miércoles, mayo 10, 2017

Un hortera llamado René (Mis líos con María IV)

 
Hubo una época, de remembranza no demasiado grata, la verdad, en la que rondarte era una experiencia peligrosa. No, ni siquiera eso... rondarte ni se me pasaba por la cabeza. Así las cosas, la sensación que yo tenía al hacerlo era la de caminar por una fina y bamboleante pared de yeso, entre dos ardientes parcelas, odiosas las dos: el ridículo y la indiferencia.
Temía tanto que mi obsesión te resultase cómica, como no despertar emoción alguna en ti. Fue la época en que te liaste con René. Maldito René.
René era un ejemplar genuino de imbécil integral y tú a su lado, déjame que te lo diga, parecías...
...
...
... vulgar.




René iba en moto, y esa era la típica cosa (me refiero a ir en moto) que me parecía envidiable hasta que vi que René la practicaba. René era bastante mayor que tú y que yo,  pero -como casi todo el mundo- estaba en mucha mejor forma que yo y que tú. Eso no es difícil, teniendo en cuenta que yo dejé de estar en forma,más o menos, a los 16 años y tú... tú nunca has estado en forma. Has estado muy buena siempre, bien es cierto, pero no en forma. En buena forma. Afortunadamente, no te ha dado nunca por salir a correr a la calle o, lo que hubiera sido imperdonable, ir a un gimnasio o a bailes de salón, salsa o sevillanas. En eso siempre fuiste tan estricta como yo: es imperdonable cualquiera de esas cosas.
René sí. Iba al gimnasio. En esa época en que los gimnasios olían a pies. O sea, en cualquier época desde los años 80 hasta ahora. Antes de eso olían a linimento Sloan, que era el equivalente a la Rhum Quinina de las barberías de antes, las de pirulí, las de antes de los consultorios de belleza, antes de que el mundo se volviera idiota. René ha sido, podríamos decir, cntribuyente neto a la idiotez mundial, un importante activo de la ola de horterez y la oquedad craneal humana que se impone en nuestros días. René es culpable.
René tuvo la desgracia de tener lo que podemos llamar unos padres memos. Le bautizaron Renato, pero como nació el 14 de julio,día de la república francesa, su madre, Doris (Dorotea de nacimiento) que era imbécil, insistió a todo el mundo, ya desde el hospital, de que debían llamar René al bebé de aspecto desdichado y como alargado que dormitaba en un capacho a su lado. Triunfó el empeño francófono de la madre, en parte porque a la gente le daba igual llamar Renato o René a aquel pequeñajo cetrino, larguirucho e infeliz, y en parte porque en la Ventilla, antiguo pueblecito y luego barrio del norte de Madrid, donde todo el mundo debía tener un mote, hubo una especie de consenso espontáneo en que llamar René a aquello... en fin, era más cruel que el mote más despiadado que se les pudiera ocurrir.
Creció René con una pátina de atontolinamiento de la que fue liberándose como de la pelusilla del bigote de los adolescentes: a base de hacerlo crecer y convertirlo en idiotez fuertemente enraizada en su cuerpo y su alma. Fue un joven flacurris y pálido en los primeros 80, un chico a la moda, así que vestía como un afterpunk, hablaba con dulzura afectada y amaneradamente mal, y vivía como un posmoderno cualquiera, de la Vía Lactea al Sol, del Pentagrama a Escridiscos, de Donoso al Knight y terminaba sus findes a esondidas en el Globo, a escondidas porque era un sitio medio jipi y nada moderno, pero tenía la ventaja de estar cerquita de su casa.
Cuando la fiebre movimadrileña bajó unos grados, terminó de mala manera sus estudios (o sea, no los terminó) y empezó a trabajar en publicidad, era la época de ¿diseñas o trabajas? y él se puso a diseñar.
Cuando René llevaba un tiempo trabajando en publicidad, empezó a frecuentar los gimnasios, hacerse aficionado a la enología, leer novelas históricas, escuchar música de mierda, comer sano y tocarse los huevos mientras se quejaba de lo liado que estaba con sus muchos temas. El alfeñique, pues, fue dejando sitio a un señor normal, eso sí, aún con cara de besugo y un rictus de profunda estupidez que ya nunca abandonaría su rostro ahora saludable. Esto en cuanto a su aspecto, porque en lo que respecta a su intelecto, vaya, hay cosas que no tienen una solución fácil. Ni la tendrán.

René no era más merluzo que el común de los mortales, pero era merluzo... es merluzo, de hecho. Nada puede sorprenderme de los ataques a la decencia y el buen vivir de René, un hortera más previsible que las estaciones, pero, María, hija... ¿cómo fuiste capaz de liarte con semejante montón de mierda?

María conoció a René en una fiesta en la facultad de Derecho de la Autónoma de Madrid, y ambos, medio pedos de coca, se fueron al baño al ratito de magrearse un poco para ver si consumaban su recién comenzada amistad con un polvete rápido y deprimente en los repugnantes baños de Derecho. Eran repugnantes sin fiesta/botellón,así que podéis imaginar sin mucho esfuerzo cómo eran cuando 100 cabestros bebían y bebían y luego trataban de acertar sus erráticos pises en las tazas. Tenían una especie de película barrosa en toda la superficie del suelo, una humedad sucia y fría, y un aire absolutamente irrespirable. A René no se le levantó, pero su poca vergüenza le hizo gracia a María y así, lo que hubiera sido un polvo asquerosete, se convirtió en una divertida anécdota y el pistoletazo de salida a una relación absurda y desnivelada.

María llamaba Ronnie a René, porque le causaba rubor decir en voz alta semejante nombre para referirse al desdichado René, y decía que, además, se parecía a Ron Wood, el asalariado de los Stones. Aunque lo cierto es que había que tener muy buen corazón para dar por válido ese parecido: efectivamente tenía una prominente napia, con el tabique desviado, aspecto de tonto con suerte y te caía mal de primeras, pero ahí terminaban las semejanzas. Cuando estaban enrollados María y René, yo vivía con Vladimira, que no se llamaba así, pero es que no me acuerdo muy bien de su nombre, aunque la quería mucho, en serio. Era prima o amiga del alma, o hermana, de María,no me acuerdo, pero vamos, que me la presentó María y yo, que me fiaba de María mogollón, me hice noviete de Vladimira y ésta,antes de que me diera cuenta, estaba preparándome el desayuno en casa. Ahora que lo pienso, a lo mejor Vladimira era hermana de René. Nunca se me han dado bien los parentescos y eso.

Un día, Vladimira estaba fumándose un peta de té con costo (yes, she did) y decidió cambiar las cortinas del cuarto de estar. Como no tenía una escalera a mano, se subió a la estantería blanca para la tele de Muebles La Fábrica que había junto a la ventana. Era una estantería horrorosa, pero con ruedas, así que, bueno, os podéis imaginar. Hostiazo. Rotura de Orgullo y menisco a la virulé. Hala, al sofá, o a la silla de ruedas, con la mantita y la botella de agua caliente y a darme el coñazo con los yaquestás (... de pie, traeme una mirinda, hazme una tortilla o córtamelasuñas de los pies) y yo, pues venga, porque me daba mucho el coñazo, pero la quería tanto...
Pues en esas, vino a hacer la visitilla al enfermo María, con otra chica que me caía superbien, pero que no me acuerdo ni de su cara, y que no sé si era hermana de Vladimira, de María o del puto René, pero que tenía unos pechos (dos, para ser exactos) muy bien colocaditos, uno a cada lado, en la parte antero frontal del tórax. No trajeron al bobo de René, pero éste hacía de chófer, y las dejó en mi casa mientras se iba a jugar al pádel. Por el telefonillo me dijo que si iba con él. No le maté de milagro.
Así que suben María y Pechoslindos a mi casa, convertida, por mor de la invasión, en pabellón de reposo de Vladimira y yo les abro la puerta, las llevo en presencia de la doliente Vladimira, les pongo un café, y me disculpo y me voy a mi despacho a reunirme con mis asesores fiscales (1). Para estas reuniones, solía hojear, para documentarme, la vieja colección de Fotogramas de mi hermano mayor, porque habéis de saber que además de versar sobre el séptimo arte, traía siempre, in illo tempore, interesantes reportajes naturistas, o sea, tías en bolas, al estilo de Interviú. De Interviú también guardaba un único y viejo número,  mi ejemplar favorito, uno que me impactó profundamente en mi tierna adolescencia, el que tenía un lindo reportaje titulado "Bárbara Rey. Fruta prohibida".

