jueves, octubre 22, 2009

de lujo

El pasado fin de semana estuve en Puente Viesgo, en la provincia de Santander, o Cantabria, como se llama ahora. Estuve alojado (no puedo evitar que esta frase me suene hortera: “estuve alojado…”) en un sitio que se llama, asaz poco imaginativamente, Gran Hotel Balneario Puente Viesgo cinco palabras y cinco verdades: es un hotel, es grande, es un balneario y está en Puente Viesgo, así que por ahí, nada que objetar.
El hotel es chulo y todo eso, y respira lujo y teníamos reservado uncircuito pomposamente llamado Tratamiento Romano, que consistía en un baño de Algas, una sauna de eucalipto natural, un baño de barros y un masaje. Suena genial, ¿verdad? Pues la verdad es que es un timo: el balneario es muy demodé, con azulejos blancos y tal, muy principio de siglo XX, Doctor Kellogs y todo eso, como de alta sociedad norteña y tal, pero ahí termina el encanto. El baño de algas es un jacuzzi vulgar al que le echan una cosa color verde-marrón que traen en una jarra (sin mucha prosopopeya, tampoco, no creas) que te dicen que son algas y tú, que estás dispuesto a que eso sea una experiencia genial, lo crees a pies juntillas: vale, algas en jarra, no pasa nada, será genial, olerá raro y será una pasada. Pero no huele raro (no huele) ni es genial. El jacuzzi, en un sitio tan así, te apetece más calentito, molaría no tener que tomarlo solo, que pusieran algo de música y que no oliera todo a vestuario de piscina. Cuando llevas un rato, te entra cierta inquietud: ¿seré yo, o esto es un coñazo? Esperas que venga pronto la alegre chica que te ha dicho, en tono confidencial, antes de dejarte solo en esa fría celdilla alicatada, “puede tomar el baño desnudo” para que se acabe esto del baño de algas porque, vamos, no parece una cosa demasiado divertida. Además, el vaso de la bañera donde tomas el baño no es cómodo, a pesar de que te dan una especie de flotador de cuello-cabeza de sospechosa profilaxis. En fin, llega la alegre chica y la amas, porque empezabas a aburrirte mortalmente entre tanta burbuja y las reverberaciones de voces lejanas y húmedas.
El siguiente paso es la sauna. La puta sauna, podríamos decir. Te dicen que te va a abrir y limpiar las vías respiratorias, puesto que es de eucalipto natural. Hemos llegado allí ambos con un resfriado mediano, de esos que cursan con gran aparato tusivo y mucoso, así que, en principio, mola. Abren la puerta y efectivamente, huele a eucalipto. No hay nadie más en la sauna, que es grande (para que la tomen juntos 6 o 7 adultos) y entro feliz de no tener que enseñarle mi barriga a nadie. Vaya, sí que huele a eucalipto, pero lo de natural… vamos a dejarlo. Como con las algas: la alegre muchacha, que seguro que no toma café, sino infusiones varias, tiene una jarra en la mano medio llena con un líquido transparente que vacía en una especie de pared pretendidamente natural, de piedra, a donde se dirigen unos chorros de agua provenientes de unas alcachofas de ducha que salen del techo. Tampoco te creas que el vapor es intenso o el calor es enorme: qué va, está apenas caldeado el ambiente y eso sí, huele a caramelo de menta que tira p’atrás. Intento hablar, pero hay que levantar la voz y reverbera muchísimo, por lo que una conversación interesante, de las que suelo tener yo con la gente, vamos, no alivia el rollazo de estar sentado oliendo a eucalipto. A los cinco minutos entra un tipo en cuyo semblante se adivina la esperanza. A los quince minutos, las tres personas que estamos ahí dentro nos miramos incómodas, intentando disimular que eso es un maldito aburrimiento y que el olor empieza a ser enfermizo. Personalmente, me siento como si estuviera dentro de un enorme saci, dentro de la boca de un gigante, que chupa y chupa el caramelo, llevándose todo el aire y dejándome al borde de la muerte por asfixia eucalíptica. Quiero que me saquen de aquí de una vez. A estas alturas, empiezo a arrepentirme de lo del fin de semana en el balneario. Mejor fin de semana a secas.
Media hora (¡media hora, colegas…!) después, nos rescatan de la puta sauna y nos llevan al final apoteósico: baño de barros y masaje.
El baño de barros… ¿cómo decirlo? Hay que ser muy optimista para considerar un baño eso que te hacen. Te llevan a una sala de masaje y en una especie de compresa alargada de papel ponen unos barros (yo lo llamaría pringue, porque son unos polvos a los que añaden agua del grifo, así que barro tiene poco, si quitamos la textura) y te tumbas encima, boca arriba, de modo que la compresa de barro te queda justo en la columna vertebral. Al poco rato, el barro empieza a calentarse en contacto contigo y a emitir una especie de burbujitas blop-blop-blop que no están mal. Te apetece que la cosa vaya a más: más temperatura y más pompitas, y… más placer. O sea, no está mal, pero es muy pequeña la sensación. No obstante estás ahí y quieres que sea genial, quieres contar a tus amigos “sí, joder, los barros esos que se calientan y te dan ellos solos un masaje… da un gustito…” pero no es así. Se calienta un poquito y suelta unas pompillas, pero nada más: ni siquiera lo disfrutas, tan leve es.
Luego viene el masaje. Eso está bien, pero, como le dije a la amable masajista, que me preguntó que qué tal había resultado el circuito: me ha sobrado todo menos el masaje.

