras hace que salga de mi propio cuerpo y me veo avanzar hacia ellos con los brazos abiertos y con una ridícula peluca verde y saludarlos efusivamente. A mOe:) le doy la mano y un amago de abrazo, o sea, tipo apretoncillo en el hombro con la mano izquierda; a Gilda y Lostie les hago el amor sobre la mesa 4 con la excusa de que estoy muy nervioso por el concierto. Son buenas chicas y no se quejan de mi exultante potencia sexual, sino que se les pinta una sonrisilla dulce en la cara y se van a la barra a pedir algo de comer, porque mi apetito carnal les ha abierto el apetito.

Joder, qué nervios, mejor empiezo.

(Pensamientos mientras suena la música:

Wolffo, el rockero:
Mierda, algo no va bien; me oigo fatal y no me encuentro bien; buff, a ver si la gente entra,m porque si no va a ser un desastre.

Wolffus, piriodista:
Suena algo raro, se le ve un poco flojillo, como bajo de moral; a ver si se entona, porque no es del todo malo, el chaval

Wolfferas, el famosete:
Podría callarse el Wolffo este, tengo que ligarme a estas dos monadas y no me apetece competir con semejante chute de sexo con guitarra y armónica…

Gilda:
¡qué rebueno que está el Wolffo y qué palizas es el wolfferas!

Lostie:
A ver si se calla el pelmazo este del Wolfferas, que no me deja escuchar al Wolffo que, por cierto, es un bombón…

mOe:) :
¿me habré dejado la plancha encendida?

Un fan:
este tío hace play-back, fijo)

-.-

Suena la música, bailan las mujeres con gusto, los hombres para ver si ligan con las mujeres, sirven copas las chicas de la barra, el alcohol corre por las gargantas, la cosa puede ir a mejor, pero al cantante se le rompe la uña de su dedo índice y empieza a sangrar y, poco después, una cuerda de la guitarra, cuando ya no se puede hacer una parada. Si se te rompe la prima, bueno, es una putada, pero se puede aguantar. Ahora, si se te rompe la tercera, la de sol, estás jodido. Tus dedos buscan una cuerda para pisar que no está y, automáticamente, pisan la superior o la inferior, y el sonido empieza a ser infernal.

Afortunadamente, el alcohol ha corrido lo bastante como para que no se note tanto como se notaría en condiciones normales. Pero es el peor concierto de Wolffo en mucho tiempo. Suerte que entre el público hay gente estupenda.

En imagen, podemos ver a Wolffo tocando, una fan que no pudo aguantar más
y se desnudó para él, y a Lostie, Gilda y Wolfferas, disfrutando del momento.(Foto: Wolffus)

Quiero mandar un beso muy especial a Gilda y Lostie, que son dos mujeres como hay tres. Bueno sí, hay una tercera, es Guiss, que iba a venir desde su ciudad, pero el cambio de fechas se lo impidió. Quiero, asimismo, abrazar en plaza pública a mOe:). Mirad la forma de escribir el nick. Refleja a su persona, verdaderamente. Es un gran tipo, sí señor.

Bueno, en cuanto tenga tiempo os cuento mis experiencias en la República Bananera de la Zulococina. Hay chicha.

Una cancioncita. A ver si Yambra sabe de quién es. Buch , ya sé que tú lo sabes, pero no jodas el juego.

Foto 1: Gilda
Foto 2: montajillo a partir de material de Gilda, Lostie y mOe:)

Mi perdido amor



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martes, febrero 21, 2006

Quedan de mí estos despojos.


Fui un ángel. Fui el gran hombre que pensabas que llegaría a ser, pero nadie se dio por enterado. Me elevé, muchas veces, por encima del nivel que le está permitido a la humanidad elevarse y, al elevarme, rocé a los seres divinos con las yemas de los dedos, con la punta de mi lengua, casi los envuelvo con el manto de mi alma. Los seres divinos, que lo sepas, son vulgares e idiotas en realidad. Prefiero a la gente. Prefiéreme tú a mí.

