Someday never comes (Creedence cover)
Otro de mis temas fetiche. La primera vez que oí la voz un poco muy reverberada de John Fogerty en el primer verso de este temazo, me enamoré de la canción para los restos. Es un tema redondo, emocionante, muy personal y a mí me convence de que John Fogerty no es el paleto que aparenta, sino un tipo muy a tener en cuenta. La mensaje de esta canción "para todo hijo de vecino" es claro: desengáñate, aunque te digan "algún día lo comprenderás", ese día nunca llegará. Un día conseguiré tocar este tema en directo y como lo llevo tan dentro, lo he cantado tantísimas veces sobre un escenario en mi cabeza, ese día, te lo juro: mojo. Una curiosidad: en este tema también me invento una palabra, en el segundo verso la letra, al parecer, dice: "Time and tears went by, and I collected dust", o sea, pasaron el tiempo y las lágrimas y yo coleccioné polvo, o algo así. Yo cuando no había leído la letra, oía algo mucho más bonito, y eso es lo que cambio; en vez de "dust", polvo, yo oía "ghosts", fantasmas y me parece más bonito, coleccionar fantasmas que polvo ¿no?. A ver si te gusta a ti, caramba.
A las 13:52 suena el teléfono y él, en la oficina, lo levanta sin mirar en el identificador de llamadas, arrepintiéndose casi al instante.
- ¡Sí…! – desde hace años, contesta al teléfono sin interrogaciones y casi en un grito
- Hola, tonto
- Hola – dice él sin identificar la extraña voz, acompañada de un intenso ruido de fondo
- ¿Es que no sabes quién soy…? – dice ella, extrañada del despiste del hombre que, desde hace unas semanas, ocupa su corazón en vías de curación.
- Ahora sí… - dice al fin él, identificando la voz de Lily, y el ruido de fondo, una crepitante sartén que fríe patatas o pescado (esto último es una conjetura) – perdona, es que había de fondo un ruido rarísimo y no te oía bien.
- Estoy friendo boquerones, espera que apago el fuego y me alejo de la sartén…
- Hmm… - dice él olvidando su expresión profesional y relajando al fin los músculos de la cara - tu voz y tus boquerones… ¿a qué debo el honor?
No es habitual que hablen a esa hora, porque a esa hora suelen estar sus hijos ya en casa y a ambos les gusta deslizar obscenidades inocentes en la conversación. No es habitual que ella le llame a la oficina. No es habitual que Dan se muestre cariñoso, o vulnerable, o tierno. Nada de lo que ocurre es habitual en sus vidas y, sin embargo, todo lo que está sucediendo tiene el aroma de la normalidad, de lo cotidiano y lo extraño, lo increíble de todo esto, es que Dan está descubriendo lo intensas y lo agradables que son las cosas normales, las cosas que les pasan a las personas normales todos los días. De repente. Una llamada inesperada, un sonido hogareño y un tono de voz cálido y amante… todo eso le descubre un mundo que ni siquiera se había permitido imaginar hasta ese momento. La vida de la gente de verdad.
- Sólo quería oír tu voz – dice ella, y en esas cinco sencillas palabras, resume con exactitud la felicidad en la mente de Dan. Y sin ella saberlo, está abriendo una puerta, reabriéndola, en realidad, una puerta que nunca debió cerrar. La puerta que cerró cuando Lorenzo, el Loren, su ex marido, ahora, desde hace 5 meses, alejado de ella por una orden judicial (a veces la justicia funciona, Dan), empezó a maltratarla. La puerta que, el día que vio cómo la policía se llevaba a aquél animal, prometió no volver a abrir. Pero con Dan era todo tan distinto… Era un tipo duro, sí, un hombre al que era difícil ver sonreír, ver relajado, incluso, pero descubrió que ella tenía el poder de calmarle, de convertir sus enervadas maneras en relajadas sonrisas y eso, el saberse así de poderosa, le hizo replantearse todo eso de abrir y cerrar puertas. Quizá no fueran todos lo hombres iguales, al fin y al cabo.
- ¿De verdad…? – se sorprendió Dan - ¿me llamas para eso sólo…?
- ¿Qué pasa… es que no me crees…? – pero Lily sabía muy bien que sí la creía, porque nada hay tan dispuesto a creerse una mentira como un hombre halagado. Le gustaba, disfrutaba con ese juego.
- Te creo, cielo – dijo Dan, derretido y entregado al juego él también – a pesar de que me parece increíble – y eso era verdad, no se creía merecedor de tanta suerte. Tal vez no lo fuera. A las 13:59, en el monitor de Dan, apareció una alarma de su agenda que decía “Negro: comprueba posición” y Dan se cambió el teléfono de oreja y sacó el móvil
- ¿Qué es lo que te parece increíble? – dijo Lily tornando su voz ronca y cálida en decididamente tórrida - ¿Que una mujer como yo, tan sexy, inteligente, y dispuesta a toda clase de perversiones por ti, te llame vestida sólo con una bata que se abre y unas braguitas casi invisibles? ¿Eso es lo que te parece increíble…?