El caso es que a mí no me suelen gustar las cosas que se entienden como lujosas. No me gustan los mármoles, ni el oro, ni la alta cocina, ni los camareros obsequiosos ni las sillas de patas finas, ni los encajes, ni las moquetas, ni la gente relamida, las corbatas o los zapatos de tacón. Soy más llano, pero, ojo, no soy campechano. Detesto la mala educación con toda mi alma. Si alguien cerca de mí sorbe la sopa, o no sabe manejar la pala de pescado, me fastidia la comida. No soporto que no se abra la puerta del coche a las personas mayores o a las mujeres, que no se ceda el paso o que no se den los buenos días, aun cuando llueve (eso de “buenos días, por decir algo…” me pone enfermo: cuando dices “buenos días” estás expresando un deseo hacia los demás, no una descripción del tiempo meteorológico, o del estado anímico de nadie). La gente zafia me revuelve el estómago y despierta mi instinto asesino, y la falta de educación y de discreción me ataca al hígado.


Para mí un lujo es poder trabajar en casa, aunque a veces me queje, como toda buena ama de casa. Que cuando me duela la espalda, mi amiga Alicia me alivie con sus manos-magia, es un lujo asiático. Que antes de llover salga a la puerta de casa y huela la lluvia en el campo. Que mis amigos puedan venir a mi casa a tocar rock and roll cada semana y que a menudo nos juntemos 40 personas en casa sin tropezar unas con otras, eso es un lujo. Que pueda perderme en el curso de un riachuelo sin ver ni siquiera postes de luz a tres minutos de casa, a pie, eso es un lujo. Que pueda grabar en un ratito la canción que ilustra este post para ponerla aquí porque, sencillamente, me apetece, eso es un lujo. Y ese, y no el otro, es el lujo que me gusta. También me gustaría, claro, poder darme el lujo de comprar mi guitarra soñada sencillamente así, zas, y la compro, y no tener que guardar pacientemente el dinero de dos años de conciertos para poder hacerlo… pero creo que puedo vivir sin ese tipo de lujos.

Y a vosotros, ¿os gusta el lujo?

(*) El tema, una maravilla de Camera Obscura, un grupo escocés, creo del que no sé nada más que hace algunas canciones cojonudas, he vuelto a subirlo con una mezcla creo que un poco más brillante que se oirá mejor ahora, creo. Además se me había olvidado el Fade out final.

29 comentarios:

The Foss dijo...

Jodo. Mi hermano estuvo allí hace unos meses con su familia política y volvió encantado. Siempre pensé que mentía como un bellaco pero acabas de aclarar mis dudas, no mentía simplemente pagó su suegro y así se debe ver todo de otra forma ;-).

Reconozco que nunca me ha apetecido eso de los balnearios, las algas y cualquier tipo de pringue por el cuerpo. (Aún sabiendo que está mal, ni siquiera me pongo crema protectora en la playa...)

Lo del masaje podría ser. Tampoco lo he hecho nunca (hay tantas cosas que uno no ha hecho!!!) pero ¿qué pasa si te empina?. Claro, sonará ridícula esta pregunta viniendo de un tipo de 45 años, pero ¿qué pasa si se te empina?.

Preguntas si nos gusta el lujo. Te podría engañar y decir eso de "un hotel, con que esté limpio...", pero estaría mintiendo como un bellaco. Cuanto más molón sea el hotel más me gusta, llevo corbata todo el santo día (y debo tener unas 50) que debe coincidir con el color de los gemelos y si puedo hasta del reloj. Y puff!, donde esté una mujer interesante con buenas piernas y tacones...

Ahora, coincido contigo en no soportar a la gente relamida ni la mala educación.

