The dream is over... Después de la experiencia sensorial del sonido Vanidoso de "Es por mí", volvemos a la cruda y chapucera realidad. Volvemos al WolffoSound, el sonido casero y endemoniado. Pero veamos si somos capaces de hacer abstracción del sonido y nos centramos en las tripas, ¿sí? Esta canción es una obra maestra de Luz. No sé si Luz Casal es la compositora, pero su forma de cantar es tan, tan increíble, que cualquier canción que ella cante se convierte en suya. Creo que es, sin ninguna duda, la mejor cantante que jamás ha habido en España, y una de las mejores vocalistas del mundo. Adoro a Luz. Un ser maravilloso me dijo un día que le gustaría escuchar esta canción cantada por mí. Sin duda, sin ninguna duda, esta canción supera mi capacidad, mas, qué quieres, soy incapaz de no dejarla aquí cantada. Es por ti, ya sabes. Y, al escucharla, no puedo pensar otra cosa que no sea: lo siento. Toco con guitarra eléctrica, pandereta y bajo. Y a la primera, dejando los fallos... y los aciertos, que también los hay, claro, faltaría más...
Apagado Rodolfo, ida la luz de su vida, paradójicamente, empezó a brillar, al menos para aquéllos que le rodeaban. Pareciera que el dolor le daba un esplendor inesperado. Llegaron a su vida noticias de éxito sorprendente ahora, de cosas que parecían pertenecer a otra exitencia, a una vida anterior, tal vez, al tiempo en que Rodolfo era premiado por Luz.
No es simpleza, sino realidad. Rodolfo es mucho más reflejo de lo que Luz cree y ésta, a su vez, posee una materia superior e independiente de la soñada por Rodolfo. Consistente, sólida y acariciable, la carne iluminada de su amada vuelve, recurrentemente, a los sueños nocturnos de Rodolfo, a sus ensoñaciones cotidianas: piensa en ella a todas horas, aun cuando, oficialmente, en el noticiero de su imaginación, los boletines repiten una y otra vez: Rodolfo, ya sin Luz, trata de adpatarse... o bien, Rodolfo, a oscuras, lucha por conseguir...
Un día, un día de esos que a nadie nos gusta pasar, Rodolfo intentó afinar el aire con la luz del día, y se quemó, porque aún la Luna-fuego no se había escondido y su fulgor inopinado a plena Luz (del día), chamuscó sus retinas. No volveré a cantarte, amor, se dijo entre dientes, con la esperanza de que le oyera y desapareciera esa luna diurna, e intentó hacerle ver que ya había dejado de llorar.
Intento inútil, por cuanto a Luz no es que no le importara, ya, es que ni siquiera estaba mirando, o escuchando al patético (esta vez sí, patético) Rodolfo, que seguía cantando, como un idiota, mirando hacia otro lado, pero con el rabillo del ojo puesto en Luz por si a ésta se le ocurría mirarle. Y repetía una y otra vez la misma canción que ella, un día, le pidió que cantara.
Rodolfo no tiene Luz. A veces, las cosas son sencillamente así. Existe Luz, está ahí, a su lado, pero a Rodolfo no le ilumina, y él ni siquiera lo advierte. Ni la refleja. Es como si para él, sencillamente, se hubiese hecho de noche y terminado definitivamente la Luz.
Ahora, tal vez, me puedes leer. Puedes escucharme, quizá, y hacer que te repita los estribillos una y otra vez, pero ya no me das Luz. Ahora soy el pobre idiota que no sabe a do camina, pero que no deja de caminar; como un borracho, por el largo y tortuoso camino de los despistados, tropiezo con pedruscos que hacen de hito y en el recodo, a veces, me siento y miro atrás. Y sólo así, mirando atrás, en ocasiones, vuelvo a tener Luz. El resto del tiempo, mientras avanzo soy ese que estás viendo: Rodolfo, sí, pero ya sin Luz.
Esta tarde, a eso de las 5 me han traído de Alemania esta guitarra electroacústica de 12 cuerdas. Después de pasar un par de horas afinándola (es duro), he decidido probarla con la misma canción de este post. Sencillamente, he sustituido las guitarras eléctricas por mi novísima acústica de 12 cuerdas de marca sospechosamente desconocida. Hay un sonido extraño, en el interludio musical, que también he hecho con la acústica nueva, pero reproduciendo al revés los golpeos del dedo en la cuerda. Queda flipante. Escucha, escucha...
---------------- Listening to: BSO Subway - It's only mistery via FoxyTunes el_Vania aparece en Las Peroratas hace casi un año, diciendo que es nuevo y tal y cual y que nuestros gustos musicales son bastante parecidos, que le han gustado algunos posts... y acaba diciendo que él también tiene una bitácora, que si quiero, que le visite. Al leer el comentario, pienso, hala, otro más dándole al phising bitacoril. Bueno, el caso es que le visito y me cae bien desde el principio. Porque el_Vania, también conocido en los ambientes como Vanitas-Vanitatis, Vanitoide o Van, the man, debéis saberlo, es pura pasión. Tiene una capacidad terriblemente contagiosa de apasionarse por lo que le gusta y, como buen mañico, es contumaz como pocas personas.
El día 29 de noviembre de 2006, un día después de haber aparecido en Las Peroratas por primera vez, ya me propone una jam session virtual, que hagamos algo a medias, mandándonos los archivos por emilio.
Desde ese día, el_Vania no ha faltado a prácticamente ningún post y, a veces, me afeaba el hecho de que mi guitarra no estuviera bien afinada. Hay que tener la oreja muy bien puesta para eso, no creáis, y cada dos o tres posts me recordaba lo de la jam.
Van, the man, cuelga canciones en su blog, La Ciudad Nodriza, como yo. Pero ahí acaban las coincidencias. Vanitas es concienzudo en su trabajo y yo soy un chapuzas; ofrece sus canciones de una forma moderada, espaciándolas en el tiempo, para que sus lectores las puedan disfrutar y apreciar, mientras que yo abrumo al personal, tirándoselas a la cabeza a puñaos, no dándo ni tiempo a asimilar la cosa; el_Vania sabe tocar la guitarra como los buenos, y sabe lo que son las quintas y las novenas y las escalas, y yo sólo sé que hay que darle a las cuerdas para que suene; aunque tenemos gustos parecidos, nuestras músicas no pueden ser más dispares. Él investiga los sonidos, las estructuras y las tripas del rock, y yo confío más en la sencillez. Él es del Barça y yo madridista, es joven y yo viejo, es delgado y yo gordo, él es progre y yo fachilla... Eso sí, los dos amamos la música, e imagino que, en estos casos, eso es lo único que realmente importa. La amamos profundamente.
Así que no sé si él, realmente, esperaba que el pasado día 8 de octubre, le enviara un emilio diciéndole que tenía una idea para grabar juntos una canción. Pero respondió, claro, y no sabéis de qué manera.
Compuse esta canción un día, a principios de este otoño, pensando en que la música es el último refugio. Es una canción sobre la inspiración, la musa, el hecho de escribir canciones y lo que eso significa para mí. Desde que empecé a escribirla, pensé en el_Vania, en que él, como músico, como enamorado de la música, como yo, iba a entender la sencillez aparente y la profunda complejidad de este proceso que es atrapar el chispazo de la inspiración y convertirlo en una canción que ofrecerle al mundo.
Si eres Bono, o Bob Dylan, o McCartney, le ofreces tu canción a millones de personas en todo el mundo. Si eres Wolffo, se la ofreces a un puñado de gente maravillosa que, sin saber muy bien porqué, vienen una y otra vez a leerme y escucharme a este bendito rincón de la red. Es para vosotros.
Ahora podéis escuchar esta canción mientras nos véis la cara al Vanitoide y a mí mismo. El diseño de la portada es de Vanitas, y la foto me la sacó mi hijo Borja, bendito seas, que aguanta estoicamente y sin preguntar mis tonterías.