- ¡Lily…! ¿estás así, de verdad? – dice Dan sintiendo, instantánea, una erección que le pilla con los pliegues del pantalón en mala postura. Mira alrededor, suelta el móvil sobre la mesa y, con lo que él estima discreción, se mete la mano por la cinturilla del pantalón y se coloca el paquete – Mujer… me has puesto a mil – dice bajando la voz para no ser oído y poniendo, sin quererlo, ese tono de voz de macho tranquilo que excita a Lily - ¿qué pasa, no están los niños…? – al sacar la mano de ahí debajo le llega, como una bofetada, el olor del sexo, pero se repone y vuelve a coger el móvil
- No están, Dan, hoy tenían una excursión con el colegio… -dice ella, pasando al ataque- y se me están ocurriendo un sitio al que podrías ir a comer… y bueno, es un sitio que te ofrece un postre realmente sucio…
- Vaya… - dice mientras abre la aplicación para escribir mensajes en el móvil – Cuando dices eso, ¿te refieres a que está sin recoger…?
- Me refiero a algo realmente sucio y húmedo Dan… ¿es que no se te ocurre nada mejor? – se nota una cierta decepción en su voz por la broma inoportuna de Dan.
- Cielo, los niños no están, pero sí mis compañeros de trabajo… - en su móvil, escribe, a su pesar, porque a él le gusta escribir con sus acentos, sus mayúsculas y todo eso, “dnd stas, ngro?” – no puedo decir según qué cosas…
- Bueno, no importa – rectifica Lily, comprendiendo la situación-, porque sí puedes oír, ¿verdad…?
- Claro… - dice Dan mientras mira impaciente la pantalla de su móvil.
- ¿Vienes a comer?
- Me gustaría… pero tengo trabajo – el puto Negro no contesta
- Te prometo que no te arrepentirás… necesito que lo hagamos, Dan, te deseo muchísimo ahora – Dan suelta el móvil y se lleva la mano instintivamente a la entrepierna y deja escapar un suspiro que no pasa desapercibido a Lily- necesito tu pecho, montarte… no te imaginas cómo estoy…
- A lo mejor me convences, cariño – dice Dan levantándose y llevándose el móvil consigo al cuarto de baño - dime, ¿Cómo estás exactamente? –dice mientras entra en el w.c. y, con sorprendente rapidez y eficacia, sujeta el teléfono por el que habla entre la oreja y el hombro, y con la mano con la que no sujeta el móvil, se suelta el botón de los pantalones y deja que éstos caigan al suelo. Lleva unos amplísimos boxer blancos sin botón, por lo que su polla tiesa aparece casi automáticamente pidiendo que le presten atención
- Estoy en el sofá… con la bata abierta y mi mano jugueteando con mis braguitas… - en el móvil de Dan, entra un sms y éste lo lee mientras empieza a masturbarse – están justo como a ti te gustan, Dan, calentitas y la humedad empieza a traspasarlas… - Dan lee el sms: “n la puta klle, dnd kedams” – a ti te gusta pasar por ahí la nariz, lo sé… y a mí cuando haces eso, me pones muy, muy caliente, Dan, tendrías que venir…
- Estoy… considerando – Dan empieza a responder al sms pero la voz ronca y las palabras provocadoras de Lily hacen efecto y aumenta la cadencia de su masturbación- la posibilidad de ir… allí contigo, hm…- a duras penas consigue hablar – dime qué es lo que vas a hacerme.
- Voy a acabar contigo, Dan – y Dan escribe, sin dejar de meneársela, en su móvil: “todo listo, perfcto, ya” y le da a la tecla de enviar – Voy a metérmela en la boca, porque me gusta ver tu cara de vicioso cuando te la chupo, me gusta ver cómo se te ponen los ojos en blanco cuando vas a correrte… espera, he oído algo, me parece que hay alguien ahí fuera, espera que voy a ver… - Dan empieza ahora a masturbarse con más fuerza aún mientras oye a su chica - ¿quién es usted…? – Dan oye al Negro decir “hola, puta” y tres ruidos secos que son una especie de chasquido agudo y que interpreta, correctamente, como tres disparos. Entre el segundo y el tercero, alcanza el clímax y se corre mientras imagina a Lily morir desangrada.
Son las 14:15 y Dan recibe en su móvil un mensaje multimedia. En él ve a Lily con su bata y sus braguitas, grotescamente caída en el suelo, bañada en sangre.

Le da la tecla de últimas llamadas y baja un par de nombres y aprieta “llamar”. Espera un par de tonos y le contestan al otro lado.
- Sí
- ¿Loren?
- Sí
Dan se limpia con un trozo de papel higiénico, lo tira al wáter y dice:
- Considérate divorciado - y cuelga.
Son las 14:22, cuando Dan tira de la cadena y se va.
Puede que algún día lo entiendas.
