En 1988, recién terminados mis estudios de publicidad, y después de una sudorosa entrevista en inglés (mi entrevistador estaba apurado de lo mucho que me hicieron sudar sus preguntas), obtuve mi primer trabajo “serio” (ejecutivo de cuentas) en Media Planning, una central de compra de medios o, como a ellos les gustaba llamarse, una agencia de medios.
Era un trabajo de corbata y todo era bastante cómico y todo el mundo se tomaba a sí mismo muy en serio y yo no entendía nada. Casi en seguida conocía a una damisela encantadora, de mi edad, que parecía en ese mundo tan raro de reuniones y “mucho lío” y “muchos temas”, casi tan perdida como yo. Esa chica era una lectora habitual de estas peroratas, la conocéis como mahomal (hace 21 años que somos amigos, ya, mahomalilla, ¿no te da miedo?). Y era un gustito hablar con ella.
Entre las cosas peculiares de mahomal estaba la forma en que hablaba de su familia y de las cosas que pasaban en su casa. Cuando contaba cosas de su familia, te imaginabas una película de esas “de clima” en la que cualquier cosa que se cuenta es agradable, no porque sea especialmente graciosa, o entrañable, o emocionante, sino porque pasa en esa peli, no sé si me explico bien. Me hice amigo de mahomalilla porque es algo inevitable: es dulce, guapísima (aunque ella no lo sepa) y su cara es de esas cosas que no te cansas de mirar, porque te transmite tranquilidad, confianza y esas cosas. Además es una persona buena y muy, muy divertida. Y lista como un rayo, y lo pilla todo un minuto antes de que lo digas, y es un placer hablar, largo y tendido, de cualquier cosa con ella.
No estoy seguro de que las cosas, cronológicamente, sucedieran así, pero así es como las recuerdo. Pasaron los años, no sé cuántos, y yo seguía siendo amigo de Mal, y me contaba cosas de su familia y un día me habló del programa de televisión que hacía su hermano en una tele local (puede que fuese Tele Sierra, o algo así, no lo recuerdo bien). Se llamaba Tómbola y me instó a que lo viera. Lo vi.
Era un programa de esos que destilaba inteligencia y sentido del humor por todas partes; un programa hecho con –literalmente- dos duros, en el que su hermano, Joe Clemens y otro partenaire daban rienda suelta a su imaginación y el resultado era desternillante. Lástima que en aquella época YouTube fuese menos que un sueño, porque seguro que hubiera estado inundado de sketches de Tómbola. Por cierto, el programa tenía como sintonía la canción de Marisol y tanto el título como usar la sintonía, se lo copiaron a ellos los del programa de “debáter” del corazón. En mi casa se veía ese canal palculo, así que apenas vislumbraba los programas y a Joe luciéndose, pero aún así, creo que era los sábados a la tarde, lo veía siempre que me pillaba en casa.
Llegado un momento, pasadas sólo unas semanas, no sé si porque la tele cerró, o yo dejé de verlo por que orientaron la antena comunitaria de otra manera, dejé de ver Tómbola. Un tiempo, no demasiado, después, me surgió la oportunidad de participar en el nacimiento de una revista de humor gráfico. La revista se llamaba Q+K (no me preguntéis porqué, porque ni idea) y necesitaba colaboradores.
Yo participé con cinco artículos (un relato, un par de tiras cómicas, y dos secciones de paridas al por mayor) y con cuatro seudónimos, además de mi nombre, claro, pero aún así hacía falta más material. Creo que la cosa fue así; llamé a Alicia y le pregunté por su hermano, quien me había impresionado muchísimo con el programa de TV, por si le interesaría colaborar. Le interesó, claro, y envió una colaboración desternillante con una especie de relato, creo, acerca de un cura, o de misa, o algo así; han pasado muchos años y no recuerdo muy bien. Lo que sí que recuerdo es que era, de largo, el mejor artículo, la mejor sección, de la revista número 1. Salió esa y el número 2 y la revista cerró apenas antes de haber abierto.
Pero mientras preparábamos el número 3, los editores (unos personajes) nos llamaron, creo, a Joe y a mí para hacer una especie de revista/cómic de humor gráfico, también, pero cuya temática giraba en torno al fútbol. Su idea era ahorrar como cabrones. Entre Joe y yo teníamos que escribir la revista entera, y contrataron a ilustradores estudiantes de bellas artes, a quienes pagaban una miseria por página ilustrada. Ahí sí que tuve la ocasión de conocer a Joe y trabajar con él casi codo con codo. Nos hicimos la revista entera, esquivando las disparatadas ocurrencias de los editores sin poner mala cara y participamos en unas cuantas reuniones previas bastante psicodélicas para dar forma a la revista; cada vez que terminaba una de esas reuniones, Joe y yo nos tomábamos una caña en un bar cercano y tratábamos de procesar la experiencia de la reunión: ¿es posible que haya sucedido lo que acabábamos de vivir? Porque las sugerencias de los editores eran absolutamente descabelladas e idiotas a más no poder. Algunas con temática “de actualidad”:
- Una sección se tiene que llamar Champiñons Gil (por Jesús Gil, ese hombre, cuyo equipo, el Atleti, ese año iba a jugar la copa de Europa). Champiñons Gil, ¿lo pilláis? Es super gracioso… - claro que lo entendíamos pero, coño, que alguien me diga, ¿dónde estaba la gracia?