Me concentré. Encontré mi sitio. Y me dispuse a pelear. Empecé la pelea con un puñado de palabras bien escogidas, un par de poses estudiadas y una certera intuición para tocar la tecla más adecuada a cada momento. Hice llorar, reír, cantar. Supe dejar el final de cada frase lo suficientemente alto como para ganarme unos puntos suspensivos magníficos, que hoy atesoro como un trofeo. Pero sólo quería llamar tu atención.

Llegué a ese momento sublime en que un hombre se pone frente al espejo y se encuentra mirando a un tipo familiar, aunque no del todo conocido, al que sería capaz de admirar. Soy un buen hombre, un buen esposo, un buen padre y hago bien un trabajo por el que deberían pagarme un buen dinero.

Me gusta escribir y cantar. Me gusta besar los labios de nicotina y miel de mi chica. Me gusta estar viendo la tele y sentir como mis hijos se dejan caer poco a poco, disimulando, como un peso muerto y celestial, encima de mí. Pirateo en el eMule Doctor en Alaska, Twin Peaks, The Beatles Anthologhy, Retorno a Brideshead, Treintaytantos y cientos de pelis musicales (al que no la haya visto, le recomiendo muy vivamente Stop Making Sense de Talking Heads, la cima de las películas-concierto, una obra maestra de Jonathan Demme). En fin, que mola.

Pero, y esto es lo gracioso, me he pegado un hostión tremendo en esta vida. Parece ser que el obstáculo que supone mi edad (41 años) y mi especialización (yo sé escribir), es insalvable. Nadie quiere un tipo de 41 años que sepa escribir. Si supiese hacer otra cosa… pero escribir, ¡a quién se le ocurre!

Tengo orejas. Y ojos. Oigo lo que se dice en la tele. Lo que se dice en la radio. Leo lo que se escribe. Y no soy capaz de entender porqué sobro. No es que yo vaya a arreglar el mundo ni que sea infalible, pero podría hacer que todo eso (la tele, la radio, los periódicos) sonasen mejor, tuviesen mejor pinta. Eso lo sé. Nadie tiene que decírmelo.

Podría escribir diálogos mejores para muchas series de televisión. Redactaría las noticias de la radio sin tanto lugar común mal utilizado. Escribiría artículos mucho más divertidos, aunque fuera sobre OPAS. Pero parece que esas cosas no le interesan a nadie. Es una putada. Lo que yo sé hacer no le importa un bledo a nadie. Casi no me importa ni a mí…

Bueno, escribir este blog ha sido divertido, de verdad, pero me parece que el giro que va a dar mi vida no me va a permitir continuar con él. Tampoco me apetece mucho, esa es la verdad. Y eso se nota. Según he ido desenganchándome de esto (un proceso lento, pero suavemente seguro), según descendía mi entusiasmo, he visto que descendían los lectores y me imagino que así debe ser. Tampoco tengo grandes cosas que decir, ni creo que a vosotros os importen demasiado. Dejaré esto abierto, porque es una forma de que, de vez en cuando, me lleguen noticias vuestras, en forma de comentario que llega a mi e-mail. A algunos de vosotros, muy pocos, si he de ser sincero, os seguiré leyendo, y si veo que mi nuevo trabajo alimenta mi vena creativa, igual os encontráis con una segunda etapa de Peroratas de Wolffo, pero no temáis, es sólo una amenaza en el aire, disparos de fogueo, probablemente.

Quedan de mí estos despojos que me atraen tiernamente. Cosas que he escrito yo, porque yo he querido. Y que han existido nadie sabe porqué. Pero ahí quedan. Espero que no empiecen a oler demasiado pronto. Me gustaría escribir algo bonito para despedirme. Algo que hiciera que tú, que me lees pero nunca te dejas ver, me dejaras un testimonio de tus lecturas. Pero nada se me ocurre. Y además, no sé si esto es una despedida, u otra espantá de palo.

Os recuerdo. Acordaos, de vez en cuando, de mí.

Ha sido un placer.

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Un poco de estadística:

He colgado 53 articulos, desde el día que empecé en blogger, el 13 de septiembre de 2005.

53 artículos en 160 días, una media de un artículo cada 3 días, no está mal.