(Como veo que hay problemillas con el reproductor de Odeo, pongo este cuyo mal funcionamiento no sorprende a nadie, pero que tan familiar resulta a los lectores de Las Peroratas)
La canción, que es un dueto puro, empieza con una guitarra española (con un colchón de sonido made in Vania de vinilo rascando) en un arpegio sencillo. Luego entran la batería, muy suave y dos guitarras más; una acústica suave y una guitarra eléctrica brillante y deliciosamente tocada que da el clima a la canción. Con el bajo, empiezo a cantar yo y en la segunda estrofa contrasta la voz clara y bien modulada de el_Vania.
En el estribillo nos damos la réplica y nos hacemos coros el uno al otro en una especie de festival de voces que me encanta. Del estribillo sale, increíblemente bonito, el primer solo de guitarra, brillante, melódico y demoledor. El interludio musical acaba en precioso duelo de guitarra y bajo que se calman en fade out. La canción se recoge sobre sí misma y vuelve a empezar, repitiendo su estructura con un poco más de riqueza instrumental, y a buscar un estribillo recurrente, que se repite hasta el final, un poco apoteósico, lleno de guitarras, de voces, de teclados y de otra fantástica guitarra solista.
Para los curiosos, el_Vania toca las guitarras eléctricas, el arpegio en plan The Police que acompaña la canción entera y los dos maravillosos solos de guitarra; además, toca los teclados y se ha encargado de que todo suene haciendo el trabajo de mezcla, que es, podéis creerme, complicadísimo. En algunas partes tenía que mezclar casi una veintena de tracks y no es fácil, en serio. Por mi parte, yo he programado la batería (aunque el sonido de batería de verdad se lo ha dado el_Vania, que es único en estos menesteres), y he tocado las guitarras española y acústica y el bajo.
Nos hemos repartido la letra como buenos hermanos y quiero destacar lo bien que lo ha hecho mi amigo Van, the man, que la ha cantado con el corazón, venciendo con coraje (como John Lennon hiciera en su día con Twist and Shout) un resfriado agarrado a la garganta.
Gracias, Iván, amigo mío. Y gracias a ti, por escucharla. Aquí puedes bajarla, si te ha molado:
Bueno, bueno, como un professioná, haciendo nuevas versiones de viejas canciones. Pero esta canción siempre me ha gustado. La escribí en un momento crítico, cuando, después de casi 10 años, volví a coger la guitarra y a pensar que no era malo tocar la guitarra y cantar, y escribir canciones y tal. Me encanta esta canción. Es puro pop-rock con un toque inevitable de country. La melodía es potente, las guitarras, son poderosas y bonitas y la letra es, aunque esté mal que yo lo diga, fabulosa. Es, además, muy característica de mi forma de escribir, jugando con las polisemias y exprimiendo los significados no sólo de las palabras, sino de los sintagmas, de las construcciones, de los ritmos del lenguaje. Muchos de los versos tienen doble significado, dependiendo de dónde hagas las pausas, de dónde hagas las concordancias, los enlaces intelectuales de las palabras. Esta canción debería mezclarla alguien que supiese hacer estas cosas, porque yo soy incapaz. Hay hasta cinco guitarras haciendo cosas distintas todas ellas; un bajo dibujando una melodía maravillosa; piano y órgano tipo Hammond, armónica y voces, muchas voces, como siempre. La letra, además, es muy larga y tiene una característica muy mía, que últimamente, me esfuerzo en ocultar: los estribillos son sólo musicales y la letra del estribillo no se repite. Voy a escribirla aquí abajo, para que puedas leerla, porque creo que vale la pena. Hay una figura poética recurrente que me cautivó desde que la ideé que es "el paisaje de tu ausencia". Algo realmente hermoso, ¿verdad? Lo que se ve cuando el ser amado no está. Hermoso y tristísimo, claro. A ver si te gusta. Y si la quieres para ti, pincha el título para bajarla
Después de tanto tiempo ausente en mi país me acostumbré a no tenerte para mí después de todo lo vivido, y lo por vivir, después de todo eres, sin estar aquí
Todo cuanto tengo es un recuerdo de tu voz y el paisaje de tu ausencia se hace cada vez mayor siento tanto miedo, siento tanto miedo que huyo hacia los montes del dolor
El horizonte lo inventaste para mí y el desierto en mis brazos floreció la tundra que mi aliento lento calentó y el valle donde el río blanco se ocultó
El cielo de tu boca, de luz quise llenar pero el paisaje de tu ausencia, no se puede abarcar es tanto el desengaño, y aún me hace tanto daño, hundido en el mar de tu canción
El paisaje de tu ausencia se ausentó cuando tu presencia presentó credenciales que mi amor no se creyó y así, matando, nació esta canción
tu boca es una isla aislada de sabor y en tu piel, como en la hierba, me he tumbao, ti alma es niebla, que nubla mi razón y mi alma toda es un volcán desesperao
ponte a tiro princesa, que te voy a atacar y el paisaje de tu ausencia, de ti se va a llenar ya no siento miedo, ahora sólo tiemblo de frío en el mar de tu canción
El paisaje de tu ausencia se llenó, mi ventana, de no verte, se cerró mi dolor de no tenerte se marchó y así, marchando, nació esta canción.
No todo es vanidad. No todo. Mira a Lola, mírame a mí, por ejemplo. Lola sigue sonriendo, al otro lado de la sala, mientras lee el emilio que acabo de mandarle. Me gusta ligar con Lola. Se deja. Trae faldas cortísimas, jerseys ajustadísimos y le impresiona oírme hablar. Así que en cuanto le escribí dos cartas se derritió. Dice que uso un lenguaje muy elevado, culto, muy diferente del que usan los demás. Los demás son los jovencitos que la llevan y la traen los fines de semana, los que, me cago en ellos, se acuestan con ella y la divierten.
Soy Maldito Jueves junior, aunque soy ya un hombre mayor. Trabajo en el Departamento de Pedidos de Pomposous Meretrix, Inc., la mayor empresa de Catering Sexual del mundo. No nos dedicamos a la prostitución, no, por dios, lo nuestro es el Cariño Corporativo, un nuevo concepto en servicios auxiliares para la empresa. Imagine que usted, responsable de expansión de una empresa fabricante de componentes para el automóvil organiza una reunión de esas de fin de semana con el departamento de desarrollo de Alfa Romeo. Sabe que están desarrollando un nuevo automóvil, revolucionario, que en todo el sectorse comenta que va destrozar el mercado. Usted, su empresa, tiene las escobillas limpiaparabrisas perfectas para ese modelo (y de paso, para el resto de la gama) y necesita cerrar ese acuerdo. Probablemente, su departamento comercial esté formado por personas feas y anodinas, técnicamente muy solventes, pero lastimosamente aburridas, poco dotadas y demasiado inhibidas para lo que este mundo necesita. No se deprima, no, que el departamento de desarrollo de Alfa Romeo. Al lado del suyo, es un cementerio de colgaos. Ellos no tienen que ser nada de eso, basta con que desarrollen bien, y se limitan a eso.
Entonces usted, en lugar de ponerse nervioso bajando los márgenes de beneficio hasta niveles suicidas, llama a Pompososus Meretrix Inc. (PMI), y verá lo que pasa. A cada uno de sus competentes y agresivos vendedores, se le asignarán dos apuestos y simpáticos ayudantes de PMI. Estos ayudantes irán un par de veces a su oficina, para que los vendedores les instruyan en los rudimentos básicos del producto que van a intentar vender.