Otras veces, sus sugerencias tenían un tinte más comprometido, demostrando su inquietud social
- En Brasil, en las favelas, con el hambre y lo delincuencia y todo eso, es donde salen los mejores futbolistas. Hacen una cosa así a la gente (el tío se levantaba de la mesa y lo representaba, tirándose al suelo, y daba una especie de patada al aire con su pie paralelo al suelo) y eso es lo que hace que sean grandes futbolistas… podíamos escribir sobre eso
Era difícil hacerle entender varias cosas:
a) que eso que acababa de decir no tenía ni pies ni cabeza
b) que no tenía gracia
c) que no tenía interés
d) que además se lo acababa de inventar y que, por lo tanto,
e) era mentira y no lo íbamos a contar.
pero conseguimos que lo entendiera. En esos días me di cuenta de que Joe Clemens era un genio absoluto. Escribíamos de fútbol, desde otro punto de vista, claro, y sus textos eran brillantes, inteligentes, hilarantes y además el tío era de lo más normal. Disfruté muchísimo escribiendo esa revista que no llegó a salir (casi mejor, porque se iba a llamar SÓLO FURBO con el subtítulo pa reí) y nunca llegamos a cobrar. Fue una experiencia cojonuda, de todos modos, os lo juro.
Desde entonces, me alejé de Joe, del que Mal me daba noticias, y a quien vi un día, aisladamente, en un concierto en el Aperitoche, en Las Rozas. Le recuerdo en una esquina con sus amigos, gritando a voz en cuello "All right now". Pero perdí el contacto con él totalmente.
El año pasado, me llamó para proponerme una entrevista (en calidad de creativo publicitario) en su programa de C+, CinExpres, se llama, creo, y cuando vinieron a casa, la verdad es que pasé un rato genial. En un momento dado, me acordé de un anuncio espantoso de Pascual y nos reímos un rato.
En fin, verlo de nuevo después de tanto tiempo estuvo bien y por Mal supe, un poco más tarde que abría un blog de cine y TV. Es un blog fantástico, que se llama Elegí un mal día
para dejar de fumar, un homenaje al personaje que trata de tomar, desde tierra, el control del avión en la disparatada Aterriza como puedas. En él, además de reírte a mandíbula batiente con su humor inteligente, te enteras de cosas curiosas del mundo del cine y la TV y, si le da nostálgica, recuerdas algunas cosas fantásticas. Pero Elegí un mal día es un sitio fabuloso para leer porque Joe Clemens, creedme, escribe maravillosamente. Y creo que cualquier día que elijáis será un buen día para conocer a Joe Clemens.
Ea.
p.d.: Y de refilón, otra hermana de Mahomal, y por lo tanto hermana de Joe Clemens también, de nombre Beatriz, a quien no tengo el gusto de conocer,
publica un fabuloso e interesantísimo (pero interesante que te cagas, lo digo en serio) blog sobre cine clásico, llamado La Gran Pantalla . De hecho, el título de este post me lo inspiró una peli clásica de esas en b/n, de Kapra, creo, aunque no lo juraría, que siempre me recuerda a la gente que ama el cine, como se nota que le pasa a Beatriz. La Gran Pantalla, otro blog Clementiniano que todo el mundo debe conocer.
jueves, julio 23, 2009
meet joe clemens: cualquier día es un buen día
lunes, julio 20, 2009
piel (la fiesta estaba en su)
La fiesta estaba resultando extraordinariamente animada. Todo el mundo estaba a gusto y los músicos tocaban a un volumen más que asumible, de modo que no era necesario gritar para hablar, aunque a mí me guste acercarme a tu oreja para hablar, porque adoro tu olor. Si miras hacia allá, junto a la piscina, y te fijas en ese cantante ligeramente obeso que con pantalones negros de cintura alta y ceñida y amplia y vaporosa camisa con chorreras, menea las maracas al ritmo de la música, me estarás viendo a mí. El poder que emano, desengáñate, me lo otorga el micrófono, claro, la gente mira al tío que tiene el micro por la sencilla razón de que habla más alto. Pero si me sirve para que dejes de lado al pelmazo ese y bailes con alguien más decente, bueno daré mi esfuerzo por bien empleado.
Después de un repaso por lo peor del panorama musical que ha dado en llamarse “latino”, presento una canción hablando a los asistentes en general, pero espero que entiendas que es para ti, sólo para ti.