Así que allí estaban Vladimira, con María y Pechoslindos en la terraza de mi casa fumando las cosas raras que preparaba Vladimira; yo y mis asesores fiscales en mi despacho y René, se supone, en la pista de padel cuando se desató la locura. Yo estaba, digamos, en pleno argumentario, ensoñando y disfrutando la fruta prohibida, cuando Pechoslindos entra en mi despacho corriendo, levantándose la falda y bajando con habilidad increíble sus bragas, porque estaba buscando el baño, según dijo ella misma y me caza con las manos en la cosa. Bueno, no daré muchos detalles, pero cuando entró María en el despacho, buscando a Pechoslindos, yo había cambiado la fruta prohibida, por los lindos pechos de Pechoslindos y ésta, sentada a horcajadas sobre mí, me hacía una demostración práctica de cómo era el baile que estudiaba en ese momento, bamboleeeeo, bamboleeeia y todo lo demás.
María, sin poder aguantar la risa, provocada por el peta, trae en su silla de ruedas a Vladimira  y yo estoy en una situación complicada.
Estoy encajado, por decirlo así en Pechoslindos que ha entrado en trance y sólo dice noooopares, siguesigue y yo tengo ganas de parar y no seguir, porque María y Vladimira no hacen más que regañarme por estar tirándome a Pechoslindos, pero ambas me regañan entre risas incontroladas por algo que se me escapa. En un momento dado, Vladimira dice:
- No has sabido leer nuestra relación
La estupidez hace que las risas de María cambien de bando y ahora no puede dejar de reír de lo boba que es Vladimira. Son demasiadas emociones y a mí se me viene abajo el asunto y ahora la que está enfadada conmigo es Pechoslindos que termina yéndose con Vladimira a maquinar contra mí mientras yo intento aprovechar la coyuntura para liarme con María que, dicho sea de paso, no opone demasiada resitencia.
Al rato, cuando estoy enseñándole a María unas suertes, aparece el hortera de René, a quien fueron a buscar Vladmira y Pechoslindos, sorprendentemente aliadas contra mí, recortando su figura por el quicio de la puerta. Se monta. Drama. Melodrama, incluso. René es bueno y de lágrima fácil para el teatrillo sentimentaloide y alterna gritos y silencios con sorprendente sapiencia y manejo de los tiempos. En un discurso imperdonablemente cursi, pero conmovedor, deja sobre la marcha a María y yo me froto las manos
- ¿Por qué?
- ¿Por qué qué?
- Que porqué te frotas las manos... si crees que como quedo disponible, me voy a ir contigo, estás loco
- Mujer... pero ¿cómo piensas eso de mí...? (es exactamente lo que estaba pensando) ¿Qué clase de tipejo crees que soy...?

 Como casi siempre, María sabía exactamente la clase de tipejo que soy, pero con María lo que ocurre es que aunque lo sabe, me lo perdona, increíblemente. Yo debería aprender de ella y no despreciar sus relaciones con gentucilla como René, pero no hay manera de que aprenda. En cuanto voy a aprenderlo, zas, se me pasa.

Pero lo curioso del caso es que, aunque me avergonzaba que me tuviera tan calado,nunca perdía la esperanza de que un día, pudiese hacerla mía del todo. Nada de acostarme con ella... sino que se enamorase de mí absolutamente. Como yo de ella. Que dejase de pensar que soy el peor error de su vida. Que,al menos, me considerara el error más divertido.

Con eso... y con que me dejes tocarte, me conformo, María.
¿Cuándo acabará este lío?



















(1) Hacerme una paja.

lunes, mayo 08, 2017

El vacío (blues)

Estoy vacío.
No estoy enfermo (no mucho), pero tampoco estoy sano; no estoy alegre, sino triste, muy triste, y esta tristeza es como una capa de lana vieja y pesada que no consigo quitarme de encima, como si la hubieran tejido conmigo dentro mientras dormía. Hecho este un tanto insólito, pues, dada mi gordura, la primorosa tejedora quese impuso esta tarea debió emplearse a fondo para tejer kilómetros en unas pocas horas.
Cuando venía en coche a trabajar, al tomar algunas curvas con más velocidad (siempre dentro de los límites legales, que cuando estoy triste soy muy cumplidor) sentía que mi alma venturera y azul rebotaba en mi corpachón redondo y agrandado, pero vacío, y quizá por ese accidentado viaje me siento un poco desalmado hoy.
He tratado de tener un par de ideas, pero cuando empezaban a tener forma, y cuerpo y grasa, empezaban a rebotar como la bola de un pinball en buena forma, gritaba para pedir ayuda, pero mi súplica es como el S.O.S de un montañero solitario en la última sima del mundo, como la prédica de un poeta verdadero en televisión: inútil.

He sabido que el vacío me causa amargura y esta mañana he pensado mal de casi todo el mundo pero, oh, sorpresa, no he acertado.

No. El vacío no es ausencia. Es una plúmbea presencia. No es que no tenga alegría. Es que tengo vacío. Estoy lleno de vacío y tan en así, que creo que este fin de semana, a pesar de mi régimen, he ganado peso. No me he atrevido a pesarme esta mañana, pero me sentía tan lleno de vacío, tan poco ágil, tan pesado, que he huido de la báscula como quien huye de un mal presagio.

Estoy vacío y sólo tú podrías ayudarme, pero no me atrevo a llamar a esa puerta. Siento ganas de derribarla a patadas. Porque estoy triste como un portugués, inflado de nada, como cualquier cerebro de hoy en día; estoy hambriento de sustancia para el alma. Ayuno de risas. Sin roce, sin piel, sin augurios, siquiera.

Estoy triste, estoy bluessy, estoy vacío.
Hoy estoy vacío.




Help!

martes, abril 04, 2017

El abrazo (Mis líos con María III)

Me estoy preparando un té porque, dios bendito, necesito templanza de ánimo, flema y algo de diuretismo natural para el episodio que voy a referir a continuación.
María tiene unas poderosas y preciosas pantorrillas y un carácter afable y bien sincronizado con su biolumen (como todo el mundo sabe, y por decirlo en pocas palabras, un compendio, una especie de mix de sus ciclos biorrítmicos, lunares y menstruales), además de unas ganas locas de amanecer. Ella siempre quiere amanecer. En eso, no ha cambiado nada, y sin embargo, en lo otro, en lo del biolumen, bueno, con eso está cada día más pesada, insistente, mejor, aunque me duela decirlo, porque a veces lee estas cosas y se enfada conmigo.


Cuando María atravesaba una buena racha, biolumínicamente hablando, solía ignorarme olímpicamente. Con olímpicamente me refiero a que lo importante es participar, ¿verdad? pues ella suele participar activamente en lo de ignorarme, se le da divinamente, como si se tratara, efectivamente, de una cita extraordinaria y cuatrienal, y lo da todo y le sale muy bien, y consigue medalla, como si hubiese entrenado, la muy cabronzuela. Me ignora fenomenal. Y yo, claro, preferiría que se le diera un poco peor ignorarme, como se me da a mí, más o menos, porque a veces, me enfado con ella y digo, ¿ah, sí...? pues ahora te voy a ignorar yo a ti... e, invariablemente, fracaso con  estrépito. Pongamos que empiezo mirándola así, como enfadao, pero acabo embobado en seguida y termino fantaseando con ella onírica  y onanísticamente. Todo eso en un lapso no superior  a 20 minutos. La verdad, podías gustarme un poco menos...

Es raro, porque como habéis leído, si es que habéis leído las anteriores entregas de Mis líos con María, la I y la II, habréis leído que, coño, se nos daba bastante bien coincidir y copular, tocarnos y todo eso, pero un día todo cambió. Fue el día de la creación de mi obsesión. Alguien dijo algo, como que vio algo que alguien le hizo a alguien y yo te pedía otra cosa y tú me dijiste que me dabas esa
cosa, pero no me la diste y yo me enfadé pero no dije nada y tú te enfadaste y sí dijiste cosas, no a mí, sino a todo el mundo, cosas de mí y todos me miraban raro, y tú ni me mirabas y un día, sin previo
aviso, bajaron tus pies del cielo, como una anunciación divina, y yo estaba respirando esperanzas y de repente, me vi solo besándolos como cuando Dios creó al hombre insuflándole la vida digitalmente, podríamos decir, mientras Buonarotti hacía de miranda y lo plasmó en el techo ese tan célebre, pero lo nuestro fue en tierra de gatos y yo pensaba que me amarías ya siempre, pero no, resulta que fue el peor error de tu vida, según tus propias palabras (crueles e innecesarias palabras) y así se creó mi obsesión y tú te ibas y te ibas y yo que daba rodeos y no me atrevía a seguirte, y me hacías la goma, como Perico Delgado en las etapas de montaña, ora me hablabas, sin demasiado entusiasmo (como si te diera pereza ignorarme) ora me odiabas, con empeño digno de mejor causa, y yo nunca supe a qué atenerme, si a tu desdén o a tu desgana, pero siempre estaba dispuesto a... ya sabes, rozarte el culo en un pasillo, arrimar la cebolleta o algo así, aunque debo reconocer que mi actitud cambió desde entonces: si siempre había sido proactivo, como dicen los cursis (y cada día hay más cursis), en el asunto de los tocamientos y los arrimes, y compartía la iniciativa contigo, a quien gustaba ese juego tanto como a mí, a partir de entonces, desde ese momento obsesivo, solo "estaba dispuesto", pero nunca hice nada. Esperaba que tú hicieras algo... esa forma que tienes (tenías, digo con añoranza melancólica) de darme un gracioso tetazo (tetacillo) mientras das los dos besos del saludo de rigor, por poner un ejemplo... y ahora no hacías nada de eso. Te estabas volviendo rara.
De pronto un día, llorabas.  Desconsolada y pelín alcohólicamente, llorabas. Estabas sola frente al mundo y nadie parecía entender tu punto de vista. Ni yo. Debo decir en tu descargo que si tú estabas pedo, los demás estábamos peor. Mirabas a un lado y a otro, buscándolo, pero sin pedir apoyo... más que apoyo, comprensión, reclamando el derecho a ser diferente, tan maravillosamente diferente a veces, tan, también a veces, irritantemente diferente. No fue a más. No hubo drama, ni pelea, solo un poco de desconsuelo, de soledad en compañía que no entiende. Como tantas otras veces, buscaste consuelo en los brazos de tu amiga, en los de tu pareja, y yo miraba -muerto de envidia, he de reconocer- a ver si me tocaba a mí un poquito de ese abrazo, pero nada... y de pronto,sin esperarlo, nos abrazamos.
Empezó como siempre.Yo te abrazaba y esperaba que que, al menos, no me rechazaras. Pero cuando estreché mi abrazo un poco más, encontré tu cálida respuesta. Cerraste tus brazos en torno a mi cuello y pegaste tu pecho al mío y dejaste que las lágrimas fluyeran. Yo te abracé refrenendo mis ansias y te besé a lo tonto en el cuello, bajo la orejilla, tratando de consolarte. Besos sin sexo, besos castos a mi pesar, que notaba tus pezones llamar a la puerta de mi corazón y tensar la cuerda de mi deseo.