Hay otra clase de lujo y es el que tú cuentas, poder juntar un grupo de amigos en casa sin que parezca una convención de latas de sardinas, trabajar en casa!!!!!!!!!!!!! y tocar R&R con tus colegas sin molestar a nadie ... que hace que te envidie de buena manera. Siempre de buena manera, de verdad.

Tampoco me quejo del lugar donde vivo sino todo lo contrario, me gusta mucho (supongo que alguna vez habrás estado ya que estamos relativamente cerca).

Pero hay un lujo enorme que es tener un amigo que "pueda grabar en un ratito" una canción como esa, que una acústica suene así, ... y que la comparta con nosotros.

Y después de escucharla dos veces, me meto en una reunión. La tercera del día.

fantasma paraíso dijo...

Querido Wolffo, me he reído mucho con tu descripción del balneario y estoy más que de acuerdo contigo: en realidad son un coñazo. El calor de la sauna es insoportable y los jacuzzis son, sencillamente, una horterada. Por si fuera poco, los barros, las algas y demás ungüentos no dejan de ser un pringue incómodo y poco elegante.

Al leer tu experiencia no he podido evitar recordar una que yo tuve en Estambul y que te contaré para que veas cómo te comprendo:

En un viaje a Estambul, a mí y a unos amigos se nos ocurrió que no podíamos irnos de allí sin antes haber ido a un Baño Turco. No sé, nos parecía que era de cajón: Estambul-Turquía-Baño Turco. Lo fuimos dejando a lo largo del tiempo que pasamos allí, y la última tarde, con las prisas, nos apretujamos en un taxi y le dijimos al conductor que nos llevara a un Baño Turco. Lo malo es que en turco no sé dice igual y a los taxistas turcos les pasa lo mismo que a los de Nueva York: que no hablan inglés (aunque no son Pakistaníes, eso sí). Al final, medio por señas, el tipo pareció entender y poniendo cara de alegría nos dijo que sin problema y arrancó.

Según avanzábamos y «conversábamos» con él, descubrimos que donde nos llevaba era de putas. Y le dijimos que no y volvimos a empezar con la mímica. Al final nos comprendió, pero quizá hubiera sido preferible su primera opción.

Al llegar al Baño en cuestión, todo tenía un aspecto muy lujoso, con mucho mármol y tal. Te pasaban a una pequeña habitación individual para que te desnudaras y te daban una toalla. A continuación, los cuatro —con la toalla pudorosamente enrollada a la cintura— entramos en una gran sala octogonal con una enorme piedra central que ocupaba la mayor parte de ella y en la que nos dijeron que nos tumbásemos sobre una esterilla. Luego nos quedamos solos, la piedra ardía y empezó a hacer un calor y un vapor de mil demonios. Cuando el sudor comenzaba a nublarnos la vista, se abrió una puerta lateral y entraron cuatro maromos turcos, ataviados cada uno con su toallita, de unos 130 kilos cada uno y con descomunales bigotes. Cada uno se acercó a uno de nosotros y comenzaron a darnos un masaje.

(continúa, siento la longitud)

fantasma paraíso dijo...

(sigue)

¡Casi la palmamos! En serio, del primer meneo mandaron nuestras toallitas a Parla (quizá a Ankara) y allí, desnudo y a merced de tremenda mole, tuve que soportar cómo me retorcía cada extremidad, cada músculo y cada articulación. Supliqué en todos los idiomas, pero el tipo (que quizá fuera taxista en sus horas libres) no entendía ningún idioma civilizado y tan solo sabía decir una palabra: «tip», o sea, propina en inglés. Yo aullaba que sí, que tip, que mucha tip, pero para que me dejara en paz antes de descuartizarme sobre aquél tórrido altar. Supongo que lo que él entendía es que a mayor dolor mayor propina, porque seguía empleándose a fondo.

Cuando al fin me lanzó hecho un guiñapo sobre la piedra, y caí boca abajo creyendo que al fin iba a descansar, noté una enorme presión sobre mí y vi —lo juro— que el tipo se había puesto de pie sobre mi espalda y ejecutaba una especie de masaje o danza ritual allí. Lo mismo le estaba sucediendo a mis amigos.

Al borde del síncope, desnudo y deseando morir de manera rápida e indolora, mi turco me arrastró hacia el lateral de la sala, donde había una especie de fuentes también de mármol de las que salían dos chorros de agua. Sonriendo, se puso una especie de guante de castigo que le llegaba hasta el codo y que estaba hecho de crin o de púas o yo que sé, y comenzó a frotarme —despellejarme— con él, al tiempo que me colocaba alternativamente bajo los chorros de agua: uno helador y el otro que te escaldaba. Yo ya no podía ni suplicar.

