A palo seco
Cuando Burdon (si os gusta la múisica en serio, visitad su blog, es magnífico) me presentó a Los Hermanos, me dejó un poco flash. Nunca había oído nada parecido; o no, quizá llevaba toda la vida escuchándolo en mi cabeza, pero no había descubierto a ninguna banda que sonara así. Los Hermanos son una banda de rock, y son brasileños. Y se les nota a veces más lo uno que lo otro. En este tema, que yo sólo he oído en un "desenchufado" de esos con más enchufes que un primo del rey, se les nota más brasil que el rock. Busca el original en YouTube y escuchalo y míralo porque es maravilloso. Me he atrevido con él porque soy un hombre osado, que no tiene vergüenza, y tiene muchas ganas de cantar. Me encanta, a pesar de ser español, tener muchos más que 25 años y de sentirme, no lo puedo evitar, mucho más cerca del blues que del tango argentino, o de la rumba, vamos. Quiero dedicar este temazo a mi recién conocida, pero ya queridísima Fugaz, que tiene acento de Fuenterrabía, ojos de gran angular y labios de caramelo. Y un corazón que sí que le cabe en el pecho, de acuerdo, pero que acoge mucho más que los corazones normales. A ver si te gusta, Fuggie.
Aquí puede bajarse con sonido guay:
(Extraído del libro de viajes WolffoTours, la Obcecada Guía del Viajero Obtuso)
Lo primero que el viajero avezado descubre nada más poner pie en tierra brasileña es que no es para tanto: ni te entran ganas de bailar, ni eres mejor futbolista, ni nada. Eso sí, sientes, espiritualmente, que una nueva realidad, cadenciosa y tropical, invade tus muslos inexorablemente. Ya en las rodillas, no, pero en los muslos... Es lo que los más viajados conocen como Muslitos de Brasil, y no voy a extenderme más sobre este asunto.
No lo hacen con todos los que llegan a Brasil, ni siquiera con todos los importantes, pero si tienes
suerte y eres un profesional de reconocido prestigio, las autoridades brasileñas gustan de cumplimentar al viajero con el célebre recevimento, que no es, ni más ni menos, que un recibimiento con acento brasileño y bastante agradable, si he de ser sincero. En mi caso, en este viaje a Río, sabiendo que Lula es un hombre esencialmente despistado, elegí un precioso traje chaqueta de color amarillo desirè de la diseñadora de mi familia, Wolfoleeza Rice, que sabía que impresionaría, por su elegancia y por su sencillez, al presidente Da Silva.
- Eu realmente impresonado por la eleganza e sencillez esencial del tuo Rice, amigo Wolffo. Eu tenho un presente para você. Eis Ronaldinho como simbolo de hermandade do Brasil du Espanha. Complace-te?
Aunque no es algo que aconseje que hagáis vosotros, viajeros ávidos de nuevas sensaciones, le metí, sin más ceremonias, el muñeco por el culo. ¿No te jode? un peluche de Ronaldinho...
Mi viaje continuó por tierras brasileñas sin mayores percances. Río de Janeiro, lo digo para que lo sepas, es un sitio con bastantes tías buenas, ese podría ser el dato demográfico, cultural y natural más relevante de este sitio del demonio. Hay mulatas que cortan el hipo, de acuerdo, pero no veas qué rubias se ven también.
Otra cosa bastante importante de Río de Janeiro es que está en la playa, no en el río, como su nombre parece sugerir. Bueno, quizá haya un río, no digo que no, pero la movida, lo que es la movida, está en la playa. Y la gente va más de rollito playa que de río en plan pesca y eso.
Luego tiene cosas muy parecidas a Valdemorillo, como por ejemplo que hay niños en la calle que juegan al fútbol (y a algunos se les da bien, Brasil podría convertirse, uno de estos años, en una potencia futbolística, al loro) y que las mujeres en general, cuando paseo por la calle, me saludan con una sonrisilla como diciendo hay que ver qué noble eres, zagal.
En Rio de Janeiro descubrí un brebaje negro al que llaman cafe, que es bastante parecido al café que tomamos aquí, pero allí le dan más prosopopeya.
Es un sitio bastante religioso, porque tienen una especie de cristo del que unos simpáticos brasileños colgaron una pancarta para darme la bienvenida. No le dediqué demasiado tiempo
al tema, porque, la verdad, tengo una estatuilla bastante parecida en casa, que en vez de los brazos en cruz los tiene apoyados en una espada o algo y es dorada, en vez de piedra, y se llama Óscar y no sé como se llama el Cristo. Pero vamos, que si vas, lo váis a ver, porque es bastante grande y lo han puesto en un sitio muy vistoso, como para que se vea. No tiene pérdida, así que no vamos a perder más tiempo con el cristito de los huevos. Vas, lo ves y si te mola el tema, te acercas. Punto.
Yo, os voy a ser sinceros: fui a la playa, que es donde estaba el recurso natural de Brasil por excelencia: las mujeres mollares. Puede que haya museos, no voy a decir yo aquí que no los haya, pero el arte en este país está en la playa, embutido en bonitos tangas.