- Y ahora, permítanme dirigirme a las damas y caballeros presentes, y –haciendo un ademán que abarca a todos- a ustedes también (risas aprobadoras) para interpretar un cha-cha-chá de mi cosecha que se titula “El momento después”. Esta canción nació cuando investigaba unos acordes de Jazz. Sonaban muy bien, así que un día, vino Buch a mi casa, y le toqué la progresión de acordes en mi guitarra acústica. “Suena a Bossa”, me dijo. Me quedé un poco de piedra, porque era verdad. Eran los mismos acordes que, un par de horas antes, tocados con la pastilla grave de una guitarra eléctrica de caja sonaban a jazz clásico, del Cotton Club, os lo juro. Así que, a pesar de que detesto todo a lo que, aunque sea de refilón, pueda ponérsele la etiqueta de “latino”, me dispuse a escribir una canción de ese mundo, en lugar del jazz, que me es completamente ajeno. Cuando a los acordes les añadí la progresión del estribillo, empezó a sonar a cha-cha-chá y asumí que esta no sería una nueva canción para los Ciclones y que sería una de mi repertorio en solitario. Me encanta el crescendo de la canción hasta el final, la línea de bajo, los juegos de la guitarra eléctrica y el festival de voces del final (9 voces a la vez en el momento álgido). Y el solo de guitarra, tan corto, tan vital, suena tan bien… Es una canción dedicada a las chicas que se enredan las piernas al sentarse, a las que se dejan juguetear debajo de la mesa, a las que te piden que les des crema en la espalda y a las que cruzan su mirada contigo sonriendo cuando se dan cuenta de que las estás mirando en mitad de todo lo demás. A las mujeres que gustan de hablar y reírse en el momento después del amor y que saben que lo mejor del sexo empieza justo en ese momento en el que para casi todo el mundo, todo ha terminado. Porque es ahí donde empieza todo…
Entonces, me di cuenta de que, como presentación estaba resultando un poco larga y me puse a cantar.
El momento después
Has de saber que no soporto verte
Sentada enredadera, tomando café
Mis ojos locos lamiendo tus pies
Mis manos ajenas a todo el pastel
De pronto te ríes y no sé qué hacer
Me monto una historia, me entrego al placer
de imaginarte a solas, en el momento después
Has de saber que cuando empiece a llover
Todos se habrán ido y yo... pues no sé,
Aunque supongo que a tu lado estaré
Pidiéndote a gritos que me des cuartel
Y tú, cuando lloras, es que no me ves
Y yo, que te miro y me siento crecer
Hablándote al oído, en el momento después
Y te acaricio avaricioso la piel
Como si fuera la última vez
Si fueras reino, sería tu rey
Maldita sea la ley
Dame un momento y despega otra vez
Todos nos miran, nadie nos ve
Ahora no hables, déjame hacer
Hablemos un momento después
Y has de saber que el frío ya no vive aquí
Que el hielo derretido no te puede herir
Que hoy llueve y descuida, que no voy a huir
Que soy el héroe del final infeliz
Cierra los ojos, déjate ir
Mientras me alojo, te lleno de mí,
Y nos reímos juntos, en el momento después
Espero que os guste, porque para mí, es una pequeña joya.
domingo, julio 12, 2009
ya vuelvo
Una semanita y vuelvo.
Podéis dejar mensajes de apoyo, transferencias bancarias y comprar el libro cuyo balance de inversiones/ventas, por cierto, ya arroja un saldo positivo de 6,12€.
Pero no está de más que para este veranito, para la playa, los que no hayáis hecho acto de compra aún, lo hagáis por el bien de vuestras almas y cuerpos.
Me voy a las cuevas, lejos de la playa, pero ya vuelvo con aventuras trogloditas.
Felicidad.
jueves, julio 02, 2009
lo que tú no ves

Hola. Soy lo que tú no ves, lo que viene después. Soy lo que no esperas, lo que te aterra y lo que te mantiene en pie. Yo soy lo que no has hecho jamás, y lo que viene detrás de eso… ya sabes, soy el duende, y el monstruo que te ha de llevar.
Soy lo que tú no crees, niña, soy mentira, soy al revés. Vale, soy un cabezota, un pobre idiota… pero soy el dueño de la pelota. Así que soy yo el que no te deja jugar y el que tantas veces te ha hecho llorar. Sí, soy el que sueñas y al que no puedes mirar
.
Búscame, cuando quieras encontrar eso que sólo te atreves a decir en voz en baja, cuando estás sola. Y encuéntrame, si lo que quieres es buscar eso mismo. Si has perdido la cabeza de tanto pensar en ello y si te gustan las sorpresas de verdad.
¿Y qué si todo lo que te digo no es verdad? ¡Larga vida a las mentiras, joder! En este juego, todo vale, si la rueda gira. Es así de simple: me pasé de vueltas y ya mi alma no se estira, y con cada día de caza por el barrio, se rompe, borracha de ira, y se queja. Ya lo ves, ahora, esta vieja malnacida, dice que hoy está aburrida. Voy a dejarlo, ¿sabes? Porque, aunque te parezca que la batalla está reñida, esta guerra… está perdida
Soy lo que te faltó por hacer. Y también, claro, lo que a otros les sobró. Soy el que vuela, el que te entierra, el que te acorraló. Soy el que te hizo despertar, el otro, el que hace dudar, soy ese amigo del que no, de ninguna manera, te puedes fiar
Búscame, ya sabes, si estás perdida… y me encontrarás.
Lo que tú no ves, la canción.
Esta canción tiene... unos cuantos meses ya. Es de diciembre de 2008 y la compuse como una canción para los Ciclones, aunque aún no hemos empezado a ensayarla (ya os vale, cabrones). Hay una cosa un poco infantil en esto de tener un grupo que me recuerda mucho a las pandillas juveniles, y ese es el espíritu que quería reflejar en la canción. Es una canción esencial, cruda y muy pop. Sólo tiene dos guitarras, bajo y batería y voces, claro. De hecho, las voces son muy importantes.
Empieza a capella, con tres voces crudas que dicen el texto sin adornos, limitándose a él. Entra el bajo y los platillos de la batería y, gradualmente, las dos guitarras.
