viernes, enero 25, 2008

snuff post

Cuando llego al lugar de los hechos, me oprime el terrible silencio que allí se percibe. En la habitación, en medio de un charco de sangre, junto a una silla caída, en mitad de todo, yace, ya sin vida. Soy un buen poli y sé cómo hay que actuar. Entro, recojo la cámara que hay en el suelo, que aún está grabando, y sujeta al trípode, buenas cámaras, las bluesky, coño, aprieto el stop y, a continuación, me dispongo a ver la grabación.

En la imagen, se ve a una mujer sentada en una silla (la misma silla que está en el suelo) con expresión aterrorizada. Está atada y amordazada con cinta americana. Se oye a un hombre que habla, fuera de imagen.

“... seguramente hoy, June, te parecerá mentira, pero has de saber que intercambiamos, entre unas cosas y otras, 523 mensajes de correo electrónico. El primero y el último son míos. En ellos me has dicho que me quieres, que me odias, que me deseas y me detestas, que soy el hombre de tu vida y que soy un gilipollas; me has deseado suerte, buenos días y buenas noches, felices sueños, que me muera, que me maten y que me den. Me has escrito las palabras más dulces, las que sólo tú eres capaz de decir, con tu inmenso talento y sensibilidad, y las más hirientes, las que sólo tú eres capaz de decir, con tu inmenso talento y sensibilidad.”

Entra en plano, de espaldas, el hombre que habla. Solo vemos parte de su espalda, que ocupa el tercio izquierdo de la pantalla.

“No he dormido, ¿sabes? Me pasé la noche leyendo nuestras cartas y reconstruyendo mi año de amor. Porque eso es lo que ha sido para mí, June. Es posible que ahora haya terminado, que ya no te ame, pero 2007 ha sido mi año de amor. En tu caso no, ya lo sé, para ti han sido unos meses de amor, vale, pero otros de indiferencia y aún otros de desprecio, así que en sensaciones tú ganas. Te lo has pasado mejor que yo, me temo.

Ahora, el hombre que habla ha cogido una silla y se sienta frente a la mujer. Está sentado con las manos cogidas, entre las piernas y ligeramente echado hacia delante.

“Leerte, y leer las cosas que nos escribíamos ha sido aleccionador, además de hermoso y doloroso, a partes iguales. Con la perspectiva que da el alejamiento, veo que los dos estábamos hambrientos, solos, juguetones y necesitados del otro. Los dos, June, éramos los dos, ambos tejimos una red de caza de la que el otro no pudiera escapar. Es verdad que yo era más cabezota, más insistente y evidente, pero tú, nena... tú eras sutil, subterránea y nunca, nunca... abandonaste el papel que te habías asignado en la comedia.

El hombre que habla se echa hacia atrás, como relajándose, y vemos que en su mano tiene una Luger clásica, con la que gesticula inocentemente mientras habla; la sensación es como de un profesor que divaga frente a sus alumnos con las gafas en la mano.

“Eras tan provocativa... tan distinta de todas las mujeres que yo había conocido... Además, claro, de tu talento. De que eras una poetisa de verdad, una hacedora de versos letales para mi espíritu impresionable; una escritora llena de erotismo en sus lineas y en su linea vital. Antes de conocerte, ya te deseaba. Antes de mirate por vez primera, antes de tocarte, antes de saber que existías como mujer, eras ya el amor de mi vida, el huracán que devastó mi corazón sin dejar en pie nada. Sólo existía para ti.

Ahora, el hombre que habla vuelve a echarse hacia delante y utiliza la Luger como un puntero, señalando y tocando con suavidad a la mujer de la silla.

“Conocerte fue un shock. Un acontecimiento que se escapaba de mi entendimiento, de mi medida, porque no sabía que podían existir mujeres así. Así de guapas (el cañón de la Luger acaricia sus mejillas y sus labios, por encima de la cinta americana), de inteligentes (por la frente y la sien derecha)... así de luchadoras (el corazón) y de sexys... (empieza a jugar con los pechos de la mujer atada). Sí, June, ¿ves?, puede que ya no te ame, nena, pero me sigues poniendo a mil. Sigues teniendo unas tetas maravillosas... (se incorpora y se separa) Pero no, tranquila, esto no va de eso... va de esto(le enseña la pistola), pero ahora, voy a cantarte una canción...

Al decir esto último se levanta, desparaece de cuadro y vuelve a aparecer con una guitarra y le canta una cación. Esta.



Ahora la apoya entre los ojos de la mujer.

“De eso va, nena. Va de que estoy cansado, June, muy, muy cansado de tanto dolor. No quiero vivir así, en el dolor. Es... ¿incómodo? Y sobre todo, doloroso. No quiero que me desprecies más. No soporto que me ignores. No te permito, en mi corazón, que no me correspondas... y mucho menos que ames, que intentes amar a otros. Que me sustituyas como quien cambia las pilas del consolador, June. Eso no se hace. Eso no te lo perdono. Y no es que crea que me perteneces, nena, no, qué va... Es que eres parte de mí. O mejor, somos la misma persona. Somos uno, June. Recuerda cómo era cuando nos fundimos. Nada había entre tú y yo. Éramos un único ser dichoso y mortal.

Ahora se levanta y sigue hablando, mientras pasea por la habitación y sigue disertando peripatéticamente

“No tenías derecho a esto, June. Éramos uno y tú no quisiste verlo, mala mujer. No quisiste, June, no me quisiste como yo a ti y ahora lo sé. Y sé, también, que la única forma de solucionar este dilema monstruoso, esta proposición unívoca que te empeñas en separar, maldita June, es actuar con firmeza y sin miedo. Y la parte de mí, de nosotros, que quede libre, podrá seguir viviendo. Pero no así.”

El hombre que habla se pone tras la mujer, le tira de la coleta para que levante la cabeza y le apoya en la frente el cañón de la Luger.

“Voy a matar este amor, June. Voya ahacer que no haya posibilidades de que crezca otra vez. No voy a permitir que un día te sientas simpática y me llames y vuelvas a engatusarme, hija de la Luna. Será solo un disparo, no temas, que no vas a sufrir.

Ahora el hombre, sin dejar de encañonar a la mujer con la mano izquierda, saca un cuchillo de su bota y rompe la cinta de las muñecas de la mujer, y la que sujeta a ésta a la silla, por la cintura.

“No te muevas ni un milímetro, June, no lo hagas más difícil... si no te mueves sé cómo hacer para que esto no duela, que no se sufra inútilmente... será solo un segundo, un disparo y ya...”

El hombre, sin dejar en ningún momento de encañonar la cabeza de la mujer, la rodea hasta ponerse en frente de ella

“Adiós, June. Has sido lo mejor y lo peor que me ha pasado en la vida”

Como siempre que oigo un tiro, pienso que el sonido del disparo es no es atronador, como en las películas. Es una especie de chasquido agudo y desagradable, que no da pistas sobre lo destructivo que es, sobre todo lo que es capaz de matar un solo disparo. Sale una enorme cantidad de sangre y masa cerebral cuando haces un disparo a quemarropa sobre una cabeza humana viva.

Se ve al hombre que habla tambalearse con la cabeza abierta del disparo y caer de frente a cámara. La cámara cae y ahora encuadra la puerta de la habitación, de costado. La mujer que estaba sentada aparece en cuadro, ahora, y va a salir por la puerta, corriendo, pero se detiene, se arranca la cinta y se queda mirando, horrorizada, la escena. Se agacha y desaparece del cuadro. Vuelve a aparecer, de espaldas, yéndose, con la pistola en la mano.

Después de 10 minutos de silencio, se ve algo que, hombre, tiene su gracia: yo mismo salgo en esta snuff movie, also starring, el detective Wolffo, podríamos decir. No llego a traspasar el marco de la puerta y me quedo mirando, imagino, al tipo que hay en el suelo, el desastre, como calibrándolo. Soy un buen poli, en serio, pero debéis saber una cosa: cuando veo un muerto, pongo cara de gilipollas.

-------------


La canción, aquí:
Wolffo - Death of a clown
Death of a clown, la muerte de un payaso, es una canción curiosa. La primera curiosidad que tiene es que, siendo de los Kinks, la compone y canta Dave Davies, el hermano pequeño, el de los coros por las nubes, el guitarrista incomprendido. Es una hermosísima canción, en su versión original, a la que le falta, tal vez, una variación, para ser sublime. Esto mío no es ni una versión. Bueno, tal vez sea una...snuff version, ¿no?