Provocando un cambio social.
En la playa me encontré eso, un montón de gente que no sabía muy bien qué hacer con su tiempo libre y yo, que no soy un turista pasivo, sino un viajero activo que interactúa con su entorno para adaptarlo a sus necesidades si es necesario, me puse manos a la obra.
Empecé a soltar a la gente que iba por ahí, desocupada (un montón de peña, os lo juro), que si unas maracas, que si una pandereta, que si botella de anís, tú, cara triste, toma este pito, tú, que no tienes remedio, coge ese palo y le zurras a la lata esa... en ese plan: organizando, dando a la gente una razón para vivir, podríamos decir.
Ellos, curiosamente, pasaron de tener una expresión triste y bonachona (como un san bernardo, por ejemplo) a tener la alegre jeta que, por ejemplo, luce Woody Woodpecker, el pájaro loco.
Les di unas nociones básicas de percusión y ritmillo y se pusieron a hacer ruido y aquello sonaba bien. Las tías, que hasta ese momento se limitaban a estar buenas de una forma, digamos, admirable (es decir, se ponían ahí y tú las admirabas y punto), querían participar de aquello nuevo que estaba surgiendo y les dije:
- Colgaos unos avalorios de los pezones y moved las tetas y ya puestas, el culillo al ritmo de la música...
Eso estaba hecho. La gente hacía algo parecido a bailar... Se movían, estaban felices, disfrutaban, ejecutaban lo que los entendidos llaman un punto de inflexión en el devenir de una civilización.
- Llámalo cambio social – me dijo Lula, en plan pelmazo
- No, nada de eso... – dije yo mirando al horizonte con mi limpia mirada de halcón noble y peregrino- Lo llamaremos ¡Samba!
Y así se inventó la samba. Luego, les organicé el temita para que no se pasaran el día con la samba, y con fugaces pero clarividentes fogonazos de inspiración, les regalé los carnavales, para que una vez al año se pusieran todo lo pesados que quisieran con eso de la samba.
El Amazonas:
como el Manzanares, pero con más mosquitos y con ecologistas
Dejé Río con lágrimas en los ojos, porque me había pillado los dedos con una ventana y cuando me pasa eso, pues lloro.
Me dirigí a un sitio que tenían ahí bastante abandonado que era un río bastante grande, al que llamaremos Amazonas, para entendernos. Pero que se sepa, el río no tiene nombre.
El Amazonas es sorprendentemente parecido al Manzanares, pero tiene la ventaja de que no lo atraviesa la M-30 ni pasa por debajo del campo del Atleti. A cambio, me pareció, mirándolo, así a ojo, que era un poco más ancho y, esto seguro, tiene muchos más mosquitos, y más grandes.
En el Amazonas también hay tías, pero estas no están nada buenas, como las de la playa de Río. Y eso que de estas se puede decir, auténticamente, que son tías de río, y no de playa. Jeje, es un chiste, no sé si lo has pillado. También hay peces, pero la gente sigue prefiriendo ir a la playa, seguramente por las tías. Es decir, la gente en la playa procura diverirse, en el río este, sin embargo, aparte de esas mujeres feas y de hombres con peinados parecidísimos a los de las mujeres feas, encuentras a un montón de gente que se hacen llamar ecologistas, y que están allí, principalmente, para amargarle la vida al personal. Los ecologistas disfrutan anunciando un apocalipsis, pero sin la gracia de un Nosferatu, pongamos por caso. Uno pasea por el amazonas y no sabe qué le molesta más: la presencia de los mosquitos o de los activistas de greenpeace.
En el Amazonas me limité a disfrazarme de extraterrestre y organizar partidas de poker estilo tejano y partidas de caza con los nativos para asustar ecologistas y nos lo pasamos pipa.
Me adoran, estos feísimos amazonos.
Y en Brasil, lo que es el país, desde entonces, se me quiere muchísimo, como todo el mundo sabe. Si echamos una mirada al mapa do Brasil, es fácil ver las dos ciudades que me dedicó este pueblo
bailongo y entrañable.
Wolffluviale es un próspero Centro De Ocio Natural donde se enseñan técnicas de asustar pelmazos y de relajación. No vayáis porque a pesar de ser un Centro De Ocio Natural, es un coñazo de sitio.
Valdemorillo do Brasil, al sur del país, casi en la frontera con Argentina, es un sitio asombroso. Han reproducido, en homenaje a mí, piedra por piedra, Valdemorillo. O sea, un horror injustificable. Y no vayáis, porque para ver lo que váis a ver, tenéis Valdemorillo aquí al lado y encima, yo os invito a comer a casa, hombre.
Será por dinero...
Recomendación final al viajero:
Ve, que mola, pero tampoco creas que lo vas a flipar todo el rato. O bueno, a o mejor sí que lo flipas. Pero si lo que buscas es flipar, lo que se dice flipar, Fresnedillas de la Sierra, colega. Un día te cuento.