Y en tu abrazo, perdido y encontrado el sentido de la vida, me acordé de un día que te pregunté que cómo me definirías como amigo, ¿como amigo?dijiste tú,  hmmmmm.... excelente. Y entonces yo te pregunté si era mejor cuando aún era celente, antes de convertirme en ex(celente) y tú me dijiste que si era idiota o qué y yo no supe qué decir, porque, mira, yo soy idiota, de hecho, pero no me gusta que lo descubra la gente. Prefiero llevar mi idiocia discretamente, como llevas tú el deseo que sientes por mí, no lo niegues, y que nadie se dé cuenta porque el día que me descubran, María, estoy perdido. Es como cuando sueño que estoy desnudo en la calle y nadie se da cuenta y yo estoy angustiado de que alguien lo advierta, y nadie dice ni mu y a mí se me caen los dientes, se me llena la boca de dientes rotos y pulverizados, y los escupo con más angustia que asco y es de estas cosas de las que debería hablarte y lo haré lo próxima vez que me hagas un análisis caligráfico, oh capitana, mi capitana, ahora que nuestro azaroso viaje ha terminado... vaya,
¿Ha terminado?
Creía yo, tonto de mí, que sí.
Mas tu abrazo,
¡oh, tu lastimado abrazo!
dulce y firme, sincero y librepensador,
me dijo entre líneas que quizá estabas dispuesta
a zarpar otra vez y hacerte al amor
y hacérmelo también a mí
en una singladura secreta y exclusiva,
en un mar de sueños improbables,
en un mar de asuntos varios esquiva.

Yo soy el hombre que navegando, sueña,
porque sólo vivo en mis sueños.
y tú eres la mujer soñada,
porque no podrías vivir ´
sin esa parte tan profunda de mi.

Ni tú ni yo somos sueños,
y ninguno somos dueños
del furor del desempeño
de los mitos que desdeño
y siendo así los dos reales,
tú y yo juntos, un sueño imposible,
sencillamente, hago visible
que no estamos entre los normales
que el amor es la mar de los sueños
y los sueños, un viaje salado

(nadie dice que sea fácil)
y todos están equivocados
Es solo echarte un vistazo, mi diosa,
y querer morir en tu abrazo.
En tu dulce y eterno abrazo.

Y podéis creerme o no hacerlo, pero María, ante semejante derroche de sensibilidad y talento, no se desnudó. No en seguida. Tuve que emborracharla a modo.
Y ni aun así.


miércoles, enero 11, 2017

Divorcio y licuación de cerebro de María (Mis líos con María II)

Ya estaba siendo, nívea paradoja, blanco de su desdén cuando me pidió, sin pedirlo, que la ayudara a cambiar los rodapiés de su casa. Mi habilidad para la obra civil es comparable a la que tengo para la obra de arte: ninguna, pero la posibilidad de ver a María en camiseta de andar por casa, unos vaqueros y calcetines gordos viejos... qué quieres, me pone. Lo he dicho mil veces, pero lo repito otra más: me gustas más en casa con babuchas, pantalón de chandalillo y camiseta que en la calle, pintada y arreglada, con tacones y todo lo demás. Soy así de raro. Prefiero mil veces que me hagas un té y me des una de tus rosquillas, antes que salir a cenar (de bailar ni hablamos) al sitio que está en boca de todos. Me gusta la forma en que tus pechos rellenan tu camiseta, sin el sujetador, aunque tú digas que las tienes caídas, y me gusta el carácter que las arrugas dan a tu rostro y, aunque te cueste creerlo, me gustas más ahora que hace veinte años.
Vale, pues me pide María que la ayude con los rodapiés, sabiendo, bruja piruja, que siendo ella, pues no puedo negarme. Tampoco puedo cambiar rodapiés, si vamos a eso, pero eso sí que da igual, allí estaré yo, dispuesto a lo que sea, con tal de compartir unos minutos con ella. Por aquel entonces María estaba liada con Funcionario Emérito Relamido, un hombre a quien no conocía de nada, ni siquiera de nombre, pero su severidad gestual, unido a una cierta grisura oficial, y a un creerse tan infalible como el B.O.E., hicieron que en mi mente se dibujara un DNI antiguo con esa bonita filiación perfectamente mecanografiada en una Olivetti de las buenas, buenas.
Funchi, como yo le hubiera llamado si le conociera o si me hubiera importado algo, no me podía soportar. Le caía como el culo. A mí él no es que me cayera mal, que un poco sí, pero era un tío que no me hacía ni efecto; siempre, en las reuniones de amigos, me asustaba en esas extrañas ocasiones en las que abría la boca, era como si un cuadro cobrara vida de repente para decir cosas tan sustanciosas como "sí, eso es verdad" . Yo no sé qué vio María en Funchi, pero debió ser grande, para dejar atrás al circuncidado Ephraim y echarse en brazos del siempre correcto, pulcro y aburrido Funchi. Quizás una polla colosal y contumaz, como un mototaladro. se escondía bajo los pantalones de tergal; tal vez la razón era su dulzura en los momentos íntimos, quizá su habilidad en la cocina... o yo qué sé. El caso es que María se lió con Funchi para dejar a Ephraim. Una cosa estaba clara: no fue su pericia bricolajera la que sedujo a María, porque si no, no me habría pedido a mí que la ayudara con los malditos rodapiés.
Llegué a su casa y me senté en un sofá, abriendo mucho las piernas, como si no pudiera contener la virilidad de mis enormes huevazos, y María me ofreció un té
-¿No tienes cerveza? - pregunté. A mí no me gusta la cerveza, pero insisto en que quería parecer super viril
- Sí, claro... ¿quieres una?
- Pues... no, en realidad, prefiero el té.
- ¿..? - ella me hizo esta pregunta encogiendo los hombros, levantando laspalmas de las manos y poniendo cara de tú eres idiota
- Quería saber si tenías cerveza... por si luego me apetece,o a ti...
- ¿Has tomado algo...?
Como empezaba a sentirme incómodo con el cariz que iba tomando la conversación, cambié de tema. Y como casi siempre que cambio de tema de forma forzada...hice un chiste sin gracia que ni siquiera era un chiste, era una soplapollez.
- Y qué... veo que te has decidido a cambiarle la cara a la casa... ¡pero empezando por los pies! jeje...
- Deja de decir chorradas, por favor
- Pero... vale, es un chiste malo, pero he venido a eso... a ayudarte con los rodapiés
- Tú no has venido a ayudarme con los rodapiés
- Ah, ¿no...?
- No. Tú has venido a ver si te enrollabas conmigo
- Ah, ¿sí...? Bueno... - dije cambiando de ánimo, y sintiéndome súbitamente esperanzado
- Pero despierta
- ¿Que despierte...?
- Ni de coña nos vamos a enrollar hoy...
,- Oh... - uno puede pensar que el que dos personas se enrollen es cuestión de dos, pero ese no es, ni mucho menos, mi caso: yo, sólo si me dejan- ¿pondremos rodapiés, entonces? - no me parecía mal lo de los rodapiés. Siempre podría, en una situación extrema, tocarle el culo o una teta de refilón... el bricolaje ofrece, si uno está atento a la jugada, insospechadas oportunidades
- ¡No, hombre...! Tú no has puesto un rodapié en tu vida... has venido a hablar conmigo de un plan que tengo, que te afecta, y si te portas bien, te hago alguna cosita luego...
- Sólo por situarme, anímicamente, ¿hablamos de cositas potis?
- Hablamos de cositas potis (1) - sentenció ella. Y fue suficiente para que me callara y abriera las orejas.
Me dijo que Funchi (ella le llamaba por su nombre, que he olvidado) era abogado. Que era un triste, pero que le servía para divorciarse de Ephraim, de quien acabó, literalmente, hasta el moño, sin que el proceso le costara (ni por el proceso en sí, ni por la sentencia) un dineral. Su plan era divorciarse de Ephraim y a continuación, casi casarse con Funchi, pero que cuando el juez dijera aquello de si alguien tiene algo que decir que hable ahora, etc., que apareciese yo, con una niña de unos 3 años que se pareciera a ella (ella se encargaría de buscarla) y dijera que bueno... que montara el numerito, y que Funchi se largaría y ella se quedaría con su divorcio gratis y con los regalos de la boda. No hay porqué ser groseros y venga a devolver regalos, no...