Concluida la tortura, te sacaban de la sala y otro turco te envolvía en dos toallas (recordemos que ibas en bolas desde el minuto cero), una para el cuerpo y otra para la cabeza. Después te daban un té y te conducían a la habitación individual, que tenía un camastro en el que te invitaban a relajarte el tiempo que quisieras.

A la salida, todos los turcos que te habían tratado desde la llegada, esperaban en fila con la mano extendida para la «tip». Por supuesto, les di a todos. Y al verdugo doble, por si acaso.

Al día siguiente, en el avión, no nos podíamos ni mover. Yo, como todo el mundo, había visto «El Expreso de Medianoche», pero aun así, las cárceles turcas no me parecieron peores que el dichoso Baño Turco. En la cárcel, al menos, recuerdo que te dejaban que un día fuera tu novia a verte y te enseñara las tetas.

Kotinussa dijo...

Nunca he probado uno de esos circuitos de balneario, pero masajes sí.

Un buen masaje profesional, sin tortura turca ni algas asquerosas por medio, con su aceitito aromático y eso, es una maravilla.

Y voy a reconocer públicamente por primera vez en la vida que una vez era un masajista (y no una masajista), y que fue inenarrable. Por supuesto, a cada persona le preguntaban antes si les importaba que el masaje se lo diera alguien del sexo opuesto, si tenías un masajista fijo o si te conformabas con el que estuviera libre. ERA UN SITIO SERIO, OJO.

Y yo, una vez, muy lanzada, pedí el mismo masajista que me había recomendado una amiga, aunque hasta entonces habían sido siempre chicas las que me habían atendido.

El fulano estuvo totalmente correcto, pero sin cortarse nada. Repito que era un sitio serio, ¿eh?, que no quede duda. Yo estaba en el séptimo cielo y cuando ya me había recolocado todo por la espalda desde el cuello hasta los dedos de los pies, me dijo si lo quería también por delante. Yo dije que sí, porque para entonces no pensaba con mucha claridad, la verdad. Cuando me di cuenta de lo que había pedido me dio vergüenza volverme atrás, puse cara de poker y pa´lante. Pero como el tío tenía la misma expresión que si estuviera haciendo masa para empanadillas, pensé que ya había visto de todo y que yo era un trozo de carne más. Así que cerré los ojos, y me dije: "A disfrutar, Koti". Y disfruté, ya te digo.

Kotinussa dijo...

Que se me olvidaba. La canción me parece muy bonita, pero he de reconocer el que grupo no me sonaba de nada. ¡Ay que ver lo que aprendo yo en este blog!

Y los besos, por supuesto, que no falten.

Princesa del Guisante dijo...

Pues yo hace justo un año que probé por primera vez lo del balneario, con toda la reticencia, porque entre que voy cumpliendo años y que lo del balneario me sonaba a viejo achacoso, en un principio mi entusiasmo era descriptible. Estuve unos días en Solares, y todo me gustó. Bien es verdad que escogimos tratamientos que nos apetecía probar, nada de agua porque sí, y siempre recomiendo el de chocolate, que fue exfoliación de cuerpo, envoltura y baño todo con cacao. Después sólo me apetecía hacerme un ovillito y que el olor no se fuera nunca. No estuvo mal el de uva (igual que el de chocolate, pero con uva, o sea, que me gustó mucho más el de chocolate), y lo que no voy a repetir es la envoltura de algas, que sólo soporté diciéndome, como un mantra, "sí, huele como si se hubiera podrido todo el mar, pero ¿y lo guapa, sexi, sedosa, tonificada y todas esas cosas que vas a estar, Guiss?" Y además luego había masaje aromático, así que lo soporté casi bien.
Ah, y desde luego, o estaba yo sola o estaba con mi pareja, nada de carnes desconocidas por ahí.
Bueno, me gustó tanto que este año, repito, aunque estoy mirando otros sitios. Sin algas, sin saunas, sin relajaciones comunales, sin ejercicios personalizados y con mucho toqueteo con untes, que es lo que a mí me gusta.
Por cierto, a mí me gustan los zapatos de tacón, pero ya voy viendo que soy una rareza, después de leeros a Koti y a ti. Pero para que no todo sea llevarte la contraria y empieces a pensar que te tengo manía, la gente poco discreta me puede, entiendo que alguien no sea educado, pero lo lógico es disimular un poquito, que eso está al alcance de cualquiera. En la mesa comparto tus manías, y tengo más, como ponerme enferma si alguien se lleva el cuchillo a la boca, coge el pan de la derecha o sirve el vino en la copa del agua. Y más, pero va quedando largo.
Te dejo besos, y voy a escuchar la canción ahora que estoy en casita.

