martes, abril 04, 2017

El abrazo (Mis líos con María III)

Me estoy preparando un té porque, dios bendito, necesito templanza de ánimo, flema y algo de diuretismo natural para el episodio que voy a referir a continuación.
María tiene unas poderosas y preciosas pantorrillas y un carácter afable y bien sincronizado con su biolumen (como todo el mundo sabe, y por decirlo en pocas palabras, un compendio, una especie de mix de sus ciclos biorrítmicos, lunares y menstruales), además de unas ganas locas de amanecer. Ella siempre quiere amanecer. En eso, no ha cambiado nada, y sin embargo, en lo otro, en lo del biolumen, bueno, con eso está cada día más pesada, insistente, mejor, aunque me duela decirlo, porque a veces lee estas cosas y se enfada conmigo.


Cuando María atravesaba una buena racha, biolumínicamente hablando, solía ignorarme olímpicamente. Con olímpicamente me refiero a que lo importante es participar, ¿verdad? pues ella suele participar activamente en lo de ignorarme, se le da divinamente, como si se tratara, efectivamente, de una cita extraordinaria y cuatrienal, y lo da todo y le sale muy bien, y consigue medalla, como si hubiese entrenado, la muy cabronzuela. Me ignora fenomenal. Y yo, claro, preferiría que se le diera un poco peor ignorarme, como se me da a mí, más o menos, porque a veces, me enfado con ella y digo, ¿ah, sí...? pues ahora te voy a ignorar yo a ti... e, invariablemente, fracaso con  estrépito. Pongamos que empiezo mirándola así, como enfadao, pero acabo embobado en seguida y termino fantaseando con ella onírica  y onanísticamente. Todo eso en un lapso no superior  a 20 minutos. La verdad, podías gustarme un poco menos...

Es raro, porque como habéis leído, si es que habéis leído las anteriores entregas de Mis líos con María, la I y la II, habréis leído que, coño, se nos daba bastante bien coincidir y copular, tocarnos y todo eso, pero un día todo cambió. Fue el día de la creación de mi obsesión. Alguien dijo algo, como que vio algo que alguien le hizo a alguien y yo te pedía otra cosa y tú me dijiste que me dabas esa
cosa, pero no me la diste y yo me enfadé pero no dije nada y tú te enfadaste y sí dijiste cosas, no a mí, sino a todo el mundo, cosas de mí y todos me miraban raro, y tú ni me mirabas y un día, sin previo
aviso, bajaron tus pies del cielo, como una anunciación divina, y yo estaba respirando esperanzas y de repente, me vi solo besándolos como cuando Dios creó al hombre insuflándole la vida digitalmente, podríamos decir, mientras Buonarotti hacía de miranda y lo plasmó en el techo ese tan célebre, pero lo nuestro fue en tierra de gatos y yo pensaba que me amarías ya siempre, pero no, resulta que fue el peor error de tu vida, según tus propias palabras (crueles e innecesarias palabras) y así se creó mi obsesión y tú te ibas y te ibas y yo que daba rodeos y no me atrevía a seguirte, y me hacías la goma, como Perico Delgado en las etapas de montaña, ora me hablabas, sin demasiado entusiasmo (como si te diera pereza ignorarme) ora me odiabas, con empeño digno de mejor causa, y yo nunca supe a qué atenerme, si a tu desdén o a tu desgana, pero siempre estaba dispuesto a... ya sabes, rozarte el culo en un pasillo, arrimar la cebolleta o algo así, aunque debo reconocer que mi actitud cambió desde entonces: si siempre había sido proactivo, como dicen los cursis (y cada día hay más cursis), en el asunto de los tocamientos y los arrimes, y compartía la iniciativa contigo, a quien gustaba ese juego tanto como a mí, a partir de entonces, desde ese momento obsesivo, solo "estaba dispuesto", pero nunca hice nada. Esperaba que tú hicieras algo... esa forma que tienes (tenías, digo con añoranza melancólica) de darme un gracioso tetazo (tetacillo) mientras das los dos besos del saludo de rigor, por poner un ejemplo... y ahora no hacías nada de eso. Te estabas volviendo rara.
De pronto un día, llorabas.  Desconsolada y pelín alcohólicamente, llorabas. Estabas sola frente al mundo y nadie parecía entender tu punto de vista. Ni yo. Debo decir en tu descargo que si tú estabas pedo, los demás estábamos peor. Mirabas a un lado y a otro, buscándolo, pero sin pedir apoyo... más que apoyo, comprensión, reclamando el derecho a ser diferente, tan maravillosamente diferente a veces, tan, también a veces, irritantemente diferente. No fue a más. No hubo drama, ni pelea, solo un poco de desconsuelo, de soledad en compañía que no entiende. Como tantas otras veces, buscaste consuelo en los brazos de tu amiga, en los de tu pareja, y yo miraba -muerto de envidia, he de reconocer- a ver si me tocaba a mí un poquito de ese abrazo, pero nada... y de pronto,sin esperarlo, nos abrazamos.
Empezó como siempre.Yo te abrazaba y esperaba que que, al menos, no me rechazaras. Pero cuando estreché mi abrazo un poco más, encontré tu cálida respuesta. Cerraste tus brazos en torno a mi cuello y pegaste tu pecho al mío y dejaste que las lágrimas fluyeran. Yo te abracé refrenendo mis ansias y te besé a lo tonto en el cuello, bajo la orejilla, tratando de consolarte. Besos sin sexo, besos castos a mi pesar, que notaba tus pezones llamar a la puerta de mi corazón y tensar la cuerda de mi deseo.