----------------
Listening to: The Kinks - Live Life
via FoxyTunes

martes, enero 22, 2008

en una isla

Living on an island

Este tema de Status Quo, los reyes del tachán-tachán, siempre me fascinó. Habla de la soledad del artista, del número uno... pedazo de cabrones, no sabéis la pena que me dáis. En fin, fuera de eso, la canción es extraordinaria y tiene esas dos partes, la primera melódica, calmada y obvia y esa segunda gritando skyyyyyyyyyy que es la pera, la verdad. Tocar esto en directo debe ser increíble. ¿O no? El sonido de guitarra acústica tan apagado y bonito que tiene esta canción, lo conseguí tocando la guitarra eléctrica, desenchufada, frente al micrófono, con una púa blanda, para que el golpeo se oyera bien. Debo decir que el resultado es magnífico. Y que yo, qué caramba, también soy magnífico. ¿Me ama el mundo? Eso es lo que yo me pregunto. Y basta.
Bájatelo aquí:


Tengo sed de ti. De tu risa y de tus besos. De tu cielo abierto y franco, de tu alma venturera esperando lo que yo te diga. Necesito tus besos, Bella. Calibrar tus labios con los míos, sentir tu aliento, apagado e implorante sofocado por mi ansia besadora. Tengo sed de ti.

Y yo tengo sed de ti, caballero andante, cómico frágil y soldado improbable; juglar que cuentas y cantas historias que me hacen pensar que piensas en mí más de lo que piensas, pero que me ensanchan el alma y me airean el corazón. Quiero beberte yo también.

Cuentas hasta diez y eres una burbuja que me aísla del mundo. Soy consciente de ti en toda tu extensión de mujer enamorada. Noto tus labios, claro, abriéndose a mí y tu lengua escapando de la mía; noto tus manos en mi espalda, tus uñas marcando tu territorio de gata de ciudad, flexible, elegante y peligrosa, si me descuido o si doy un paso en falso. Noto tu vientre ansioso y tu pecho dúctil, y el temblor de tus piernas-nave, porque estás a punto de despegar.

Te recibo con los brazos abiertos y vienes a mí como un hombre: decidido y tembloroso, valiente y muerto de miedo, adulto e infantil. Deseoso y deseable. Tus dedos fuertes y musicales juegan con mi espalda y su redondo final, y tu boca de Lucky Strike parece querer devorarme. Y te noto crecer, niño grande, contra mi vientre mientras me besas como nadie me ha besado jamás.

Nadie tiene derecho a entrar en esta isla.

No. Nadie lo tiene.

Después de hacer el amor, te gusta estar sola y yo no acabo de entenderlo, pero como no quiero parecer un idiota, pongo cara de que lo entiendo perfectamente, somos adultos, ¿no?, y te dejo sola. A otras mujeres, a todas las que yo conocí, les gustaba que les diera besitos y esas cosas, pero tú... oh, tú, incomprendida sirena, quieres estar sola.

A ver si me deja que haga mis cosas...

¿Sola? Para qué quieres estar sola, me pregunto y no hallo respuesta. ¿Hallo? ¿Hayo? incluso, ¿haio?. O, ya puestos, ¿ayo? ¿allo? ¿aio? O con la famosa hache intercalada, que de verdad, no sé para qué sirve intercalar una hache: ¿ahyo? ¿ahllo? ¿ahio? Pero estos desbarros no me vienen bien... mejor me voy a pescar. Claro, tendré que ir solo, porque a la marquesita de Rarolandia, a la princesita de los cojones, le apetece estar sola después de follar. Sola, ya ves, como si yo necesitara estar con ella para algo...

A ver, ahora va a resultar que es que si no estamos juntos a mí me va a pasar algo. Pues no, bonita, no, no me pasa nada, menudo soy. Sí, te quiero y eso, y me gusta cuando estamos juntos, pero no lo necesito. Para nada. Soy autosuficiente. Mira ese pez... mira esta lanza que me he fabricado yo con el fémur del oso que maté con mis propias manos (vamos, el que me encontré muerto) ... la lanza está doblada, el fémur de oso no es como el mío, rectilíneo y elegante, pero es tremendamente eficaz... si quieres pincharte un pie, en vez de al puto pescao. ¡Ay... su puta madre...! Duele, te lo juro. Joder, ella me lo ha dicho mil veces: con esa lanza no vas a pescar nada... claro, ella, quedándose sola después de fornicar, lo arregla todo. La posturita fácil. Me quedo sola y tú te vas y... ¿qué coño imaginará que hago yo cuando la dejo sola? Sé que ella no siente curiosidad, porque yo sí la siento, y a veces me escondo para mirar porqué quiere estar sola, qué es lo que hace, pero siempre me pilla. Me percibe, la cabrona. “Atticus, que te estoy viendo, déjame sola un ratito, anda...”

Y yo, Atticus Finch, ex-abogado, ex-persona respetada, ex-prota de libro y película, una persona con criterio, caché y nivelazo, me quedo sin palabras y me voy con el rabo entre las piernas solo porque la muy puta quiere estar sola después de que me haya exprimido para su placer. Sí, cuando estoy ahí, bien que grita, bien que me dice más, más y todo eso, pero es irse y hala, ya le estoy sobrando.

Otro pescao. A ver si es de los memos, de los que se pueden cazar a guantazos, porque con esta lanza (ahora que ella no me oye) no se pesca ni a un calamar gigante muerto. Será un fémur de oso, pero como caña, una mierda, ya te lo digo yo. Se ha escapado el muy capullo... me gustaría que los peces crecieran en los árboles. O de algas o algo así. Que estuvieran ataditos y así cuando llegase un buen salvaje como yo, al que su chica, después de follarle, le echa a la puta calle, y aunque estuviese, por esa circunstancia, sin ánimo macho, sin orgullo de cazador, pudiera así llevar alimento a su cabaña.

Hay una táctica buenísima para el mero. Nunca falla, pero es una putada tener que hacerlo ahora. Pero se me va a hacer de noche, así que voy a ello, que follar me deja hambriento. Tengo que hacer un esfuerzo por olvidar todo lo malo que pienso de ella y volver a imaginarla sexy y no sola, sino conmigo. Necesito verte.

El acto (resumen)

Estás aquí, reina de la morería, desnuda y plena a mis ojos, a mi alcance y a mi placer. Qué distinto es este mar de tu Mediterráneo

flops... ... ... ... flops... ... ...

y qué distintos son tus ojos cuando duermes, de cuando yo te voy a poseer

flops... flops... flops...

qué distinta es tu piel, suave y lisa cuando descansas y erizada cuando sabes que estoy en ti

flops, flops, flops...

y qué distinto es el mundo cuando todo es aire y cuando tú, en tu boca milagrera acoges mi dulce y abultada victoria y me llevas hasta

flopsflopsflopsflops

el final...

¡ay....!

Siempre, cuando llega este momento de flotamiento torpe, de dinámica de fluidos desigual, pienso en las vidas sublimes que se pierden en el mar... o en si, tal vez, algún pescaíllo avispado es capaz de ser fertilizado por mis espermatozoides derramados en la playa y surja alguna nueva raza de peces machotes; seres inteligentes que, por ejemplo, no permitan que su chica les expulse ignominiosamente después de tirárselos y tengan que ir a la playa a meneársela para que su semen haga de un sorprendentemente eficaz cebo para meros. Un cebo que, además los deja agilipollados nada más probarlos y puedo pescarlos sin violencia, sin fastidiar su rica y jugosa carne.

Ya vuelvo a casa, solitaria amante, ya vuelvo junto a ti con el sustento para nuestros cuerpos. Para coger fuerzas renovadas que nos permitan seguir viviendo y follando y que tú sigas echándome después... no puedo odiarte porque eres hermosa

Ya viene mi caballero andante, ya se divisa su inmenso perfil en lontananza, ya se recorta su cuerpo fuerte y masculino contra el sol de poniente y la playa... y con un mero gigante... me gustaría saber cómo se las apaña. En fin, si no quiero que me pille fumando después de hacerlo, porque entonces el tabaco que tengo me duraría exactamente la mitad de tiempo, tendré que seguir disimulando, pero un día, por estas, le sigo, a ver cómo coño se las apaña para atraer semejantes peces...