Fray dijo...

Pues yo no he pisado un balneario más que de paso y no me ha dado ninguna envidia ver a sus plácidos habitantes con cara de pasa aburrida.
Lo que no soporte es a los pijos que les llaman 'SSSSSSSSPA'.(para vomitar hasta la primera papilla).
Y respecto a tu pregunta sobre el lujo, despues de abandonar mi estoica celda, pues un poquillo de lujo no viene mal. Pero lo que me gustaría es que me hicieran la pelota como a Pretty Woman en la boutique.

SAL dijo...

Oichsssssss... la de cosas que se me han venido a la cabeza!!, digamos que yo he probado un poquito de todo, y lo mejorcito, como dicce Princesa del Guisante, el envoltorio de chocolate... vamos que te sientes como si fueses un bombon, dentro de una caja roja de nestlé... he probado Caldea, Panticosa, Baños árabes de San Miguel,La Perla en San Sebastián, un hotel Spa que hay en Aguilas... y alguno más que se me escapa... pero como me resultas así de inspirador, la bomba de todos fue mi paso por el Hotel Gueller, en Budapest, eso es para contarlo, así que lo voy a dejar para mi blog; pero te diré que en una de esas "tazas" de Caldea, después de haber pasado por las anteriores como en un circuíto descendente... tuve que esperar a que fuese saliendo el personal, que curiosamente era entrado en años y femenino, era la única taza que estaba llena de gente que parecía estar en la santa gloria, cuando me senté, descubrí porqué... un chorro de agua a presión que sin mucha necesidad de orientarlo, te daba en el mismísimo chirri de lleno... ya entendí en ese momento!!, y como no me gustan los orgasmos comunitarios... pues eso, que sálí pitando.
Jajajajajajaja, las cosas que nos pasan!.

Beatriz dijo...

Yo no he ido nunca a un balneario, y creo que seguiré así de momento.
No soy muy amiga de que me pringuen con barro, chocolate y demás delicias.
Y, como tú, tampoco me identifico mucho con estos lujos. Prefiero otros. Como oir a los pajaritos, y lo digo de verdad, e incluso a algún gallo, por la mañana temprano, y disfrutar del silencio del pueblo en el que vivo (ideal para escribir) sin coches, ni humos, ni nada.
Ya el colmo sería poder oir el mar, pero eso en Toledo lo tengo más chungo.
También considero que tengo el lujo de poderme poner una buena película y no tener que tragarme la televisión basura que se estila ahora. Y lo de trabajar (aunque sea poco) en casa, aunque lo tengas que combinar con las tareas del hogar, también es un lujo para mí.
En cuanto al chocolate, en tableta y como capricho de vez en cuando... Y en Navidad.
Un beso.

Buch dijo...

Aunque en términos generales, me inclino por el acuerdo contigo, sobre todo en el tema "pringues y movidas aromáticas", he de decir que a mi lo lujoso en general si me gusta. Las pocas veces que me he dado alguno o me lo han regalado, me he sentido bien. Por ejemplo, a mi me apetece que te cagas pasar unos días en un yate, a todo trapo, o los hoteles buenos, que distingo enseguida de los malos.

Sin embargo, de un modo conmovedor, comparto tu desinterés hacia la ropa de marca, aunque al mismo tiempo me gusta la mujer sofisticada, vaporosa y taconista, especialmente si está buena. Sin perjuicio de que lo importante es el espíritu.

Ahora oiré la canción. ¡Qué nervios! ¿Me gustará?

Buch dijo...

Bien, me gusta. Pero no te agrandes.

Wolffo dijo...

Vaya... ayer me pasó esa cosa que a veces le pasa a la gente y que uno tiende a no creer que les haya pasado: había contestado hasta a Fray, no diré que brillantemente (tampoco digo que no), pero desde luego sí extensamente, gustándome, no sé si me explico. Cuando alguien me dice que le ha pasado eso (he escrito un supercomentario y se ha borrado) pienso: será vago... Y ayer, en fin, me encontré con la horma de mi zapato. Así que no sé si tengo demasiadas ganas de contestar... no, está claro que debo dejarme de florituras y no contestar, que es lo que me apetece. Besos y abrazos.

Wolffo dijo...

¿A quién quiero engañar? soy incapaz de no contestar, así que me pongo a ello.