Una vez instruidos, los ayudantes se mostrarán sumamente receptivos a las sonrisas y miradas de los desarrolladores de Alfa Romeo. Son, todos ellos, expertos en SOO (Sexo Oral Ocasional) y UPMF/UDMF (Una Paja Mientras Firmas/Un Dedo Mientras Firmas). Son simpáticos, complacientes, flexibles, buenos fingidores, resistentes. Mientras usted trata de convencer a la jefa de desarrollo, un apuesto ayudante jugueteará bajo la falda de su interlocutora y esta, sencillamente, querrá terminar pronto para acostarse con nuestro agente.
Esto es el Catering Sexual. Muy distionto de la prostitución, como todo el mundo puede ver.
Lola no es agente. Ni yo, Yo ya he dicho que trabajo en el departamento de pedidos, como Lola, pero de ella no lo había dicho, así que lo voy a decir dentro de poco. Tonteo con Lola, porque ante Lola mi barriga, mi calvicie, mis gafas gruesas y mi estilo, pasadísimo de moda, de vestir, me hacen un ser inofensivo. Y se deja, de vez en cuando, tocar el culete un poco. Lola, no lo había dicho aún, me parece, trabaja en el departamento de pedidos, como yo. Todos quieren a Lola, todos la desean, quiero decir, por eso que he comentado de las faldas y los jerseys. Yo también. Yo tengo a mi favor que trabajo en el mismo departamento que ella, el de pedidos, por cierto, por si no lo había mencionado todavía. Eso, trabajar en el mismo departamento, nos hace, en cierto modo, cómplices, como le gusta decir a Isabel Gemio, cuyo programa le encanta a mi mujer y me tortura los sábados y los domingos por la mañana con sus tontunas. La odio. Las odio, vamos.
No me imagino a Lola un sábado por la mañana oyendo a Isabel Gemio, como yo, mientras paso el aspirador. No, ella estará entre las sábanas de algún príncipe eslavo, maldiciéndose por su inane superficialidad, pero con el potorrillo satisfecho, seguramente.
Yo paso el aspirador para quitar telarañas, trato de que mis hijos recojan algo de la casa y no se rían demasiado de mí y sueño con publicar esa gran novela que llevamos dentro todos los gilipollas del mundo. Y cuando la publico, claro, me entrevista Isabel Gemio, que se corre literalmente ante un escritor, y yo, brillante, ocurrente, genial, la dejo en ridículo ante millones y millones de oyentes que, esa mañana, esperaban ansiosos una buena ración de grandes frases para la historia.
En el otro extremo de la ciudad, Lola despierta de una noche especialmente agitada, y tiene ganas de hacer pis, muchísimo pis. Sale corriendo de la cama, donde ronca un muchachote de aspecto italianizante de enormes pies pero, Lola lo recuerda bien, pito escaso y más escasa conversación. Porque era de aspecto italianizante, pero nativo de Móstoles, en realidad, y bastante idiota,m para qué vamos a engañarnos.
Mientras Lola, sentada, mirando al vacío, deja que las aguas vuelvan a su cauce, enciende la radio y oye a Isabel Gemio gemir de gusto ante las respuestas sagaces de un escritor cuya voz le resulta conocida. Cuando se da cuenta de que es su querido Maldito Jueves (o sea, yo) se pone tan nerviosa que levanta un poco el culo y salpica un poco el aro del retrete, con lo que se rompe un mito, señoras, no sé si me explico.
Lola me oye reírme de la Gemio genial y displiciente, sabrosillo y tropicalón, fastuoso, predicativo, obvio y telemático. O sea, yo, en mi mejor versión.
Sale corriendo de la casa esa donde estaba que era la suya, dejando al mostoleño italianizante dormirla en soledad.
Cuando la entrevista termina, la Gemio sonríe con cara de boba, o sea, la suya, y me dice que me haga una foto, hombre, para recordar esta entrevista tan cómplice y tan entrañable y yo me pongo a su lado, le paso una mano por encima del hombro y mi mano, sin yo quererlo, se posa sobre lo que viene siendo la teta femenina, la suya, claro, y esto le parece muy divertido y muy bohemio y muy cómplice.
Salgo a la calle con la mano derecha oliendo a seno Gemio (un olor penetrante, en verdad) y veo que se acerca corriendo, apenas cubierta por una vaporosa sábana de flores bastante fea, a Lola.
Por fin la veo desnuda. Tiene dos pechos hermosos, situados, más o menos a la misma altura de su tórax, pero uno a cada lado del esternón. Su pubis está inmensamente poblado de una melenilla lisa, peinada a raya con bastante gracia. Tiene dos piernas, bastante parecidas y unos piececitos la mar de graciosos.
Se acerca a mí, definitivamente, y me lanza la sábana a la cara y me dice, con voz huraña
- ¿Tú eres tonto?
Es mi mujer, que quiere que le ayude a doblar las sábanas y me despierta con un capirotazo de realidad con olor a suavizante. Y yo le ayudo, claro, no la voy a ayudar...
A veces pienso si cuando sueño, cuando imagino, ya sabes, el asunto es la vanidad. Si el imaginarme triunfante y a tu lado, es sólo egoísmo de hombre, vanidad mal pagada, o es algo más. Trato de ponerme al otro lado de tu mirada mágica y certera, de tus palabras crueles y verdaderas, de tus hirientes estadios de realidad. Pero, por más que entienda que te alejes de mí una y otra vez, nena, y que te acerques cuando te apetece sentirte especial, niunca entenderé la tormenta de hielo que se desata en tu alma cuando me alejas. Así, cansado y herido, puedo levantar la voz para decirte que no me quieras, pero no me jodas tanto. No, Lola, porque un día puede llegar en el que ya no me crea nada de lo que me dices. Y siempre me ha gustado creerte cuando me dices que soy dios.
Os presento, encantado, una canción nueva. Para casi todos los visitantes de Las Peroratas, el que cuelgue una canción sin post, sin literatura, es un engorro (cuando no, directamente, un coñazo), pero para mí es como un hijo nuevo y así, orgulloso, lo presento al mundo. Ocurre en estos días que cierta convulsión en mi corazoncito está haciéndome escribir como un loco, y tengo dos temas más en el tintero, formándose en mi cabeza. Bueno, imagino que saldrán más pronto que tarde. Esta canción está escrita y grabada, casi íntegramente, el pasado 3 de octubre; bueno, la escribí el día 3 y el día 4 terminé de mezclarla, para ser exactos.
El asunto de la canción es... bueno, estamos acostumbrados a pedirle cosas a la Luna, ¿verdad?, e incluso a pedirle la Luna al ser amado, pero, ¿qué pasa cuando quieres, quisieras, que la Luna te pida cosas?
Mi experiencia, corta pero intensa con el satélite mágico, es que pasa que la Luna es generosa y se da. Y que da cosas (inspiración, luz, mareas, ciclos menstruales...), pero nunca te pide más de lo que le das espontáneamente: un poquito de admiración, un poema malo, de vez en cuando, amor, si quieres, y todo eso.
Esta canción va de eso. A veces no me atrevo a hacer según qué cosas. Mi excusa, inconsistente, ya lo sé, es que la Luna no me lo pide, pero yo ya sé que la Luna nunca lo pide. En fin, ya sabes.
Musicalmente, es un tema sencillo con una frase de guitarra recurrente y un puente (la parte en que se repite la letra) que rompe un poco la uniformidad del asunto. Empieza con un ritmo vivaz y potente y, sin cambiar de tempo, tras el segundo puente, hay una parada y fonda. Es como si tomara aire para despedirme.
La canción se detiene porque quiero que oigas bien lo que tengo que decirte, así que, más que cantártelo, te lo recito. Y además, como sé que vocalizo como el culo, escribo la letra ahí abajo para que puedas seguirla: no tienes escapatoria.
