(Shangri-la)
Powered by Castpost
Shangri-La, el mito de la eterna juventud, es de esas canciones que te atrapan y te marcan desde antes de saber incluso cómo se llama o quién la canta. Es de The Kinks, por supuesto, pero la primera vez que la escuché, no lo sabía. Fue en la radio, en un programa maravilloso que recuerdo de mi adolescencia que se llamaba Ciclos, que presentaba un DJ llamado Vicente Cajiao, y el principio me pareció hermosísimo, con la guitarra y la voz a palo seco; luego ese puente maravilloso a dos voces, el estribillo potente... De repente un cambio inesperado, más rockero, que en original hacía que dudaras si el cantante era realmente Ray Davies o se había unido Paul McCartney a los Kinks... Me pareció una obra maestra del principio al final. Debido aque no sé tocar la batería y a las limitaciones que tengo como usuario del midi, el último cambio de ritmo no me ha salido demasiado bien, pero es que el tempo se me iba al carajo, así que está un poco con calzador ese cambio. Además de alguna vocecilla de regalo, le pongo mucha guitarra y mucho empeño. Escúchala, y si entre el follón distingues algo que te gusta, busca el original de los Kinks, que es una maravilla, y disfrútalo.
Admirable Búfalo (su nombre de pila real es José Admirable, pero esconde lo de José porque no le gusta llamar la atención) sale de trabajar todos los días a las 3 de la tarde. Su mujer cree, sin embargo, que sale a las 7 de la tarde. Se dice a sí mismo que esas cuatro horas le dan una libertad extraordinaria. Y así debe ser.
En su oficina no saben que está casado: creen que vive con su padre, un anciano marino militar que en otro tiempo fue todo un carácter, y que ahora se consume ahogado en océanos de Alzheimer de los que emerge, cada vez más de tarde en tarde, en islas de cordura que son aún más duras que la enfermedad que le ahoga, porque el viejo almirante, otrora duro y vivaz, es ahora un guiñapo que llora por los tiempos idos y la vida que ya no es. Piensa Admirable que mientras en la oficina se traguen esta historia, nadie le preguntará porqué siempre está callado y con expresión triste. Y, en no preguntándole, es vivirá más libre con su querida tristeza. Y así cree él que debe ser.
Admirable sale de trabajar y corre a Midtown Park a comer una pieza de fruta mientras mira a los jóvenes jugar al baloncesto. Admirable se recuerda en un cuerpo joven como el de los chicos que ahora juegan, y se sentía invencible en su corpachón que ahora es más grande, más fofo y más inútil... pero él mira a esos chicos empujarse, sudar y rodar por el suelo y cree que, tal vez, los dioses le concedan una tregua en su envejecimiento y le permitan habitar mucho más tiempo su cuerpo maltratado.
Todas las tardes iba a verles jugar y uno de los chicos que juegan, que no es el mejor, ni tampoco el peor, pero que es el que menos grita, el que menos habla, sabe que Admirable les mira y, era de esperar, interpreta mal el mensaje.
Un día cuando todos los demás se han ido, el chico que lo sabe se acerca a Admirable y se sienta junto a él, a escasos centímetros, en el mismo banco del mismo parque.
- ¡Hola! me llamo Estupendo, ¿te gusta mirar? – le pregunta esperanzado. Acaba de pasar una hora jugando al baloncesto y despide un fuerte olor almizcleño, seguramente desagradable para cualquiera que no sea Admirable.
- Sí... me gusta miraros... – dice Admirable y, aunque sabe que es un error, continúa siendo sincero- ... y me gusta tu olor.
No sé muy bien cómo, pero es un hecho que Admirable se despierta abrazado a la espalda de Estupendo, que duerme profundamente y que huele profundamente. Sabe que no volverán a estar juntos. Mientras Admirable se viste, Estupendo despierta y sonríe.