Hi, Foss.
Seguramente es más real lo que dice tu hermano que mis cosas, aunque, quiero aclarar que no es que diga yo que eso es horrible, sino que a mí no me va ese rollo. A mí me ha pasado dos veces lo del empine inoportuno. Una vez con una masajista cuya manera, olímpica, de ignorar mi generosa disponibilidad me quitó la lujuria de un plumazo. La otra, con una enfermera. Tenía 18 añitos e iban a operarme del frenillo. Me empalmé malamente y ni el ver a la señora (no era una enfermera de 22 años, escotada y con minifalda blanca, sino una enfermera señora) con una enorme aguja (enorme para el sitio que iba a ser pinchado, o sea, la punta) en la mano me bajó la cosa; pero ella, experta en mil batallas, me dio una toba en un huevo y la cosa, ñia,ñia, ñia, nia... bajóse en el acto. Supongo que la gente que trabaja con el cuerp0o de los demás está acostumbrada a estas cosas. Esta bitácora tiene una lectora ilustre que podría arrojar luz sobre este asunto, y la invito a ello. En cuanto al lujo, no te confundas, yo no me conformo con que esté limpio: me gusta el espacio, las vistas, los materiales de calidad y los detalles, pero no suele coincidir mi idea del lujo con la de la gente que hace hoteles y esas cosas. Vamos, que prefiero un buen jersey de ochos y unos pantalones de pana al mejor traje sastre inglés.
La canción, como digo al final del post, la he retocado, haciendo una mezcla más brillante, creo. A ver si te gusta ahora más.

Fants, colega, tú sí que me has hecho partirme la caja con tu aventura turca. A lo mejor, sólo a lo mejor, en eso consiste la pasión turca: te maltratan tanto con el masaje que, con tal de que paren, haces lo que sea: incluso dejarte follar. Me he reído mucho, en serio. Un abrazo, tío.

Kotts, como yo le he contado a Foss, algo parecido me sucedió a mí... pero la excitación masculina, con la espada del amor y todo eso, tiene algo de agresión y en fin, es más embarazoso. en una mujer resulta... interesante. La canción es de un grupo escocés del que yo tampoco sé gran cosa, salvo que me gustan muchas de sus canciones. Busca en Youtube y verás qué video más apañao y que canción (cantada por una señora, por eso tiene esos requiebros vocales en la melodía) más bonita. UN beso y luego una docena gracias.
Guiss...
uff, yo prefiero que el chocolate me o den en una onza y ya me organizo yo. O que te lo den a ti y te me ofrezcas como un bombón y entonces, así, a lo mejor.
A mí no me gustan especialmente los zapatos de tacón, pero creo que es por solidaridad con los pies de las señoras, que me gustan (los pies y las señoras) y no me gusta que sufran. Y en lo de las cosas que nos sacan de quicio en la mesa, podríamos hacer una lista inacabable. Un día la hacemos, ¿sí...?
Ya me dirás qué te pareció la canción, guisantilla mía. UN millón de besos.

Fray,


(luego sigo)

Wolffo dijo...

Fray hermano,
ya sabes, si has leído mi respuesta a comentarios anteriores a lo que me refiero. No a la frugalidad, sino al concepto de lujo en el que más que la comodidad, importa el que se note que hay mucho dinero de por medio. A eso me refiero. Y con respecto a lo de hacer la pelo5ta, ahí sí que estamos en bandos opuestos. No me gusta nada que me hagan la pelota que se muestren obsequiosos conmigo, y mucho menos cuando todo eso es a cambio de dinero. Para mí, Pretty Woman, la peli, es el colmo del mal gusto y la ordinariez y encuentro que esa forma de "respétame porque tengo más pasta y a lo mejor algo te cae" es lo más bajo en lo que puede caer una persona. Cuando se dice que el dinero corrompe, siempre he pensado que se refiere a eso. Por eso ese tipo de lujo que sólo dice "cuánto dinero tengo" en lugar de "cuánto disfruto la vida", lo detesto. Un abrazo, hermano Fray.

SAL yo, eso de que me pringuen... prefiero no probarlo, ahora,q ue si quieres un día quedamos, te embadurnas de chocolate y te me sirves en bandeja de plata. Ese tipo de lujo estoy dispuesto a probarlo. Lo que cuentas de Caldea, caray... ¿de berdad da gustito? es decir, ¿a ese nivel? O sea, a mí me da gusto el agua caliente, pero no gusto sensual ni sexual, sino gustito de quedarse frito (ahora que lo pienso, después de hacerlo, también me quedo dormido, a veces... o sea que a lo mejor tienes razón...). En fin, Sal, que dejémonos de historias y dime cuándo quedamos para lo del chocolate. Un beso.