Está grabada con batería, tres guitarras y bajo; una voz doblada con un pequeño retardo y otras dos voces haciendo armonías. Eso es todo. Es triste que no te dé lo que quieres, lo que mereces, escudándome en que no me lo pides, y que, por lo tanto, no sé lo que quieres. Sólo sé que me confunde todo esto y que lo único que puedo hacer para remediarlo es hacer canciones así de sencillas, así de verdaderas. A ver qué te parece. Aquí, pinchando el título, te la puedes bajar, si te apetece guardarla:
Hoy el ánima que vuela ha venido para ver si el espacio que dejaste lo ha ocupado algún sin ser algún hombre sin orquesta, algún don nadie como yo o alguien con quien no te mate bailar cada amanecer
Hoy la suerte ha señalado al hombre que te va a querer y yo estaba ocupado, buscando flores en tu tez buscaba mi nombre en tu labios y mis manos en tu piel y ha venido a visitarme el frío, ¡qué le voy a hacer!
Cada vez que intento disimular el alma se te encoge y y el encanto se hace sal, una estatua que no puede gritar y no tiene alma, ni yo tengo calma y nada vuelve a ser igual, la Luna nunca pide más
Hoy la sombra se ha alargado un poco más de lo normal y tu nombre se ha bordado en mis pupilas sin dejar espacio para que la luz me llene el corazón de ti soy un verso sin reverso, soy un vivo, un sin vivir
Cada vez que intento disimular el alma se te encoge y y el encanto se hace sal, una estatua que no puede gritar y no tiene alma, ni yo tengo calma y nada vuelve a ser igual, la Luna nunca pide más
Hoy te llamo de rodillas, hoy me tienes que escuchar hoy sé que si tú me pillas, todo volverá a empezar; hoy es uno de noviembre, julio quedó atrás sé que siembre lo que siembre, la cosecha se perderá
Aullando te canto, aullando te vas, y mi cuello está quemando y mis manos te echan p’atrás. Si la noche fuera eterna, y el día fuera fugaz, te daría lo que pidieras, pero... La Luna nunca pide más
Eran los primeros días de Antena 3 TV. En esa época en que una cadena nueva tiene dificultades no ya por tener audiencia, sino por llenar la parrilla con algo, lo que sea, de programación. En esos tiempos, José Ramón Pardo (periodista musical, hermano del genial, primero, y más tarde insoportable Juan Pardo) tenía un programa de conciertillos. Puso el de Simon & Garfunkel en Hyde Park, magnífico, el de Supertramp en París... cosas de ese estilo. Una semana, cuando se le acabaron los buenos, buenos, puso uno de homenaje a Les Paul (Lester Polfus era su nombre real), el creador de la mítica guitarra Gibson Les Paul. Este post no tiene nada que ver con esto, pero es mi guitarra favorita, ¿a que es bonita?. Cuando tenga pasta, me compraré una Les Paul de las buenas-buenas, no de las de probretón. En el concierto tocó una chica, no recuerdo quién, una versión, bastante mala de esta canción. Bien, yo no conocía esta canción, pero como hubo una época en que leía todo lo que tenía que ver con la música, sabía que existía y que había tenido cierta relevancia. Lo único raro es que en mi cabeza, vaya usted a saber porqué, el título era "It started as a joke", Empezó como un chiste, y era la historia de una rotura amorosa porque una chica entendió mal una broma de su chico, o algo así. Cuando escuché este tema, busqué el original, de Bee Gees, en la época en que aún no les apretaban los calzoncillos y cantaban normal. Me gustó mucho y empecé a tocarlo de forma recurrente. Me gustaba la verdadera historia, la del cómico que no tenía ni puta gracia, que nadie se reía de sus chistes y sólo se reían de cuando el tipo la cagaba. Poco después escuché la versión de Wallflowers, el fantástico grupo de Jacob Dylan, el hijo del mito, y me enamoró esa revisita. Así que yo la reinvento de nuevo, añadiéndole mucha guitarra, mucho teclado, un riff pegajoso y sincopado de bajo y un millón de voces, y dando con soltura un agudo final que, creedme, antes de dejar de fumar no lo daba ni de coña. Es todo lo contrario a los temas acústicos que vengo subiendo ultimamente. Aquí hay una orquestación pesada soportando el tema. A mí me gusta, claro, pero a ver qué te parece a ti. Si te hace, bájatela aquí:
¿Y si no lo hago? ¿Y si cojo la puerta y me marcho? ¿Sabes lo que pasaría si me planto? Nada. No pasaría nada, sencillamente, me darían una patada en el culo, y eso si se lo pongo a tiro, que tampoco se iban a molestar demasiado en perseguirme, y mañana habría otro infeliz recorriendo las caravanas que hacen el papel de camerinos de este teatro sin sede y sin magia. Limpiando, llevando comida y bebidas, avisando de que faltan 3 minutos y sobre todo, escuchando quejas. Soy el hombre prescindible que no puede prescindir de pensarlo. La ficha que todos pueden desechar, porque nadie viene a este teatro ambulante a verme a mí. ¿Te imaginas? Los neones anunciando:
Qué va, qué va... le llevo un café con 3 aspirinas a Pancracio, el humorista tamborilero, y no me disgusta hacerlo, porque me cae bien Pan, es un buen hombre. Me pregunto cómo se las arregló para que el empresario que perpetró el cartel infame de este espanto errante le confiara el número de apertura del chou. Su número, inexplicablemente malo, consiste en contar chistes sobadísimos, una concienzuda selección de lo peor del museo de los horrores de los chistes mundiales, y dar redobles en un tambor entre chiste y chiste. La gracia, se supone, está en que lleva 30 años tocando el tambor, pero sigue asustándole su sonido porque no se acostumbra a él. En sus propias palabras, “cuento un chiste bastante bueno, doy un redoble, me asusto y me caigo de culo. La gente se descojona, en serio”, dice él a modo de sinopsis. Lo cierto es que con esta síntesis bastaría para que cualquier empresario juicioso le diera con un palo en la cabeza y le mandara a freir espárragos, mas él consiguió un contrato para llevar su aburridísimo número a girar por la España rural.
A las Sopranos Bikineras, Herminia, Brígida y Asumpteta les llevo cerveza, coca zero y bitter kas, respectivamente. Herminia esnimia, Brígida, rígida y Asumpteta es la única persona que conozco que bebe bitter kas. El día que fui a ver su espectáculo en Valdemorillo, me hizo muchísima gracia lo mal que cantaban, pero se lo perdonaba porque, de lejos, con las luces, la magia del escenario y el maquillaje, parecían estar realmente macizas. Nada más lejos de la realidad, podéis creerme. Son, por ser francos, feas. Además, unen a su fealdad insuperable, una grosería oceánica. Yo, no creáis, no frecuento marquesas, ciertamente, pero no me acostumbro a que me llamen Pollalinda, cuando están de buenas. El primer día que fui a preguntarles si necesitaban algo, me dijeron que les enseñara el dedo índice. Yo accedí, con cara confusa. Pero, al ver mi dedo tembloroso y limpio, empezaron a valorar otras posibilidades.
- Ni de coña...
- Ni de puta coña.
- Mejor la lengua...
- Sí, mejor, mejor...
Y me pidieron, en plan bromita de amigas, literalmente, que les “limpiara el ojete con la lengua, que se les había terminado el papel y acababan de atascar la taza con tres tordos del tamaño de México”. Su número es malísimo, cantan pasajes se supone que operísticos (Toreador, de Carmen, una versión alucinante y cantada del Bolero de Ravel, el Himno de la Alegría y cosas así) medio en bolas, mientras se lo hacen en escena con barras verticales de esas que usan las strippers. Un espectáculo inenarrable.
El Gran Mago Felipe es, sencillamente, un idota mayúsculo. En su honor hay que decir que su número es único mínimamente profesional. O sea, te preguntas de dónde coño saca el conejo y las palomas y todo eso. Tiene barbita, un esmóquin con vergonzosos brillos y una ayudante, América, que está de buena que se rompe. ¡Qué mujer! Felipe no la hace ni caso fuera del escenario y Pancracio babea por las esquinas cada vez que América sale a dar un pingüi. “Os va a matar a pajas” es el diagnóstico de la situación, según la Bikinera Brígida.