----------------
Listening to: Pearl Jam - Black
via FoxyTunes

martes, enero 15, 2008

una fiesta de poetas

I don't want to spoil the party



Repito esta canción, porque me gusta y porque no he tenido tiempo de encontrar nada mejor para este fabuloso post. Esta canción, que es una de mis preferidas de todo el mundo mundial, se debe a otro momento de inspiración de John Lennon que los Beatles grabaron en el magnífico Beatles for sale. Es muy de Lennon eso de "no quiero estropear la fiesta, así que me piro". Esta vez la he grabado, esperando que sirva de precedente, sin nada de máquina. Guitarras electrica y acústica, bajo, pandereta y teclitas que casi no se oyen y es mejor así, os lo juro. La canción tiene una armonía vocal sencillamente maravillosa a la que yo, lo siento, añado una tercera voz en la última estrofa. Bueno, a mover el trasero, que la canción lo pide y yo, ya sabes, no querría estropearte la fiesta.
Puedes bajarla aquí: Wolffo - No quiero estropear la fiesta

El día que presentaba mi libro de poemas, todo fue bien hasta el momento en que me presentaron, es un decir, a June:

- Te presentamos a June Castaños, poetisa...
- Sé quien es... – dije - ¿quién no conoce a June?

Y June sonreía porque recordaba que ella y yo habíamos sido amantes un día, y que ese día estaba más lejano que el meteoro que acabó con los dinosaurios. Nuestra relación no acabó, precisamente, bien. June dejó claro que no quería volver a verme con las siguientes palabras:

- ... que no quiero volver a verte, ni a saber nada de ti, gilipollas.

Y yo, que a veces muestro ciertas dificultades para entender según qué mensajes complejos, le dije a June que de dónde sacaba que yo sí quería volver a verla.

- De que me escribes mensajes todos los días, al teléfono, al e-mail, en mi blog, en el tuyo... me llamas a casa, al trabajo, o a donde sea. Me escribes cartas que ni siquiera me molesto en abrir...
- ¿¡Que no las abres...!?
- Pues no, membrillo, no las abro, van directamente a la basura. Que te den, atontao.

Y esas fueron sus últimas y dolorosas palabras. Palabras que, por cierto, eran mentira, pero June era experta en decir cosas que me molestaran. Que me dolieran. Esto sucedió hace tres años. Y ahora, de nuevo, mira tú, June ante mí, dándome la mano y sonriendo con su sonrisilla que hace que quieras desnudarla y hacerle eso que cambia la sonrisa por una boca abierta y suspiros.
- Eso –dijo ella - ¿quién no me conoce?

Estuvimos haciendo la goma toda la fiesta. Nos evitábamos y no nos queríamos alejar demasiado, porque, en fin, teníamos muchísima curiosidad por qué había sido del otro en estos años. Yo sabía de su vida, digamos, literaria. Había seguido sus avatares poéticos, claro, pero no sabía nada de su vida, de su afán, de su... vamos, que no sabía quién se acostaba con ella.

Me presentaron a un montón de poetas y, la verdad, ninguno tenía el aspecto que uno se espera de un poeta: mal aspecto, vamos. Todos parecían personas. Los que tenían más aspecto de poetas, así, como mal vestidos y mirada de idiota, eran editores, y los que mejor vestidos iban son los gorrones que van de coktail en cocktail sin que nadie les invite, conozca o quiera, pero ahí están los tíos. Esto me recuerda un chiste de “La codorniz” en el que un padre, le decía a su hijo “hijo, tienes que empezar a pensar seriamente en tu futuro, ahí tienes a las moscas” y el hijo contestaba al papi “¿y qué pasa con las moscas, papi?” y el padre contestaba “nada, pero ahí las tienes...”

Recordar este chiste me puso de buen humor, y entonces me puse de buen humor, pero cuando me pongo de buen humor, a veces, repito las cosas, así que me puse de bastante buen humor, no sé si me explico. Me presentaron a Filippo Simpitto, tonto de capirote y poeta eunuco, cuya obra “Oda a los sin huevos” me pareció una obra bastante cobarde, como si no le hubiera echado cojones, ¿entiendes? Y se lo dije: es como si no le hubieras echado cojones, Filippo, ¿entiendes? Y él, que no tiene pelotas, estuvo de acuerdo.

Estaba allí Sinforoso Sinaudiencia, probablemente el hombre más pesado del mundo, cuyos poemas eran un misterio, porque nadie los había leído jamás. Empezabas en el primer verso (recuerdo uno, era así: “Obvio, justo... tafetán...”) y te aburrías tanto que cerrabas el libro inmediatamente, no fuera que se te pegara algo, como si fuera un virus o un bacilo de Koch. Si alguien no sabe lo que son los bacilos de Koch, puede verlos en esta estupenda instantánea

Conocí a Sebastián Florillo, poeta del preludio, de esos que antes de que abran la boca, estás deseando que se vayan de una vez. Es de los que empieza a carraspear y a aclararse la garganta y ya estás nervioso antes de que empiece a hablar. Su obra era una sucesión de prólogos y notas previas que nunca desembocaban en nada. Era imposible leer nada suyo hasta el final, porque tanto preludio te despistaba antes, si quiera, de empezar.

Total, que cojo a June y me la llevo a la terraza.
- June, tía, huyamos de esta fiesta, hagamos el amor.
Y ella:
- ¡Já...!

Así que nada, no me fui, porque algo en ella me hizo sospechar que no estaba del todo convencida. Ahí estaba yo, todo mono, y allí estaba ella, y allí estaba todo el mundo que estaba allí, pero no pasaba nada. Cuando parecía que la fiesta de presentación de mi libro de poemas iba a ser eso, un muermo inenarrable en el que no pasaba nada ni nada, entonces sucedió.

Ana Obregón, una chica bastante flaca y con cara de imbécil, subió al escenario. Pensaba que se le había olvidado la falda, pero no, no se le había olvidado, es que es así, no lleva falda para poder decir que la gente no deja de mirarle el culo. Yo lo intenté, en serio, mirarle el culo, pero no lo encontraba por ningún lado, ni siquiera donde se supone que debería estar, sobre las piernas, como por la parte de atrás. Debe ser por eso que no lleva falda, porque no hay culo que tapar. Si hubiera sido Ana Diosdado...

Ana Obregón, la mujer sin culo, sin falda, llevaba un papelito y se subió al escenario con intención de atizarnos un discursillo relativo a algo, tal vez a mi libro, que era el tema de la noche, pero entonces, se pisó una trenza de pelo púbico (no sé si lo sabéis, pero está de moda ponerse extensiones en el chumino) y cayó y calló.

Cogí el papelito y leí el texto de la atroz intervención que pretendía hacer y alguien pidió un médico en la sala.
- Yo soy médico – mentí - déjenme sitio
- Pero... usted es el poeta...
- Poeta y médico, no lo olvide, amigo mío. Y los poetas somos, ¿cómo decirlo? una especie de médicos del alma...

Como no había ningún médico de verdad, ni falta que hacía, me dejaron intervenir, así que me arrodillé junto a la desculada y traté de averiguar si respiraba

- ¿Respiras, hija...? – le pregunté con mi tono más amable

Ella no contestó (mujeres...), así que procedí a tratar de averiguar si su corazón latía. Para ello, llevé una mano, mi diestra, a su teta izquierda y presioné como se presionan los muñecos esos que suenan, porque algo en el tacto me hizo recordar esos juguetes.

- Este seno podría explotar en la cabina de un avión en condiciones determinadas de altitud y presión - acerté a decir con tono docto.
- Eso es un mito, oiga – dijo alguien cuyo nombre no voy a reproducir por falta de relevancia.
- ¿Un mito...? A mi teta antistress le sucedió eso, mequetrefe...

En fin, la cosa había dejado de divertirme.

- Vale, punto. Hora del óbito...
- ¿Óbito? Pero si está tosiendo
- Ya lo oigo, no soy sordo, ha sido una muerte tusiva...

Era realmente desagradable ver toser a una señora muerta, sin culo y con tetas moc-moooc, así que me levanté de ahí y traté de encontrar a alguien con quien discutir el extremo de la muerte tusiva. Alguien lo suficientemente preclaro como para hablar de la muerte, sin que el hecho de que la muerta esté tosiendo, le distraiga del tema principal. Pero no había nadie así. Allí lo que había era poetas, editores, gorrones, June y yo.

