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miércoles, noviembre 21, 2007

la insostenible sostenibilidad de la sierra del sostén

Seven bridges road

Una canción asombrosa, sin duda. La escuché por primera vez viendo un DVD de Eagles que me grabó mi amigo y compañero Sergio. Es un tema que, por lo visto la banda usaba para calentar las voces. Es increíble verles, antes de salir a escena cómo cantan así, como sin darle importancia. En esta versioncita mía toco con mi guitarrita nueva y nada más. Sé que estoy un poco pesado con el asunto de las voces, pero... pero nada, estoy pesado porque, queridos y queridas, voy a daros una noticia: soy pesado. Qué le voy a hacer...

Una de las peores consecuencias del cambio climático era, para Jeremías Glande, que su querida Sierra del Sostén, ese lugar idílico, ese icono de la comarca del Obvio Pastor, ese paraje testigo de paseos y hazañas de sus abuelos y padres, y que él, en parte, en su primera juventud, pudo disfrutar, ya no podía ser visitado. No podía pasar el testigo a su hijo. La Sierra del Sostén es un paraje singular cuya viabilidad medioambiental está siendo fuertemente afectada por la acción del hombre. Y esto, amigos, es, a día de hoy, indudable.

Jeremías Glande es un hombre, curiosamente, resbaladizo y calvo como un chupa-chups, de verbo fácil y sobacos poblados; está muy comprometido con su comarca y le gusta más una cámara que tirarse de cabeza (fálica testa, a fe mía) al río River, el río de la comarca. Para ser más exactos en la descripción del Jere, diré que tirarse de cabeza al río le gusta bastante.

Preguntamos al señor Glande acerca de la situación de la Sierra a día de hoy.

“Llegas a la Sierra del Sostén, obligatoriamente, después de atravesar la carretera de los siete puentes, una absurda carretera que avanza en zig-zag a través del río River. El zig-zag no es por salvar los caprichos de la madre naturaleza, no creas, sino para calmar los caprichos de la Plataforma Salvemos la Sierra, el primer grupo de presión medioambiental que vino a amargar la vida de los Obvios Pastores con su monserga. Antes de que la Plataforma viniera a fastidiarnos, había un camino de tierra, bastante apañadito, en serio, que te llevaba del pueblo a la sierra en cinco minutos. Estos cabrones llegaron con la cosa de que la gente iba mucho por ahí con los coches y que lo mejor era poner un peaje. A todo el mundo le pareció una buena idea: el dinero que se recaudara del peaje se usaría para el mantenimiento de la Sierra y tal. Al final, los ecoloplastas hicieron su puentecito con su peaje; el ayuntamiento, que no iba a ser menos, hizo un segundo; el Consejo de la Comarca, otro; la delegación provincial, que veía que se quedaba sin rascar bola, el cuarto; el gobierno autonómico, el quinto; el ministerio de medio ambiente, el sexto y el Cifuentes, que es un espabilao, y dueño de la finca por la que se accede a la Sierra, hizo el suyo propio. El resultado: con tanto peaje, ni dios va a la sierra, claro, pero es que con tanto puente sobre el río, los peces han huído y esto se ha llenado de unos mejillones rarísimos y es que el río ni se ve...

“... Luego llegaron los de Grinpís. Esos son muy pesados, en serio. Hacen lo que ellos llaman “actuaciones” y están muy orgullosos de sus patochadas. Los de Grinpís, lo que pretendían era que se declarase la Sierra como Lugar Libre De Asesinos, y que fuera prohibida la caza. He de decir que aquí ni dios caza, a no ser el que va a buscar caracoles o ranas para los estofados. Pero eso a los tíos les da igual. Hicieron una sentada frente al ayuntamiento y la gente ni caso, tú. Imagínate: doce tipos con aspecto de venir directamente de los probadores de Springfield y Lefties, sentados en el suelo, sencillamente hablando. Entonces lo tíos llaman a sus amiguitos de las teles y a otros colegas para darle más saborcillo a la actuación y repiten al día siguiente, esta vez con un centenar de extras y unos 50 periodistas deseando filmar algo más que a los de siempre dando la murga. Sucede que claro, en un pueblo como este, 150 idiotas en la plaza, molestan. El Hilario va con su tractor a poner gasoil y no le dejan pasar los jipis. Entonces el tío, que no se para en barras, pasa por encima del Escarabajo de uno de Grinpís y ya está montada. Un poco de ruido y ya sabes, ahora la Sierra es un Lugar Libre De Asesinos y allí no va nadie, pero, sin embargo, tres jipis de Grinpís viven a cuerpo de rey vigilando que nadie cace en un sitio donde nadie ha cazado jamás. Deberías ver el chiringuito que tienen montado...