Mi trabajo es darles cosas a los artistas, pero la verdad es que ni es trabajo ni es nada. Cuando llegamos a un pueblo, voy a comprar cosas y las reparto y voy a dar la tabarra a la gente que monta el escenario y tal y me pagan y me dan de comer. Si estos espectáculos son deprimentes si los ves desde el patio de butacas, no te imaginas lo que machacan el espíritu cuando los ves entre bambalinas.
La gente empieza, cuando es un buen día, ignorando completamente a Pancracio; sus chistes no pueden hacer gracia ni a los más tontos del mundo; luego, la primera vez que se asusta por su propio redoble, hay un ligero ¡hm...! levemente sonreído. La tercera vez empieza a ser repetitivo, pero a la décima consigue irritar hasta al público mejor dispuesto. Sencillamente, no tiene ninguna gracia, bajo ningún punto de vista.
Luego la temperatura sube con las Bikineras Groseras, expertas en el arte del calientapollismo rural. Me dan ganas de decirles a todos, no os lo creáis, son un asco, de verdad. A mí me engañaron, que conste, y me uní a esta descerebrada trouppe pensando en tirármelas, pero después de la invitación escatológica con la que me recibieron, el amor murió para siempre en mi corazón de piedra.
Con el público salido, sale Felipe, el Mago y hace unos truquillos la mar de vistosos con pañuelos, conejos, chisteras, palomas y corta por la mitad a américa. Ese es el momento cumbre, porque ninguno queremos que semejante mujer sufra daño alguno y cuando descubrimos que está entera damos gracias al cielo y aplaudimos a rabiar.
Luego, cuando las luces se apagan, me gusta escuchar el sonido de las sillas de tijeraal plegarse y ser el que merodea a los merodeadores de los artistas, por si puedo aprovecharme de alguna merodeadora y ayudarla a merodear pero con fundamento, desde dentro, como si dijéramos.
No tengo muchas cosas que hacer salvo pensar en estas cosas, así que olvida lo que te preguntaba al principio. Claro que lo haré. Claro que le llevaré la cena al Gran Mago Felipe, aunque sé que no me va a dar las gracias, y les llevaré sus bebidas a las Marranas Bikineras y dejaré que me digan cuatro burradas. Luego iré a charlar un rato con Pancracio. ¿Sabes? Él cree que tiene gracia y todas, absolutamente todas las noches, me pregunta, con las mismas exactas palabras: ¿qué tal he estado hoy, figura? Y yo, todas, todas las noches le contesto lo mismo: Aún mejor que ayer, maestro... y mañana, saldrá mejor, ya lo verás.
Me preguntaste un día si hacía esto porque me gusta ver sonreír a la gente. Bueno, en cierto modo, es así, cielo, pero sobre todo, la razón verdadera, y última, es que hago estas cosas porque, al contártelas, al escribirlas, sé que vas a sonreír tú y qué quieres, amor, no hay nada que me guste más que imaginarte sonriendo. Nada.
Estábamos en el jardín. Debíamos ser cuatro o cinco, no más gente. Subimos a casa de Carlos, porque tenía que coger algo. Estaba Willie, seguro, y Gabino. Y Carlos y Gabino cantaron esta canción. No la había oído en la vida. Me fastidiaba que Carlos y Gabino se supieran una canción tan chula y que yo no la hubiera oído en la vida. La cantaron genial y cuando me preguntaron que si la conocía, yo les dije que claro, hombre... Naturalmente, al llegar a casa, le pregunté a mi hermano que de quién era una canción que se llamaba Show me the way. De Peter Framptom, me dijo y me la puso. Le dije que esa no era la canción que yo quería escuchar. Entonces se la canté. Y buscó una cinta (BASF C-60) que tenía grabada con canciones sueltas y me la puso y me dijo todo lo que sé de ella hoy mismo. Es de finales de los 60, de un grupo que se llama Big Brother and the Holding Company, ¿no te suena la voz alta, la de la chica? me preguntó. Porque en ese grupo, la chica que hacía los coros, sin más protagonismo, se llamaba, nada más y nada menos, que Janis Joplin. He grabado la canción con la pandereta de la batería de Wilco (el batería de The Perros), mi inseparable guitarrita acústica, la eléctrica, el bajo de mi hermano Mariano y mi propia garganta por triplicado. El original es solo a dos voces, pero claro, una de ellas era de Janis Joplin y así cualquiera. Este tema me encanta y agradezco, 25 años después, a Carlos Espinosa y Gabino Diego que me la cantaran aquella mañana. Si se enteraran, a lo mejor les hace ilusión que hoy, pasado el ataque de rabia por mi ignorancia, les dedique esta canción por habérmela descubierto.
He escrito 3 novelas. Un libro de viajes, una guía de Toledo sin visitarla, un manual de usuario de un sistema de bases de datos sin saber lo que es una base de datos ni haber trabajado nunca con ellas; he escrito un libro de cocina, el guión de un cómic (malísimo), un cuento regularcillo y los guiones de unos 10 videos corporativos; he grabado dos álbumes magníficos llenos de magníficas canciones; he escrito el guión de una serie de dibujos animados para niños y he fundado y colaborado en dos revistas humorísticas; he debido crear unos 30 comerciales de TV (algunos, creedme, para matarme) y unas 200 cuñas de radio; además, infinidad de anuncios de prensa, revistas, folletos de todos los tamaños y colores... Me han pedido que escribiera lemas para gritar en las manifestaciones, cartas para convencer a unos cientos de trabajadores que echaban de una fábrica de que quedarse sin trabajo era lo mejor que podía pasarles; escribo infomerciales (anuncios de televenta) a patadas; he escrito, grabado e interpretado música para cinco anuncios de televisión; he escrito “discursos” (guiones para que hablaran en videos electorales) para Aznar, Álvarez del Manzano, Mayor Oreja, Javier Arenas... en fin, toda la panda, y a más de uno de ellos, tuve que corregirles ciertos defectillos de lenguaje... En fin que he escrito unas cuantas cosas. De todas ellas, desde luego, la que más me gusta, es el guión de una serie americana de ficción para adultos. Digo americana porque tiene varios personajes; si fuera una serie española serían solo tres personajes, el facha, el pusilánime y el guay, disfrazados de muchos personajes de ambos sexos.
En cuanto a leer, no creas, no es que sea un campeón, ni que presuma de leer más que nadie, porque no es verdad, pero nunca meha faltado, desde hace unos 35 años, un librito en la mesilla de noche. Ni en la estantería del cuarto de baño. Soy de esos, sí, pero en mi descargo diré que sólo obro en casa (bueno y en cierta oficina...) y que siempre enciendo una vela a san Odorono para purificar el ambiente.
Mi cerebro, si descontamos los olvidos (frecuentes y, a veces, catastróficos, es cierto, joder, hoy mismo se me ha quemado el cocido), no funciona del todo mal porque es inquieto e inseguro y siempre se pregunta. Aunque no se me daban demasiado bien las matemáticas, nunca tuve problemas para comprender los rudimentos básicos de cienciaalguna. Bueno, siendo sinceros, los límites fueron el límite de mi competencia en matemáticas. Y sin embargo, la música, que es pura matemática, se me da medianamente.
Pero soy desatroso, un inútil total, un recordman de la estupidez, cuando se trata de orientarse. Sí, he leído y escrito un huevo, pero soy incapaz de leer un mapa. Suéltame en medio de cualquier sitio y me verás con cara de terror mirando a todos lados sin saber a dónde dar un paso.