Y nadie de toda esa multitud era capaz de discutir en un plano puramente teórico. Todo el mundo quiere hechos. De modo que, como no quería estropear la fiesta, me fui.

Porque yo no soy así.

Yo soy como algunos de tus poemas, mi querida June.

Soy fea belleza.
Soy, verdaderamente, mentira.
Soy poesía.

----------------
Listening to: Blur - Stereotypes
via FoxyTunes


ACTUALIZACIÓN
IMPRESCINDIBLE
Se me olvidó decir que en la fiesta de los poetas había una cosa buena: el grupo de rocanrol que estaba animando el cotarro: Los Ciclones, no veas qué marcha, mira...





(Por cierto, podríais pasaros por YouTube y poner estrellitas que nos hace mucha ilusión)

martes, enero 08, 2008

es sólo una canción, pero me gusta

Wolffo- Deja que te vea
Yo en mi zulo tocando esta nueva cancioncita. Eso es todo. Nada menos. A ver si te gusta.




Aquí puedes verlo en tocho, en mi canal de YouTube
Cuando ves que casi todo lo que haces es inútil, que nada puede ayudarte a pasar el trago, a explicarte a ti mismo cómo te sientes, cuando tienes ganas de decir las cosas de esa forma en que nadie más puede decirlas, entonces es el momento de hacer una canción.

Puede que cojas la guitarra, eso es lo que yo hago, desde luego, y, sin saber muy bien porqué, empiezas a jugar con cuerdas, acordes, ritmillos... De repente, una frase se te cruza en la cabeza, una frase que encaja en un dibujo musical que, caprichosamente ha salido de la guitarra.

Mi forma de hacerlo es repetirlo, repetirlo y repetirlo, añadiéndole una cosita cada vez. Una frase más, un acorde distinto, una variación... Antes de darte cuenta, tienes una frase musical completa. Puede que una estrofa, o un estribillo, eso nadie lo sabe aún. Antes no era así, pero ahora, sí. Mentalmente, voy asignando instrumentos: el dibujo del bajo podría ser así... La otra guitarra podría hacer un punteíllo chulo asá... podría meter coros aquí y aquí...

En ese momento ya sé que estoy creando una canción, así que el mundo entero desaparece y ya puede haber un terremoto, o diez mujeres rusas bailando desnudas, que no estoy pa nadie. Una excitación me recorre de la cabeza a los pies como una descarga eléctrica y me aísla del mundo exterior. Quedamos solos yo y mi mundo interior.

Para mí, el siguiente paso, es darle forma a la canción. Dotarla de una estructura, de una arquitectura sólida, sí, pero hermosa, a mi modo, que soporte todo lo que quiero cantar. Entonces es cuando decido el carácter de la canción. Será más popi, o más rockera, o más country... lo que sea. Empiezo a cantarla en inglés de palo: in the morning you came to me, how it seems to be cruel for you, it’s the same old story and you broke my heart… lo que sea.

Supongo que si alguien me está oyendo en ese momento (mis hijos, Susana…) será insufrible para ellos oírme repetir las frases musicales una y otra vez. En esta fase, mientras canto en inglés de palo, voy metiendo, con calzador, frases en español que me servirán luego para hacer la letra. Necesito una mesa, un papel y un boli... y no soltar la guitarra, claro.

A veces, si esta fase me pilla cerca de mi zulo, grabo lo que tenga, en inglés de pega y las frases en español que se me van ocurriendo, o improvisando en español, aunque no rime. Pero es posible que no me pille en mi despacho, así que voy escribiendo la letra según se me ocurre.

La letra no la escribo, en realidad, sino que la canto. Es decir, no la escribo y luego la encajo, sino que la canto, hasta que la métrica, el fraseo, suenan naturales, y luego la escribo. De esta forma tardo más, ya lo sé, pero soy fiel a una cosa que pienso de toda la vida de dios: las letras de las canciones no son para leerlas, sino para cantarlas. Del mismo modo, si no se va a leer, sino cantar, no se puede escribir, sino improvisar hasta que sale la letra. Eso hace que muchas veces, haga versos parecidos en canciones distintas, pero también me da una libertad asombrosa en el lenguaje, sin que suene, me parece a mí, pretencioso, en plan, voy a ver si se nota lo culto que soy, como Héroes del Silencio, no sé si me explico. Creo que los versos deben salir cantados, más que escritos, a eso me refiero.

Así que, guitarra en mano, voy escribiendo la letra. Y en seguida, a grabarla, que si no se olvida. Primero la grabo solo con una guitarra, que es lo que puedes escuchar aquí. Es curioso, escúchala, que es solo un cachito. Ya se ve lo parecido que es a lo que luego será la canción, y hay algunos ligerísimos cambios en la letra. Es curioso, mira:




En fin, es solo una canción, pero me gusta.

Hablemos de esta canción.

Esta canción es... mi terapia particular. Es así como intento superar las cosas: cantándolas. Temáticamente, es una canción en la línea de Ya sin ti, estoy en ello, trato de superarlo, trato de ser una persona otra vez, yo mismo, no la sospechosa sombra que intentaba ser para ti. Con mis miserias, sí, pero con mis glorias, también. Que uno no es tan gilipollas ni tan poca cosa como a veces puede colegirse de mis letras.

Musicalmente, la canción tiene solo dos frases: la de la estrofa es fluida, suave, lógica y acuática. Las notas, con una ligerísima variación, se suceden, casi, sin solución de continuidad. Los acordes son armónicos y más que tocarlos, hay que dejar que se desencadenen por sí solos.

La otra frase, el riff del estribillo, es parecido, pero sutil y decididamente distinto. Es poderoso, guitarrero, tiene notas sorpresa (uno de los acordes ni siquiera sé cómo se llama) y, en mi opinión, es una gozada para el alma. A mí me hace bailar, y hace que mis pulmoncillos me pidan más y más aire para gritar y para bailar y no decaer. Pero es que yo soy raro.

Es pop-rock wolffero: melodías suaves, guitarras machaconas y voces a tutiplén.

A ver si os gusta.

Para bajarla a tu ordenador, pincha aquí:

Wolffo - Deja que te vea


Es hora de acabar, no tiene sentido esperar
Ahora estoy fatal, y tú mereces mucho más,
Más de lo que ofrece, mi corazón de preces,
Tanta soledad sólo puede hacernos mal

Mirarte una vez más, recordar lo que no fue,
Soñar y despertar, te quise casi sin querer
Llenabas mis rincones, mi casa y mis canciones
Tanta irrealidad, pone mi alma a tus pies.

Ábreme tus puertas, te prometo no pasar,
Deja que te vea aunque ya no te haya de amar
Por mucho que me duela, quiero verte sonreír,
Dame una certeza, una razón para seguir.

Si un día vuelve el sol, si quisieras volver a ser
Ese espíritu burlón que me abrazaba cada atardecer
Deja que lo sepa, y no dejes que me muera
Pensando que ya no, que conmigo perdiste la fe

Ábreme tus puertas, te prometo no pasar,
Deja que te vea aunque ya no te haya de amar
Por mucho que me duela, quiero verte sonreír,
Dame una certeza, una razón para seguir.

Nena, es tarde, ya, te imagino antes de dormir
Sentada y sin pintar, dispuesta para escribir
y olvidarte un poco (más), de este pobre loco
que te quiso tener, sin atreverse a ser feliz

Ábreme tus puertas, te prometo no pasar,
Deja que te vea aunque ya no te haya de amar
Por mucho que me duela, quiero verte sonreír,
Dame una certeza, una razón para seguir.

Abreme la puerta, deja que te vea
Dame la receta, deja que te vea
Déjame mirarte, Deja que te vea
Deja que te quiera, sea lo que sea


Pongo la letra por Morgana, que la ha pedido, me parece.