- ¿Qué te parece...? ¿Lo harás? Di la verdad...
- La verdad, María... como plan es una mierda, pero yo lo haré. Yo haré lo que me digas... -dije con la desesperación del salido, y el texto subyacente era: ... con tal de que me hagas cositas potis. Cosa que ella entendió, claro.

Y se dejó caer entre mis brazos. Y cuando empezaba con sus cositas, potis, por supuesto, le dije que esta vez sería yo el hacedor, y ella la recipiente. Procedí, pues.



Y así fue como dejé mi adn salivar en toda su anatomía. Avancé sin miramientos (aunque alguna contemplación me permití, no os voy a engañar) por su intrincada geografía describiendo una espiral, pero de carácter inverso, es decir, fui acercándome al epicentro progresiva y sensualmente y cuando al fin caí en el pozo del deseo... se desató el seísmo en María. Vi licuarse su cerebro (fue diagnosticada de abceso hepático-necrótico licuefactivo) y deshacerse su interior así que yo la besaba, sentí derretirse su alma, saboreé la sublimación de su espíritu y ella, asaz poéticamente, admitió:
- Me he corrido
Y reímos hasta el amanecer.






(1) Cositas potis. De esa forma llamábamos María y yo... y creo que otra persona más, al sexo. No me preguntéis porqué, porque no tengo ni idea. Sólo sé que la primera vez que ella me propuso hacer cositas potis yo dije que sí a ciegas... y ella actuó de tal forma que se me olvidó lo ridículo que suena eso de cositas potis... y ahora, cositas potis, es millones de veces mejor que hacer el amor... y no digamos que el horrísono "follar"

jueves, diciembre 22, 2016

Discreto y evocador Retablo Navideño (The made of Christmas)

Jesús, al cumplir los 38,seguía sin trabajo. La gente le daba por muerto y resucitado, y elevado a las alturas, pero el tío, a los 35, seguía sin trabajo y viviendo del cuento. Uno de tantos.
José, el padre, conocido en Judea como El Virutas, tampoco es que tuviera una actividad empresarial o profesional brillante; lo cierto es que su carpintería, abierta con ínfulas de "negocio artesano" y "de proximidad" en tiempos de grandes superficies (de estupidez) era una birria de tienducha, un taller tardón y chapucero y una empresa, al fin, prescindible del todo.
María,la madre, sostenía el núcleo familiar con más voluntad que acierto, y tejía bufandas, calcetines, manoplas y jerseys (antes de que se llamaran así) para todo aquel que quisiera pagar sus abusivos precios, sobre todo si los comparamos con el material que vende Amang Tziort Egga, el dueño del hiper chino local, que vende el mismo material que María (además de 2.000 referencias más) a mitad de precio y ofreciendo el doble de calidad. La gente compra las labores de María porque saben que si no lo hicieran, el mendrugo de su marido y el vago de su hijo no tendrían un plato de garbanzos que echarse a la boca.
Aquel solsticio, y los días venideros, del año 38 era un tanto especial. La gente había empezado a celebrar esos días raros con cenas de empresa, pedos sincronizados (hablo de alcohol no de ventosidades) y casi obligatorios, reuniones familiares con pelea de cuñados, regalos de amigo invisible, ñoñería espontánea, vacaciones escolares y marisco a todo trapo y se reunieron algunas delas más importantes cabezas de huevo de la época y se preguntaron cómo podían llamar a esos días tan raros
Uno dijo que le llamaran la semana fantástica y que se hicieran ofertas y rebajas (fue golpeado por sus semejantes)
Otro propuso que se llamara Antibu Propheno, porque siempre se le inflamaban los testículos
Uno que era bastante idiota y siempre tenía que dar la nota llamando a las cosas en inglés dijo que les llamaran a esos díaslos Play Off, y fue escupido por las multitudes hirustas y por las otras más cultivadas, también.
José, que a pesar de ser un empresario sin éxito y trascendencia, era miembro del prestigioso Consejo Nefando De Cabezas de Huevo (por su hijo, este era como el padre de Messi), propuso que se llamara Navidad, pero nadie le hizo caso. Nunca se lo hacían.
Otro dijo que llamaran solsticio de invierno al solsticio de invierno, con el argumento, irrefutable, incontestable, de que era eso lo que era en realidad, pero a todo el mundo le pareció una idea populista y facilona.
Un idiota llamado Obvio Señor, al que, sin embargo, todo el mundo tenía en consideración  (le consideraban un poeta urbano, como pasa hoy con el memo de Joaquín Sabina, lo mismito) dijo que le llamaran Navidad y como era un idiota respetado, a todo el mundo le pareció una idea estupenda
Oh, Navidad, navidad, repetían, blanca y dulce navidad, feliz navidad, próspero año y felicidad, y awanawisyu amerrycrisma, y José, que era bajito y poco agraciado, saltaba y levantaba los brazos reclamando la paternidad del nomen, que se mesácurrío a míii, gritaba, y todo el mundo le daba palmaditas y benigiles (1) y se cagaban en su madre, quepesaodiosssmio, pero iban a felicitar a Obvio Señor y a hacer genuflexiones y beber cava, aunque entonces no le llamaban así, sino Champanfúl, vete tú a saber porqué, y así fue que la Navidad se llamó Navidad, ese mismo añó y todos coincidieron en que ya la historia se encargaríacon su sesuda ceñudez, de dotar de significado a estos días tan señalaítos.
María preparó croquetas, célebres en toda la cristiandad, y en la morería también (los chinos no contaban, entonces, estaban inventando cosas como el papel, la seda o las tiendas de todo a un pavo) y la mujer de Obvio Señor, de nombre Golfilla Dama, prepaó unas japutas y unos tomates al natural (vamos que no hizo nada y luego decía... es que es como más rico está... así, sin hacer nada), José aportaba a la fiesta unas tablas para cortar pan (su destreza no llegaba a más) y otras personas prepararon manjares y cosas asquerosas,que de todo había. Obvio Señor se encargaba, como todos los pelmazos del mundo, de llevar los vinos, que hay que ver qué pesao está el mundo con los vinos y ese rollo sabihondo de la enología... seguro que si hoy invitas a comer a Joaquín Sabina,se presenta con un vino y una historia pedante. Fijo. Jésus, parado ya de larga duración, se compró un dulcimer marca Fender (¡ay...!) y dijo que cantaría madrigales alusivos al invierno, aunque aún no se habían inventado.


Cuando estaban ya todos pedo y llevaban más días de juerga que una boda gitana, vieron aparecerpor el horizonte a BB King (el rey del blues), Elvis Presley (el rey del rock and roll) y a Ramoncín (el rey del pollo frito), vacilando entre las dunas en sendas Bultaco Dromedair, unos pepinacos de 125cc que lo flipas, y lo gracioso es que BB king es negro, pero hicieron vestirse y maquillarse de negro a Ramoncín, porque todo el mundo ha encontrado siempre divertidísimo reírse de los listillos.

- ¿Dónde stá el bebe? - dijo Elvis poniendo posturitas
- ¿Qué bebe...?
- Venimos a honrar al niño Jesús
- Bueno, no es exactamente un bebé, tiene 38 castañas...
- Pero sigue viviendo en casa de sus viejos, ¿no?
- Eso sí - reconocieron las masas
- Pues eso, un tío con talento ...

Y BB le regaló una 335 Lucille negra y reluciente; Elvis una J200 natural, rubia y voluptuosa y Ramoncín, mirra.

- ¿Qué coño es eso??? . dijo Jesús rasgando los telones del cielo
- Vale... toma esto también - dijo Ramoncín, y le regaló un cubo de pollo frito extra crispy que te cagas.
- Eso sí... - dijo Jesús, y dando las gracias, lo repartió entre los asistentes al ágape diciendo: tomad y comed todos de él, porque esto me ha costado lo suyo conseguirlo, pero dejadme una alita y un trozo de pechuga, al menos, que son mis favoritos.

Y la gente supo que debería comer pollo frito en Navidad, pero pronto se le olvidó y empezó a cometer errores llamados caviar y endivias, y colosales afrentas como el queso e innecesarias mindundeces como los guisantes y el pollo frito fue quedando en el olvido y en Valdemorillo no hay KFC, señores, ¿no es un escándalo? ¡¡En toda la maldita sierra de Madrid no hay KFC!! ¡Válgame...!