Te llevo a tu casa, en mi coche, y tú me vas diciendo por aquí, por aquí, veechándote a la derecha, que es la próxima... pero como voy pensando en quitarte el sujetador, en pedirte dinero, o en comerme todo lo que tengas en la nevera, cuando llegue la hora de volver, me meteré la perdida padre. Puede que no te lo cuente, pero si el trayecto es de 3 kilómetros, recorreré 300 y todavía, cuando llegue a casa, de madrugada, diré satisfecho, “al final, lo has logrado, cabrón, has vuelto a casa”, como si lo normal fuera perderse y desaparecer de la civilización.
Subo a casa satisfecho, intentando convencer a Mericolasín (era el amigo imaginario de mi hermano Mariano, pero se cansó de él –demasiado perfecto, mi hermano- y ahora él y yo somos colegas, dos desastres unidos por la imperfección), y a mí mismo, de que ha sido un viajecito encantador y necesario para nuestra formación como personas integrales y futuras.
- Al hilo de eso, una vez Julio Salinas, al acabar un partido del Barça, que perdió, dijo que el árbitro no había visto un “futuro penalty”, fue super gracioso – me dice Mericolasín, y yo no entiendo porqué los amigos imaginarios, aunque no sean los propios, no pueden encontrar graciosas las cosas normales, como caerse de culo, o una tarta en tu cara, o un chiste contado con acento andaluz de palo que empiece : “ese pedasso de maricón...”, en vez de encontrar “super gracioso” que Julio Salinas se equivocara.
Has de saber, oh, lector, que Julio Salinas no fue un gran jugador. Pero era mucho mejor como jugador que como comentarista deportivo, de eso puedes estar seguro.
Mericolasín se está preparando un colacao (se los prepara con poquísimo colacao) y me ofrece, pero él no sabe nada de mí, porque yo lo que quiero, lo único que quiero, pedazo de bruto ignorante que toma colacaos nada apetitosos, es tenerla entre mis brazos, quiero apretujarla y besar las comisuras de sus labios, porque sé que le gusta el juego, y ella entreabre los labios y cierra los ojos (aprovecho para sacarle la lengua) y beso el límite de su boca eterna y la estrecho más y entonces, lo que me gustaría es hacer algún chiste subido de tono, pero ingenioso (lo del móvil o te alegras de verme no, claro) sobre eso que ella siente en su vientre cuando mi abrazo se hace posesión, y cuando su carcajada estalle, morder sus labios y hacerle el amor antes de que se dé cuenta de que soy gracioso, vale, pero soy muy poco atractivo, en realidad... Entonces, miro alrededor y me doy cuenta de que esta cocina es rarísima y de que yo nunca tengo colacao, ni siquiera nevera, ni nada.
- Oye, Mericolasín – le digo al chavalote del colacao- te vas a reír, pero resulta que me he perdido, porque esta no es mi casa, ¿no?
Y el tío ni se ríe ni nada. Ni para eso sirve, el gilipollas. Ya me ves, perdido. Sí, vale, he escrito muchas cosas, pero se me olvidó escribirme en la mano cómo coño se vuelve a casa.
Soy el hombre que camina hacia el sur. El tipo corriente que echa pie a tierra y desgasta (sus) las (últimas) alpargatas (de esparto del planeta) caminando hacia el sur. Y si el sur me llama, ¿no he de ir?
Si el norte es el destino, hacia donde vamos, irremisiblemente, el sur entonces, ha de ser la nostalgia. Voy hacia mi pasado y es el mejor viaje que ser alguno pueda emprender. Ir hacia atrás y poder saldar cuentas con lo que fue ¿es una forma de ir hacia delante? Al fin y al cabo, es retroceder, en cierto modo, pero si cierras asuntos que permanecían abiertos, ¿no estás avanzando?
Volver a ser es imposible, pero podemos soñar con eso. ¿Imaginas las ventajas de volver a tu adolescencia con todo lo que sabes ahora? Aunque, también, ¿imaginas los inconvenientes?
Voy caminando y pienso en esto, y aparece tu cara al final del camino, un espejismo recurrente: tu cabello a acontraluiz y tu sonrisa, un poco triste, es verdad, esperándome. Siempre ahí, cierto, pero, como la carretera mojada, siempre a la misma distancia, por mucho que avances.
De modo que voy hacia ti, me acerco a tus alrededores, a la tierra que te vio nacer, pero sigo igual de lejos de ti. Igual de cerca, también. Todo sigue igual.
Caminando hacia el sur, también camino hacia el sol. Hacia el calor. Hacia los días lánguidos y eternos, hacia los lengüetazos pálidos que son tus rayos sobre mis hombros desnudos y enrojecidos. Hombre de piel blanca que camina por la orilla, acercándose al sol sin conseguir jamás estar más cerca. El agua del Mediterráneo refresca mis pies, pero mi cara arde mirándote y mi pecho se hincha de sal y arena y te desafía, estúpido y envalentonado, buscándote en cada gota que salpico; en cada reflejo, en cada paso que doy por la playa deshabitada que es este amor tuyo tan difícil.
Amo esta sensación desaprehendida que me embarga al pensar en ti. Ya sé que no te tengo. Que es muy posible que no vuelva a tenerte, pero sueño con que tú, desaprendida, quieras dejar abierta una puerta, dejar que surja una oportunidad de viajar juntos al norte que nos espera.
Ahora camino hacia el sur. Estaré más cerca de ti, pero de algún modo extraño, sé que estarás más lejos de mí que nunca.
Sólo me queda insistir, amor mío. Insistir y esperar.
Puede que un día, al levantarme, me dé cuenta de que te has ido. Por eso, ya sabes, para asegurarme de tenerte siempre cerca, seguiré al sol.
Esta es una de esas de Simon & Garfunkel, de cuando los conocíamos como Simón y Garfunkel, y no Sáimon and Gárfankel. En realidad, su título completo es The 59th street bridge song (Feelin' groovy) La canción del puente de la calle 59. La versión que hago yo es vaga: solo guitarra y sin oír la original, para no tener que pasarme horas copiando la imposible melodía que suele hacer Garfunkel al cantar. Es de otra galaxia, el tío. Así que he puesto las voces como me ha dado la gana y bueno, no es tan buena como la S&G, pero no está mal. Yo le cantaba esta canción a mis hijos cuando bebés, mientras los dormía aúpa y marcaba el ritmo con cariñosos y paternales cachetes en su dodotis. Es una gozada para cantarla, si vas leyendo la letra. Le dedico esta canción al presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, del que lo mejor que puedo decir es, simplemente, que no es el tipo que más suerte da del mundo. La cosa está equilibrada: una canción sencilla para un hombre simplón. al final, para demostrar que grabo en condiciones caserillas, se oye que me llaman al móvil. Y al oír el tono verás que yo también soy simplón para las melodías del teléfono y eso. Ya sabes, aquí, la puedes bajar:
Es de honor detallar, con palabras justas, lo que aconteció el domingo en la gran batalla y cómo su presencia fue decisiva, una vez más, en el resultado final de la contienda. Vimos aparecer cineastas, futbolistas, actores, cantantes, políticos, meretrices, cabronzuelos, ingenieros y pastores, niños y drogadictos, ninfas y obesos repartidores de palomitas, gente de buen olor y otras personas sin rasgos sobresalientes. Gentes sencillas que acudían a ver proclamarse campeones a sus soldados más aguerridos, más valerosos y más... vamos a nosotros.
Estábamos listos para la Gran Victoria Final; nuestro pensamiento era solo la derrota del enemigo como lo había sido en todas las batallas anteriores. Todas saldadas, por cierto, con sendas arrolladoras victorias.
Soy el Pívot Razonable, aquél al que todos buscan en momentos de angustia, cuando la desazón contagia sus corazones encogidos y sus cojoncillos alegres y dudosos quieren salirse del culotte.