He recibido, en esta bitácora, 2590 comentarios, de 165 comentariastas distintos hasta ayer. Eso significa una media de 48 comentarios por artículo. De esos casi 2600 comentarios, 469 son míos, lo que supone que soy menos vago de lo que pensaba, porque, por término medio, además de currarme el artículo, me comento casi 9 veces por post. Cada 5 o 6 ccomentarios, respondo, más o menos.

Que yo sepa, han pasado por aquí, dejando constancia:

(nº comentarios) nick

90, LunaNegra

62, Princesa del Guisante,

60, Buch

58, Ararat

55, La Divina Gilda,

53, white

48, Wendeling

47, Cris

45, Fray Barriga

42, UnFósforo

39, Binche y Lostie,

38, sabelilla,

37, Jorge y Niniadulze,

33, Trini

31, jartos y Wolfósfora

30, Malamala

29, Aviador Vividor,

28, Azzura

27, Alfredito y Grial

26, Mons

25, toshiro

23, Andrea y GATOPARDO

22, Manuela en la Trastienda,

21, Dockoff y scape95

20, Tris

19, MaRioSe

18, lola

17, Koalilla,

15, Big y Blenfes

13, Mich

12, ladesordeanada y Yambra

11, Alex, Andaya, Diablilla, Exagerada, inma, javierdebe, Lechuga Carnívora, Reina de las Nieves y Tautina

10, Tronco

9, jopageri, mot, valentina y ZainMaría

8, Pickles y Perlanegra

7, C@rpe Diem, Elvira, Felipe, la bruji, reina y Saä Viccenzo

6, oscura

5, Calamity, mOe,), pijomad y sigrid

4, Brisa, hacernohaciendo, Lara, Rana, synnove y T.

3, Azul, Eragile, Eve, jio, Marmota, solojose, Susy y tenblog

2, Chasky, Dama, el_hombre_que, Gallipato, GUSSANITA, Mardolo, Marea Blanca, MDM, melytta, mirrous, paloma, Sharu, Sol y Wendyqueridaluzdemivida

1, Aldiuca, Alfaro, amanda_amante_amada, Amaranta, angeladini, belver, cabaret, Capitán Cerumen, Capitán Mierda, celia, clo, Choi, christian, D. Itaca, descalzaxlaplaya, Dinobat, Dugongo, Ellylon, erix70, gusgo, ju, la soñóloga perdía, lavecinita, LeeLee, LoMasLejosATuLado, lucelle, mnkantavivir, mónica, muralla, Nepión, PABLO A, pauli, punkseratu, rubbens, ruidoDEtacones, Uada, Ultrasónica, Yak Custó, Zuriñe Vázquez y un montón de anónimos.

A todos, y a los que leyeron sin dejarse ver, claro, gracias.


lunes, febrero 20, 2006

Cantando a Juan, cantando las 80

Debido a problemas técnicos, la semana pasada no pude subir nuevos temas al Castpost, por eso el post de Juan no tenía canción y el de mi concierto de este sábado tenía una canción antigua. Bueno, ahí van las dos canciones que quise haber colgado. Sé que esta -la musical- es la parte que menos interesa de este blog, pero para mí es sencillamente imprescindible.


El abuelo

Esta canción le va como anillo al dedo al padre de mi chica. Cuenta las cuitas de un abuelo rockero que, literalmente, no puede resistir la música de Bach. No es el caso de Juan, que no es rockero, lo suyo son los pasodobles, pero el espíritu es lo que cuenta. No se resigna a desengancharse de la vida. Quiere estar, quiere seguir viviendo. Va por ti, Juan.


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Si ya acotamos aún más el terreno, y de lo que hablamos no es sólo de los 80, sino de la movida mal llamada madrileña, entonces la canción que me viene a la fresa es esta. Ejemplo de aquello que pasaba entonces, cierta movidilla en la calle, en ciertas emisoras de la FM -eso sí- madrileña, que luego amplificó Radio 3, y nula repercusión en los medios, vamos en TVE y los 40 impresentables. A ver si alguien recuerda, o es capaz de investigar, quién interpretaba esta maravillosa canción. Era un grupo de una ciudad del Mediterráneo que no es Barcelona, y que pasaron con más pena que gloria por la música, en lo que a reconocimiento se refiere. Adoro este tipo de canciones: melodías pop poderosas, marchuqui guitarrero y voces, voces, voces. Venga, venga: ¿Quién cantaba esto?