Beactriz, querida, que gustito verte por aquí. Yo también vivo en el campo y conozco ese lujo de oir a los pajaritos en lugar de las bocinas de los coches. Así que brindo contigo por esa vida que, para mí, es la vida. El mar... eso es genial. En septiembre estuve en Balerma, Almería, y una noche, cuando todo el mundo se acostó, me quedé en la playa esperando que amaneciera sólo para oír las olas lamiendo la orilla. Fue genial. Un lujazo, o sea.
Yo también trabajo en casa y lo combino con las tareas propias de mi sexo (fregar, planchar, cocinar, limpiar) y, como tú, lo considero todo un lujo.

Un beso y gracias, Beactriz.

Buch,
la necesidad de lujo al viajar es, estoy convencido, un trauma. Sé que no te gusta oírlo pero, coño, Buch, serénate, toma las riendas de tu vida y sé feliz de una puta vez. No busques la felicidad en esos pequeños lujos horteras que te permites y que sólo consiguen adormecer parcialmente tu necesidad enfermiza de parecerte a mí... porque, nunca será así: tú eres delgado y yo no, y con eso se termina el debate.
La canción mola, pero no es de las que te hacen correrte (a ti, me refiero, a mí sí).
Un besín.

Anónimo dijo...

yo nunca he estado en un balneario, pero mi madre se ha hecho socia de un centro de talasoterapia que han abierto en nuestra ciudad y está encantada. Se lo pasa pipa. Dice que hay toboganes y lo de la recreación del mar muerto que no es otra cosa que agua con exceso de sal para tu cuerpo folte. y lo de los chorros y eso. A ella le encanta pero todavía no ha conseguido convencerme de que lo pruebe ni yo, ni su marido. El que si lo ha probado es el niño, que se lo pasa tan bien como su abuela.
asi que si te animas en vez de irte ahí tiras un poco más al oeste y lo probamos juntos. Aunque la verdad quien quiere eso teniendo el mar pegadito al lado.

SAL dijo...

Wolffis, no se trataba de temperatura del agua ni nada de eso, sino de la direccionalidad en la que estaban orientados los chorritos a presión que salían de debajo del asiento... ¿lo pillas?.
Besos.

Buch dijo...

Lo de las riendas, joder, todo el mundo me lo dice.

The Foss dijo...

La otra ya era buena amigo.

Ha quedado de aplauso. Me gusta mucho el fraseo acústico que tienes entre el 2:12 y el 2:30 aprox.

Y ese sonido metálico de la guitarra...

Admirados abrazos.

Wolffo dijo...

Pues es verdad, Anónimo que estando el mar... pero el mar astur en invierno debe dar auténtico pavor. Probar eso contigo no estaría mal, me lo apunto y vemos qué se puede hacer... Y mientras tanto, pruébalo, al menos, una vez, y me cuentas. Un beso y gracias, guapa.

Ya, Sal, mujer, claro que lo pillo (lo había pillado a la primera, sobre todo porque en tu comentario estaba esta reveladora frase: "te daba en el mismísimo chirri de lleno... "), lo que pasa es que no sé, te juro que a mí, aunque me manden un chorro de agua a la misma punta del cipote, no me excitaría nada... somos distontos los hombres y las mujeres, claro... Lo que me llama la atención es lo elegante que has estado al no mencionar que he escrito "berdad" con una be como un castillo de alta. Me gusta tu elegancia y otras cosas de ti que no voy a mencionar ahora por eso, porque eres sumamente legante y no quiero que el personal piense que te juntas con chusma como yo. Un beso largo.

Buch,
jajajajajajajaaaaaaa, y tú sigues ignorando semejante derroche de sabiduría... Es pa matarte. Lo malo que te pase, jaté, merecío lo tiés. Un besín, príncipe.

Gracias, Foss, tío, t'agradezco la amabilidad y la segunda escucha. Y bueno también te agradezco que seas tan buena persona y que luches contra el hambre en el mundo. otro besín, ladrón.

Wolffo dijo...

Distontos, digo... yo sí que soy distonto. Soy distinto, es verdad, y soy más tonto aún, eso es lo que soy.

mahom dijo...

Aquí la ilustre lectora especialmente sensibilizada con el tema. Supongo que algo de deformación profesional habrá (o no, puede que la profesión haya llegado como consecuencia de la deformación previa) pero me encantan todas estas historias de los balnearios, los baños de agua caliente con chorros (sabiamente dirigidos), burbujas y esencias aromáticas, los masajes y envolturas con pringues de todo tipo, el ambientillo de luces, olores, música... Y las manos que te andan para arriba y para abajo.
Me parece todo un lujo y todo un placer. Pero si es verdad que hay sitios y sitios, y manos y manos. Pero de verdad que con poquita cosa ya me siento como nueva.