Oh, Pivot Razonable, me dicen, guíanos con tu luz, y yo les guío. Y Pepu me consulta, porque él es muy de consultar, y me dice oye AarPi, te consulto tal o te consulto cual. Porque Pepu, como todos los que quieren demostrar que saben de baloncesto, dicen basket y usan expresiones americanas, como AarPi (erre-pe, en americano, iniciales de Reasonable Pivot)
Llegó al hotel de la concentración un motorista de Moncloa, con una vieja Sanglas 400, hermosísima, toda negra y cromo, y me entregó, como líder de nuestras huestes, una nota que advertía: Herr Schumacker piensa asistir, en primera línea, a la contienda y quiere desearles a todos, y especialmente al Pe-erre (el presi no habla inglés) toda la suerte del mundo y que si hubiera Championlís de baloncesto, ahí estaríamos.
Tan cariñosa y torpe nota, claro, cayó en saco roto. No pensaba decirle a nadie que el gafe mayor que en el mundo ha sido iba a venir a fastidiar el asunto. Pero mi cordón sanitario de nada sirvió. Paul GasOil, nuestro mejor hombre, y el más indisciplinado, haciendo caso omiso de mis indicaciones, se había llevado el móvil de matute y recibió la noticia mediante un sms de Moncloa.
De modo que no les dije a los chicos que el presi venía a vernos y salimos al campo henchidos de valor, confianza y buenos augurios.Empezamos ganando y todo indicaba que al final, celebraríamos la Gran Victoria sin ninguna duda. Y eso a pesar de que Paul GasOil, nuestro mejor hombre, y el más gilipollitas, estaba de lo más fallón. Pero los demás iban anotando y sujetando el resultado.
Llegado el descanso, mientras meábamos y todo eso que no se ve en la tele, aparece en el vestuario Mr. Bean, con su ceja picuda y su sonrisa yatedigo, para decirnos chicos, lo estáis haciendo muy bien, y confío plenamente en vosotros.
El terror apareció. Nadie dijo nada, pero en los rostros de los nuestros, antes altivos y vocingleros, retadores y descuidados, apareció la sombra del miedo, la incertidumbre y algunos, los más jóvenes, lloraron abiertamente.
La cosa fue a peor cuando los árbitros decidieron que hombre, podían poner un poco de emoción en la cosa si daban un poco por culo a España. Pepu me consultó, cagado de miedo, cuál debía ser su próximo paso. Dile al presi de la federación, le dije con determinación, que pille un bate de béisbol y amenace a los de gris con abrirles la cabeza. Dicho y hecho. Los de gris, ante la amenaza, empezaron a comportarse y entonces, cuando iban a pitar una falta justa de GasOil, saltamos todos a protestar y allí apareció Schumacker, el Pacificador, que vio en la monumental gresca una oportunidad para pasar a la historia, pidiendo diálogo y sosiego (momento que recoge la fotografía. Por cierto en la fotografía se advierte, también que soy altísimo y que la barba me queda super, super bien).
Fue el fin. Todos empezaron a jugar con calma y sin nervios, dialogando con los siberianos y todo eso. Entonces, ellos, dijeron que sí, que vale y le quitaron la pelota de las manos a Jimeno, el Extraño Calvo, mientras éste intentaba dialogar con un ruso, y metieron una canasta. No importa, coño, ganamos de uno y queda menos de un minuto. Así que alguien le dio la pelota a GasOil, a pesar de que había jugado el peor partido de la historia, y este empezó con un bota bota mi pelota mi papá me compra otra y vino un ruso diciendo que él estaba dispuesto a dialogar y se la quitó. Pero de dialogar nada, colegas, que salió corriendo y la tiró allá arriba y entonces apareció un negro zumbón que no era ruso ni de coña, a mí no me engañan, que saltaba como un canguro y metió una canasta a falta de dos segundos.
Herr Schumcker convenció, sólo dios sabe cómo, a Pepu de que le dieran otra vez la pelota a Paul GasOil para que tirara el último cartucho. Y lo tiró, dios sabe que sí... a la remanguillé, claro, y falló.
Detrás (sube el volumen, que esta se oye mejor a todo trapo)
Como tantas otras personas, yo también pasé mi separación, y fue traumática. En fin, dejando a un lado eso, que no es tema a tratar aquí, esta canción es una especie de recogida de aire y un paso adelante. Es una canción extraña. Las estrofas son dos sencillos acordes (do y re menor) marcadas por mil guitarras distorsionadas que, juntas, parecen dibujar un cuarteto de violines. El estribillo, que es largo, es una hermosísima progresión de mil acordes, aunque esté mal que yo lo diga. Me lo pasé bomba doblando las guitarras (en serio, debe haber seis o siete) y grabando las armonías vocales (también hay cinco o seis voces). El riff del bajo es fantástico, también, aunque mi poca pericia al grabar y mezclar no lo destaque. Y bueno, a ver si os divierte escucharla tanto como a mí tocarla.
Hazte a la idea de que hace 20 meses, hacia el mes de enero de 2006 Wolffo se está pegando un atracón de mandarinas. Sí, soy de esos. Sin pestañear, puedo zamparme tres kilos de mandarinas de una sentada, como quien se come un chicle. Ahora bien, ¿qué hay detrás de estas ingestas desproporcionadas? Ya te diré, no seas impaciente.
Las mandarinas son de esas que están riquísimas, pero tienen una pepita en cada gajo. Oh, providencia malsana, ¿por qué me haces esto? ¿por qué me haces comer de uno en uno los gajos? Sabed que soy de los que, si no mediaran pepitas, me zamparía las mandarinas enteras. Pero las pepitas me matan. En fin de año, por ejemplo, mi mejor marca de uvas es 3, porque las pepitas me hacen dar arcadas si muerdo una, lo que, inevitablemente, ocurre cuando pongo la jugosa uva entre mis muelas implacables y maltrechas y la hago estallar por la presión de mi gula. En fin, sé que podría quitarle las pepitas antes y comer luego normalmente, pero eso me parece un fraude de las reglas del juego. De hecho, reconozco que hace un par de inviernos, lo hice y logré comerme las doce uvas, pero mi satisfacción fue ínfima. Prefiero ceñirme a las reglas en estos casos.
Pero, caramba, me callo que me voy por los Cerros de Uva, juas, juas, ostrás qué ingenioso.
Vedme, pues, derrotado en el sofá, sujetando con la panza en expansión un plato llano en el que van desapareciendo los rellenos de la piel de las mandarinas, pensando en que para mí el invierno son mandarinas como el verano son gordos y lustrosos melocotones amarillos, y no me refiero a su cosecha, qué va, sólo a su precio a en el mercado (mi alma marujil). Cuando veo que las mandarinas están dulces (yo lo veo, sé solo con mirarla, si es dulce o no) y a buen precio, sé que es invierno.
En realidad, no pensaba en eso, o a lo mejor sí, yo qué sé, pero fui guardando, escupiendo, con un estilo de lo más grosero, en mi mano izquierda, las pepitas. Recuerdo que cuando era pequeño me daban envidia los tipos que comían pipas metiéndose la pipa entera en la boca y escupiendo sólo la cáscara y no descansé hasta alcanzar esa habilidad. De modo que me meto el gajito de mandarina y escupo la pepita en mi mano izquierda. ¿Qué hay detrás de estas escupidas con relleno?
Me veo, al final del atracón, por lo tanto, con un montón de pipas de mandarina en mi mano izquierda. Hay tantas que no puedo hurgarme la nariz con comodidad: hay que hacer algo con ellas.