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One day

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Cuando pienso en los años ochenta, me viene, casi siempre, esta canción a la cabeza. Sin ser un seguidor del grupo, sentía mucha simpatía por The Church, y esta canción me explotó en la cabeza el primer día que la escuché. Los 80 tenían esa vena siniestra que ahora muy poca gente recuerda, pero que estaba ahí, sin duda. Digamos que es el verdadero significado del término "romántico": barroco, siniestro, soñador, cruelmente realista. No sé porqué, se ha acabado imponiendo en España la tontería de que romántico es sinónimo de galante o sentimentaloide, o cursi. Es como si nos quedásemos sólo con algunas rimas de Bécquer e ignorásemos, por ejemplo, las leyendas. Una frase del estribillo de la canción describe el espíritu romántico a la perfección: "Algún día nos sacudiremos las sombras de la noche eterna". De esta canción adoro el riff de guitarra que subraya todo el tema, una deliciosa variación del acorde de Re, que se repite desde el principio al final de la canción. La canción, en su versión original, apenas tiene voces, pero el beach boy que late en mí me ha hecho grabar, en algún momento, 6 voces al unísono. El solo de guitarra es bestial, y la canción, a pesar de ese manto siniestro que la envuelve, es una auténtica gozada para tocar en grupo.

miércoles, febrero 15, 2006

Sábado

Un sábado.

El sábado viene, aparece glorioso y es un día de sonrisas y dichos: Sábado, sabadolvo, camisa nueva y un Volvo. Un buen Volvo, digo, en el túnel de lavado de la gasolinera. Hay que ver la de gente que lava el volvo los sábados. Un montón de gente en la calle y lo que más llama la atención es la cantidad de hombres con baguettes y periódicos bajo el brazo que pasean por la calle.

Más de cien sábados los que he dedicado a planchar la montaña de ropa que me hacía sombra en el ventanal de la cocina; más de doscientos los que me he hecho un brioso carreflús, o un princa o un alcampus y he vuelto a casa cargado de víveres y de memeces perfectamente inútiles: mira qué rallador de apios, alucina con este bonito cortapizzas circular, esta lámpara con radio incorporada es divina… Muchos sábados, simplemente, limpieza general. O comida en casa de Fulanito o Menganito. O, rara vez, en la de Zutanito. El sábado es día de siesta, de peli de antena 3 basada en hechos reales que uno no se cree ni de coña, no porque no pasen las cosas terribles, sino porque la vida no puede ser tan cursi. Cuando era joven, muy joven, los sábados eran mañanas de partido de fútbol, y las tardes de esos sábados, llenas de patéticos intentos de ligar.

Muchos sábados, también, viene gente a casa y esos son los más agotadores: ni siesta ni gaitas. Son divertidos, eso sí, pero no son tan relajados como los gloriosos sábados de ráscate el ombligo y patatas en el sofá.

Ay, sábado lento, con toda su tarde por delante sin nada que hacer, sin que aún se vislumbre el lunes en el horizonte, sin planes a la vista… Uno los disfruta hasta que, a las 8, empiezas a ponerte nervioso. ¿Era hoy? ¿Era hoy?

Y bajas corriendo al ordenador. Abres el iméil y buscas un mensaje del gran Wolffo. Ahí está. Era hoy… hacia las 11:30 o 12 de la noche. Miras el reloj: me da tiempo, me da tiempo, pero, por favor, no aparezcas con chándal. Un poquito de liturgia rocanrol, por favor.

El sábado 25, de nuevo, al filo de la media noche, como aquel peripatético Carrascal, Wolffo , el Ciclón de Valdemorillo vuelve a soplar en el bar Plaza Mayor (c/Cristo, 30, Villanueva de la Cañada), y allí os espero a todos los que queráis acercaros a pasar un buen rato con buena música. El Plaza Mayor es un sitio genuino, donde podéis cenar antes del rocanrol y podéis tomaros una copa o diez durante y después del singular acontecimiento.

