Indian girl (Hollies cover)
Cualquiera que escuche esta canción con un poquito de apertura de orejas, y salvando la insalvable distancia de las voces, verá en el color de este tema más a Crosby, Stills & Nash que a los Hollies. Se escucha clara la voz y la forma de plantear las armonías vocales del gran Graham Nash. Este tema es de la época psicodélica de los Hollies, un grupazo de Manchester a quien se ha colocado el sambenito de ser los Beach Boys o los Everly Brothers británicos, o los herederos de los Beatles. Seguramente, si los Hollies no fueran los Hollies. todo el mundo tendría un poco de razón. Si te gustan todas esas referencias (Beatles, Beach Boys, Everly Brothers, etc.) debes acudir urgentemente a donde te surtas de música y buscar discografía de los Hollies, preferentemente de los años 60, que es donde se acumulan casi todas sus obras maestras, que no son pocas. En este temazo, el reverso del single (no me atrevo a llamarlo cara B) de otro monumento al buen gusto que fue Magic Woman Touch, toco todo. Esa batería chapucerilla que se oye soy yo dándole a los palillos, por fin me he atrevido a grabarme a la percusión sin ayuda de maquinorris. El sonido no es muy bueno, porque la batería con la que toco (que me costó, completa, 90 euros) no es un instrumento de primera calidad, que digamos. Tampoco toco con baquetas, sino con una especie de cosa a medio camino entre éstas y las escobillas que se llaman matizadores, que no son lo más apropiado para grabar, pero hacen menos ruido que unas buenas baquetas y no quería torturar a mi familia con mi peculiar sentido del ritmo. aparte de eso, otra característica curiosa de esta grabación es que la guitarra eléctrica que se oye levemente al final está tocada sin enchufar, con el micro pegado a la caja de mi querida Dotty y suena con gracia, hombre. El resto, lo habitual: guitarras acústicas (normal y 12 cuerdas), bajo y tres voces que rozan el desafine en algún pasaje, pero es que esa forma de hacer armonías es endemoniada y yo no tengo demasiada paciencia. Bueno, vaya rollo, a ver si te gusta.
Yo desperté al mundo (al de la música y al otro), probablemente, con las cintas de mi hermano Jose. En mi casa, todo el mundo era cantarín y musiquero, herencia de mi madre, cantante aficionada que, en su juventud canaria había hecho sus pinitos junto al gran Alfredo Krauss, a quien le unía una vieja amistad. Todos, de alguna manera, adoraban la música. Jesús, el segundo, que siempre ha ido a su aire, era un hombre de su época y adoraba a Led Zeppelin, Deep Purple, Pink Floyd... y en general la música de los años 70. El rock progresivo, el rock sinfónico y el hard-rock eran sus banderas. A Militos les gustaban otras cosas que, la verdad, no recuerdo muy bien. Pero me hacúia reir constantemente con imitaciones y parodias de cantantes. La recuerdo imitando a unas trillizas cantando You are the sunshine of my life, y cosas así. Y con la guitarra, claro.
A Paloma siempre la relaciono con Journey through the secret life of plants, de Stevie
Mi querida Montse, la frágil y quebradiza Montse, de quien ya peroré un día, adoraba la música de niños y sus discos, aun a los veintitantos, seguían siendo los de un niño pequeño. Pero la relación de Montse y la música estaba en las repeticiones interminables en la flauta dulce de "Campanitas del lugar".
Al otro lado del descansillo vivía Michel, y en su casa siempre había música, también: otro tipo de música (música francesa, y música americana, John Denver, Peter, Paul and Mary, Jim Croce...). Vamos, igual no era esa la música que ponían en su casa, pero es la que ha quedado en mi recuerdo relacionada con mi segunda casa, o sea, la suya.
Pero ninguno de mis hermanos me influyó como el mayor de todos ellos, Jose, en el asunto musical. De él recuerdo su inglés fraudulento pero estilosísimo, a la guitarra (inventaba descaradamente la letra de todas las canciones), sus charlas didácticas sobre los Beatles y sobre mil grupos más, sus discos intocables (como el Abbey Road de los Beatles y el Sticky Fingers de los Stones, ambos originales y traídos de Londres) y, sobre todo y por encima de todo, sus cintas.
Había tres cintas por encima de todas las demás. Tres cintas que acabé robándole, porque eran insuperables, y en aquella época recopilar música era más trabajoso y caro que ahora. Una de ellas, Buch la recordará con toda seguridad, era una BASF C-90, que se llamaba "Spanish Rock" (en aquella época, te grababas una cinta y le ponías un nombre), y que estaba llena de música de los 60 en español: los Sírex, los Mustang, Los Ángeles, Los Salvajes, Los Brincos... todos los grupillos molones. Esa cinta, además de oírla miles de veces, nos sirvió a Buch y a mí en nuestra primera aventura musical juntos (Cachas 77 era nuestro nombre de guerra, nombre genial propuesto por Buch, claro) para darnos cuenta de que la fama era dura. Grabábamos canciones cantando encima de la música original (La escoba y miles más) y tratábamos de impresionar a Maria Victoria (Maritoria) y sus amigas enviándole cintas que, imagino, les servirían para reírse de nosotros a mandíbula batiente. Debéis saber que esa persona tan juiciosa que ahora responde al nombre de Fantasma Paraíso, era en esa época amigo de Maritoria y su trouppe, además de enemigo nuestro (él era de los mayores) y creo que él escuchó las cintas en alguna ocasión y participó en una contestación grabada riéndose de nuestros jóvenes corazones enamorados. Ay...
La otra cinta era de los Beatles, claro. Una cinta con canciones que, aun hoy, siguen recordándome a mi hermano mayor sin remedio: I will, I'll follow the sun, I don't want to spoil de party, Things we said today... cada vez que oigo ese rasgueo inicial de guitarra, veo a mi hermano con su guitarra española, sentado en mi sofá cama, armado de paciencia intentando enseñármelo y diciéndome que por canciones como esa, los Beatles siempre serían únicos. Cualquiera, decía, puede escribir un rock. Pero Things we said today sólo podrían hacerla los Beatles. Y es verdad, yo sigo convencido de eso. Relaciono esa cinta, sobre todo, con tardes de verano solitarias, disfrutando de que en casa se hubiera largado todo el mundo (menos él, que preparaba sus oposiciones). Sí, porque en aquellas casas tan llenas de gente, lo extraordinario era cuando estaban vacías y silenciosas.

La última es la que me ha inspirado el post y la canción de hoy. Era una cinta de los Hollies. Ahí estaba Carrie-Anne, Pay you back with interest, Sorry Suzzane, Bus stop y las dos canciones que me hicieron amar a los Hollies más que a otros grupos, supuestamente míticos como los Stones: Magic Woman Touch y esta delicia que grabo hoy.
Si mi hermano llega a leer esto, probablemente se sorprenda de que esas tres cintas me marcaran tanto y, probablemente, se enfade, momentáneamente, al enterarse de que yo le mangué las cintas, si es que recuerda estas cintas en concreto. Si llega a leer esto, espero, de corazón, que escuche la canción y que le haga gracia ver que, al final, esos ratos sentado en su cuarto o en el mío, tratando de meterme en la cabeza la música y cómo tocar la guitarra, sirvieron para tonterías como esta.
Ea, Jose, esta va por ti.