Así que cojo un semillero, y voy plantando en cada mini-macetita, cuatro o cinco pepitas y cubriéndolas con sustrato. Ahí se quedan, en la terraza, recibiendo las lluvias benignas del invierno y la caricia del sol nutritivo de la primavera. Hacia el mes de junio, empiezan a aparecer los primeros brotes, verdes y preciosos en la superficie negra del semillero. Terminando el verano, los brotes más avanzados ya levantan unos diez centímetros del suelo y es hora de darles una porción más generosa de tierra. Traslado cada manojito (porque los brotes son triples, cuádruples y hasta quíntuples) de protomandarinos a una maceta pequeña pero ya con más posibilidades de crecimiento de las que ofrece el ínfimo semillero. En el tardoverano y el prontotoño los aspirantes a árbol frutal van fortaleciendo sus tallos y voy quitando las hojas más bajas del brote para que crezca hacia arriba el miniárbol. Luego, froto esas hojas en mis manos desnudas y el aroma a mandarinas que queda en ellas en tan sutil que me dan ganas de llamar a uno o dos fabricantes de colonias y perfumes y enseñarles lo que es un olor natural y hermoso.
Con la llegada del invierno, nuevo traslado. Los frutales mediterráneos no soportan las heladas nocturnas de la sierra de Madrid, de modo que aprovecho que los voy a pasar al interior de la casa para darles una maceta más generosa. Reparto mandarinos acá y acullá y los que me quedo, los traspaso a una maceta grande y los meto en casa para protegerlos de los rigores del invierno. Pasan el invierno aquí dentro, mimados y alimentados de posos de café, cerveza y otras viandas, agua con los restos de la aspirina efervescente que se quedan pegados en el vaso, por ejemplo. Contra todo pronóstico, esta dieta descabellada surte un efecto óptimo en ellos y se ponen hermosísimos.
Con la llegada de la primavera, vuelvo a sacarlos a la terraza y las lluvias de primavera y el sol del verano y el riego automático hacen el resto: se ponen así de hermosos. Pondría una foto en la que yo aparezco junto a este hermoso mandarino, para que apreciárais su tamaño por comparación, si no fuera porque se me ve la panza demasiado evidentemente.
Decido, entonces, que las personas de mi mayor afecto posean, en sus casas, mandarinos. Y ¿qué hay detrás de este reparto? Es una estrategia para dominar el mundo. Ellos, los afortunados, no lo saben, pero mi ADN está en esos mandarinos (tuve las semillas en mi boca, así que su primer alimento, su primer abono natural fue mi propia saliva). Si todo sale como lo he planeado, una mutación genética se dará en sus frutos y, cuando empiecen a brotar las primeras mandarinas, pequeños Wolffos colgarán, ocultos tras la piel, de sus ramas. Wolffos sonrientes, pero pertinazmente decididos a multiplicarse por reproducción sexual sencilla, es decir, lo que cierto tipo de gente suele llamar follando.
Mil cipotes wolffianos, enhiestos, vibrantes, saltarines y preciosos, buscarán pues por toda España vaginas incautas y fértiles a las que inseminar con su esencia gloriosa, llenando los vientres de España de la nueva especie. Mujeres sorprendidas, pero satisfechas, darán a luz pequeños arbolitos mandarineros con olor a mandarina, sabor a mandarina, pero pene wolffiano. Según mis ambiciosos y científicos planes, para el año 2012 más de la mitad de los españoles seremos Wolffarinos (Wolffos Mandarinos) y eso, queridos, es lo que hay detrás de todo.
Mi objetivo, mi único objetivo, es impedir que haya una eventual tercera legislatura con Zapatero al frente. Eso, simplemente eso, señoras y mandarinos, es lo que me empuja a dominar el mundo. Porque mis oídos no podrían soportar oír de nuevo, de labios de todo un presidente del gobierno, señores, no de un imbécil cualquiera en la barra de un bar, aquello de que nuestra economía juega en la Champions League de las economías mundiales. Eso es mucho para mí.
Paul Weller es uno de esos genios incomprendidos, creo, hasta por él mismo. En plena efusión punk, reinventó el espíritu de los Kinks y de los Small Faces y reavivó el fenómeno mod en Inglaterra. Y lo hizo con un grupo absolutamente primordial y maravilloso: The Jam. Después de unos años en los que dejaron un buen montón de joyas apenas reconocidas, tal vez cansado del anfetamínico mundo del rock, creó Style Council, una experiencia de música de calidad, elegante, apenas comercial, que dejó maravillas como este My ever changing moods. Aunque parezca mentira, esta canción tiene una versión de baile y otra, que es la que me atrapó a mí, y os presento hoy aquí, piano-bar, inolvidable. Paul Weller es un gran compositor, sin duda, pero es un magnífico guitarrista y un cantante extraordinario, aunque él mismo no lo sepa. Si oyes sus últimos trabajos en solitario, te darás cuenta de que su voz de arena, suena muy parecida a la de Eric Clapton, pero con una capacidad y un sentimiento infinitamente mayores. En esta versión mía estoy al natural, como los berberechos. Un micrófono al aire y yo y mi guitarra azul en una sola toma. Es lo más parecido que puedo poner aquí a cantarte al oído. Si quieres, claro.
Voy mirando los flancos porque, como una vez me dijo el Gran Viajero, las flores del recodo son lo más importante cuando vas camino de ningún sitio. Miro a mis costados, digo, y espero a descubrir las más hermosas flores que, ya sabes, nunca crecen del lodazal más infecto, aunque al poeta le guste decir cosas de ese estilo para epatarte. Pienso en porqué al poeta le gusta decir cosas de ese estilo y al final, concluyo que al poeta no le interesan, en realidad los rankings, sino la paradoja de la vida creciendo de la muerte. Es el hecho en sí de que, por ejemplo, salga una brizna, una sóla, pobre y miserable brizna de hierba, emergiendo de un cráneo abandonado en mitad de ninguna parte.
El éxito del viaje reside en la anarquía del movimiento. Acompáñame, si quieres, camina a mi lado, y busca tus propias flores, olisquea los márgenes y haz de cada etapa del viaje, una entidad mayor. Dale importancia a cada paso y cada tramo será una época. Si disfrutas todos los tramos, cada jornada será una epopeya y moverse, al final, será la gran odisea que siempre anduviste buscando.
Planificar, pues, está en contra del espíritu nómada de esta aventura. ¿Quieres venir conmigo? Te advierto que nunca he sido un buen viajero, pero prometo cantarte cada atardecer, tan cerca del oído como me permitas, y cocinar los víveres que el camino ponga a nuestro alcance.
Podría arar la tierra, abriendo en ella heridas rectas y quirúrjicas, ahondar en sus entrañas e inseminar sus revoltosos adentros, esperar un año a que la tierra se defienda de mis embestidas con frutos frescos y carnosos y hacerte la ofrenda de la tierra generosa que tú elijas. Podría, mi amor, claro que podría.
Podríamos establecernos en los suburbios de una gran ciudad y salir a camelar al mundo, como un vulgar sacamuelas, como un vendedor de específicos milagrosos, como un charlatán de feria, y ganar sustanciosos billetes y ponerlos a tus pies y seguir ganando y poniendo y ofertando. Pero ya no soy ese hombre.
Ahora, mi vida, estoy en el camino. Dejo que el sol me marque su ritmo, me dejo vivir al son que el rey del cielo decida, despertándome cada la mañana con su caricia templada y su jodida luminosidad; y que la luna me arrulle antes de que llegue la noche, no me impota ya trasnochar. No me importa nada.
No me importa ya lo que digan los demás, sol mío. Ahora, salvo tu atención, todo me da igual. Vivo en ningún sitio, de un lado para otro, moviéndome hacia ningún lugar. Sé que le brillas a todo el mundo, pero de vez en cuando, sencillamente pienso que estás brillando sólo para mí. Porque sólo yo te siento así de mío.
¿Qué más me da todo lo demás?
Acaríciame. Sé mi acompañante. No rellenes los silencios con frases innecesarias. Acepta mis cambios de humor, porque éstos son los verdaderos cambios que encontrarás en el camino. Sencillamente, acepta que desde hoy, y ya por siempre, estoy en el camino. Camino de dios sabe dónde. De ningún sitio.