Y Feliz Navidad a todo el mundo, pero más feliz a los que siguen, inasequibles al desaliento, acudiendo a leer, a buscar un poco de cordura a Las Peroratas de Wolffo, un rinconcito de dignidad en un mundo tan melifluo...

¡¡Feliz Navidad!!











(1) Benigiles. Las collejitas que daba Benny Hill en su obra maestra del siglo XX, El Show de Benny Hill

lunes, diciembre 12, 2016

Mis líos con María (1)

María solía decirme que se lavaba la cara con mis mentiras, y nunca he tenido ni la menor idea de lo que pretendía decir pon eso. María suelta frases enigmmáticamente poéticas, inútiles como los atardeceres, preciosas como las puestas de sol.
María, a quien conocí casada con Ephraim, que era una especie de aprendiz, o ayudante del rabino de la muy numerosa comunidad judía de Valdemorillo, era una mujer a cuyos pies crecían la desdicha y la sinrazón y cuyas ambiciones jamás se vieron satisfechas por miembro viril alguno... salvo el mío, fiel espada triunfadora, que empuñó con orgullo y pasión hasta su declive, exhausto, maduro, cansado al fin, hasta la siguiente y vibrante empuñadura.
¿Que cómo llegó María a empuñar mi falo, urbano y de cuello vuelto, no especialmente largo ni de grueso calibre, como un utilitario ciudadano y pequeñoburgués, cuando tenía a su disposición los descubiertos penes hebreos, descapotables y atistocráticos? muchos se lo han preguntado y no seré yo quien, por pudor y discreción, descubra su desmedida atracción por mi picha, pero quizá tú, que anhelas la posesión de mi vibrante porción carnosa, debieras saber que lo que atrajo a María fue la risa. Y no es que le hiciera cosquillas con la polla, no, es que la hacía reír.

María venía a casa buscando reír y los dos satisfacíamos con gusto con lo otro que buscábamos el uno en el otro. Yo la hacía reír mostrándome asquerosamente ingenioso, haciendo chistes malos, pintando el humor con la brocha gorda tan del gusto de hoy en día,la que usan los miles de clubcomedistas clónicos y ella se dejaba hacer y yo la besaba, lamía, elevaba a las alturas y penetraba en sus neuronas con chistes afilados como penes y vaciaba mi cerebro de imágenes ocurrentes y magmáticas entre sus piernas. Al cabo, ella quería mi sexo. Y yo quería que quisiera mi cerebro, y discutíamos entrepolvo y polvo como discuten los bebedores pertinaces de cerveza: sin escuchar al otro y tratando de colocar tu frase.

María pasea por mis lomos (Alegoría)
Un día estaba María paseando desnudita por los lomos de mi nabo y Ephraim se personó en mi casa vestido de Cartero Gay Vasco, bastante decentemente, debo decir. Era Mardi Gras, ya sabéis que en Valdemorillo se celebra muchísimo, más que en Nueva Orleans,me atrevería a decir, pero es menos comercial. Los disfraces del Mardi Gras valdemorillensetienen una peculiaridad, que lo diferencian del niuorleansino: son disfraces horribles. Tienen que ser horribles para que la gente los admita en el Mardi Gras. Si te presentas con un disfraz bueno, te echan a la calle, por mentiroso. Bien, pues el disfraz de Ephraim de Cartero Gay Vasco era pa' darle  un premio. Infame hasta el aplauso, podríamos decir.
Ephraim entró en mi casa, que carece de puertas, como todas las casas de Valdemorillo, y apenas me dió tiempo a echar una sábana por encime de María, su mujer, que, os recuerdo, estaba dandose un paseo desnuda por los lomos de mi polla.
- ¿Qué haces? - va y me dice Ephraim y yo,que en las situaciones límite sé sacar el ingenio, improvisé una situación de lo más natural
- Nada... Estoy viendo la tele
- Pero si no tienes tele
- Ah... - dije yo. La verdad, no se me ocurrió nada mejor. A veces, mierda, hay que tener el talento de reconocer que no tienes talento.
- ¿Por qué tienes un fantasma en el regazo? - dijo Ephraim señalando el bulto que se movía sospechosamente bajo la sábana.
- ¡Coño...! - dije tratando de parecer sorprendido -  ¡pues no me había dado cuenta! - e, intentando reaccionar como reaccionaría cualquiera, dije "¡Eh... eh...!"  y le solté un tortazo al fantasma según me levantaba
Fue una decisión no buena. El fantasma, María, la esposa de Ephraim, cayó al suelo y quedo boca abajo, con el culo sorprendente y hermosamente blanco, medio en pompa y la cabeza tapada por la sábana.
- Buen culo tiene ese fantasma - afirmó, entusiasmado con lo que veía, Ephraim - joé... qué suerte tienes, mi chica no me monta estos numeritos... ni tiene ese culo
Ephraim pertenecía a esa parte del mundo, me refiero a los idiotas, que desprecian a su mujer delante de otros hombres solo porque creen que eso les hace parecer más enrollados. Luego hay otra parte, me refiero a los cretinos, que les ríen esas gracias a los idiotas. La tercera parte de la humanidad, ciertamente menos numerosa esla que formamos los ángeles, los peces y los discretos. De nada. Lección gratis.
Ephraim merecía que María se levantara y le dijera soy yo, "tu chica", como tú dices, pedazo de mierda rabina, y me estaba tirando a este amigo tuyo porque eres un soso. Ephraim merecía que yo le hubiera dado un guantazo y le hubiera dicho que era un infeliz y un idiota y que estaba desperdiciando la oportunidad de amar a (y ser amado por)  la mujer más asombrosa del mundo teniéndola a su lado, pedazo de mierda de rabino (en eso coincidíamos María y yo)
Pero los humanos somos así y si podemos evitar el conflicto (y evitarnos un mal rato) lo hacemos y nadie dijo nada.
Ephraim se disculpó por haber resultado inoportuno y María y yo nos quedamos solos con la risa y la ira no aprecía, solo el jolgorio y la sinrazón, y me invitó ella a pasear de su mano por mis lomos y por sus lomas y miramos las estrellas y las huellas de los neumáticos en la arena y yo me inventaba los nombres de las estrellas y ella aseguraba que conocía los coches por la huella, y los dos, en nuestro romántico viaje por el Valle De La Mentira Seductora, fuimos dichosos unos 20 minutos y vivimos alimentados de esa dicha un par de horas más.

Y este fue mi primer lío con María.
Luego,,, me lié más










miércoles, noviembre 30, 2016

De entre los peores, el peor. Y una canción.