----------------
Listening to: Oasis - It´s Getting Better (Man!!)
via FoxyTunes

miércoles, enero 02, 2008

egotrip (si no tenemos a Zapatero, hablemos con Wolffo)

ACTUALIZACIÓN: EL VIDEO, ABAJO


dentro del capó



las peroratas no escurre el bulto: asume su responsabilidad social dando a conocer grandes páginas desconocidas del pop patrio, y por eso repito este tema. Por eso y porque no me apetecía grabar otro, todo hay que decirlo. Bueno, el caso es que sólo los más fervientes seguidores del Diario Pop, o de Flor de Pasión serán capaces de recordar esta canción que traigo hoy aquí en una versión, esta vez sí, muy diferente a la original. ¿Recuerdas a Slogan? Yo nunca me olvidaré de él. La canción tiene chicha y es magnífica. Explica, con una imagen ciertamente original, porqué algunas relaciones no pueden ir a ningún sitio, por muy bonito que parezca todo. Se la dedico a... bueno, a ti, nena, ¿a quién si no?

Si te mola, te la bajas por aquí:

Wolffo - Dentro del capó (cover de Slogan)


Vamos a empezar el año mirándonos el ombligo. Vamos, el plural es mayestático, porque lo que os propongo es que miréis mi ombligo conmigo. Os cuento.

Resulta que en Canal+ parece ser que hacen, cada trimiestre, un programa en el que presentan las series que van a emitir en ese trimestre.

El formato del programa (que se llama, por cierto, “Las series de Canal Plus”, no se rompieron las meninges, no...) según me contó su director, Jose Mª Clemente (yo no soy abonado a canal+ y, por lo tanto, lo desconozco), varía cada trimestre. En esta ocasión, y como quiera que las nuevas series tienen en común que se desarrollan y cuentan las peripecias de distintos profesionales, Jose Mª Clemente decidió que el formato de presentación sería el de mezclar el reportaje hecho con fragmentos de la serie con una entrevista a un profesional del ramo del que tratara la serie, en la que iría preguntando al profesional de turno las coincidencias de los temas y las tramas de los argumentos con la vida real. Todo esto es lo que yo sé antes de ver el resultado, porque hasta el viernes 4 de enero, a las 13:05h., no se emite.

En el caso que me ocupa, se trata de Mad Men, una serie sobre creativos publicitarios ambientada en el Nueva York de 1960, creada por Matthew Weiner, productor y ocasional guionista de las dos últimas temporadas de «Los Soprano»”, como cuenta Javier García, en 1 Blog de Televisión, donde hay una excelente info, en español, sobre la serie. Mad men es un ingenioso juego de palabras que hace alusión a la locura, claro (mad es loco, en inglés), pero que se refiere a los ejecutivos que trabajaban en Madison Avenue, la calle de las agencias de publicidad de la Gran Manzana. Qué antiguo suena esto de la Gran Manzana, ¿no?


José Mª Clemente pensó que sería una buena idea entrevistarme a mí, en calidad de creativo publicitario, para que hablara de las coincidencias y diferencias entre la vida personal y profesional de un creativo neoyorkino de 1960 y la de un free-lance de Valdemorillo en 2008.

En fin, como soy de natural valiente, aun sin ver si he hecho el ridículo más de la cuenta, os participo a los que queráis verlo, que el viernes, 4 de enero, a las 13:05 por Canal+, o a las 13:35 por Canal+30, se emitirá el programa Las series de canal+ en el que imagino que saldré un par de minutos, aunque estuve casi media hora parloteando delante de una enorme cámara. Más abajo detallo las multidifusiones del programa, con horarios y canales, pero, de cualquier modo, en cuanto disponga del cachito de programa en el que me hacen preguntas y yo, creo, que respondo, lo subiré a las peroratas, si bien esto no sucederá, en ningún caso, antes del viernes por la noche o el sábado por la mañana.

En realidad, lo que ocurre es que en canal+ están bastante apesadumbrados desde que Zapatero es más amiguito de la sexta, y después de darle vueltas a la mejor estrategia para recuperar el fervor popular, han recurrido a una solución que, en una misma persona, yo mismo, el gran Wolffo, el ciclón de Valdemorillo, les ofrece profundidad y brillantez en el discurso, calidad en los contenidos, léxico potente y seductor y un fuerte componente sexual con mi voz profunda, sedosa y desnudante. Una advertencia: para que la gente no se masturbara en masa mientras mi poderosa imagen aparecía en pantalla, y sabiendo que “la cámara engorda, al menos 5 kilos”, pedí a los responsables del programa que hicieran “el favor de grabarme con, al menos 5 cámaras y de las buenas, de las que no engordan cinco kilos, sino 6”. De modo que al hombre que veréis en imagen soy yo, sí, pero artificialmente engordado para que no se produzca una paja masiva de consecuencias incalculables para la economía española y el buen marchar del país en general.

En fin, estos son los días de emisión del programa. A ver si no me tengo que arrepentir de haberos avisado.

Día Hora Cadena
viernes 4 de enero
13:05h. Canal +
viernes 4 de enero
13:35h. Canal + ...30
martes 8 de enero
19:50h. Canal + DCine
miércoles 9 de enero
02:50h. Canal + 2
miércoles 9 de enero
09:55h. Canal + 2
viernes 11 de enero
07:30h. Canal + 2
viernes 11 de enero
19:03h. Canal +
viernes 11 de enero
19:33h. Canal + ...30
domingo 13 de enero
04:44h. Canal +
domingo 13 de enero
05:14h. Canal + ...30
domingo 13 de enero
10:25h. Canal + Comedia
domingo 13 de enero
10:55h. Canal + Comedia 30
lunes 14 de enero
03:20h. Canal + Comedia
lunes 14 de enero
03:50h. Canal + Comedia 30
martes 15 de enero
18:00h. Canal + 2
jueves 17 de enero
09:50h. Canal + Comedia
jueves 17 de enero
10:20h. Canal + Comedia 30
viernes 18 de enero
06:30h. Canal +
viernes 18 de enero
07:00h. Canal + ...30
sábado 19 de enero
01:00h. Canal + Comedia
sábado 19 de enero
01:30h. Canal + Comedia 30
viernes 25 de enero
19:10h. Canal + Comedia
viernes 25 de enero
19:40h. Canal + Comedia 30
sábado 26 de enero
13:35h. Canal +
sábado 26 de enero 14:05h. Canal + ...30

ACTUALIZACIÓN: EL VIDEO
En fin, amiguitos, aquí está el video.
Os cuento que llegaron 6 personas a casa. Jose Clemente, el director del programa, que era querido como amigo y ahora es respetado como profesional. Me quitó de enmedio con sutileza, ahora lo veo bien, para que sus compañeros, los técnicos, pudieran hacer su trabajo (poner el salón patas arriba sin que yo les gritara) y para relajarme. Estuvo conmigo en la cocina mientras ponía un café y sus compañeros ponían mi saloncito irreconocible. En su honor den¡bo decir que recogieron todo y lo volvieron a poner todo en su sitio de forma sorprendentemente rápida y eficaz.
Me sentaron delante de la tele y Jose empezó a hablar conmigo de forma muy relajada hasta que vio que no estaba ya nervioso y empezó a hacerme preguntas. Fue una conversación cercana a la media hora, de la que faltan las partes más divertidas: un par de veces que me trabé y un pequeño ataque de risa general por una descripción cruel que hice acerca de una campaña de Pascual "Desayuno de trabajo en una agencia de publicidad" especialmente desafortunada. Claro, digo que es lo mejor desde el punto de vista de quien no tiene que hacer un programa anunciando las series nuevas de su cadena, claro.
Vedlo, amigos, y que mis palabras se defiendan por sí solas. Da rabia pensar que tanto rato queda en tan poco tiempo: con lo que me gusta a mí largar...
Ello es:




¿Qué... mola?

Pues hay que agradecérselo a el_Vania, que ha tenido la gentileza de grabarlo, editarlo, limpiarlo y subir el corte a YouTube, y pasarme el código de empotration para que podamos verlo, Gracias, Vanitas, Vanitatis. Eres un amigo.


----------------
Listening to: Mozart - Sinfonia nº 38 (Praga) - 3. Finale

via FoxyTunes

viernes, diciembre 28, 2007

no quiero perderte

You're gonna lose that girl

Help! es un grandísimo disco y una película, seamos claros, prescindible, aunque muy divertida, si te gustan los Beatles. Está lleno de maravillosas canciones, de las cuales, hoy traigo esta pieza excelsa de pop que se llama Vas a perder a esa chica. Los Beatles tenían esa cosa de buenos colegas que no tiene ningún otro grupo. Te avisan si ven que la cosa no va del todo bien. En plan, tío, o espabilas o ese tesoro de piernas vertiginosas y pechos infantiles se te pira. Siempre me fascinó de esta canción ese juego de preguntas y respuestas; John canta y George y Paul le lanzan las respuestas al texto y en el puente, hala, los tres a cantar a voces. Una canción que es una auténtica gozada para cantar.
Yo me lo he pasado pirata grabándola y le he añadido un poco de picante en las guitarras (por primera vez en decenios, no hay guitarra acústica) y he puesto alguna vocecilla extra y he alterado un poco el fraseo en algunos versos, para adaptarlo a mi estilo vacilón. El bajo, aunque no se distingue, pues es una versión un tanto grunge, es muy walking bass, lleno de notas de transición y de relleno. Y de la batería, Vanitas, ¡qué quieres que te diga...!

