jueves, febrero 23, 2012

Acústica Stagg SW205-N en venta



A la venta/cambio esta acústica de perfil Dreadnought fantástica para inicarse en el mundo de la acústica. Es la guitarra con la se ha iniciado mi hijo, que ha pasado al siguiente nivel y que ya me ha rapiñado mi vieja y fiel Epiphone; de modo que ponemos a la venta para ver si nos hacemos con una eléctrica del mismo nivel: básica, para iniciarse. Por eso, admito cambios por alguna guitarrilla eléctrica que tengas en un cajón olvidada. Contactos dejando comentario aquí con forma de contacto o escribiendo al email wolffo@gmail.com

Más detalles: Anuncio en guitarristas.info

Por razones logísticas, mejor si eres de Madrid o sus amplios alrededores (pongamos 150/200km). Muy baratita.

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martes, febrero 21, 2012

Ella sabe lo que quiere... y yo se lo voy a dar

Ella viene a mi estación todos los días con alguna excusa extravagante: poner gas-oil, repostar, comprar tabaco, ponerle carburante al coche, tomarse una cerveza fría, llenar el depósito, llevarse el pan...  y yo sé lo que ella quiere en realidad.

Ella viene, a veces, con jersey verde, y pantalones de los de antes, de los de cintura alta y nalgas dibujadas.... pantalones eternos. Si no quisiera nada, vendría con vaqueros de esos que no dibujan el culo y que llevan la cintura a medio moflete. Vaqueros de hoy.
Ella se pone en los labios rojo nisenota; en los párpados, sombra buenacara; en las pestañas, toparriba; y huele a flores y a brisa. Si no estuviera buscando lo que yo sé que está buscando vendría sin pintar y oliendo a chorizo, que es a lo que huele la gente normal. Y ojo, que a mí me encanta el chorizo.
Ella me sonríe y me da las buenas tardes... aunque a veces me da los buenos días, sobre todo cuando es por la mañana. Yo sé lo que está buscando, porque si no quisiera nada, entraría como entran los que tienen mucho lío, con el billete de 20 en la mano, tirándomelo a la cara y gritando "¡20 de 95 en el 3!". Pero no, ella sonríe y me dice que qué tal. Y me desea buenas noches (cuando es de noche) y yo sé que me desea mucho más...
Ella siempre me cuenta algo intrascendente y alarga su estancia en mi gasolinera, dejándome bien claro lo que pretende con sus sonrisas e insinuaciones, con su sex appeal tórrido y lúbrico. Ella levanta el pecho con un sujetador, mueve sus aldabas al ritmo de sus pasos y siempre se vuelve antes de salir de mi gasolinera para sonreírme.
Ella, con todo su ser, con tus pechos almohada, con sus labios mousse, con su lengua juguetona, con sus muslos confortables, con sus piececitos alados, con su melena comedida, con su regazo hogareño, con su culo jaranero, con su cerebro provocador me está pidiendo, cada día con más vehemencia: ¡házmelo!
Y yo, hoy, cuando la vea entrar, pienso dejar que me seduzca, pienso seguirle el juego y cuando crea que todo será como es todos los días... se lo haré. sin ambages, sin dejar pasar más tiempo, allí, en medio de la gasolinera. Le voy a hacer una Visa Cepsa Porque Tú Vuelves, porque ella, a pesar de ser tan golfa, merece como todos ahorrar hasta un 5% en sus repostajes y un 1% en cualquier otra compra que haga.
Y si tú también quieres una... no lo dudes, te la endiñaré.

