miércoles, julio 24, 2019

10 errores que cometes cuando practicas el coito.

Decidme, ¿soy yo, acaso, mi guardián?

Me pregunto eso, por no preguntarme algo inteligente, mientras miro por enésima vez mi cuerpo desnudo y yacente en el brode de la piscina. He perdido 20 kilos, pero sigo teniendo una barriga tan grande, tan grande, que de pie no me la veo, así que estoy sonriendo porque antes de perderlos, tampoco tumbado me la veía, pero ahora, además de ver mis pies, y mis rodillas y eso, coño, ahí está, qué recuerdos.

Me gusta bañarme desnudo. Qué coño, me gusta estar desnudo y cuando estoy solo, vivo en bolas. No me gustan, sin embargo, las playas nudistas, ni los restaurantes nudistas ni nada nudista. No me gusta casi nada que pueda tener, por ejemplo, un grupo de facebook, o una categoría de google, no sé si me explico, me da grima que me etiqueten, así que absténgase, por favor, y circulen.

Pero si estoy en casa y no hay nadie y sé que no va a aparecer nadie, me desvisto con soltura británica y si no fuera por que tengo que llevar el móvil y las gafas, para ver el móvil, iría más ligero que el cerebro de ... (ponga usted su actor o futbolista favorito), pero tengo que llevar el móvil, y las gafas, porque por razones que no vienen al caso, abrí una cuenta en tuiter y esa cuenta me hace mucho de sufrir. En primer lugar porque no le importa a nadie. En segundo lugar porque no me extraña que no le importe a nadie, porque en twitter, amiguitos, soy un gilipollas. Veo a varias personas levantando una ceja, o esbozando una sonrisa de listillo, o lo que sea, para reforzar, con el gesto que cada uno elija, la idea de que ya era un gilipollas antes de que naciera twitter, y puede que tengan razón, pero os aseguro, incluso si queda alguien en el mundo que tenga una buena opinión de mi persona, que en esa red social soy un verdadero gilipollas. No sé porqué me indigno tanto, no sé porqué me lo tomo todo tan en serio, no sé porqué me aguanto. Intentaré mejorar.

Y para que no me acusen de clickbaitero, paso a deciros por qué copuláis tan mal y los diez errores que cometéis, follaburras, que no se os puede decir otra cosa.

1. No lo hacéis conmigo. No es que sea una máquina sersuá, pero hacerlo conmigo nunca sería un error. Solo pido a mi partenaire que tenga un poco de conversación y que no huela mal. Pensándolo bien, voy a usar estos dos impedimentos como errores, porque no sé si me van a salir los 10.

2. Decír cosas inadecuadas, como follar, putoloquesea, no hay más preguntas, qué puede salir mal, fav/RT y eso, bueno, no es demasiado sexy, que lo sepáis, porque tengo una noticia: twitter y el sexo no se parecen en nada, aunque ambas cosas se hagan en bolas (porque vosotros también os denudáis para tuitear, no?)

3. Zas, ya lo/la tienes en bolas para tirártelo/la y te das cuenta de que es imbécil, pero dices, qué más da, tiene buen culo, y hala. Mal. Muy mal. Ese polvo será siempre un fracaso. Dos imbéciles pueden protagonizar grandes coitos, pero si tú no eres imbécil y te parece que tu compañero de fatiguitas lo es, fracasará el asunto.

4. Aguantarse los peos es contrapoducente. Si tienes un día pedorro, mejor deja que fluya la cosa y confía en el refrán perro ladrador, poco mordedor. Tratar de reprimir un peo mientras copulas no es buena idea, te hace adoptar escorzos y rictus que no seducirán a tu amante.

5. Tirarse peos tampoco ayuda. En realidad, todo lo que tenga que ver con ventosidades, debería descartarse, no seáis idiotas.

6. La actitud socialdemócrata. Es un poco ser imbécil, así que no me seáis socialdemócratas. Eh... ni democristianos, que es igual de enervante

7. Decir mamonadas en plan experto del sexo, mostrarse demasiado abierto a guarradas y a perversiones y, en general, dar un valor positivo a las palabras morbo y complicidad.