Es una canción molona y alegre qcon la que me gustaría desearle un año nuevo venturoso y vacilón a todo quisque, pero especialmente a los que vengan y escuchen este temazo. ¡A bailar se ha dicho!

Aquí la puedes bajar, si te mola:



----------------
Listening to: Fastball - I Get High
via FoxyTunes

No quiero ni pensarlo, Aivlis Zaguf, reina de las morerías orientales, diosa de mis sueños, no quiero ni pensar que vaya a perderte de nuevo.

Vale, de acuerdo, nunca te he abierto la puerta de tu lado cuando vamos a subirnos al coche, pero es que tampoco creo que sea tan importante eso de abrirle la puerta a la mujer, ¿no? ¿Es que no sabes abrirla tú? Me parece que no es tan difícil, bonita, y no creo que nunca te haya hecho un pegatino. ¿Qué no sabes lo que es un pegatino? Sí, Aivlis, es como lo que hacíamos los de la pandilla con las señoras de mi barrio que nos caían mal: poníamos mocos ocultos en la manija de su lado en el coche. Yo, sencillamente, no te abro, porque no quiero que creas que para mí eres la típica tía inútil que lo único que le importa de los coches es que sean rojos; no, yo sé que tú sabes perfectamente muchas cosas de los coches, entre otras, cómo se abre la puerta.

Te quejas de que entro en los sitios antes que tú, sin sujetarte la puerta, pero es por protegerte, encanto, no quiero que haya malas personas, o seres desagradables que te pillen desprevenida. Así si hay un ataque, por ejemplo, de un experto en artes marciales, o de un enfurecido mapache, yo repeleré la agresión. Porque yo soy cinturón negro trigésimo dam de cárate (¿dices que con “k”, se escribe con k, seguro...?) y soy experto en lucha cuerpo a cuerpo con criaturas salvajes del mundo desconocido, cosa que tú... en fin, no hay más que ver la torpe figura que compones en la carrera desaforada o en el lanzamiento de palitos a tu perro Lucas. Un perro, déjame decirte, bastante afeminado, por cierto. Y no tengo nada de canhomofóbico, es solo que es un perro bastante gatita, por decirlo de otra manera.

Otra cosa que no acaba de convencerte es el que nunca me ponga del lado del tráfico cuando paseamos, o que no te coja las bolsas cuando vuelves de la compra en el súper de El Corte Inglés. Deja que te diga, aun marginalmente, que no es el mejor sitio, El Corte Inglés, para comprar las habichuelas, darling, sería más sensato cualquier otra franquicia, una decisión mucho más racional. Piensa en Lidl, Dia, Maxcoop (mejor y más cerca), o al menos, valóralo... Pero no es eso de lo que estábamos hablando, ¿verdad? Es de que no te ayude con las bolsas. No es falta de caballerosidad, claro, mujer, yo soy un caballero, pero me gusta ver cómo balanceas tu cabecita y cómo tu cuerpo tiende a la estabilidad precaria. Es bonito verte intentando mantener a duras penas la verticalidad. Es cuando abocas a una persona a una situación límite cuando saltan a la vista sus mejores –y peores- cualidades.

Y es así, viéndote al borde de la pérdida de la compra, con las hojas verdes y poco atractivas del puerro basculando, con la piña tropical amenazando con vencer el plástico verdiblanco de las bolsas, con los botellines de cocacola-zero (traición intolerable a mi espíritu pepsi-maxero) tintineando en una bolsa extremadamente tensa, con las asas de las bolsas clavándose hasta casi atravesar la epidermis de tus dedos-magia, es así, digo, cuando mi amor por ti se multiplica exponencialmente, siendo el resultado mucho más apreciable, seguramente, que si me limitara a ayudarte en tu penoso paseíllo.

Te disgusta de mí que no quiera bailar contigo esa horrible canción se Sabina, la de “quién-meha-roba-doel-mesdea-bril”, pero es que nadie debería bailar jamás esa canción (ni esa ni ninguna de ese farsante oportunista), porque si así lo hiciéramos, mi querida mariposa fugaz, tus deliciosas y suaves axilas, pasarían a ser sobacos, tus pies blancos y besuqueables, los que yo adoro acunar en mi regazo, se tornarían en pinreles con olor a queso rancio (a cualquier clase de queso, en realidad); tu dulce rostro in6teligente y urbano enmarcado en tu melena rubia, sería de pronto tu jeta gafotas, y ya no haríamos el amor, sino que follaríamos aunque, bueno, esto último no me importa demasiado, podríamos hablarlo, si quieres. Pero tu aliento cálido y seductor sería, de repente, ¿no crees que el rape tenía demasiado ajo?. No, amor mío, lo siento, pero no bailaremos a Sabina porque no quiero que desaparezcas, desplomándote, del pedestal que he construido para ti. Te quiero diosa del sexo, no guarrilla facilona.

Tampoco te mola que mi postura vital, política, si quieres, sea tan poco progresista y tan poco de hoy día. Soy un irritante criticón que no está en contra del cambio climático (por cierto, cariño, eso de estar contra el cambio climático ¿cómo se hace? Y sobre todo, ¿sirve de algo estar en contra? ¿Hay alguien a favor?), que no odia a los americanos, que no se divierte bebiendo, que detesta los restaurantes donde en vez de servir, emplatan, (no me hagas ir a otro, por favor), te molesta que me caigan bien los polis y los picoletos y los soldados, y que me caigan mal los que hacen monólogos, los periodistas deportivos y los conductores de autobús de líneas interurbanas.

Te ríes de mí por mi impericia con las tecnologías, las nuevas y las viejas, y el hecho de que no sepa chatear con el móvil (de verdad, ¿es necesario?) te saca de tus casillas. Tampoco soportas que no quiera visitar los “myspace”, o los links de YouTube o de felicitaciones virtuales que me mandas, pero es que soy terriblemente perezoso con eso del correo electrónico. A mí lo que me gusta del e-mail es que llega rapidísimo, pero odio que me incluyas en tus listas de distribución y que no me escribas a mí y sólo a mí, porque yo te escribo a ti y solo a ti.

No te gusta el tacto de mi ropa. Tú tienes ropa buena y la mía es de Carrefour y del mercadillo. Todo lo que supera los 10€ me parece caro. Los últimos 3 vaqueros que he comprado me han cosatado 7 pavos y compré 4 camisas por 18€. Una de rayitas, otra lisa y dos de cuadros. 4 boxer (2 blancos y dos negros) de esos pegaos, monísimos, por 8 machacantes. Tendrías que ver cómo se marcan mis nalgas decididas en semejantes calzoncillos cuasi-intravenosos y cómo emergen mis muslos, peludos, fuertes y firmes, de los agujeros para las piernas. No te gusta cómo me visto, y yo lo intento, pero lo siento, no consigo que me importe una mierda la ropa que llevo. Me basta con que no se me vean las pelotas y los lamparones se disimulen bien. Y eso no te gusta.

Nunca llevo colonia. Jamás. Y no me gusta que te pongas demasiada. Ni siquiera el desodorante que uso, o el jabón con el que me ducho, están perfumados. No me gusta oler a cosas, me gusta oler a mí. Y me gusta que tú huelas a ti, a mujer, no a colonia, de verdad. Tu aliento, tu sexo y tu risa son el aroma más delicado del mundo. Y son tuyos.

Lo que no entiendo es que, disguntándote tantas cosas de mí como te disgustan, mi querida Aivlis, me pregunto cómo es que aún tienes ganas de que nos conozcamos.

Y lo haremos. Un día de estos, cojo el AVE y planto allí. Por éstas. ¡Muacks!