miércoles, febrero 15, 2012

Sucesos extraños en el Mercadona

En la calle Vallehermoso no existe  la pendiente ni la luz que sí hay en Donoso Cortés. Pero yo estoy en Vallehermoso, caminando, pensando que no tengo dinero, ni teléfono, ni llaves, ni nada.Estoy preocupado porque tengo que ir al hospital, no sé cómo voy a llegar y no sé cómo identificarme en la puerta para que me dejen subir.
Camino un rato dando vueltas a mis posibilidades. El semáforo que hay al final de la calle, sin embargo, sí lo tengo perfectamente localizado: es el de una de las salidas de La Vaguada a la Avenida de la Ilustración. En ese semáforo, al anochecer, mantengo una irreproducible (por psicodélica) conversación con una pareja que sale de un Opel Corsa  gris, de los antiguos, que es el primero en la cola, esperando a que el semáforo se abra. La pareja es joven y se encuentra en apuros y yo no les puedo ayudar. Como el chico, que era el que conducía, se ha bajado para enseñarme lo que parece un vale descuento de MediaMarkt y que le angustia porque "no somos de Madrid", impide que los coches avancen cuando se abre el semáforo, se produce una bonita pitada. Me lo quito de encima con aspavientos y estoy conduciendo mi fiel Picasso y me tanteo el lado derecho del chaquetón para comprobar que llevo la cartera. Debe haberse producido una elipsis morfiana, porque ahora es como medio día, ha nevado y trato estoy entrando en mi coche en un inexistente parking de tierra del Mercadona de Majadahonda. Los eficaces empleados han recogido la nieve habilitando un pasillo ancho para entrar y salir y han barrido la nieve en un determinado punto formando una graciosa, pero insuficiente rotonda... vamos no es una rotonda, sino una especie de redondel, un espacio circular diáfano.Por alguna razón, al ver el redondel tan mono, se me quitan las ganas de comprar y sólo quiero dar la vuelta y salir de allí. O sea, no es que tenga miedo, es que el ver ese espacio limpio y redondo me hace comprender que mi objetivo en ese día es dar la vuelta y ya está. Como sospechaba, el redondel es demasiado pequeño para el ángulo de giro de mi coche, así que tengo que maniobrar. Al meter la marcha atrás, ya no existe el parking de nieve, estoy en una carretera rural, con un montón de maleza a los lados. Cuando el coche llega al límite del asfalto, y aun a riesgo de que el suelo esté a un nivel más bajo que la carretera, sigo retrocediendo, con osada cabezonería. Afortunadamente, no hay desnivel y el coche atraviesa y plancha la maleza. Ahora toca dar marcha adelante y volver a la carretera en sentido contrario, pero por esas cosas extrañas de la vida, cuando quito la marcha atrás, ya no voy en coche, sino que tengo un jersey azul marino y estoy tumbado entre la maleza, tratando de salir de ella y volver a la carretera, que afortunadamente sigue ahí, para no desorientarme demasiado. Me sorprende ver el tamaño de las lagartijas, más o menos como mi antebrazo, pero ellas parecen más asustadas que yo. Una lagartija, sin embargo, me planta cara y levanta su cabeza y estira su cuello desafiante. Cabe mencionar la curiosa morfología de la lagartija: el cuello es largo, en plan jirafilla diminuta y su cabeza es cómicamente grande, y tiene algo de dibujos animados. Además, lo más curioso es que tiene caparazón, como las tortugas, pero es un caparazón, digamos, esbelto, como de legionario romano. Soy lector de Astérix, así que estos locos romanos no me asustan y le doy una decidida toba en la frente a la lagartija-tortuga y es gracioso, porque toda ella sigue en pie, desafiante, pero su cabeza cae a plomo colgando de su cuello como de un hilo de bramante.
¡Qué torpes! pienso y busco nuevas víctimas con mi mano en configuración de ataque por tobas. Pero las lagartijas-tortuga no son una especie boba; han aprendido genéticamente, y en un segundo, que una toba bien dada es un ataque letal, así que se han vuelto ágiles y se van. Avanzo sin dificultad, arrastrándome por la maleza y justo cuando voy a llegar al borde de la carretera, hay una acera que antes no existía y una boca de alcantarilla de la que sale una especie de lagartija-cobra, una especie más temible que la lagartija-tortuga. Por alguna razón, al golpear a la lagartija-tortuga, su torpeza y lentitud han pasado a mí y la lagartija-cobra me vacila ahora con movimientos insinuantes (insinuando que me va a picar) de su cabeza mortífera. Me concentro y sin dejar de mirar a mi oponente, que tiene ojos que brillan en rojo sobre fondo negro, toco por debajo de la maleza una piedra de tamaño adecuado. La agarro con fuerza, hago un esfuerzo titánico por salir del sopor y ataco a la lagartija-cobra con un grito desesperado de guerra:
- AAAAAARRRRGGGGGHHHHHH....!!!
Y, queridos míos, me he despertado lanzando la almohada al despertador cuya amenaza marcada en rojo sobre fondo negro no era picarme... era despertarme.

lunes, febrero 13, 2012

Los Kinks me ayudan a pasar el trago

Dale al play y deja que te acompañe mientras lees.




Acabo de hacerla otra vez. Vuelvo a joderla y necesito de nuevo un tiempo para quitarme de encima la mierda. Es decir soy yo el propagador, o sea que la mierda debe ser, en su mayor parte, mala conciencia.

Mis amigos resisten así que deben ser mejores amigos de lo que merezco, porque aguantan mis arrebatos de esto no puede seguir así y siguen ahí cuando les llamo y les digo que si volvemos a empezar.

Esta vez, sin embargo, no va a ser así. Ni que les llame ni que, no llamándoles, les dé ocasión de que me perdonen. He hecho saltar por los aires algo precioso, pero que me estaba empezando a pesar. "Ya está con sus cosas" y supongo que es así, ya estoy con mis cosas. Pero quiero que la parte de mi vida que se ve ocupada, invadida casi, por mi música, sea de otra manera, sea... ¿mejor? No lo sé, pero necesito que vaya de otra manera, así que os dejo con yo mismo cantando media docena de extraordinarias piezas de los Kinks, y yo me voy a ensayar, esperando que mis amigos me perdonen... una vez más.

domingo, febrero 05, 2012