Y en tu abrazo, perdido y encontrado el sentido de la vida, me acordé de un día que te pregunté que cómo me definirías como amigo, ¿como amigo?dijiste tú,  hmmmmm.... excelente. Y entonces yo te pregunté si era mejor cuando aún era celente, antes de convertirme en ex(celente) y tú me dijiste que si era idiota o qué y yo no supe qué decir, porque, mira, yo soy idiota, de hecho, pero no me gusta que lo descubra la gente. Prefiero llevar mi idiocia discretamente, como llevas tú el deseo que sientes por mí, no lo niegues, y que nadie se dé cuenta porque el día que me descubran, María, estoy perdido. Es como cuando sueño que estoy desnudo en la calle y nadie se da cuenta y yo estoy angustiado de que alguien lo advierta, y nadie dice ni mu y a mí se me caen los dientes, se me llena la boca de dientes rotos y pulverizados, y los escupo con más angustia que asco y es de estas cosas de las que debería hablarte y lo haré lo próxima vez que me hagas un análisis caligráfico, oh capitana, mi capitana, ahora que nuestro azaroso viaje ha terminado... vaya,
¿Ha terminado?
Creía yo, tonto de mí, que sí.
Mas tu abrazo,
¡oh, tu lastimado abrazo!
dulce y firme, sincero y librepensador,
me dijo entre líneas que quizá estabas dispuesta
a zarpar otra vez y hacerte al amor
y hacérmelo también a mí
en una singladura secreta y exclusiva,
en un mar de sueños improbables,
en un mar de asuntos varios esquiva.

Yo soy el hombre que navegando, sueña,
porque sólo vivo en mis sueños.
y tú eres la mujer soñada,
porque no podrías vivir ´
sin esa parte tan profunda de mi.

Ni tú ni yo somos sueños,
y ninguno somos dueños
del furor del desempeño
de los mitos que desdeño
y siendo así los dos reales,
tú y yo juntos, un sueño imposible,
sencillamente, hago visible
que no estamos entre los normales
que el amor es la mar de los sueños
y los sueños, un viaje salado

(nadie dice que sea fácil)
y todos están equivocados
Es solo echarte un vistazo, mi diosa,
y querer morir en tu abrazo.
En tu dulce y eterno abrazo.

Y podéis creerme o no hacerlo, pero María, ante semejante derroche de sensibilidad y talento, no se desnudó. No en seguida. Tuve que emborracharla a modo.
Y ni aun así.


7 comentarios:

Carmen garcia jeronimo dijo...

Me encanta!!
Besos querido Woffo

Wolffo dijo...

Y a mí me encantas tú, Mamensita mía. ¡Qué alegría me da verte por aquí!
Besos a ti también, cielo.

Carmina dijo...

No sé, no sé.... Tengo la impresión de que en este texto hay algo que se me escapa, y no acabo de pillarlo. He llegado al final y me he quedado como esperando algo que no terminó de aparecer. No me hagas caso. serán tonterías mías.

Muchísimos besos... y un abrazo apretao

Wolffo dijo...

Hmmm... yo tampoco sé qué decirte. Quizá lo que no ha terminado de aparecer aparezca en la cuarta entrega de Los Líos.
A ver si a la cuarta va la vencida...


Besos, Kotts!!

Carmina dijo...

Espero con impaciencia esa cuarta entrega, George. Sabía que no me dejarías con la miel en lo labios

Un beso y hasta pronto

Mal dijo...

A mí también me encanta!

UN ABRAZO:
Mal

Wolffo dijo...

Y tú, Mal que te pese, me encantas a mi también (foto de Julio Iglesias) Y lo sabes.