Admirable no es gay o, al menos, no sabía que lo fuera. Pero no dice nada, porque así, los chicos que juegan al baloncesto sencillamente piensan que ha ido a mirar. Y nadie tiene nada en contra de que Admirable mire. Admirable piensa que está muy bien que así sea, porque a él le da igual lo que la gente piense: sólo quiere que le dejen en paz mientras mira a los muchachos correr, gritar, chocar y sudar en la calle. Así debe ser.
Una vez en casa, Admirable saluda a su mujer, coge la correa de Ernesto, su perro, y sale a la calle. Cruza unas cuantas calles y llega a lo que llaman el club del perro; una pequeña parcela en medio de la gran ciudad que, milagrosamente, se ha librado de la fiebre de la construcción. Allí unas cuantas personas se reúnen por las noches con sus respectivos perros para echar un pitillito, charlar y desfogarse, tanto ellos como los perros. Hay una mujer, gordita y muy guapa, que dice que se llama Lúbrica, que es la dueña de Luis, un pastor alemán mongoloide. Luis y Ernesto, que es un dogo medio idiota, hacen buenas migas desde siempre. Esa noche, cuando Admirable y Ernesto llegan al club, sólo están allí Lúbrica y Luis. Lúbrica fuma y aunque Admirable no fuma, le ha hecho creer a Lúbrica que sí para poder ofrecerle tabaco y fuego y cuando le acerca el mechero, tocar las manitas de Lubrica con disimulo.
Es una noche de verano en la ciudad de T’pêdes (al norte del estado de Culoländ) y el cielo se muestra estallón de estrellas. Lúbrica las mira como embobada y Admirable juega sus cartas.
- ¿Sabes cual es la Osa Menor?
- ¿Cualo? – pregunta Lúbrica, cuya expresión facial indica a Admirable que es presa fácil.
Se sientan en un banco y Admirable señala el cielo y le dice, ¿ves esta estrella? esa estrella es Atónica, que tiene mil veces el diámetro del sol y tiene una particularidad, es muy curioso, en vez emitir calor, energía en forma de calor, lo hace en ruido, la estrella sonora, la llaman, sí... ¿Ves esa otra? dice y ve que Lúbrica se arroba y mira hacia arriba y él se acerca a ella y su pierna derecha entra en contacto con la pierna de ella, sentados juntos, y presiona levemente y le dice esa es Obtusyan una estrella cuyo haz de luz es obtuso, claramente obtuso además, no un poquito obtuso, como algunas personas, sino muy, muy obtuso, ¿muy obtuso? dice ella y él nota que sólo moviéndose un poquito más su codo podría contactar con el pecho de ella y actúa en consecuencia, ¿muy obtuso? pregunta ella otra vez, muy, muy obtuso, dice él y no pasaron a mayores porque vinieron los gemelos Tenaces, de nombres Lelo y Simple, y el primero de ellos, Lelo Tenaz, que era 13 minutos mayor que su hermano Memo tomó la palabra:
- ¿Qué hacéis? ¿Os sabéis las estrellas?
- Admirable se las sabe, yo ni idea...
Así que en el club del perro todos piensan que Admirable es astrofísico y a él le parece bien, porque cuando no le patece hablar con los otros, levanta la mano, mira al cielo y les dice a todos:
- Estoy trabajando
Y le dejan en paz. Como debe ser.
Muchos creen que Admirable vive sobre un andamio de mentiras frágil como un castillo de naipes y que lo que le pasa es que no se resigna a que ya no es joven. Yo creo que no, que Admirable intenta vivir como sabe, adaptando su frágil, pero cierto, equilibrio, al falso equilibrio inamovible del mundo, sin darse cuenta de que ya no es un jovenzuelo.
A todo el mundo le gusta la verdad. Tiene un gran prestigio.
A todo el mundo le gusta la juventud. Tiene un gran prestigio.
Yo estoy con Admirable. O, al menos, me lo planteo. ¿Es joven, la juventud?
¿Es verdad, la verdad?
(Probando Evoca)
Este nuevo sistema parece que funciona algo mejor que el casposo. Si sois tan amables, probadlo, por favor y me decís. Además, permite descargar las canciones.
Shangri-la
Si lo prefieres, puedes descargártela, aquí.