De entre los peores, sobresalía yo, Sir Radder Malouche, y no por mi bondad, precisamente, sino por ser peor aún. Todos me odiaban, si es que alguna vez se lo planteaban en serio, pero nunca ninguno me lo dijo. El miedo silenciaba sus poco intrépidos corazones. Yo leía el odio en sus ojos, olía el miedo y la congoja en sus almas, y  actuaba en consecuencia: los tenía a mi merced, comiendo en la palma de la mano, viviendo bajo el imprevisible yugo de mi humor aleatorio y letal.
Cuando estaba en la ducha me imaginaba que me entrevistaban, ¿con motivo de qué…? Pues de nada, en realidad, pero es como si estuviera convencido de que el mundo necesitaba, tanto como respirar, conocer mis opiniones, poco populares, poco aceptables, muy incómodas, y siempre pensaba en qué clase de atrocidad podría responder  a las preguntas imposibles que inexistentes reporteros me hacían desde el otro lado de la cortina de la ducha.
Ella, Selena Catt,  se creía buena persona, pero no lo era, en realidad. No tanto, al menos. Y esas dos cosas eran, para mí, la clave de su atractivo, de su hechizo, de su sexualidad gatuna. ¿Qué qué dos cosas? El que no fuera tan buena y el que lo ignorara. Su maldad… bueno, maldad no, su no-bondad era original, sus putadas, espontáneas y sus cabreos, que ella no acertaba a explicar, muy divertidos. Caminaba por la vida un poco encorvada, como si le diera vergüenza mostrar, ofrecerle al mundo los magníficos pechos que la adornaban. Me gustaría decirle un día, como comentándoselo de pasada, que son maravillosas sus tetas, que yo he soñado muchas veces con ellas, aunque quizá no me atrevería a detallar esos sueños. Hay en ellos información sensible, sobre sus pechos y sobre mi desmesurada reacción ante unos pechos a mi alcance, que no me gustaría airear. No es estrictamente necesario.
Ayer era el día de la dermatitis atópica. Eso dijeron en la radio, menuda atrocidad. Selena no me llamó, así que yo casi no fui, pero imaginé que me llamaba y salí  en su busca. Nunca digo no a una oportunidad de cagarla. No sé por qué en mi cabeza relacioné dermatitits y Selena, porque la piel de Selena es… algo asombrosamente adictivo, pero la asociación fue un hecho, explosivo en mi imaginación, desencadenando los acontecimientos que paso a relatar sin más dilación,  y aquí me tenéis, en la puerta de la casa de Selena haciendo toc-toc y recolocándome el paquete antes de que ella acierte a asomarse a la mirilla y descubrirme en el descansillo, con mi maletín y mi traje barato y gris clarito de Tex. Al menos no es beige.
Me ve, pues, de punta en gris por la mirilla, con el pelo peinado p’atrás con una gotita de algo ahí puesta y me abre la puerta preguntando (la puerta no, es ella la que pregunta) que qué deseo.
-          Si yo te contara…
Pienso yo, ay, Selenita, si yo te contara lo que deseo, tú, que eres la única que podría dármelo, no me lo darías, así que me rehago y me meto en mi papel de vendedor experto en mil batallas con mujeres maduras…
Un momento, no os lo había comentado, ¿verdad? Yo soy una persona mayorzuela, de 52 años, pero de siempre me han gustado las mujeres mayores. Desde pequeñito (adolescentito, quizá) he fantaseado con sexo con las madres de mis amigos (algunas de ellas, no todas) y ahora sigue gustándome más una señora de 50 que una chica de 22.  Ella tiene mi edad, poco más o menos, no tiene una cintura de avispa ni el vientre liso; tiene estrías y apuesto a que sus pechos son ahora colgones, la papada empieza a descolgarse y algunas arruguitas pelean por su derecho a la visibilidad con el maquillaje. Tiene gafas de  vista cansada y no es una chica. Es una señora, su cabellera empieza a clarear, ya no tiene esa mata juvenil y rebelde y pelopàntén, y sus manías empiezan a
1- Ser asumidas por ella y su entorno,
2- Ser crónicas y formar parte de su ser.
Pero es exactamente así como me gusta a mí. Así la amo. Así la deseo. Así me subyuga.
Abro el maletín.
Buenos días, señora, ¿sabe? Hoy es el día de la dermatitis atópica y…
¿no fue ayer? Me pregunta ella
¡Ahá! Además de estar buena y ser mala, o no-buena, está informada y no se la cuelas así como así.
Ayer fue el día oficial, es cierto… pero esta semana, todos los días de esta semana completa, es la semana grande  (lo dije así, como si fuera Bilbao) de la dermatitis atópica y estamos ofreciendo a nuestras clientes…
Yo no soy cliente todavía…
Es cierto… debí haber dicho la verdad: estamos ofreciendo nuestros productos a las mujeres atractivas de la zona…y bueno, siguió así un rato la conversación: yo trataba de desarmarla con halagos desmedidos y ella me ponía siempre el puntito  sobre la i, y no miento si digo que estuve a punto de mandarlo todo a la mierda porque me seduce y me obsesiona esta mujer… tanto como me irritan sus opiniones y su forma de ser.
Te amaré si permaneces callada, podría ser el resumen de la situación, pero, claro,  no puedes ir con ese cuento a una mujer con la que pretendes acostarte. Hoy ya no. Hoy tienes que ser sensible a la ideología de genéro (de género idiota) y yo, que soy básicamente una rata despreciable, le admito a una mujer casi todo excepto que maneje los conceptos de “poner en valor”, “empoderar” y que me suelte a la cara cualquiera de las dos frasecitas más irritantes del siglo XXI: loquesea no, lo siguiente, y ¿qué parte de loquesea no has entendido?. Una persona, humana o no, no puede pretender soltarte ese montón de mierda y salir impune de la conversación.
Afortunadamente, ella no es así. No dice esas cosas, aunque diga otras cuantas  que, en conjunto, me den ganas de golpearla con frecuencia, aunque no lo haga, por una suerte de caballerosidad, o por  si suena la flauta y se me desnuda en un momento determinado e inesperado.
En estas estaba yo, perdido en mis pensamientos mientras soltaba mi cháchara comercial y la desnudaba con los ojos. Como seguro que sabes, la dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica recidivante de la piel, intensamente pruriginosa, que afecta fundamentalmente las superficies flexoras de codos y rodillas, el cuero cabelludo, la cara y el torso
¿En serio…? Me dijo ella. Y por cosas así la amo, aunque luego me pongan de los nervios otras cosas, la tía va y se traga recidivante  y pruriginosa sin pestañear y bromea sobre eso y, además, me ofrece un té y yo por supuesto que acepto, aunque el té me haga vomitar, pero aquí me tienes besándola en la cocina y, aunque lo intento, la escena no se parece en nada a El cartero siempre llama dos veces; tropiezo con el cubo de la fregona en mi ímpetu besador y al quitarme la chaqueta, meto una manga en las lentejas; intento levantarla por las axilas para asentar sus benditas posaderas sobre la encimera, pero con es esfuerzo se me escapa un peíllo y además, la aprieto mucho, así que ell va y me suelta una bofetada automática, seca y merecida, podríamos decir.
Vamos al sofá, anda, me dice. Yo la sigo, más morcillonesco que empalmado (los años no pasan en balde) y tropezando con todo lo que un hombre del tamaño de un hipopótamo gigante puede tropezar, y más o menos con la misma gracilidad. Una de las cosas con las que tropiezo es una foto, enmarcada en un original marco de madera, de un tipo con aspecto aburrido y formal (más formal que aburrido, lo cual se antoja de  un aburrimiento tremendo) y sospecho que es su marido
¿Tu marido? Pregunto, no sé todavía porqué, no, eso es una foto, fue su respuesta y fui a darle un puñetazo, por listilla, pero no se lo di porque me dio cosa. En el sofá nos besamos en plan peli y es de esas veces en que las bocas y los dientes y todo eso no encajan bien, ya sabes, la cosa no funciona. Choqueteamos dientes, pellizco de labios sin querer, al sentarme se me ha quedado un huevo pillado en un pliegue de los pantalones y ocurre algo inesperado. Ella se descalza y le huelen los pies. Bueno no sé si eran los dos, o solo el derecho, que fue el primero en salir al aire y cuyo aroma me impactó. Yo soy un poco pinreliano, no sé si me explico, me molan los pies de las señoras, siempre que no sean demasiado flacos, pero aquello no me lo esperaba. Le cantaban a vinagreta y francamente… no ayudó. Quiero decir que ya no tengo esa alegría de picha, ese vigor glorioso, tenaz y facilón que me adornaba otrora, así que entre el marido en foto, las lentejas con manga de chaqueta, los pies cantarines y todo lo malo, me estaba costando que mi fiel amiguito, esa linda y pequeña parte de mí, se pusiera firmes y a trabajar.
Pero ella es divina y demostró ser una experta en situaciones límite y lo arregló todo con una sorprendente treta, que dejaba bien a las claras que era una maestra en el terreno sexual: me sonrió.

¡Ay…!

(Atroz post. Sólo quería escribirte algo. Dime si lo lees, si lo oyes,porque serás la única en hacerlo. El gran error de tu vida fue mimomento triunfal. ¿Te acuerdas?)

martes, septiembre 27, 2016

¡Vendo mi Alhambra!

Unas foticos con musiquilla hecha con esta misma guitarra.

A la venta mi querida Alhambra J3cwE5, la mejor guitarra acústica que ha pasado por mis manos… hasta hace unos días, que me hice con otra maravilla. Os dejo unos enlaces para que los escépticos vean el nivel de guitarra que tenemos entre manos

Un poco de literatura.

Las guitarras Alhambra están fabricadas a mano en España utilizando las técnicas de construcción artesana heredadas de los maestros guitarreros españoles... esos a los que luego se llevaron los japos para fabricar las suyas. Estas guitarras tienen un tono y un acabado difícil de encontrar en otras guitarras. En ellas se combina la tradición artesana española con las más modernas técnicas de fabricación. El resultado son guitarras acústicas de altísima calidad a un precio razonable: no son guitarras baratas, pero son más que competitivas (es decir las superan en la relación calidad/precio) si las comparamos con marcas en las que todos pensamos al pensar en grandes acústicas: Martin, Taylor, etc.  
Este modelo en concreto, la Alhambra J3 cw E5,  incorpora una tapa de cedro maciza, fondo y aros de palosanto de la india macizo, diapasón de ébano, excelentes acabados, y un sonidazo detallado, rico en matices, brillante y profundo a la vez.
Mirad/escuchad qué maravilla... si no fuera porque hay que oír y ver a menda, tocando... y cantando. Pero si te pones unos buenos auriculares o lo escuchas con unos buenos altavoces, oirás el sonido con el que se fabrican los sueños

ja!
  
ja! 