Si quieres, escucha esto otra vez:

El ritmo del sol


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Bueno, a ver si soy capaz de explicarlo. Es una maqueta casera de un tema mío, no le busques más explicación. Es así de malo. Se trata de una dosis de rhythm and blues en estado puro que explica muchas de las cosas que sentí cuando decidí dejar Madrid y venirme a vivir al campo. Si la volviera a grabar hoy, seguramente le añadiría una armónica y le pediría a mi maestro Arturo que tocase como sólo el sabe la slide guitar. La grabación, por cierto es infame, pero es todo lo que fui capaz de hacer en casa con el ordenador y mis limitaciones como instrumentista. A ver si os gusta.

lunes, febrero 13, 2006

Hablando de la vida, hablando de Juan.

No soy de los que echa la culpa a la sociedad de nada: creo que todos, o mejor que todos, cada uno, individualmente, somos responsables en la parte que nos toca de cómo están las cosas. Cada vez que oigo lloriquear a alguien maldiciendo y echándole la culpa de todo a esta sociedad, los gobiernos, los políticos, el capitalismo o las multinacionales, pienso: otro vago, otro quejica profesional, otro que se esconde, otro que ladra, otro, en definitiva, con el que no podemos contar.

Mucha palabra y poca acción. A parte de otras cosas, yo creo que la crisis más grande a la que se enfrenta occidente, su propio modo de vida, tiene su raíz en los niveles y núcleos más elementales de la sociedad. Hemos abrazado la modernidad en aviones supersónicos y la velocidad ha sustituido al tiempo y es la nueva religión. Velocidad para desplazarse, velocidad de conexión, velocidad para cocinar, para comer, para amar, para vivir. Y las cosas, claro, necesitan su tiempo.

La expresión más cruel de estos tiempos es, a mi entender, el trato que se le da a los mayores. Cuando llamar viejo a alguien es un insulto, es que hemos perdido la cabeza. Haciendo valer lo que he escrito en el primer párrafo, hace años que me he puesto en acción, iniciando pequeñas revoluciones personales, sin soltar monsergas a nadie, pero actuando de un modo consecuente con lo que predico. Así, los que me conozcan, saben que odio la expresión es muy joven por dentro,o me siento aún joven, tratando de decir de alguien, que aunque ya es viejo o mayor, conserva la cabeza en su sitio, la curiosidad y las ganas de hacer cosas. Creo que la juventud, lejos de ser un tesoro es un estado de idiocia que se cura con el tiempo, y el gran objetivo de mi vida es llegar a ser un viejo, un gran viejo, un abuelo cebolleta, orgulloso de serlo. El verdadero tesoro de una sociedad sana son sus viejos, sabios y ancianos maestros, los que atesoran los mayores conocimientos.

Y todo este rollo viene a cuento de que quería hablaros de Juan, una persona de la que dirían en un telediario, haciéndose los ingeniosos: “un joven de 78 años que bla, bla, bla…”. Juan, a sus 78 años, está mucho más cerca de ser un gran viejo que un ridículo jovencito. Juan dice de él mismo que es un viejo, y a mí me aplaude el alma cada vez que so lo oigo decir. Porque nunca lo dice en tono lastimero o para concitar el amor o la atención de sus hijos, sino que lo dice con orgullo. Sabe mucho más de la vida que cualquiera de nosotros por la sencilla razón de que lleva mucho más en esto que nosotros.

Juan está libre de artificio. Sigue sosteniendo con orgullo que él es perito, no ingeniero técnico, y no hay nada que le haga más feliz que ver cómo un nieto de andares aún torpes es capaz de dar peligrosos pasitos para correr a abrazarle gritando: ¡Güelooo…!

De Juan puedes decir muchas cosas, excepto que está jubilado: su taller, su jardín, sus chapucillas, su ordenador, le mantienen ocupado unas 35 o 36 horas al día. Y eso sin contar a su prole, que le dibuja una sonrisa bonachona cada vez que se reúne en torno a él.

Juan es de esas personas que sabe arreglar una tele. A mí me asombra, os lo juro, sabe abrirla, mira y dice, ahí, y señala algo que tú ves tan perfectamente bien como el resto, pero él sabe que es eso lo que está estropeado. No he visto persona que sepa tanto de electricidad, de verdad. Juan entiende todos los aparatos de la casa.