Me encanta el sonido de la canción, lo crudas (y bonitas) que suenan las guitarras y la melodía, un poco alambicada, pero que se desencadena como debiera hacerlo el elixir de la eterna juventud: fresca y naturalmente. Espero que te guste, porque a mí este tema me flipa.
Lo que tú no ves, el videoclip.
Hace mucho tiempo que tenía en la cabeza la idea de grabar un videoclip que diera vueltas al bucle argumental "niños haciendo de mayores en un juego de niños". Era una idea anterior a la canción y el día que terminé la canción, no quise colgarla aquí, como suelo hacer, porque supe que era la canción del "clip de los niños" y quise hacer el tema con un pequeño audiovisual.
Le comenté la idea a los papás y mamás y la familia, a ver si estaban dispuestos a dejar salir a sus nenes en un clip casero y a ayudar en la realización, porque para hacerlo íbamos a tener que dedicar un día entero de no poco esfuerzo y paciencia. Mi temor principal era que los niños se cansaran y no quisieran grabar.
Escribí un pequeño guión de rodaje, con una descripción de las tomas que debían grabarse y ese guión, junto con la canción, fue distribuido a la familia con el objeto de que los niños fuesen oyendo la canción y se familiarizaran con ella. Esto era delicado, ya que no era (no es) una canción atractiva para los niños, y como era delicado, este punto fue ignorado, seguramente porque tampoco debía ser una canción demasiado atractiva para los padres.
El día de la madre, 3 de mayo, fue el día elegido para grabar. Íbamos a reunirnos todos en casa de Pilarilla y allí había sitio y ambientillo para hacerlo. MariClelia's, su hija Sabina y MariPili's (madre de Diego, Olga, Jaime y Daniel), se encargaban de la dirección artística y producción: vestuario, ambientación, maquillaje, asistencia a los actores, catering y todo eso. Quique (padre de Celia y Sergio) y Richard (padre de Óscar y Raúl), ayudados por Susana y Juan (patriarca) harían (hicieron) de operadores y yo me limité a dar la brasa al personal y a torturar al mundo con mi pesadez.
No pudimos grabar todo lo que queríamos, pero con lo que grabamos obtuve material para hacer esto que podéis ver hoy aquí. Es un clip adorable para nosotros, que vemos a nuestros hijos y sobrinos actuando, y no sé cómo resultará para vosotros, pero a mí me parece que es muy simpático el resultado. Y la canción, insisto, es la caña.
En fin, ustedes lo disfruten.
Y gracias, de nuevo, a Diego, Sergio, Olga, Celia, Jaime, Daniel y Óscar, las auténticas estrellas de este clip, sin los cuales...
martes, junio 30, 2009
... y así fue
Estuvo genial.
Gracias a Ararat, Aroza, Arturo, Fantasma Paraíso y Diana, Joe Clemens y Mahomal y a Concha, MariKontxi's, (cuyos videos no os podéis perder, vedlos en su Canal YouTube) que son los que estuvieron allí de los que habitualmente visitan esta bitácora.
Aquí tenéis una pequeña muestra de cómo fue la cosa, gentileza de Concha, que además, se había pasado el día anterior por un ensayo. Está curioso.
Bueno, estad atentos a las pantallas, que pronto, muy pronto, otro estreno audiovisual magno. Mientras tanto, los que aún se resisten, podríais comprar el libro, que sólo me queda vender un ejemplar para recuperar mi inversión. ¡ánimo!
eMail Presley al ataque
¿No es fabuloso, el tío?
Este video es obra de Merce, la chica de Bienve, que no se pierde un concierto y los graba todos. Un beso para ella.
viernes, junio 26, 2009
Ven a ver a los Ciclones
El sábado, 27 de junio a las 22:00 en
LA ÓPERA FLOTANTE
Eugenio Salazar, 32
¡No te lo pierdas!
Todos hablarán de ello.
jueves, junio 25, 2009
labor de relleno
es este uno de esos días en los que me preocupa lo que el mundo piense de mí. Quizá se deba al hecho de que el sábado toco y mucha gente podría ir a verme. Mucha gente que lleva mucho tiempo diciendo que a ver si toco un sábado en Madrid. Bien, el momento ha llegado y yo estoy, huelga decirlo, nerviosísimo.
Los Ciclones somos cinco, pero no puedo evitar sentir una cierta responsabilidad personal ante lo que suceda el sábado. No digo que Los Ciclones sea un proyecto mío, pero yo lo vivo así, es decir, son mis nervios, mis responsabilidades las que me pesan, las de los demás, sólo puedo intuirlas.
Para hacer una labor de relleno, he compuesto esta canción, “Por si”, a ver qué es lo que sucede con ella. Es un tema intrascendente, guitarrero y machacón y seguramente no lo tocaremos nunca los Ciclones, como tantos otros temas, pero a mí me gusta subir estos temas tan, tan personales, mucho más de lo que acaso pueda parecer. Con cada canción de estas que son más wolffas que ciclonas un pedacito de mí sale a darse un garbeo por la plaza pública y a veces, algunas veces, tú entiendes de lo que estoy hablando, ¿verdad?