8. No digas follar. Decir follar no te convierte en alguien familiarizado con el sexo, te convierte en un imbécil vulgar, así que ya verás lo que dices.

9. Dúchate más a menudo. Puede que creas que no influye, pero eso es porque eres tonto, seguramente, no creo que obedezca a ninguna otra razón.

10. No ir al sur, que es a donde hay que ir para hacer bien el amor,

11. Ah, no, mierda, que eran 10.


Y no quería acabar sin decir que vale, Bohemian Rhapsody, the film,  es una peli que buah... en fin, uno puede verla sin vomitar, pero tampoco es para tirar cohetes y FM es un pelmazo; y la canción... coño, ha pasado de ser una de mis canciones favoritas, a ser un algo insoportable y que cuando vi, en directo, el Live Aid, el concierto de Queen no me pareció gran cosa (ni recuerdo a nadie que se lo pareciera entonces), como sí pasó con el concierto de U2 que gustándome bastante menos como banda, me pareció unminiconcierto bestial, así que no seáis pesados con "los 20 minutos que cambiaron el rock" ni nada de eso, porque no os comeréis un colín. Avisado quedas.


















lunes, abril 22, 2019

Todo está al revés (El Argonauta)



¡Sorpresa!


Al despertarse, el Argonauta estaba soñando con ella. Había soñado con ella, estando despierto millones de veces, pero no recordaba haber soñado con ella de ese modo: un sueño verdadero, mientras dormía a pierna suelta, un sueño muy explícito, muy vívido.
En el sueño, estaba en su casa, pero no su casa "de verdad", que conocía bien, sino una casa que, en el contexto de ese sueño, era la casa de Lorna Cor, luminosa, amplia, con poca densidad de muebles, muchos cuadros, suelos ajedrezados con baldosas de colores vivos sueltas aquí y acullá.

No para de hablar, el Argonauta, y nadie le escucha, pero él continúa con su cháchara, desembuchando ideas y ocurrencias según ella iba y venía, sirviendo un café, descalzándose, como quien llega de trabajar y acostumbra a caminar con los pies desnudos por el suelo-tablero de su casa. El Argonauta se sientes lejano, pequeño, inservible; insignificante, casi invisible. Pero no se rinde y está dispuesto a lo que sea, si ella se lo pide.

Imagina que ella le mira y le dice adelante, prende fuego al mundo y que no se apague tu brasa vital; no te pares, ni alteres tu rumbo, Argus (ella le llama así) porque ni puedes, ni debes cambiar.

Está preciosa. Se ha cortado el pelo. Su mítica melena es ahora un peinado casi a lo garçon, pero rubio oscuro, y lleva una ligera y vaporosa -muy grande- camisa como hawaiana; se nota a la legua que es una prenda que usa para andar por casa, y que no se la pondría jamás, puro demodé, para salir a la calle.

El Argonauta se cuadra ante su reflejo en el gran ventanal y que salga el sol por donde yo diga: si puedo imaginarlo, nadie va a impedirlo. Todos llevan siglos despreciándome, ahora tendrán que callar. Todas las cigarras, todas las hormigas, toda la gran turba está ahora callada.

Es un mirlo que siempre se ha sabido ignorado, abandonado como una pelota pinchada en un solar ¿qué le vas a contar?

Ella le está contando cómo le ha ido, con una cerveza de Mercadona en la mano pero, al pasar por su lado, él la coge por la cintura, como si estuvieran bailando y se embarca: acerca sus labios a su cuello y aspira su aroma con un ansia y una seguridad desconocidas. Ella le corresponde y se pega absolutamente a él. Con la cercanía, advierte que ella no lleva nada
ropa debajo del blusón hawaiano y explora con su mano la espalda bajo la blusa. No hay nadie y la besa, con mucho miedo. Miedo al rechazo, A no estar a la altura, a un desempeño mediocre, a que le huela el aliento, a lo que sea…
Pero no ocurre nada. Ocurre todo, en realidad. Se besan con enorme dulzura, con firmeza y ansia y luego… lo demás. ¡Ella se ha depilado! Este detalle le alegra, hemos de significar.