Tendrías que verle trabajar la madera: realiza verdaderas esculturas o trabajos de precisión (tengo que pedirle un tablero de baloncesto para Borja, a ver si me acuerdo) y es un auténtico artista de la reproducción. No hay forma que se le resista y trabaja la madera con una precisión y una elegancia asombrosas. Entre otras cosas, claro está, porque lleva mucho tiempo haciéndolo. Es la ventaja de ser viejo.

Juan se ha metido en esto de internet hace poco, sin complejos, y sé que a veces me lee y me escucha, y hay veces, cuando me pongo excesivamente carnal, que le gustaría darme un pescozón, pero calla con discreción, igual que todo el mundo. La gran sabiduría de Juan está en su curiosidad: no le dio ninguna pereza comprar un ordenador y pedirle a sus hijos, los magníficos Quique y Richard, que le enseñaran a moverse con el teclado y el ratón. Sencillamente, vio que todos hablábamos mucho de internet, que bajábamos películas y canciones, que encontrábamos de todo y dijo ¿por qué yo no? Y ahí le tenéis, tecleando, buscando información y bajando pasodobles a toda pastilla.

Juan (y Celia, que eso es obra de los dos) tiene el jardín más bonito de la sierra de Madrid, lleno de plantas y de fuentes de inspiración alhambresca. El jardín de mis suegros es uno de los sitios más genuinamente alegres que he visto en mi vida.

Pero lo que más agradezco yo a Juan (y, por extensión, a toda la familia de mi mujer) es el modo en que nos acogieron a mí y a mis hijos cuando irrumpimos en sus vidas. Un día llegó Susana y dijo: a partir de ahora soy yo y estos tres, y desde el primer día, desde el primer minuto, nos quitaron el frío y la incomodidad que suele presidir estas situaciones, con un manto cálido de amor incondicional. Sin preguntas. Si tú eres el hombre al que quiere a mi hija, parece decirme, a veces, no hay ni un pero que yo te vaya a poner.

Y es que hay una cosa de la que puedes estar seguro, Juan. Nadie, ni en este mundo ni en ningún otro, puede querer a tu hija Susana como la quiero yo. Gracias, a ti y a Celia, por traerla y por cuidarla hasta hacérmela llegar.

Imposible pensar en un regalo más generoso.

jueves, febrero 09, 2006

Pareja de doses

Soy el hombre que anhelas,
sin duda, sin duda, sin ninguna duda,
piernas resistentes, mente ágil,
ojos claros y cansados
y de voz sexualmente, subrepticiamente arenosa
.

Así te hablé el día que nos conocimos y tú, cretina indomable, naturalmente, huiste. No quisite desnudarte y que así, desnudos los dos, jugáramos al monopoly, linda idiota, porque decías que el monopoly era unjuego capitalista. ¿Y qué más da el monopoly? ¿Crees que a mí me importaba el monopoly? Yo quería, lo admito, verte el ombligo. Porque de una mujer, a mí lo que de verdad me gusta es la piel que rodea el ombligo (para ser más exactos, desde las cejas hasta los tobillos, lo que es el arededor del ombligo, vamos)

¿Qué raro, verdad? Tú habías triunfado, eras una estrella del cine, había millones de personas que te idolatraban y yo, el botones del hotel de Valladolid en el que te alojabas cuando aquel festival de cine, no significaba nada para ti.

Te ponían una alfombra roja, te miraban cientos de objetivos, te iluminaban los focos y los flashes, y yo, sexualmente, subrepticiamente, me metía en tu habitación y revolvía tu ropa interior y te dejé mis calcetines entre las sábanas para que durmieras con aroma a mí, no sé si te diste cuenta (no trabajo en el turno de noche), pero me da igual, diva imbécil, porque no supiste ver amor en mis avances, sólo viste amenazada tu torre de marfil.