El nombre: J3 CW E5

La J  nos indica el tipo de cuerpo (Jumbo). Por   lo que veo en la web, (alhambrasl.com) la diferencia numérica entre las series indica el tipo de madera de los aros y fondo, porque la tapa es en todos los casos de cedro o abeto alemán, maciza, por supuesto. Así, en la serie 1 es de Sapelli macizo; Serie 3, Palosanto de India macizo; serie 4, Arce rizado macizo.
CW es cutaway, claro, que en Alhambra se ofrece como “opción”.
E5  es el tipo de previo, en este caso E5 Fishman Premium, un previo, por decirlo en palabras técnicas, de cojón de mico. Mezcla la señal del piezo Matrix situado bajo el puente, para la vibración de la cuerda, con un pequeño micrófono “cuello de cisne” interno, que recoge la resonancia de la caja; suma a esto  un extraordinariamente preciso afinador cromático. El previo  incluye también un conmutador de fase y un filtro de mezcla ajustable, para luchar contra la retroalimentación. Esto es lo menos conseguido, en mi opinión. Cuando acopla… acopla como una gran dama, la hija de puta. No es que acople más que otras… es que no he tenido ninguna que no acople, o ella sola, o con el micro de voz, o con…
La guitarra me llegó hace 10 meses y venía con un ajuste hecho en la fábrica fabuloso. El tacto se mantiene impecable, cómodo, brutal. Ha perdido algo de brillo el sonido (las cuerdas), pero ganado en calidez, y sigue siendo profundo y untuoso, con cuerpo y muy, muy cálido. Tanto para el raka-raka como para tocar con los dedos, es una guitarra sobresaliente. A la altura de las grandes-grandes, pero al precio de las pequeñas-grandes. Es una guitarra extraordinaria y puede probarse (es más, yo animo a que lo hagas, hay pocas guitarras así), pero hay que acercarse a la sierra de Madrid y en determinados horarios. No es sencillo, lo sé...
Tiene un par de “dings” que procuro enseñar en las fotos y una especie de mancha de pegamento que le hicieron al ajustarla en la fábrica… no es gran cosa, pero están ahí. El resto… impequeibol. Una guitarra de primera clase.


Prefiero no enviarla, porque, entre otras cosas, no tiene estuche rígido, sino una humilde (muy humilde) funda. Puedo enviar en una caja todo lo protegida que sea capaz con varias capas de bolas y espuma, pero sería por cuenta y riesgo del comprador. Puedo desplazarme en coche hasta un punto medio para hacer la entrega/cambio, siempre que el comprador haga lo mismo, y hasta un máximo de 200km.

Cambios:

- Epiphone/Riviera/Casino Elitist
- Alguna tipo 335 de fabricación americana o japonesa, o bien otras semicajas tipo Thinline, Gretsch o Rickenbacker

- SG 61 u otra SG Standard o verdaderamente especial (de este nivel de precio, claro, nada de bichos de 2/3.000€)

- Gibson Les Paul (no Studio, rollo Classic, Traditional, Standard...), Eclipse (pasivas), o alguna Tokai  de esas que aparecen de vez en cuando… alguna PRS…

También… una moto sencillita de media cilindrada, aunque tenga sus añitos, pero que esté bien cuidada.
Venga… ¡a por ella!

viernes, julio 22, 2016

Matar, yacer, matar.

Mi padre era un asesino en serie, pero eso, te lo digo en serio, nunca fue algo que me molestara de verdad, hasta el momento en que mató a John Lennon (1). Eso, lo reconozco, fue bastate molesto. Resultó embarazoso. Hubo muchísima gente que se puso bastante exquisita con ese tema, y nadie supo ver el lado bueno, todos se centraron en la tragedia, el drama, en lo malo... ¡Menos mal que no había Facebook! Pero... la gente, ya sabes, ¿qué vas a a esperar de la gente? La gente no piensa, no aprecia, no siente... la gente solo se junta en manadas y actúa como sin cerebro. Y eso es lo que me gusta de la gente.
Como asesino en serie, mi padre resultó bastante bueno, un gran profesional,y nunca le pillaron ni de lejos, y ganó pasta y prestigio social y todo eso, pero tenía esa cosa que tenían los toreros: no quería que yo siguiera la tradición familiar. Mi padre quería que yo tuviera un estanco, como su hermano, mi tío Pablo, y que mi vida estuviera más o menos controlada. Luego, si quieres, aparte, como jobi, puedes matar gente de vez en cuando, extranjeros, árbitros de fútbol, empleados del mes... ese tipo de gente; pero no te dediques a ello profesionalmente. Es muy duro.
La verdad: a mí la gente... pues no me emociona, pero tampoco es que me muera por matarlos. No me divierte. Solo veía que mi padre se ganaba bien la vida y yo quería una vida como la suya, con mucho tiempo para jugar con nosotros, para llevar a mamá de viaje, a cenar... así que podría soportar lo incómodo que resulta algunas veces eso de matar personas, si con ello tengo una vida buena, una vida como la que tuvo mi padre.
El otro día vi una peli americana, de esas de hay que ver los hijos de los divorciados, los pobres; y en el cole, bueno, pues resulta que los niños llevaban a sus padres en algo llamado como el día delos oficios, o por ahí, y los padres daban una charla a la clase sobre su trabajo. Y el hijo del poli, imagínatelo... Y el hijo del sastre, pobrecillo, y así. Me puse a pensar que si hubiéramos vivido en Alabama, o en Ohio, o esos sitios, y llega el día en que tiene que ir mi padre, asesino free-lance, trabajitos finos, consulte disponibilidad y pregunte por nuestros precios especiales para grupos y trabajos fuera de la ciudad. Te digo yo que triunfa.

En fin... cumplí, a medias, los deseos de mi padre. No tengo un estanco, pero fumo bastante, Lucky, y con eso debería darse por satisfecho el cabroncete de mi padre. Fui a la facultad de derecho. Un año. Seis meses, quizá. Fui poco a clase. Hablaba poco. procuraba coger apuntes mientras me preguntaba qué carajo estaba haciendo allí, oyendo al marido de Pastora Vega disertar sobre... ni me acuerdo, de qué daba clase el pobre. Sí recuerdo que tenía ese aspecto de progrecillo, con su media melenita semirubia, pantalón marrón y chaqueta beige, sin corbata, gafitas de John Lennon, ni media hostia y aspecto blandengue y blanquecino. Un tío aburrido como pocos, probablemente buena persona y eso sí, con el morbo de ser el marido de una famosa de entonces.
En mi facultad también estaba Miguel Pardeza, el menos lustroso de La Quinta del Buitre (joder, qué de años, esto no le suena a nadie, fijo), pero yo no le recuerdo en clase (ni él a mí, claro, apenas visitaba yo esas estancias), siempre le recuerdo rodeado de tías por los pasillos, como con prisa por ir a pillar un coche y largarse a cualquier sitio a lo que sea. Había dos chicas que se sentaban cerca de mí y que cuchicheaban (en los primeros días,cuando iba aún a clase) y un día un profesor repipi que no recuerdo ni quién era ni de qué me daba clase, ni estaba casado con famosa alguna, me dijo
- Usted, ¿cómo se llama?
Mi primer impulso fue mirar detrás de mí, porque "usted" no era un tratamiento al que yo estuviera hecho. No tardé demasiado en comprender, no obstante, que me interpelaba a mí y me rehice
- ¿Cómo se llama.... a quién? - fue mi respuesta y todo el mundo rió mucho, como si hubiera hecho un chiste, y el profesor no me quiso explicar a qué se refería, como si hubiera hecho un chiste. Me echó de clase.
- No podré coger apuntes -protesté-. Quiero decir, si me echa... - Me habían dicho que era muy importante tener unos buenos apuntes
- Ya se las arreglará- me dijo el profe redicho.
- ¿De verdad...? -dije yo, súbitamente esperanzado, porque yo respetaba y confiaba en ese profesor, a pesar de ser un pedante, porque parecía realmente inteligente. Pero, por alguna razón, la clase volvió a reir, como si yo fuera un gracioso, y el profesor se enfadó más conmigo, como si yo fuera un gracioso.
Las chicas que cuchicheaban se me acercaron con sus carpetas al finalizar la clase.
- Hola - me dijeron muy sonnrientes
Una era un poco más bajita que yo, morena, con los ojos claros, azul casi gris, espectaculares, pero muy separados el uno del otro, dando al que la miraba una sensación como de estar viendo una cabeza de pez. Si la mirabas de frente, parecía estar vigilando constantemente los flancos, transmitiéndote una impresión de profunda inquietud. La otra tenía una graciosa melenita rubia, ni fu ni fa, era un poco gordita, muy sonriente y llevaba un vestido blanco de florecillas azul pálido, muy fresquito y una bonita chupa vaquera. A mí me gustó la gordita desde el primer momento. Pero, como suele suceder, era la mujer-pez la que parecía más interesada en conocerme, y la que llevaba la voz cantante del dúo.
- Te podemos dejar nuestros apuntes.
- Vaya... ¿y eso...?
- Eres muy gracioso
- No lo soy
- ¿Ves...? eres gracioso
LadyMerluza no me estaba pareciendo muy astuta y no era el tipo de persona en el que piensas cuando se habla de "buenos apuntes". Entonces intervino Miss Chupa vaquera
- Creíamos que eras escocés.
Y tal. Habían pensado que llevaba 10 días sin abrir la boca porque no entendía bien el español... y por mis camisetas de grupos raros. Y todo porque no me gusta demasiado hablar, tampoco me gusta la gente y me había hecho camisetas con los discos de los Jam, esos eran los grupos raros.
-No lo soy. Ni escocés, ni gracioso. Ni esto -dije señalando mi camiseta de Sound Affects -  es un grupo raro. Pero necesito los apuntes.
Mi encantadora chica vaquera me sonrió, como si supiera de qué iba todo aquello. La pez, ni flores, te lo digo yo.
Y fuimos, Besuguita, Cow girl y yo, casi del bracete a reprografía, a fotocopiar los apuntes y a ver si les explicaba que ni soy escocés, ni gracioso ni los Jam son un grupo raro, aunque sí ciertamente enrollados.
La pescao se llamaba Obdulia. Mi preciosa vaquerita, Leynie, y quise hacerle el amor desde el momento en que me dijo que creía que era escocés. Curiosamente, ella sí que era extranjera, alien, casi, de puro rara, a legal alien, como dicen los ingleses, como Sting, ella era de otro planeta, en realidad, muy esotérica y terriblemente sexual. Y yo... me enamoré de ella como un universitario.
Aquel primer día, como quería acostarme con Leynie, llevé a la dulce parejita a la cafetería de Medicina, donde ponían unos copazos de espanto por 50 pesetas; me las arreglé para que Obdulia creyera que era con ella con quien quería enrollarme y la hice seguirme a los baños. Lejos de miradas curiosas y de otras miradas que aunque no fueran curiosas, me iban a fastidiar el plan, maté a Obdulia sin contemplaciones y me las apañé para dejar su cadáver, desnudo, en compañía de otros simpáticos y discretos cadáveres en la sala de disección, donde no parecían tener un control riguroso (ni laxo) sobre sus cadáveres. Sus ropas, las tiré en los contenedores de basura de la cafetería y volví con Leynie, ya sin pececillos molestos alrededor, para hacerla mía. No quiso. Y eso que no le dije que había matado a su amiga. O quizá, esa fue la razón de que no triunfara. Quizá hubiera cambiado su opinión sobre mí (parezco escocés y divertido, pero soy un coñazo y un poco salido) de haber sabido que mataba chicas. Aunque, para ser sinceros, Obdulia fue mi bautismo de sangre, así que, entonces, no mataba chicas, aún era solo un estudiante de derecho mediocre, pero... acababa de incicar mi propio recorrido en el mundo del asesinato.