Lo del miedo a que se empine de modo inoportuno lo he escuchado ya muchas veces. Nunca se me ha dado el caso, pero no le daría ninguna importancia si ocurrierra. También los hay que se ponen a roncar, que que no paran de hablar en toda la sesión... Y ahora que lo pienso, también puede ser que le haya pasado alguno y ni me haya enterado.

Y por último y hablando de lujos, para mí sí que es un lujo el que mis manos sean un lujo para las personas que quiero.
De verdad verdadera

Wolffo dijo...

Yo pensaba que también me iba a gustar, Mal, y a lo mejor es cuestión de que tuve mala suerte... pero cambio todas esas movidas por una par de horas en manos de alguien que sepa usarlas. Tú, por ejemplo.
Yo no sé si he roncado pero soy consciente de haberme quedado frito en tu camilla en alguna ocasión, frito de puro placer y es algo que mola. Muuucho.
Y claro que eres un lujo, mujer, ¿o no lo sabías? Besos a lo burro.

maripampas dijo...

Buenos días Wolffis ! Estoy acá en casa recién llegada de viaje. Y vamos esta semana también he estado organizando tres días de SPA en Uruguay para mis padres. Acá hay solo que cruzar el río de la Plata. Me hiciste reír mucho porque las descripciones que hiciste fueron las mismas que las de mi papá. Solo que le sumo aromoterapia y masaje facial. Hubo solo un problema... es que a mi padre se le voló la presión, que según mi madre fue por tanto mirar a las señoritas que los atendían... Pero bueno gracias adiós solo fue un pequeño susto anecdótico...

Y ahora lo dejo que voy a intentar descansar un rato !

Le dejo un beso enorme y muy buen comienzo de semana por allí !

maripampas dijo...

Y claro Wolffo ! No hay mejor lujo que compartir los momentos con la gente que amo, ver crecer a mis sobrinos, compartir unas charlas tomando mate con mi padre , las reuniones con la family, el abrazo de los amigos y esas cosas. No importa el dónde, sí importa el con quién.

Beso grande

Wolffo dijo...

Comprendo a tu padre, ¡cómo le comprendo...! Y me gustan mucho esos lujos que describes, pPampix. ¿Te acuerdas de lo exótico que sonaba todo esto en esa oficina de Viajes El Corte Inglés? Pues luego, ná, una mierdecilla.

Un beso y abrazos solidarios a tu padre.

maripampas dijo...

Si, como no recordarlo Wolffis. Es mas me acuerdo de esas cosas que no se entendían lo que eran , pero de que tan solo pronunciarlas me daban miedito :).

Y la realidad es que la idea del viaje de mis padres fue una copia del tuyo, pero en otro continente :). Fue el regalo del cumple de mi madre.

Ah ! Recién escuché la canción y me encantó, es que hoy a la madrugada estaba muy dormida y la pasé de largo.

Un beso grande y ya le daré tus saludos al batti ( mi padre )

Wolffo dijo...

Me encanta que te haya gustado, Pampix, porque para eso las grabo, para que alguien, en algún momento, en algún lugar, las escuche y, ojalá... las disfrute.
Un beso muy gigante.

linmer (con o sin ick) dijo...

Ese cover es una joya. Me gusta mucho.

Lo que pasó es que el ick sólo lo puse como un pequeño a ese gran hombre que escribe en este blog, por hacer tanto que no pasaba por aquí, para que supieras que el afecto sigue estando aunque no la presencia. Aunque bueno, no sería el primer ente paranormal de tu espacio...

Un placer leerte en la distancia espacio-temporal esta en la que estoy instalado, aunque si te digo la verdad, las grandes obras se aprecian desde la justa distancia que permite el bello envejecer.

Un abrazo, Wolfferas

Wolffo dijo...

Esta vez no, pero no creas, que esa cosa tuya de ir a destiempo, o a contracorriente, si te gusta más, me hace releer (ya digo que esta vez no, porque no hay referencias al texto) lo escrito, o reescuchar las canciones y eso es verdad que me da una perspectiva que no está nada mal.
Gracias por seguir ahí, tío, me hacen mucha ilusión tus comentarios extemporáneos, que no inoportunos. Aunque, a lo mejor el asunto sería que cada uno pillase su ritmillo, quién sabe...
Un abrazo y gracias, mil gracias otra vez.