(He subido una versión nueva de la canción: he cambiado la voz principal y he toqueteado un poco la mezcla. Creo que ahora está mejor)
Me he comprado una olla a presión
Porque oí que te hiciste del Barça
Compré la camiseta de Eto’o
Con lo mal que me caía
Y la pasta que me costó
Pa no verla cada día
Está guardadita en tu cajón
Pienso en el momento en el que te oí marchar
Subí el volumen de mi instrumento para no oírme llorar
Todos los días lamento que no me oyeras tú a mí
Te juro que no es un cuento, a veces siento que sigues aquí
Por si un día me llamabas
Un teléfono compré
Por si, a veces, chateabas
Me hice un fiera en la red
Hice amigos a montones
casi podía olvidarme de ti,
Pero ni un millón de emoticonos
Se parecen a oírte reír
Pienso en el momento en el que te oí marchar
Subí el volumen de mi instrumento para no oírme llorar
Todos los días lamento que no me oyeras tú a mí
Te juro que no es un cuento, a veces siento que sigues aquí
Por si estás al otro lado
Por si aún me quieres oír
Por si aún no te has cansado
Por si te sigue gustando reír
Por si te has enamorado
Por si sigues siendo así
Por si ya te has olvidado
De lo que te quiero a ti
martes, junio 09, 2009
esa locurita que es tener un grupo, la morcilla elefante y soy como Cyd Charisse
tocar en un grupo tiene muchas cosas buenas, pero cuando es un grupo de pringaillos, tiene una cosa, sobre todas las demás, que es un completo coñazo: montar y desmontar el equipo. Es lo peor.
Cada vez que hay un concierto, sabes que te tocan un montón de horas del día dedicadas a desmontar el equipo del local de ensayo, meterlo en los coches, llevarlo al sitio donde vas a actuar, montar el equipo (tocar) y cuando lo único que te apetece es tomar una copa tirado y dejar que las imaginadas (y casi nunca materializadas) y sexys fans te halaguen, te soben y te besen, tienes que levantarte y empezar a recoger cables, altavoces, monitores y todas esas cosas.
Es algo que no tiene glamour ninguno, lo juro.
Y si encima eres tan tonto como yo, mucho peor.
Llevo muchos años tocando por ahí. Las he visto de todos los colores. He dado conciertos para nadie (y nadie quiere decir nadie, cero personas), para montones de gente indiferente, en pueblos donde querían darnos una vuelta a hombros y nos obligaron a fumar porros como trompetas, y en otros donde querían corrernos a gorrazos “por cantar en inglés en plan chulito”. En bares donde a nadie le importábamos un pimiento y hasta he tenido una oferta de sexo múltiple (dos mujeres, vamos) después de un concierto, que, maldición, tuve que rechazar. Pero, a pesar de eso, me pongo nerviosísimo antes de cada concierto. Creo que he comentado ya que yo nunca bebo alcohol. No por nada, es que no me gusta el sabor de cuantas copas he probado. Pues bien, cuando voy a tocar, me aprieto 4 vodkas o no toco. Y mientras toco, sigo con ello.
El viernes 29 de mayo, día que los Ciclones empezábamos nuestra exitosa gira (no se habla de otra cosa, vamos) era uno de esos días.
Desde por la mañana estaba hecho un manojo de nervios. Había quedado con Celia, jefa, dueña y a la sazón, cuñada, para ver cómo decorábamos la sala (fondo de escenario, luces, etc). Buch vino a casa y me ayudó a llevar el equipo al Plaza Mayor. Pero al llegar, mira tú por dónde, Celia se había olvidado de mí y allí no había ni escenario ni Celia ni nada. Total que cuando Buch se fue (perro traidor, pero, al fin y al cabo, ¿qué vas a esperar de un teclista?), apenas habíamos puesto uno o dos cables y me quedé allí con el marrón yo solito.
Cuando, a media tarde, empezaron a aparecer Ciclones yo estaba con un cabreo de cojones, sin comer y en medio de un ataque de nervios de primera. Os ahorro detalles de cosas que me quemaron más todavía (pero hay alguien que debería aprender a no apagar el puto teléfono móvil), pero a las 7, que estábamos ya todos juntos terminando de montar el equipo, yo ya estaba completamente mamado. De cansado, no de bebido.
Fui a echar un cable por detrás del escenario, una maniobra sin complicación alguna, en condiciones normales, y al ir a sortear por arriba, un monitor de escenario, de esos en forma de cuña, noté que me daban un auténtico y genuino hostión en el gemelo de mi pierna izquierda, a la sazón mi pierna de apoyo en la miniproeza física que estaba ejecutando, como un golpe seco con una barra de hierro o algo así. Me di la vuelta, deseando que fuera alguien más débil que yo sobre quien pudiera descargar mi frustración de todo el día, la ira acumulada en 5 horas, pero allí no había nadie. Nadie me golpeó: simplemente, mi gemelo izquierdo, se rompió.
Terminamos de montar el equipo y aquello me dolía tanto que fui al médico, de urgencias, a ver si me daba algo que me calmara el dolor (yo ya me había comido dos ibus por mi cuenta). eMail, el guitarra de los Ciclones, que iba a quedarse en mi casa a dormir, me acompañó al ambulatorio. Allí no me diagnosticaron nada, pero me dieron Nolotil, un gel calmante y me pusieron una exagerada venda bien apretaíta para que aguantara el tirón esa noche. Debo decir que aguanté. La adrenalina es una poderosa droga y pude enfrentarme al concierto sin demasiado dolor.