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En la facultad de derecho, me aficioné a no ir a clase y, a cambio, iba a una timba de póker (clásico) que apostaba pequeñas cantidades. No se me daba demasiado bien, pero me aficioné al vértigo de la apuesta, a la emoción del farol, a poner cara de póker, a ser un poco gilipollas. Mis contendientes eran compañeros del colegio, de C.O.U., letras, que habíamos pasado en bloque a la facultad de derecho como si no hubiera otra carrera de letras en el mundo. Era malísimo jugando al póker, pero me creía muy listo, así que pensé que sería capaz de hacer trampas. Estuve durante tres o cuatro manos pensando en cómo lo haría... y lo hice, al recoger una mano de esas con 300.000 cartas descubiertas sobre la mesa, me quedé no con un as, sino con un joker en la manga.

Nunca nadie contaba las cartas, pero en esa maldita mano, Corvus, un tío sin demasiada importancia en el mundo, antes de repartir, se puso a contar las putas cartas.
- Falta una carta
Joder, joder, cuenta bien, y tal y cual... pero contó otra vez... y faltaba una carta. Tras una rápida inspección, sentenció:
- Hostias, un puto joker.
Yo no sabía dónde meterme. Creía que lo había hecho bien, y sin embargo, para mí era evidente que Corvus me había pillado.
- Alguien está haciendo trampas...
Joder, joder, es increíble... y cosas así pero no avanzamos nada. Yo traté de poner cara de poker, y combinar ese rictus inexpresivo con otro que expresara bien a las claras, que si me había visto y decía algo, le partía la cara.
- Chicos, estoy perdiendo ya demasiado -dije, con todo mi papo -  y ver que alguien está haciendo trampas,pues me toca las narices, así que me piro.
Y salí al aparcamiento, pero no me piré. Sabía que Corvus salía hacia las nueve a la cabina de teléfono (joder,qué viejuno lo de las cabinas...) que había en el aparcamiento, para llamar a su novia gallega sin que le diéramos el coñazo en la cantina.
Era una cabina de esas que no es cabina, que era una especie de poste cuadrado con un telentrabas en la cabiba, sino que hablabas junto a la cabina. Cogí un super5 que había en el aparcamiento y le hice un puente. Conduje hasta ponerme muy cerca de la cabina y esperé a que saliera Corvus y se pusiera a hablar con su novia gallega. Y despacito, para no hacer mucho ruido le aplasté mientras le decía guarradas a su novia y se tocaba la minga. Yo diría que murió empalmado, dato que aporto por si le sirve a sus familiares, aun después de 30 años, de consuelo.
éfono, dos en total, en los lados opuestos. De modo que cuando hablabas, en realidad no
Después de eso, dejé de no ir a clase y me pasé un año sin dar un palo al agua. Oficialmente, tenía la excusa de la depresión por la muerte del amigo y bla, bla. LLamé un par de veces a Leynie, pero aunque no me colgó ni nada, no pude tirármela. Sobre todo porque no conseguí que quedara conmigo. El cuento de la depresión no fue eficaz con ella. Ella estaba deprimida de verdad porque su amiga Obdulia había desaparecido.

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Cambié de facultad. Me matriculé en Ciencias Empresariales. Empecé a ir a clase. Un señor que daba Contabilidad explicaba un balance como si fuera un jardín de estanques de agua y el agua iba de aquí para allá y yo, caray, apenas entendía una palabra.
Otro señor, con un enorme bigote cano, explicaba macro y microeconomía. Y nos dijo en tono melancólico: "léanse los Pactos de la Moncloa,porque ha costado mucho sacrificioo y mucha sangre llegar a un acuerdo así en este país". Ya entonces, me fastidiaba la gente que decía "este país". Yo no me enteraba de nada.
Un día llamé a Leynie. Le dije que me había matriculado "en empresas" (perdonadme) y a ella le parecía bien que rehiciera mi vida y tal. Quedamos.
Pedí una caña. Siempre me ha gustado cómo las tiran en Santa Bárbara, que no sé si sigue abierto, el de Alonso Martínez, digo. Esa capita de espuma cremosa me vuelve loco. Estaba con mi caña, de codos en la barra, manchándome las mangas de la camisa, echándome un piti, entonces se podía fumar en la cara del bebé de la ministra de sanidad, si querías. Y vi a Leynie, que no venía sola. Trajo consigo a una amiga con unas enormes tetas bamboleantes bajo un jersey de ochos finitos, de cuello vuelto. Me dio la impresión de que estaba muy distante y me presentó a su amiga: Gregoria, Goya, Lacalle, fotógrafa. Era guapa y esas mamellas no restaban atractivo, precisamente, pero a mí me gustaba Leynie mucho más, y te juro que no sé porqué. Después de unas cañas, fuimos al estudio de Goya a ver sus fotos que, dicho sea entre comas, a mí me importaban un carajo, y a beber gratis, que eso me molaba más.
En poco tiempo, se puso tan pedante y tan pesada con su arte que empezó a sentarme mal la cerveza. En un momento dado, Goya me dijo que si me gustaría ver la sala de revelado. No me apetecía una mierda, pero dije que sí, la acompañé y la maté allí mismo. Al salir, Leynie estaba como super guapa.
- ¿Y Goya...?
- Revelando
- ¿Ahora...?
- Ahora... fíjate qué idea...
Me tiré en el sofá al lado de Leynie y le dije que me hiciera mi carta astral. Me dijo que no podía, que eso no era como contar un chiste, no se podía hacer así, sobre la marcha en cualquier momento, de cualquier modo.
- Pues léeme los posos del café
- Estás bebiendo cerveza...
Al final, me hizo un somero análisis grafológico que descubrió sin ningún género de duda que yo era un hombre apasionado que la deseaba por encima de todo. La ataqué sin miramientos y ella, mientras con bastante habilidad le estaba desabrochando el sujetador, me dijo:
- ¿No nos pillará Goya...?
- No lo creo... - dije. Y yacimos.

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Desde entonces, diez veces he quedado con Leynie. Diez veces hemos yacido. Y nuestras citas siguen siempre el mismo esquema. Primero, me cuesta convencerla para que quedemos. La llamo y la llamo y ella pasa de mí. De repente, un día me llama ella. No me lo avisa, pero siempre aparece con una amiga. Cuando aparece, siempre se muestra fría y distante, y su amiga, que suele ser imbécil, se muestra cariñosota. Cuando mato a su amiga, siempre de una forma discreta, sin que ella lo vea, sin que ella lo note, se pone tierna y yacemos. Nunca hablamos de su amiga muerta. Ni ella me pregunta si la he matado. Sólo me dice que si estoy seguro de que no nos molestará.

Cuando quiere matar a alguien, que es algo que es desagradable para ella, me llama.  Y yo, como Belén Esteban por Andreíta, por  Leynie, mato.

(Leynie) Amar por matar.
(Yo) Matar para yacer.












(1)¿Mark David Chapman...? ¡Vamos,hombre...! es un burdo montaje de la C.I.A.