Cuando está buceando entre sus piernas, zas, despierta. Tarda en ubicarse, pero la familiar oscuridad de su habitación, le ayuda  a poner los pies en el suelo y a tomar conciencia de su alma inmortal.  Según su experiencia, todos mienten, todos quieren su pizca de sal, así que disimula porque sabe que aunque nadie esté, oficialmente, mirando, todos le ven. Todo está  al revés

Tal vez algún día, nuestro insensato argonauta obtenga un poco de atención verdadera y cobre así sentido su atroz singladura. Le llueven las canciones, pero se va a quedar calvo  si espera a que suene la flauta y le cuesta mucho, muchísimo despertar; no quiere hacerlo, porque sabe que en la vida real, jamás podrá besar y hacer el amor con ella como ha sucedido en el sueño, en su vida inconsciente y abandonada entre vigilias penosas.

Qué poca vergüenza, qué cara más dura, ¿y si nunca vuelve a aparecer? Así que sigue andando, de esa forma lenta en que sólo él anda, dejando atrás todo lo que ve. El sueño ha terminado y el Argonauta no sale de su ensoñación; sigue oliendo el sexo de Lorna y sientiendo su calor en las caderas. De repente, al final de su sueño, ahí estaba ella, sorprendente, rendida en sus brazos, real como un pensamiento imaginado.

No despiertes, no dejes de ser, de soñar y de viajar, acaso sólo en sueños, ángel de bien, alma discreta y viva, pez espalda, delfín principiante. Si prisa, sin pauta, haz las maletas. Piensa, imagina que hoy empieza tu viaje.
Siempre, todo, todo… está al revés





(Líricas)
No paras de hablar, y nadie te escucha
Que siga tu cháchara, desembucha
te sientes lejano, pequeño, inservible
insignificante, casi invisible
no te rindas, prende fuego al mundo
no apagues tu brasa vital
no te pares, no alteres tu rumbo
ni puedes, ni debes cambiar

que salga el sol por donde tú digas
si puedes pensarlo, nadie va a impedirlo
todas las cigarras, todas las hormigas
siempre despreciaban el canto del mirlo
es duro saberse ignorado,
¿qué me vas a contar?
No hay gente jugando a tu lado
No hay nadie, eres un solar

Desde siempre, nada muere en tu alma inmortal
Todos mienten, todos quieren su pizca de sal
Disimula, nadie mira, todos te ven
Pura gula, nadie te quiere, todo está al revés

Tal vez algún día, insensato argonauta
cobre sentido tu atroz singladura
que lluevan canciones, que suene la flauta
qué poca vergüenza, qué cara más dura
despierta, aunque sueñes con ella
y si nunca vuelve a aparecer,
Sigue andando, de esa forma lenta
Deja atrás todo lo que ves

De repente, al final de tu sueño, ahí está,
Sorprendente, en tus brazos, nada más real
Disimula, no despiertes, no dejes de ser
Al fin, tuya, y si despiertas, todo irá al revés
Todo está al revés

Sin prisa, sin pauta, haz tu equipaje
pequeño argonauta hoy empieza tu viaje

martes, abril 02, 2019

Tú y yo


Mi amor es como el árbol del que cuelgan las más extrañas frutas, ese arbolito que no sabes porqué, pero que siempre te olvidas de recolectar. Entonces, mis besos, mis caricias y mis atenciones, frutos de ese árbol desatendido, caen al suelo, y ya maduros, se malogran y echan a perder sin que nadie siquiera repare en ellas.