Al terminar el concierto empecé a sentir verdadero dolor y el cansancio del día se me cayó encima. Al día siguiente, el dolor había aumentado y por la tarde, estando en casa de mis suegros, se hizo insoportable. Tenía la pierna hinchada como la pata de un elefante sufriente y me dolía solo mirarla, no os quiero contar la experiencia de intentar apoyarla.
El hecho es que me despertaba bien, con la pierna hinchada, pero el dolor, con el descanso nocturno había remitido, así que hasta el miércoles no volví al traumatólogo, que se llevó las manos a la cabeza al ver el estado de mi pata: un estadio intermedio entre pata de elefante necrótico y morcilla de Burgos. Si no eres aprensivo, abre la fotito en otra ventana/pestaña y verás qué horror.
En fin, me recetó un pico de clexane diario, Ibu y, sobre todo, reposo y pata en alto tanto tiempo como pueda soportarlo. Debo decir que no me importa pincharme en absoluto, pero lo de no poder salir de casa (porque no puedo conducir) y llevar casi dos semanas sentao me está matamdo de aburrimiento. Pero, se me olvidaba, el traumatólogo me prescribió también una media de esas que comprimen y debo decir que esa es la parte mejor de mi lesión: he descubierto que mis piernas pueden ser preciosas. Como las de la mismísima Cyd Charisse. ¿O no?
Nota social: Recuerda que el sábado 27 tocan Los Ciclones en Madrid, en La Ópera Flotante, a las 10 de la noche (Eugenio Salazar, 32). Nota decente: ¿Aún no has comprado el libro? Pues ya estás pinchando aquí: Tiembla, cariño: hoy cocino yo.
Amos que...
lunes, junio 08, 2009
la soledad
No milk today
(Herman's Hermits cover)
Herman's Hermits son un grupo típicamente british y típicamente sesentero. Si te gusta la música de los años 60, te gustarán. Esta canción es la típica que todo el mundo conoce sin saber que la conoce. En cuanto oyes la primera frase, ya está, ¡zas! ¡claro, hombre, era esta...! En fin, esta canción me ha inspirado este post, como es evidente y me gusta desde que tengo memoria. En cuanto la escucho, no puedo dejar de cantarla en tres días. Hace tres días, mi hija Leticia, que está super sixties últimamente, tenía puesta esta canción mientras estudiaba y ya me ves... no milk today, my love has gone away...
Lo primero que me enamoró de ti fue tu letra. Me enamoré de tu letra, aunque parezca idiota. Solía pasar, como flotando, todos los días por delante de la puerta de tu casa y mirar la sucinta carta, monocarácter más que sucinta, que dejabas cada día pegada en la puerta de casa, bajo el picaporte (1, 2, a veces 3) con la cifra pintada con a pincel, de un llamativo color rojo oscuro, y de trazo muy grueso. La mano que pinta semejantes números, debe ser una mano frágil y fuerte a la vez, una mano con misterio, pensaba yo, una mano capaz de crear colores únicos, de descubrir el verdadero sentido del arte, una mano que, al imaginarla yo ahí, justo ahí, me haría olvidarme del mundo.
Me preguntaba yo quién era el afortunado receptor de esas misivas tan públicas, por su impúdica exhibición, tan privadas, por su significado oculto, y tan desesperadamente
sinceras, concisas y esenciales. Sencillamente un número bastaba para decirle a tu amado lo que querías decirle, comunicabas con sólo un carácter tus necesidades del día y yo, que no soy más que un sentimiento solitario, envidiaba la parquedad de tus epístolas enigmáticas como el necio envidia las incomprensibles pero musicales palabras del poeta. Yo, que necesito párrafos y párrafos para expresar un gesto; que escribo en diez páginas lo que acaso sólo necesitase diez líneas; que gusto de extenderme sobre el papel, para que no se me encoja el alma al escribirte, que necesito más palabras que segundos para decirte cuánto te amaba, leía con los dientes largos esas parcas cartas y deseaba que fueran para mí.Fue mi imaginación la que tomó el testigo de la envidia y asumió como propias esas invectivas en forma de carta en post-it; como si fuera yo el interlocutor de esa comunicación arábiga, cuando veía el más común, el 1, imaginaba que, en realidad, lo que querías decir es que yo era el único, el uno para ti, y que con ese uno solitario y enhiesto uno te referías, dulce metonimia, a mi polla, y hacías ver como que tenías necesidad de ella, de sentirla entrando y saliendo de ti, o jugueteando con ella entre tus artísticas manos o tus labios celestiales, cerrados en torno a ella en forma de oh, sorprendida, tal vez, por su vibrante calidez.
Si dos era el número, quise creer entonces que te referías al amor verdadero. Porque tú, como yo, pensamos que eso de que dos se hacen uno cuando se aman es una soplapollez. El verdadero sentido del amor es la dualidad, el saber que el otro el es otro, y que su otredad sea la causa del amor, y te imaginaba exponiéndome apasionadamente tu argumento: Te amo porque eres distinto, porque no eres como yo, y no quiero que te conviertas en mi reflejo al amarme, ni que te transformes en la imagen ideal que tengo del amor al amarte yo, quiero que ames lo distinta que soy de ti y quiero amar a ese ser original y distinto que he descubierto en ti. En eso pensaba yo al ver el 2. Dos. Y dos tetas, claro, en eso pensaba a veces, también.
Y si el travieso tres atravesaba el cachito amarillo de papel de lado a lado, entonces pensaba en cómo sería la primera noche que nos viéramos. En cómo fue. En cómo al verte tan hermosa, tan sexual y tan mujer, nada más entrar en ti, de puro amor, me derramé sin remedio y sin darte nada más que mi impaciencia. Pero tú no me miraste mal. Tu sonreías agradecida (eso lo supe más tarde) de que te amara con semejante urgencia. Pero mi orgullo herido me hizo recuperarme en cuestión de minutos y volver a estallar antes del cambio de tercio porque, sencillamente, me urgía igual. Y tú fuiste paciente, amante y cariñosa y dejaste que las cosas sucedieran por tercera vez, esta vez como tenían que ser, lentas, firmes, suaves y crecientes, sudadas y abrazadas y tus gemidos y mis envites siguieron el mismo ritmo, y el andante fue breve, el moderato dio paso al allegro y este, casi sin solución de continuidad, se convirtió en vivace y Molto vivace y ¡viva Cartagena!, los fuegos artificiales, en honor a tu piel mediterránea nos bendijeron a la tercera.
Y yo pasaba así los días, pasando ante tu puerta y viendo tus cartas e imaginando que eran mis cartas, viéndote sin verte, amándote sin conocerte.
De modo que aquel día, aciago, en que en lugar de un número, sencillo, práctico, evocador, redondo, ensoñador, leí una frase completa, “no más leche”, quise seguir engañándome y pensé que lo que querías decirme, de una forma directa, como tú eres, es que usara preservativo porque tú habías dejado de tomar la píldora y que, en pocas palabras, no querías terminar el asunto pringada.
Fui a la farmacia y la boticaria, Mrs. Brown, lloró al verme entrar. Es una farmacia grande, en la que deben trabajar unas quince personas, pero la pillé sola, desprevenida, con la guardia baja y eso la hizo temblar. Quiso cerrarme el paso:
- ¿Otra vez tú, Soledad?
- Sí, soy yo, pero no vengo a por ti, tranquila, vengo a por condones
- ¿Condones? – le chocaba, claro, que la soledad quisiera condones, aunque tampoco es tan raro, ¿no?
Salí de allí, pues, perfectamente protegido para una relación sexual plena y segura y volví al palacio donde vivía mi amada, pero allí no había nadie, excepto Gerry Hermit, hijo de Herman, el muchacho que hace el reparto de leche en su camión blanco, poniendo cara de circunstancia y llevándose las botellas vacías mientras en el radiocassete de su furgoneta sonaba “A kind of hush” pero no en la versión de los Carpenters, sino en la otra, la british, ya sabes.
Así que nada, compuesto y con condones sabor fresa, me amé a solas en el patio trasero, pensando claro, en Mrs. Brown, ¿en quién si no?
Nota sanitaria:
- Mi pierna va mejor.
Nota decente:
- ¿Aún no has comprado el libro? Pues ya estás pinchando aquí: Tiembla, cariño: hoy cocino yo.
martes, junio 02, 2009
animicus, un estado de cordura.
Detrás
Esta es una vieja canción mía, que por alguna razón no parece mía, pero que me encanta. Los más viejos del lugar quizá la recuerden. Un día me gustaría grabarla con una orquesta de verdad. Quedaría de lujo.
Animicus, joven descarriado y loco, el hombre que te pide para un bocadillo, el que te cuenta su desgraciada historia a menos que seas hábil y sepas escapar, el que te acompaña y te lleva las bolsas hasta la puerta de casa, agradeciéndote luego con una ancha sonrisa lo que le des, por poco que sea, no acepta, sin embargo, las monedas de Mrs. La’Teef, la mujer que le ha robado el corazón.
Nadie se lo ha dicho, porque nadie le cuenta cosas, aunque él aceptaría de buen grado que la gente le devolviera su generosidad con las historias, pero sabe que Mrs. La’Teef conoció épocas mejores. Hubo un tiempo, de eso Animicus está seguro, en que por llevarle las bolsas sonriendo, diciéndole cosas agradables de sus hijos, y hablando animosamente mientras la ayudaba, Mrs. La’Teef le hubiera dado, además de esas maravillosas gracias sonriendo que sólo ella sabe dar, sus buenos 10 pavos. Y quizá, Animicus dejara de trabajar por ese día y se hubiera comprado un filete de vuelta a casa, y se hubiera encerrado con sus recuerdos y, borracho de nostalgia, habría pasado una buena tarde.
Animicus, el loco amable y sin techo que tiene cada barrio, vuela bajo esta tarde y se da cuenta de lo mucho que le importa Mrs. La’Teef, lo que le ocurra y todo lo que tenga que ver con ella. Desde hace un tiempo ve en la mujer dorada un resto de tristeza en su mirada resuelta y percibe un deje quebradizo en su tono de voz. Le da la sensación de que cuando la ayuda con las bolsas, cuando sujeta la puerta del ascensor mientras termina de contarle la historia de ese día, cuando se despide de ella tratando en vano de que sus miradas se crucen, ella está apunto de echarse a llorar. Animicus no es del todo buena persona y, aunque a su manera, ama a Mrs. La’Teef, le gustaría que rompiera a llorar, porque si bien eso significa un sufrimiento que, en realidad, no desea para su amada, le daría ocasión de consolarla.