¡ ¡ f e l i z 2 0 0 8 ! !

jueves, diciembre 13, 2007

cuento (y esencia filosófica) de la navidad

ACTUALIZACIÓN DE LA

ACTUALIZACIÓN IMPRESCINDIBLE E INSOSPECHADA

Me manda mi querido compañero Jorge, de Directo a Casa, el complemento visual que le faltaba a este post para que podamos considerarlo un post verdaderamente navideño y propio de estas fechas tan cálidas:
una bonita y emotiva imagen del portal de Belén
enjoy it!


Pensaba que esto era gracioso y todo eso, pero ya he visto que, como decía el Fosfous, es de esos correos que vuelan como la pólvora, así que dejo la actualización reducida a su mínima expresión. Porque aunque circule por todas partes, no deja de tener su gracia, hombre...

Happy Xmas (war is over)



El divino John escribió esta canción de Navidad y debió quedarse muy a gusto. Porque es una preciosa canción, sencilla, armoniosa y entrañable, que habla de las cosas que hablan las canciones de Navidad. Habrá a quien sorprenda oírme cantar algunos de estos versos (war is over if you want it y cosas así), pero yo me hice pacifista con John Lennon. Luego, al crecer, me he dado cuenta de que el mundo entero, salvo algunos mendrugos (Stalin, Hitler, Franco, Castro, Sadam) es pacifista y que ser pacifista es una seña de identidad tan meliflua como ser humano. Y nadie presume de humano, ¿no? Pues eso. Hecha esta aclaración, vamos con la canción. Mi primer impulso fue reunir a los niños de la familia y hacer que cantaran conmigo el estribillo, o sin mí, pero luego pensé que eso me iba a llevar demasiado tiempo y estaba impaciente por colgar esta canción y dejar caer en el olvido el post anterior, porque la navidad es tiempo de paz. Y de terminar las guerras. Las mundiales y las particulares. Es de eso el espíritu de este post. En fin: guitarra acústica, mi vieja Epiphone, que sigue sonando a gloria, y tres guitarras eléctricas. Una arpegiando y ritmeando y otras dos, a voces, distorsionadas y haciendo de cuarteto de cuerda. EL bajo, limpio y sólido, y la batería, como siempre, mi talón de Aquiles, esperando a tener una tarde libre para que el_Vania me explique cómo coño hacer que la cosa suene bien. Las voces son muchas, dobladas y redobladas, sobre todo en la parte que tenían que haber cantado los niños. Sabreís cuál es en seguida, porque me oiréis desgañitándome y forzando la garganta más de lo aconsejable. Pero ahí están esas tres notas mortales un mi, un re y un do altos (en guitarra trastes 12, 10 y 8 de la prima, tiene huevos, eh?), dados con más o menos gracia, pero conseguidos. Eso no lo hace todo el mundo, de verdad. Bueno, la versión no es demasiado buena, pero me sirve para felicitaros, porque es lo mejor que puedo hacer por vosotros: cantar y callarme de una santa vez. Espero que os guste.

El que quiera unir esta canción a su CD de villancicos para estas fiestas, puede bajarla aquí:

Wolffo – Happy Xmas (War is over)

And so this is Xmas, (así que esto es la Navidad)
and what have you done (y bien ¿qué has hecho tú?)
Another year over (otro año que termina)
and a new one just begun. (y uno nuevo que empieza)
And so this is Xmas (así que ya es Navidad)
I hope you have fun
(ojalá lo paséis bien)
The near and the dear one
(los que estáis cerca y a los que quiero)
The old and the young (los viejos y los niños)

A very Merry Xmas ((Que tengáis una dichosa Navidad)
And a happy New Year
(y un feliz año nuevo)
Let's hope it's a good one
(esperemos que sea un gran año)
Without any fear
(sin nada que temer)

And so this is Xmas (así que ya es Navidad)
for weak and for strong (para los débiles y para los fuertes)
For rich and the poor ones,
(para los ricos y los pobres)
the world is so wrong (el mundo está tan equivocado...)
An so happy happy Xmas
(De modo que, Feliz Navidad)
for black and for white, (a negros y blancos)
For yellow and red ones,
(a rojos y amarillos)
let's stop all the fight (detengamos todas las luchas)

A very Merry Xmas…

War is over, (La guerra ha terminado)
if you want it (si así lo quieres)
War is over now
(la guerra ya ha terminado)

La verdad es que este año, no sé muy bien porqué, no me apecía nada que llegasen las navidades. Quizá por cómo ha estado mi corazoncito todo este año, lleno de vaivenes y dimes y diretes... Tal vez porque las navidades me han supuesto una carga de trabajo extra o por lo que fuera, da igual. El caso es que no me apetecían. Según se acercan, no obstante, empieza a cubrirme un manto acogedor y cálido que yo relaciono con la Navidad y se me empieza a quitar la tontería de encima.

La Navidad tiene, a mi juicio, bastantes cosas incómodas; no me gustan las bombillas que llenan las ciudades y pueblos, Papá Noel me da arcadas, Madrid se pone imposible a todas horas, los anuncios navideños (de los que asumo mi couta parte de responsabilidad) me estomagan y los villancicos de pandereta (que no las canciones de navidad) me atacan al hígado. Además, tengo un montón de recuerdos penosos asociados a las navidades. Pero, con mucho, lo que llevo peor de las navidades son los antinavideños. En esto me pasa como con los toros; no me gustan, y me da mucha pena de los toritos, pero joder, no aguanto a un antitaurino, en serio.

Estoy harto de esa gente que sale en la tele, o se acoda en la barra del bar y empieza a decir que si es una fiesta del consumo, que si la jerarquía del Vaticano, que si las multinacionales o que si sus cojones en vinagre. Pero ellos son los primeros que, como auténticos imbéciles, el día 31 se lanzan a la calle con el admirable propósito de cogerse una merluza del quince y divertirse por decreto ley, bailando con un gorrito ridículo una cosa de esas que se baila haciendo lo del trenecito. ¿Conga... eso es una conga? Venga pues conga.

Esto de la conga me lleva a que sólo es admisible la conga si la persona que te precede tiene un buen trasero y se le puede arrimar la cebolleta o palpar en caso de que no tengas cebolleta. Aunque bien mirado es más cebolleta lo vuestro que lo nuestro, que se parece más a lo que viene siendo el nabo. Solo si existe esa posibilidad, la del magro o arrime, puede una persona decente justificar su participación en una manifestación de tan lamentable mal gusto. Una vez, en una fiesta de fin de año, yo participé en una, pero es que estaba Ana Diosdado en el último lugar de la fila, con su culo llamándome a voces y yo, fíjate, hablaba con su marido, Carlos Larrañaga, en ese momento; me contaba el pollo lo divertido que es hablar de curas delante de un cura sin saber que estás hablando con un cura (cosa que, apunto marginalmente, de divertido no tiene nada) y cuando vi las amplias caderas de su mujer, Ana, bambolearse al ritmo de la Conga de Jalisco, le dije al tipo:

- Colega, en serio –mentí- es interesantísimo lo que cuentas, y me encantará que me hagas un resumen y me lo mandes por e-mail a esta dirección wollfo, arroba, estoesfalsopuntocom y ya te contesto y te hago un análisis morfológico y semántico si quieres, pero deja que le voy a tocar el culo a tu señora

Si he de decir la verdad, a partir de e-mail ya no me oía, por eso fui tan chulito y gracioso... Me puse tras el rotundo trasero de Ana Diosdado y coloqué mis manos como las colocaría cualquier buen magreador: una en cada moflete. Ella se volvió y me abofeteó sin ceremonias.

- Disculpa - me dijo -, pero me he dejado las ceremonias en casa.

Yo acepté sus disculpas, que eran preciosas, de acero con incrustaciones de lapislázuli y afronté la conversación sin ambages (y no, lo siento, pero no voy a decir porqué en ese momento no quise meter a mis ambages en la conversación).

- Ana Diosdado – le dije – sé que no os gusta hablar de proyectos mientras no estén bien atados, lo que equivale a decir que todavía no tenéis agarrado al productor por los huevos para que os pague, pero como yo soy así de cachondo, ¿en qué proyecto estás trabajando ahora?

Ella levantó su mirada despistada y, bien porque el hombre que vio entonces (frente despejada, peinado de fibra de carbono, mirada noble, mentón decidido y corbata de Hermés) le pareció sumamente atractivo, o bien porque yo no le gusté nada, se fue sin contestar y yo, solo otra vez, me di a la bebida.