Así, eso, son mis canciones. Fruto de mi amor, sin destino ni suerte, sin brillo ni audiencia, sin nada que le importe a nadie.
De todos modos, un extraño impulso interior, una fuerza de origen ignoto, un momentum que es como la lava a punto de rebasar el cráter, me lleva a no poder parar de escribirlas, ni de cantarlas, ni siquiera de exponerlas al escurtinio público para que, una y otra vez, sean cruelmente ignoradas -cuando no machacadas- y así mi corazón empieza a parecerse a una ciruela pocha a punto de ser pisada por un jabalí petulante y guasón.
Soy un desastre, sí, pero aunque mi voluntad y mi empuje se quiebran al primer guantazo, algo, que supongo que es el amor (por la música, por la vida, por ti), me lleva a seguir haciendo el ridículo y disfrutando con ello como solo los genuinos caballeros sabemos hacerlo: en pijama. Y no me preguntes que por qué lo he hecho, porque no tengo la menor idea.







Baila, si te place, y di lo primero que se te venga a la cabeza. Te estaré escuchando.

lunes, febrero 25, 2019

Divino Tesoro


Una canción nueva.
Hubo un tiempo en que esto me emocionaba. Y bueno, aún me emociona, pero ya no me pone nervioso pensar que las 6 o 7 personas que lo escucharán se olvidarán de ella pasado mañana. Me basta con que alguien lleve el ritmo con el pie, sacuda la cabeza un poquillo. Se llama Divino Tesoro, y va de... eso, claro.
Por si tú sigues viniendo, dime, como solías, si te ha gustado. La juventud es también un poco tú, ya sabes, es un poco ese otro tiempo, cuando te estremecías si te rozaba, cuando el mundo era de otro color.
Las líricas, para el que le guste canturrear mientras escucha, debajo del reproductor


Despertar, resistir,
aprender a no sentir
no pensar, no recordar, no ser ya nada

Sin buscarla, la encontré,
  y más tarde la perdí
una mula terca y muy, muy despiadada;
se aleja más y más de mí
y yo no puedo ya ignorarla 

Sé que ya, no volverá
y que nunca será igual
somos duendes en la ciudad de las hadas.

El calor, el sabor,
el deseo y el amor
no se irán, ni ella se irá de su galaxia
sin dar señales ni escuchar ya más mi blues
sin inmutarse, no me mira ya su luz.

Sin más, se ha marchado
sin dar una sola razón
en un instante, 30 años
y el divino tesoro ahora es mi cruz
no es fácil vivir sin su luz

Despertar, resistir,
aprender a no sentir
no pensar, no recordar, ya no eres mi hada.

Luché por ti, y gané
y más tarde te perdí
sin saber muy bien por qué me castigabas;
te alejas más y más de mí
mentirte es engañarme... es nada
en tu espalda nace el mundo
y el miedo a ya no verla me atrapó
no sé vivir sin tu amor

jueves, julio 12, 2018

Yéndome

Primero, por favor, escuchen:


Digamos que la cosa está fea.
Tengo que irme, eso está claro, cambiar, dar un giro absoluto, pero algo, no sé muy bien qué, me impide irme. Vamos me impide hacer las cosas que tendría que hacer para irme.
Puede que sea miedo. O vértigo.
O sea, ahora, mal que bien, tengo un apaño. Pero, ¿qué pasará luego?
Estoy bien jodido.
Estoy gordo como un búfalo, el curro como el mismo culo, el corazón medio roto, la boca destrozada... normalmente, escapo de estas situaciones desastrosas con la música y la literatura. Ya sé que no soy ni músico, ni literato, no lo soy profesionalmente, pero siempre me he sentido un poco así y refugiarme en estas cosas, mis canciones y mis escritos, siempre me había funcionado.
Escribir... ya véis, este blog, en otro tiempo de asuntos sobra, de relatos exuberante, de anécdotas hipertrufado, de lectores lleno, hoy medio abandonado, como yo mismo. Pero es que aquí me gusta escribir cosas de verdad, no ese tipo de mierdas SEOptimizadas que tanto se llevan ahora y que parece que el que las escribe, piensa más en Google que en los lectores. Un desastre.
Y en cuanto a la música: cada vez escribo menos canciones (aunque las últimas me han molado
mucho) y pensando en dejar el grupo, porque tocar en directo no está mal, pero se ha convertido en una rutina y hasta los ensayos, que antes me molaban tanto, han dejado de divertirme. Siempre me ha gustado juntarme con la banda y montar un tema nuevo y ahora... es como un dolor de muelas, una especie de competición absurda de egos, de a ver quién tiene razón, cuando todos sabemos que YO siempre la tengo, no comprendo porqué le cuesta tanto a la gente entenderlo.
En fin, que debería hacer algo más que quejarme. El caso es que estoy haciendo algo, pero no lo suficiente. O a lo mejor es que no sólo está en mi mano y que las cosas a veces, este tipo de cosas, al menos, no responden al principio de acción-reacción, o no automáticamente.
Nada, y no se me ocurre una buena historia, o una medio decente, ni para fardar. Bueno, exactamente no es que no seme ocurran, es que no me apetece ponerme a escribir. Eso es. Y así está la cosa, mal vamos...
Joder...