“... Defensa del Olmo Castellano fue la siguiente oenegé que vino aquí, con perdón, a dar por culo. En la Sierra del Sostén, de hecho, no hay Olmos, pero eso importa poco, ellos defienden a los olmos (¿¡de quién!?, me pregunto yo) sobre todo, pero también a las encinas, los pinos, y el abeto canadiense. Se inventaron nosequé historias sobre el pinar y salieron en la tele enseñando trozos de corteza perfectamente normales pero diciendo “el monte se muere” y eso basta. Ahora hay un refugio construido en la sierra donde cuatro “científicos” de Defensa Del Olmo Castellano viven como marajás.

“... Los Amigos del Buitre fueron los siguientes. Esta es una comarca con una cierta tradición ganadera... No es gran cosa y las explotaciones son pequeñitas, pero suficiente para abastecernos de carne y vender un poquito por ahí fuera. Todos lo hemos hecho: se nos muere una res y se va a la sierra y se despeña. Los buitres se la comen y todos tan contentos. En cuanto pusieron los siete peajes (es que, colega, son 7 peajes en un kilómetro, ¿quién quiere pagar eso?) dejaron de ir a la sierra. Era más sencillo, y barato, enterrarla. De modo que los buitres se estaban yendo. En lugar de facilitar las cosas, y dejar que los ganaderos puedan pasar gratis y deshacerse de las reses muertas como siempre se ha hecho, se monta otro chiringuito conservacionsita: el Hogar del Buitre, una siniestra granja que se abastece con carne que traen de una carnicería de Madrid, donde se pone de comer a los buitres en comederos a los que solo les falta una servilleta de hilo y un sumiller. ¿No es de locos...?

La cosa no termina ahí: hay un portentoso Laboratorio De Estudio De Las Costumbres Primaverales De Las Mariposas, otro micológico, especializado en la Seta Simegustas (lean Tierra, de Stefano Benni) un servicio de atención al montañero, una Delegación de la Consejería de Turismo y Medio Rural del Gobierno Regional, La Mesa para el Desarrollo de la Rana Común, 35 guardas de distintas administraciones... una locura.

“Ahora, si alguien intentara acabar con la vida en la Sierra del Sostén, sólo mataría ejemplares de una especie: la humana y en número de 150 cabezas. Hay más gente en la sierra cuidando de que no vaya gente, que en el pueblo.

Y no creas que era un sitio paradisíaco ni nada. Es un sitio bastante feo, en realidad, que recibe su nombre porque, de toda la vida, era allí a donde iban los jóvenes para tener un poco de intimidad y, a veces, te encontrabas un sujetador enredado en un arbusto. Un sostén que, por la noche, y con la excitación del momento, no se conseguía encontrar. Ni siquiera puede llamarse Sierra. Nunca fue un paraíso; pero ahora es un infierno. Y es que algunos hombres, cuando te quieren joder, son terribles, pero es peor, mucho peor, cuando te quieren defender.”

Plano de Jeremías Glande caminando por la carretera de los siete puentes. Se va haciendo pequeño según se aleja. Plano de atardecer, bastante cursi, mientras suena una canción de Eagles. Suena bastante bien, aunque no la cantan los Eagles, sino yo.

Ya ve siendo hora de terminar. Venga, un pis y a la cama.

Bonito culo, ¿no es así?


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Listening to: Chopin - Vals en do sostenido menor Op. 64 nº 2
via FoxyTunes