Me di a la bebida como antes me había dado a Ana Diosdado. Con fruición, imaginación y cabezonería. Me di a la bebida y me di un trompazo con la barra del bar cuando me falló la mano que sujetaba mi cabezón dormido que, oh, sorpresa, despertó con el impacto.

Fui a levantarme, pero algo falló en todo aquello. Una descoordinación fatal, una especie de colapso (qué palabra tan bella: colapso...) en mi sistema motriz (bastante buena, también, la expresión sistema motriz, ¿eh?), derramó (caramba...) mi borracha osamenta (estoy inspirado, ¿eh?) por el suelo del local. Repito la frase sin incisos, para que podáis apreciarla en toda su belleza: una descoordinación fatal, una especie de colapso en mi sistema motriz, derramó mi borracha osamenta por el suelo del local (vaya, dicho todo seguido, no suena tan bien como a cachitos). Es como si mi cabeza hubiera despertado, pero el resto de mí seguía sumido en un alcohólico letargo y no respondía a los impulsos nerviosos de mi cerebro. Me he documentado y he visto que eso se llama Síndrome de Fault-Sogull[1].

Desde el suelo miré a mi alrededor. Mis piernas no respondían, pero mi estómago empezó a mandar señales de alarma. Antes de que mi Fault-Sogull me permitiera reaccionar, empecé a vomitar de manera generosa y ya no recuerdo más.

Desperté en un taxi, aparcado junto a una especie de vertedero que, mira tú por dónde, era un vertedero de la mejor especie. Los rayos del sol entraban, perezosos, por la luna trasera. En el asiento trasero se encuentra uno bastante bien, si uno es hábil buscándose. Pero no es mi caso, queridos. Yo me encuentro muy mal, me duele la cabeza, la boca me sabe a pies y me duelen todas las articulaciones. Todas. Hasta la de la picha.

- En la picha no hay articulaciones - me dice la taxista - y menos en la tuya, que la he estudiado bien.

Un momento. Esa voz bien modulada. Ese tono seguro y pícaro. Esa inteligencia y cultura denotantes... Tiene que ser Ana Diosdado, conozco demasiado bien su voz. Pero la taxista se da la vuelta y no es Ana Diosdado, sino María Teresa Fernández de la Vega, que me mira picarona ente los reposacabezas de los asientos delanteros.

¿Veis? A eso me refería. La Navidad es madre de escenas terroríficas (borracheras monumentales que no tienen nada de agradables, polvos involuntarios con gente repulsiva, peleas estúpidas, accidentes de tráfico) pero sé que, cada año, y este año, a estas alturas de post, ya empiezan a apetecerme, me apetece levantar la copa por vosotros y desearos, con una enorme sonrisa, una muy feliz Navidad.

Que las disfrutéis a vuestro rollo y, como soy un maldito egoísta, a ver si alguno de vosotros se acuerda de mí cuando suenen las campanadas. Sería un detallazo, en serio.

¡Feliz Navidad!



[1] Fault-Sogull, por cierto, no era un científico, sino una especie de mecenas que quería que le pusieran su nombre a una estrella o algo así, pero el equipo de astrónomos que contrató, eran en realidad, astrólogos. Es el peligro de tener dinero y no haber leído un libro en tu vida: te la dan con queso. El día que, harto de soltar pasta y no obtener resultados fue al laboratorio a ver cómo trabajaban los supuestos científicos, los encontró beodos perdidos. Intentaron escapar, pero, como a mí en la historia que hoy refiero, sus cuerpos no respondían a sus impulsos cerebrales. Fault-Sogull asesinó a los cinco supuestos científicos en el laboratorio, en una orgía de sangre y crueldad que aún recuerda el departamento de policía de San Francisco. De ahí viene el nombre al síndrome. Un poco de culturilla de crucigrama no viene mal, hombre...



lunes, diciembre 10, 2007

Julia (vuelve a tocarme, por favor)



Half of what I say is meaningless
But I say it just to reach you,
Julia

La mitad de todo cuanto digo carece de sentido, pero, ¿lo entiendes?, lo digo sólo para llegar hasta ti. Si te siento alrededor, mi amor soñado, solo quisiera coger una guitarra y cantarte y conseguir que, por un minuto, sólo un maldito minuto, olvidaras toda la mierda que flota en el espacio que respiro y volvieras a escucharme y a mirarme como entonces. Como cuando era para ti un diosecillo menor, un hombre admirable, el sujeto de tu amor. Y tal vez, de ese modo, reúnas las ganas de escucharme, acaso por última vez, y me dejes contarte qué es lo que sucedió. Porqué murió todo.

Julia, Julia, oceanchild, calls me
So I sing a song of love, Julia
Julia, seashell eyes, windy smile, calls me
So I sing a song of love, Julia

Mi amor, mi niña… ¡nena! ¿eres tú quien me llama? Acerco, pues, mis pies a tu orilla, nena mar, y pasearte y rodearte y temerte y admirarte, será todo uno; susurrarte palabras inciertas, frases certeras, hacerle una segunda voz al rumor del oleaje que son tus idas y venidas y entonar junto a ti la canción eterna del abandono cruel, será el consuelo que el tiempo me brinde; y sentir una vez más sobre mi espalda la mirada de caracola de tus ojos semicerrados, será mi señal, como cuando ladeas la cabeza y tu pelo travieso y tu sonrisa brisera y refrescante me dice que este – y no otro- es el momento de hacerte el amor. De notar que te corres al sentirme, feliz y aventurero, indagando en tus adentros y me sorprendes con una avalancha de ganas de mí. Por eso te canto esta canción de amor.

Her hair of floating sky is shimmering, glimmering,
In the sun

Julia, Julia, morning moon, touch me
So I sing a song of love, Julia

He visto tu pelo, cielo ingrávido, flotar sobre la almohada; lo he sentido tenuemente brillar sobre mi pecho y he aspirado el olor del principio de todos los tiempos entre sus rayos inmensos y amarillos. La mañana en que desperté a tu lado, mujer de espalda despejada, de vientre de arena, de voz sureña y cadenciosa, la mañana en la que la luna no quería esconderse, y se lamentaba de no poder brillar eternamente, esa mañana juré a todos los astros del cielo infinito, que así como ellos eran de inalcanzables para mí, sería tu amor de inagotable para mi corazón-basurero. Porque guarda lo que tú ya no quieres, lo que tú has tirado al pozo del olvido, para recrearme siempre, para ser dichoso, acaso un segundo, al recordar que lloraste desnuda en mis brazos desnudos. Por eso te canto canciones de amor, claro.

When I cannot sing my heart
I can only speak my mind, Julia
Julia, sleeping sand, silent cloud, touch me
So I sing a song of love, Julia

Hum hum hum...calls me
So I sing a song of love for Julia, Julia...
Cuando no pueda hablar con el corazón, y solo pueda decir lo que pienso, será entonces cuando todo haya terminado. No eres mi fantasía, arenal durmiente, no. Eres la experiencia más real de mi alma disparatada. Aun cuando callas, aun cuando otorga tu ausencia sentencias terribles para mi garganta herida, aun siendo la nube silente que, enfadada, todo lo nubla... eres la nube que da sentido al cielo, y hace que el despertar del sol o su ocaso sean un espectáculo digno de verse. El contrapunto a la limpieza mentirosa del cielo que tanto nos hace cantar.

Tócame, por favor, tócame.

Que tus manos vuelvan a medirme y a respirar por no ser pequeño ahí debajo. Que tu pelo vuelva a recorrerme de arriba abajo y que la cara interna de tus muslos recuerde cómo me abrazaba y me acariciaba y me apretaba y me quitaba la vida; que tus pechos, alegres y verbeneros, vuelvan a querer introducirse entre mis labios voraces y agradecidos por el festín carnal y divino; que tus nalgas suaves, blancas y cálidas vuelvan a fortarse con mis caderas pidiéndome acción. Tócame una vez más, por favor. Por eso, amor mío, solo por eso, te canto esta canción de amor.

(La canción es de John Lennon, y fue grabada en el Album Blanco de los Beatles. La canto solo con guitarra acústica y voz... y todo lo que llevo dentro)

Me recuerda Fray Barriga que no he puesto el enlace para bajar el trema. Pues eso, que puedes bajarla aquí: