El día que Tautina salió de casa para no volver le dijo a su madre:
- Mami, salgo de casa para no volver.
Entonces, su madre le dijo:
- ¿Te has lavado los dientes?
Tautina hizo un ruidillo como de fastidio, porque sabía que su madre no había entendido nada de nada.
- Que me voy, mami, que me voy de casa.
- Sí, hija –dijo su madre- ya, ya, muy bien… pásate por donde Marni (dato al margen que se cuela en el texto: Marina, conocida en el barrio como Marni, la ladrona, por lo abusivo de sus precios, es la dueña de la droguería que hay en los bajos de la casa donde vive Tautina) y recoges una botella de lejía y le dices que luego se la pago yo
Tautina baja las escaleras de una en una, porque sabe que su madre no la cree. Tautina tiene ocho años, pero ya apunta la mujer que va a ser. En su edificio, las escaleras rodean el hueco del ascensor y a Tautina no le gusta cruzarse con el ascensor en el rellano, así que se detiene un par de veces para que la coincidencia con el ascensor se dé en los tramos de escaleras, que eso da buena suerte. En los rellanos le da yuyu.
Le fastidia que su madre no la crea, porque ella nunca miente. Incluso ha hecho un hatillo con la funda blanca de su almohada y lo ha atado a la raqueta de tenis de su hermano. Como en el hatillo cabía poca ropa, sobre todo después de meter a Loli, su muñeca favorita y Pachón, su peluche predilecto, ha optado por dejar una carta escrita a su hermano, donde le da instrucciones precisas de con qué ropa ha de llenar su mochila escolar y de cómo entregársela a ella. Lo malo es que Síngulo, su hermano, aún no sabe leer.
Mira Tautina corriendo por la calle, pegada a la pared, con ese trote bailarín que obedece al ritmo de alguna canción milenaria y triste. Al hombro derecho lleva el hatillo que rebota con los pasos saltarines, y en la mano derecha, el bocadillo de chocolate Elgorriaga que amenaza con edurecerse de mala manera: Tautina tarda años en terminarse el bocadillo cuando está en la calle.
Un poco más allá, en la misma calle, sentado sobre un balón de reglamento y la espalda apoyada en la pared, está Gorgeous, el inane, un chaval mayor, de 10 años por lo menos, que parece triste y meditabundo ahí solo.
Cuando Tautina pasa frente a él, canturreando, Gorgeous le habla:
- ¡Oye, niña! Tengo que preguntarte una cosa.
A Tautina no es que le guste Gorgeous, el inane, pero siempre le ha hecho un poco de gracia lo rarito que es. Así que se detiene y de un gracioso saltito, se da la vuelta y se pone de frente al inane muchacho.
- ¿Qué quieres, Gorgeous?
- Haber, niña…
- Se dice separado, sin hache y con uve. ¿O es que eres indio cheroqui?
- No, qué va… yo soy más vaquero… oye, no me distraigas, Tutilla…
- Tautina, inane, Ta-u-ti-na
- Vale, Tautina, ¿quieres hacer el sacrificio?
Caramba, sacrificio, eso era muy de Gorgeous, la típica cosa rara de Gorgeous. Ella había estudiado en el catecismo cosas de sacrificios. Normalmente los sacrificios eran cosa de santos y gente antigua, admirable, que salían en el catecismo y en las Vidas de Santos que su padre tenía en la pequeña librería del baño (era lector de taza, como servidor).
- No sé… ¿qué es el sacrificio? ¿Qué tengo que hacer?
Gorgeous, el inane, miró hacia arriba, directamente a los ojos de Tautina. En su mirada había nobleza, había verdad y miopía a partes iguales. Su expresión altiva y noble, emocionó a Tautina, que no pensó que, sencillamente, el inane se estaba aguantando las ganas de hacer pis.
- Si quieres hacerlo- dijo Gorgeous-, si quieres que todos sepan que has hecho el sacrificio, dame tu bocadillo y márchate. Es difícil, es duro, lo sé, pero precisamente por eso se llama “el sacrificio”...
Tautina balanceó su cuerpo y su pensamiento. Por un lado, no estaba mal deshacerse del bocadillo (era una imposición diaria y materna) que, de otro modo, se eternizaría en sus manos y acabaría sucio y endurecido. Por otro lado, sabía que eso del sacrificio, a pesar de lo bien que sonaba, tenía toda la pinta de ser una excusa para merendar gratis, pues todos sabían que los padres de Gorgeous trabajaban hasta tarde y nunca le preparaban la merienda. No obstante, intentó ver si había bueno.
- ¿Y yo qué gano? ¿Qué gano dándote el bocadillo?
Gorgeous el inane movió la cabeza desconcertado…
- ¡No se trata de eso, Tutía! No es el bocadillo, el bocadillo no importa, es el sacrificio… te doy la oportunidad de hacer el sacrificio
La verdad es que sonaba tentador en boca de Gorgeous, pero aun así, sonaba un poco a camelo. De repente se acordó de algo que circulaba por el barrio. Era un mito, pero podría intentar averguar lo que había de verdad…
- Quiero algo más… - dijo Tautina - ¿es verdad que haces pis más alto que tu cabeza?
- Verdad es – dijo el noble inane – ¿desáis comprobarlo, bella dama?
Y se fueron a comprobarlo.
Canción de cuando se fueron a comprobarlo:
Van hacia allá el inane y la bella;
van detrás de los escombros,
ella con el hatillo al hombro,
y el balón entre él y ella.
El bocadillo no causará empacho
en la tripita dulce de Tautina:
Ella verá el vuelo alto de su orina
Y el bocata será p’al macho.
Gorgeous mea metro ochenta de alto
Tautina se asombra ante la lluvia dorada
El inane, complacido, desvia la meada
Y Tautina se queda color cobalto.
(Si queréis leer auténtica poesía y literatura de altura, visitad a la deliciosa Tautina. Y leedla, claro, se trata de eso. De lo mejor que podréis encontrar)
Visto el húmedo desenlace de la historia, ¿por qué no repetir la canción de ayer?
¿Quién detendrá la lluvia?
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CastpostEsta canción del gran John Fogerty, que tiene un poco de ínfulas de himno, me derrite. ¿Quién detendrá la lluvia?, menuda pregunta, ¿eh? Sobre todo en estos tiempos tan inciertos. Al escucharla ahora, en el momento de subirla aquí, me doy cuenta de que, inopinadamente, se me ha olvidado cantar, precisamente, el par de versos que más me gustaban de la canción. En el segundo estribillo, donde canto "Still the rain kept pouring, fallin' on my ears..." debería decir "five year plans and new deals, wrapped in golden chains...", lo que queda dicho para calmar las iras de los millones que me escuchan. Bueno, en esta versión, salvedad hecha de la letra, sólo añado una vocecita y una armónica medio mariconcilla para darle un poco más de color al tema. Por lo demás, es una fiel versión (cover, como dicen los listos) de la original, la de los grandes Creedence Clearwater Revival, que hay que ver lo buenos que son.