miércoles, mayo 30, 2018

La condena


Te veo sentada, a dos metros de mí, pero tú no me ves. Pasa cada tarde: espero a que llegues a casa del trabajo, te pregunto por tu día y casi ni me contestas: bien, y nada más, en modo piloto automático, porque desde hace meses ya ni siquiera añades ¿y tú? Que era lo más parecido a una conversación que teníamos entonces.
Tú te cambias y te sientas en el sofá delante de tu portátil, lo enciendes y te pones a trabajar o a jugar a Candy Crush, o como se llame eso a lo que juegas;  enciendes la tele y un cigarro y qué quieres, me gustaría que pensaras en el mensaje que me estás enviando. Me estás echando, ¿no?
Intentaré, como cada tarde entablar una conversación contigo y seguramente, poco antes de cenar trataré de seducirte… vamos, de que accedas a tener algo de intimidad física conmigo. Que te dejes querer un poco. Pero en eso tendré menos éxito aún que para hablar.
No puedes imaginar lo que es eso. Años de rechazo. De sentirme repulsivo a tu lado. De quererte y desearte y de ver que, simplemente, no es que me desprecies, pero que te causo esa profunda intolerancia epidérmica, eso es innegable. Que no te gusto en absoluto. Que ya no me quieres. Ya no de esa manera.
Y yo, qué quieres, lo entiendo a veces.Mírame: obeso, deprimido, sin trabajo, sin encanto, sin gracia, sin amigos, sin nada de lo que presumir.
Estoy condenado. Porque te veo cada día y cada día quiero gustarte y que me quieras. Y ya sé que jamás volverás a quererme, jamás volverás a abrirme tus piernas dejar que me aloje dentro de ti. Porque tu indiferencia me mata. Me mataste hace ya años.
Y ahora estoy muerto, lo sé, aunque me parece que aún no nos hemos dado cuenta.
Ahora que lo pienso, a lo mejor es por eso, y no es que no me quieras, es que llevo años muerto.


Condenados

No quiero ser el idiota que hace que te rompas la cabeza

ni quiero ser el amigo razonable que nunca se da cuenta

Pero si no tengo nada que hacer,
no sé qué hago intentando aprender

los nombres de esta historia y quién es quién en ella
No quieres ser la boba que se esconde cuando suena la puerta;
no quieres ser la otra y no quieres quererme, si quiera
Pero si no quieres ni verme los pies
no sé qué hacemos desnudos otra vez…
Estamos condenados, y no nos damos cuenta

Hace tiempo quisimos vivir
pero hoy el tiempo nos ha hecho coincidir
en la estación de los que ya estamos de vuelta
Dame una sola razón, para borrar esta canción
y convencernos de que esto ya no nos tienta
No quieres nada de mí, no quiero nada de ti
¿no te das cuenta?
Solo queremos que el mundo, y la gente, desaparezcan
Y así, sin nadie alrededor,
nadie a quien decirle que no

se nos meta al fin la cordura en la cabeza.
Hace tiempo quisimos vivir
Pero hoy el tiempo nos ha hecho coincidir
En la estación de los que ya estamos de vuelta
Dame una sola razón para borrar esta canción
Y convencernos de que esto ya no nos tienta
Lo quiero todo de ti, lo quieres todo de mí
Es nuestra apuesta
Y mientras no sea así te juro que todo me parece una mierda
Pero esto es solo una canción

y es todo cuanto sé hacer yo,
Estamos condenados, y no nos damos cuenta

lunes, mayo 07, 2018

No me ves, me voy

Acabo de componer este tema.
Las cosas en el trabajo no me han ido demasiado bien, aunque tengo mi apañito, pero mierda, esto se suma a tantas otras cosas, me hacen llegar a la triste conclusión de que aquí estoy sobrando del todo.
Así que me voy a pirar.
Una cuestión de tiempo, pero voy a pirarme, eso es seguro. Me voy p'al sur a poco que pueda, buscando sol, mar y un ritmillo de vida más humano.

Musicalmente... mucho blues, o ese tipo de blues apopalíptico que hago yo, que dará cien patadas a los puristas. En fin, que se jodan los puristas, qué quieres que te diga. dice asín:

Me voy

 no parece haber nadie aquí
que quiera ayuda o necesite nada de mí,
el tren se pone en marcha y no lo voy a perder
-no creo que me avisen, la cosa está así-
el mundo rueda y yo mirando
no lo puedo entender
soy la nada, soy cien kilos de miradas de más
soy invisible, prescindible, el que te has olvidao
me confunden con el suelo, empiezo a sobrar,
ya me voy...

La transparencia no me sienta bien hoy
canto a gritos pero nadie quiere entender
estoy sobrando hace mil años y empiezo a creer
que solo cuenta lo que tengo, no lo que soy
yo... me voy
¿no dices nada? me voy 
no me escuchan, me voy
ni me ves, yo me voy

la carretera me sienta tan bien...
vuelo a tu encuentro
la nada es la espada que corta la hiel
quisiera empiezar a creer, pero
muero por dentro
y os miento detrás de mi auténtica piel
yo me voy

Ahora estoy lejos, solo soy un perfil
un auténtico Don Nadie, un gnomo feliz
un bot socializado, el like número mil
yo no pienso, pero opino, soy un tonto civil
Ya no estoy,
no me ves, yo me voy...



viernes, abril 20, 2018

Netol entra en la historia

Fui, lamento decirlo, un cerdo. Un hombre que atropellaba los principios si el tenerlos en cuenta dificultaba en algo mi caminar. Procuraba hacerlo sin que se notara mucho, porque -odio reconocerlo también- siempre me importó lo que la gente dijera de mí. No me entendáis mal: no es que actuara como a la gente le pareciera bien que yo actuara, pero me importaba que pensaran de mí las cosas correctas, determinadas cosas, como si eso justificara, de alguna extraña manera, lo gordo que solía caer a la gente.  Aún sigue siendo así. No soy un tipo que, espontáneamente, caiga simpático al personal y eso, en serio, me da igual. Lo que no me da igual es que piensen, por ejemplo, que soy un zoquete. Eso no me mola. Pero no era de mí de quien quería hablaros, sino de un amigo de un amigo (siempre hay un amigo) al que todo el mundo conocía como el Netol.
Héctor Netol Jiménez es un hombre sin gular(1) y, siéndolo, que lo es, es dolorosamente vulgar y aburrido. Desde pequeño, le llamábamos Netol, y era el clásico mote políticamente
incorrecto que usábamos los niños antes, señalando un cierto defecto físico, si es el que ser cuellicorto puede considerarse un defecto. También le pegaba Netol porque al contrario que nosotros, iba a un colegio privado que le obligaba a llevar uniforme (chaqueta y corbata) y todo el conjunto le hacía parecer un mayordomo buscando una peli en la que salir. mí me llamaban Bola, hasta que le di un guantazo a uno que me lo llamó malamente. Sea como fuere, Héctor era el Netol porque su barbilla parecía pegada al pecho, sin el nexo (o separador) de la garganta, como nos pasa al resto de los humanos.
Por eso a todos nos resultó extraño lo que sucedió con Héctor. Héctor, que nunca había estado enamorado; que nunca se detuvo en cosas como ir a ver las estrellas reflejadas en el embalse, o en trasnochar para ver la salida del sol por detrás del Hogar del Pensionista, que jamás se puso un espejo en la punta del zapato para verle las bragas a una niña, que nunca se asomó a la tienda del Judío para decirle "calvo, baja los precios, pedazo de cabrón" fue, sin embargo, el primero de la pandilla en irse. Sí: hubo un día en que Netol fue el primero en algo.