Me escondí desnudo en la ducha de tu suite, usé tu epileidi para depilarme el cuerpo entero (qué dolor, madre mía, ¿de verdad lo usas en las ingles?) me tapé la cara con tus bragas negras y pinté mi descomunal miembro con tu pintalabios rojo putón, como metáfora de nuestro amor sexualmente, subrepticiamente, puro. Tú no supiste ver amor. Sólo viste sexo. Entiendo que ante la visión de un físico como el mío, envidiado, deseado, sólo pensaras en el sexo, pero mi mensaje no era sexual, sino límbico. Te estaba ofreciendo un limbo, aborto de artista, un purgatorio de los sentidos un afueraparte de todo, y tú te centraste en el grosor mi lanza carnosa, sólo viste una taladradora y empezaste a gritar.

Jamás me habían dado semejante colección de hostias. Un catálogo de puñetazos, patadas, insultos burdos (guarro, hijosputa, perbertido –lo decían con be, te lo puedo jurar)… Guiñapo es la palabra adecuada para definir mi estado.

Pasé un par de días en el calabozo y un juez al que le caías especialmente mal me soltó sin demasiados aspavientos. Por ti, mujer fatal, perdí mi trabajo, arruiné mi carrera como botones (en cinco años podía haber sido jefe de planta) y puse rumbo a Hollywood.

Te busqué por esa ciudad de autopistas, me hice negro y pandillero, porque los hispanos estaban todo el día escuchando reggaeton, y me resultaba más fácil el contoneo chuloputas y el hablar gesticulando con el pulgar, el índice y el corazón propios des hip-hop quie escuchábamos los negros, y mis conmilitones estaban tan colgados, que no llegaron a darse cuenta de que, lo que en realidad me gusta, es la música de los beatles. Fui negro por ti, es lo que qería decir, pero me ha salido un párrafo en vez de una frase.

Me hice guionista de pelis de negros, pero me echaron; mi agente me dijo: búscate un nicho, y yo le dije, no jodas, prefiero donar mi cuerpo a la ciencia, y me dijo, no, gilipollas, un nicho de mercado, una especialidá, algo más concreto que pelis de negros, así que me hice guionista de pelis de políticos italoamericanos bienintencionados que se ven desbordados por la maldá del sistema y se corrompen, pero ese nicho resulta que se pasó de moda justo una semana después de que yo entrara, así que cogí los 35 guiones que había escrito en esos tres meses, y se los metí por el… bueno, por ahí a mi agente. Me hice entonces hombre corriente, con la esperanza de encontrarte en la cola del banco o algo así, pero fue inútil, un vendedor de perritos calientes me dijo que tu banco era un banco onláin, así que no te encontraría en la cola de ibercaja.

-.-

Hoy, trabajo en la churrería y vivo en Valdemorillo, y hace un mes que te encontré despachando pescao en el súper. Estabas gorda, pelín grasienta y simpatiquísima con las señoras del pueblo, y un poco menos con las de las urbanizaciones. Esperé a que salieras. Me viste, pero vestido, no te acordabas de mí.

Hoy, hueles a trainera de arenques; tu pelo es un desastre, eres el antídoto contra la lujuria andante. Pero eres puro amor… Y hoy quieres tener una historia conmigo, porque no sabes que ya tenemos una desastrosa historia en común.

Y yo no sé si decirte que ya fuimos, para que se te quiten las ganas de que volvamos a ser. Porque parece ilusionarte que te espere a la puerta del súper con un cucurucho de patatas recién fritas en la churrería.

Yo huelo a fritanga, tú a pez.

Grasienta y apestosa pareja.

Pero pareja, al fin.

She is love

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Me gustan mucho Oasis. Y pienses lo que pienses de su cantante, te caiga lo gordo que te caiga, es de esas personas que sabe hacer música. No es que tenga una gran voz, pero tiene un swing especial para cantar. Y cuando se ha soltado a componer, no lo hace nada mal. Esta canción, que es una auténtica belleza, es prueba de ello. De esta canción me gusta que no tenga ni batería ni bajo, la parte rítmica se resuelve con dedos chasqueantes, pandereta, plamas y una guitarra acústica tocada con la muñeca bien sueltecita. Añades un organito redondo y un poco de guitarra distorsionada, una, dos y tres voces y ya lo tienes. Una preciosa y alegre canción que es una celebración del amor. Ella es amor, ¿no es fantástico?