Tal vez se dejara abrazar, acaso pudiera pasarle el pulgar, dulcemente, por la mejilla, para enjugar sus lágrimas…
Aquella mañana, Mrs. La’Teef salió un poco antes a comprar y Animicus estaba pletórico, se sentía vivo. Al salir del super, Teefy estaba tan atractiva como sus 51 años delataban: cada uno de los días, de los minutos de su vida, todo lo vivido le había dejado huella, contribuyendo a hacerla, a los ojos de Animicus, mucho más hermosa que el resto de las mujeres. Adoraba su mirada cansada pero sabia. Su sonrisa tan sonreída y tan mordaz, la curva de su espalda, sus caderas anchas y la frágil majestad de su porte.
- Perdone, señora, deje que la ayude, usted no puede cargar con todo ese peso, para eso estoy yo… usted no se preocupe de nada, que yo le llevo las bolsas, faltaría más… deje, deje, que se va a romper las uñas…
- ¿Las uñas…? – dijo Mrs. La’Teef mientras se detenía con una sonrisa agotada que daba carácter al momento – Mira mis uñas… - dijo enseñando a Animicus sus mordidas y casi inexistentes uñas. Animicus no daba crédito, era la primera vez que, fuera del “gracias” habitual, se dirigía a él su adorada señora.
- Tiene usted unas manos preciosas, deje que la ayude…
- Hace años tenía unas manos preciosas, ¿sabes? – Mrs. La’Teef hablaba y parecía que hablaba con Animicus, pero éste sabía que no era a él, sino al inexistente hombre que añoraba, al que, melancólicamente, se dirigía su amada. – Pero ya no me las cuido, porque ya todo me da igual, ¿entiendes?, ya nada me importa…
- No me diga esas cosas, señora, - Animicus se encontraba incómodo ante tanta franqueza: estaba acostumbrado a ser ignorado o, como mucho, tolerado en silencio- que la van a oír hablar conmigo y se van a creer que la loca es usted… no me diga cosas, señora, no me diga cosas
Y hacia el final de la calle, con el sol aun sin asomar del todo por encima del polideportivo, caminan la figura cansada de Mrs. La’Teef y la figura rara y deslabazada de Animicus, el loco del barrio.
Llegan al portal y Animicus le pide la llave a Mrs. La’Teef para abrir. Abre y le cede el paso a su señora, y advierte que ésta, en silencio entra llorando. Con las bolsas en las manos, adelanta en una casi cómica carrera a su dama celestial, para llegar antes que ella al ascensor y abrirle la puerta, cederle el paso y meter las bolsas una vez que ella se ha llegado al fondo de la cabina.
Al dejar las bolsas en el suelo del ascensor, levanta la cabeza y ve que ella está llorando.
- No llore, señora – dice, y acerca su mano temblorosa al lloroso rostro de ella. Se deja tocar y tiembla de placer cuando nota su mano endurecida en su rostro enjugado de tanto llanto –. No llore, por favor – dice Animicus mientras su mano pasa de su rostro a su nuca y acerca la cara de Mrs. La’Teef a su pecho, abrazándola con fuerza, con más fuerza de la necesaria.
- No llore más.
Se lleva su mano libre, sin saber muy bien por qué, al bolsillo trasero de sus vaqueros, donde sabe que espera su navaja.
- He dicho que no llore más, ¡coño! – dice con una sorprendente tono autoritario, mientras le pone la hoja, sucia, mal afilada, más peligrosa por antihigiénica que por cortante, en la garganta, mojada por las lágrimas y el sudor.
Se da cuenta de que aún tiene las llaves de ella en la mano y, sin dudar, aprieta el botón con el número 6 y deja que la puerta del ascensor se cierre. Llegan a la planta sexta y con gestos, Animicus le dice a Mrs. La’Teef que salga y la sigue con las cinco bolsas en una mano y la navaja apoyada en el costado de ella, en la otra. Abre la puerta con la C dorada en su parte central alta y deja que entre primero la señora y él la sigue.
Mrs. La’Teef sigue llorando, a mares, pero en silencio. En un doloroso silencio.
- Desnúdese, vamos, deje de llorar de una puta vez y quítese la ropa
Ella obedece sólo a medias, pues no es capaz de dejar de llorar.
- ¡A la cama!
Cuando está en la cama, desnuda, él se desnuda también, sin dejar de mirarla ni un instante, pero sólo le mira a los ojos. Su cuerpo es joven, pero como el cuerpo de muchos sintecho, es delgado, amarillento, deteriorado, enfermizo. Tiene la mirada perdida, húmeda, y el pene flácido.
Se mete entre las sábanas sin navaja y se abraza a Mrs. La’Teef, pegando su cuerpo al de la dama que no para de llorar y metiendo su cabeza entre sus pechos.
Ahora es él el que llora con sollozos quedos, y ella sigue llorando. Pero, si miras con cuidado, ves que sus lágrimas son ahora extrañas en esta situación: parecieran lágrimas de alegría.
Porque, por primera vez, desde que aquel conductor beodo embistiera el coche en el que ella, su hijo, la esposa de éste y su recién nacido nieto, esperaban a que cambiara el semáforo, matando al bebé y a su madre y asesinando al hombre cuerdo que vivía en el cerebro de su hijo, por primera vez desde aquel día, desde que la locura le arrebatara a su hijo, éste había vuelto a su casa y se abrazaba a ella, desnudos ambos, exactamente igual que el día que nació, y las cosas parecían volver a ser como antes:
- Mamá...
- No, llores, hijo.