Éramos, ya sabes, una linda pandilla de ladronzuelos de barrio, de truhancillos deshilachados de tres al cuarto, de niños desnortados y pelmazos, y ocupábamos el espacio de aquellas calles como esos que ocupan los asientos del autobús del pasillo, intentando hacer inaccesible el asiento de la ventana simplemente por dar el coñazo a la gente. Es decir, éramos unos pelmazos de primera, pero teníamos energía, a veces gracia, y aparte de ser molestos, a ratos, no hacíamos gran cosa.

Netol tenía perro, Pinga, una bobtail obesa que siempre andaba sucia y era tan pertinazmente cegatona como casi todas las de su especie. Pero a todo el mundo le encantaba esa perraza sucia, babosa y simpatiquísima y estoy por decir que Pinga era lo único que a la gente le gustaba del pobre Netol, quien, dada su falta de encantos personales, siempre recurría cosas externas (su perra, su moto, la enorme casa de sus padres) para tener algo de aceptación social.

Por eso, el día que Netol apareció en la calle  con una extraña sonrisa en la boca y nos reunió a todos con ese aire estúpidamente conspirador que tan bien sabía adoptar, nadie auguró nada bueno. En una inopinada melé en mitad del solar donde solíamos reunirnos, Netol nos dijo que tenía que enseñarnos algo que cambiaría nuestras vidas para siempre. Y vaya si lo hizo, aunque ninguno quisimos creer que sería de ese modo. Estábamos acostumbrados a ese tipo de anuncios por parte de Netol. Cosas que, aseguraba, nos iban a alucinar y eran... vaya, estupideces como un mechero zippo auténtico, una pluma de oro, un whisky escocés de 300 años, un álbum en directo de Lluis Llach (un LP), en cuyo cuadernillo interior salía Charly Rexach (el cha-cha-chá de la ciudad condal, que decía un locutor de radio de aquellos días) y cosas así que le robaba a sus padres o hermanos mayores y que a nosotros nos la soplaba bastante.

Aquel día, nos llevó a su casa asegurando que lo íbamos a flipar. Éramos solo tres los que estábamos con él: el Jerezano (madrileño, pero sus padres tenían una tienda de vinos guays, sobre todo de Jerez), el Bonmatí (madrileño también, pero veraneaba, como se decía entonces, en Sitges) y yo mismo. Todos le seguimos porque, caray, la casa de Netol era un puntazo: siempre había comida en abundancia, espacio para tirarse por el suelo, buenos discos y, con suerte, su hermana Vicky, fuera de nuestro alcance, por sus 22 añitos cuando nosotros teníamos 16, pero que estaba buena de una forma casi indecente. Cuando entramos en su casa, fuimos directamente al sótano, que era la zona de la casa donde nos toleraban y una vez allí, Netol cerró las puertas, puso a toda tralla el Made in Japan de Deep Purple y nos enseñó lo que, la verdad, nadie estaba esperando. Estábamos acostumbrados a esos numeritos de Netol y solían ser decepcionantes. Aquella vez no lo fue. Aquella vez... fue la hostia.
Estábamos tirados en el sofá, mirando las tías en bolas del Fotogramas (en su tiempo, como el Interviú, el
Fotogramas tenía tías en bolas porque sí), y Netol se puso en pie ante nosotros con su carita de pringao habitual y carraspeó un poco más fuerte de lo necesario para atraer nuestra atención.
- Mirad - dijo, dando un paso atrás - ¿mola o qué...? - y se sacó de la parte trasera de la cintura, bajo la chaqueta del uniforme de su colegio, una pistola. Una de verdad, nada de un juguetito, que junto a su habitual cara de gilipollas integral y su desafortunada expresión corporal, componía un conjunto ciertamente temible. Nos quedamos todos absolutamente privados. -  Os habéis quedao muertos, ¿eh...?

Y sí, nos habíamos quedado de piedra. Pero intentamos reaccionar pronto. Lo que solíamos hacer con Netol era, primero, no consentir que jámás, nos epatara. Y si, como en aquella ocasión, lo conseguía, que no se diera por enterado de que lo había conseguido.
El Jerezano, después de la impresión inicial, volvió rápidamente a la revista
- ¡Buf... está buenísima esta pelirroja! - dijo, mientras se colocaba con gestos exagerados el paquete
- Hm... no parece gran cosa, ¿no? - dijo Bonmatí, y cuando Netol se preparaba a demostrar que la pistola era fetén, añadió - además, en el chumino es morena... bah...
- Vaya... - dije yo que a veces me daba mucha pena -  pero, ¿de qué vas, tío?
Mi estrategia solía consistir en decir que sí, que tenía cosas guays, pero no sabía qué hacer con ellas. Por ejemplo, con el Zippo le quise convencer para que se quemara los pedos; también, por ejemplo, que le hiciera fotos en bolas a su hermana... pero nunca conseguía nada. Así que tiré por ese lado

- No voy de nada, Bola, ¿es que tienes miedo? - me dijo Netol, haciéndose el listillo y, lamento decirlo, acertando. Yo tengo mucho de eso. Presumo mucho, pero cuando llegan ciertas cosas de verdad, no me gusta estar cerca. Cuando mis amigos mods iban a pelearse con los rockers, me sentía molesto, nervioso, porque yo no me atrevía. Cuando salí con la primera mujer-mujer y ella me dijo que iba a meterse una raya, que si quería... tuve miedo también. Y cuando Netol sacó esa pistola, la verdad, me cagué.
- Noooo... no tengo miedo... mientras no me apuntes con ella cargada, chaval
- Ah... - dijo, con su cara de memo, supurando imbecilidad y sudor por el bigote y haciendo el clásico movimiento de halar la corredera sin dejar de apuntar hacia nuestro lado de la habitación - pues...ya está cargada - y dicho esto, aunque intentaba sonreír, su sonrisa era evidentemente nerviosa y el sudor empezó a perlarle las sienes. Su aspecto de imbécil era ya imbatible.
Ese ruido que hemos oído mil veces en las pelis hizo que Jerezano y Bonmatí dejasen de disimular con el Fotogramas y los tres nos levantamos del sofá como impulsados por un resorte invisible. El miedo era ese resorte, claro, y dando un dramático rodeo para salir de la zona que amenazaba la pistola, nos lanzamos hacia Netol, gritando todos al tiempo, tratando de aturdirle o no sé qué tratábamos de hacer.

Lo que es seguro es que no tratábamos de provocar lo que, de hecho, provocamos, no sé muy bien cómo: en medio del forcejeo y el griterío, y evidentemente, sin querer hacerlo, a Netol se le disparó el arma y le descerrajó un tiro a quemaboca a Jerezano, que cayó hacia atrás como un pelele con la cara ensangrentada.
Nos volvimos hacia Netol, para recriminarle a los gritos lo que acababa de hacer. Yo, lamento decirlo, fui un cerdo y di comienzo a una vergonzosa huida, porque no quería correr la misma suerte que Jerezano, pero me dio tiempo de ver a Bonmatí lanzándose sobre Netol para tratar de impedir lo que hizo éste: apoyar el cañón entre sus ojos y abrirse la cabeza de un balazo. Murió allí.

Jerezano, no. La bala entró por la boca, destrozando dientes y mejilla, pero salió bajo su oreja sin interesar, milagrosamente, ningún órgano vital. Al menos él tuvo la suerte de no ver a nuestro maltratado amigo Netol quitándose la vida, una imagen que ni Bonmatí ni yo olvidaremos jamás.

Y así fue como Netol, nuestro amigo Héctor, en el mismo instante, salió de nuestra pandilla y entró en nuestra pequeña historia.


















(1) :gular.

Del lat. gula 'garganta'.
1. adj. Zool. Perteneciente o relativo a la garganta.