miércoles, noviembre 11, 2009

Y entonces, llegaste tú.

Till there was you (canción para Mahomal)

Yo tenía una amiga que tenía un novio que tocaba en un conjunto de Rythm&Blues. A mí me daba mucha pena no poder tocar en un conjunto así y empecé a montar un grupo con la idea de hacer versiones de los Beatles. Esa amiga amiga me dijo un día, "mi preferida de los Beatles es..." y no se acordaba del título. Pero me la tarareó y yo me dije, "cielos, he de aprendérmela". Y me la aprendí. Eso debió ser hace unos 18 años. Desde entonces, cada vez que toco este tema, me acuerdo de ella, mi amiga Mal, conocida por estos lares como Mahomal. Y tengo ganas de que un día, esté ella delante cuando la toque. Hasta entonces, la he grabado, deprisa y corriendo, a ver si le gusta así. Es una vieja canción del musical The Music Man que los Beatles interpretaron con especial gracia y que yo me encargo de jorobar con mi gracejo, también. Para bajarla, como siempre, en el título.


Me parecía bien, ya sabes, no hacer caso a nadie, y pasar las clases dormitando, dejando que el sol invernal de medio día, filtrado a través de la ventana, me calentara el cogote, y las palabras monótonas del profesor me sirvieran de nana. Me parecía bien que nos dejáramos en paz mutuamente: yo no les molestaba y ellos se limitaban a catearme y a ignorarme y todo iba bien.
Me parecía bien que el mundo fuera como era, despreocupado, lento y tranquilo y que las cosas como jugar al baloncesto, tirar petardos, pelearnos con los del barrio del otro lado de la avenida y fastidiar a las niñas pijas fueran sólo importantes cuando estaban sucediendo, sin hacernos perder el tiempo pensando en ello mientras hacíamos otras cosas. Mientras vivíamos.
Estaba de acuerdo en eso de que vayas tirando mientras no te pillen, y apechugaba de buen grado si el Judío me pillaba robándole pipas, o el Porky me pillaba copiando en sus aburridísimos exámenes, o cuando el padre Manolo me daba un pescozón porque me pillaba mirando embobado a la mujer que le limpiaba, mientras tendía sus sacramentales ropajes. Aceptaba, incluso, sin protestar demasiado las protopalizas de mi padre cuando volvía achispado a casa y yo no sabía callarme y presumía de ingenio y él se cabreaba y me daba y sólo me hacía daño de verdad cuando me hostiaba de revés con la derecha, y el sello ese que tenía en el meñique siempre me hacía sangre y me picaba mucho.
Si reponían una de los Beatles, Let it be debimos verla unas quinientas veces, en los Dúplex, o el programa doble Quadrophenia-The kids are alright, o Tommy, o cualquiera de esas pelis musicales que nos gustaba ver, simplemente, íbamos y sabíamos que en el cine seríamos 20 o 30 a lo sumo, y cantábamos en voz alta y nos creíamos de puta madre porque a las chicas y a los bobos a los que no les gustaba la música se aburrían. Y luego volvíamos en el metro cantando en voz alta las canciones y éramos los dueños del mundo.
El mundo era sencillo. Vivir era fácil. A veces era divertido, a veces dolía, a veces nos aburríamos, otras veces los días pasaban sin más historias, pero no era difícil vivir.
Hasta ese día, ese maldito día; el día en que llegaste tú.
Estábamos, como siempre, sentados en los bancos enfrentados (el dúbel) metiéndonos con Pinto o con Luis y su perro Ringo, que no sabía hacer ni una puta gracia: ni sit, ni dame la patita, ni corre a por ese palito, ni nada. Era un chucho infecto y todo su repertorio de cosas graciosas se limitaba a lo que cáusticamente, llamábamos el Ringazo: te miraba con cara de bobo, ladeaba la cabeza, arqueaba el lomo, levantaba el rabo y tiraba unos pedos asquerosos mientras emitía un extraño y nada tranquilizador aullido. Luego se perseguía el rabo, dando vueltas en círculo, hasta que se cansaba (afortunadamente pronto, era un perro estúpido, pero vago) y se tendía, exhausto, a nuestros pies.
Estábamos en una de esas, dando por culo a Luis con lo estúpido que era su perro, porque era divertido ver lo mucho que se mosqueaba con esas cosas. Llevaba todo el día un camión de mudanza llenando un piso de mi portal con cantidad de muebles y cajas y cosas como lámparas y eso y de repente, un 1430 color café con leche, el de los faros dobles, preparao a tope, con llantas y faros auxiliares Hellas, que sonaba como una bestia encerrada, se sube en la acera y de allí baja tu padre, que no parecía un padre ni nada, porque era como una especie de amigo mayor peligroso, y bajaste tú con la camiseta más ajustada que habíamos visto en esta ciudad en toda nuestra vida.
Y todos nosotros nos quedamos embobados, hasta Ringo, el perro necio, se quedó quieto mirándote las tetas.
- ¡Qué… chavales! – dijo tu padre - ¿no váis a ayudar a una chica así de guapa?
Y todos fuimos corriendo al maletero de tu coche para ayudar a la chica de las tetas hipnotizadoras y allí había maletas, bolsas y cajas para todos. Así que te ayudamos a llevar las cosas al montacargas y sé que alguien te preguntó que si veníais a vivir ya y otras cosas, pero yo me enteré de nada, sólo podía mirarte las preciosas peras que ajustaban tu camiseta.
- Dile lo que pone, que está sufriendo – dijo tu padre y yo no sabía de qué coño hablaba.
- ¿Cómo dice…? – le digo yo
- ¿Qué dices, papá? – dices tú
- Que le digas lo que pone en el logotipo de la camiseta – aclaró tu padre, con un aire tan inocente que dudé de si se había dado cuenta del pastel-, que lleva mirando e intentando leerlo desde que te bajaste del coche, me da pena, dile lo que pone, mujer…
- “Almost Heaven, West Virginia” (Casi el cielo, Virginia Occidental) –dijiste tú señalando tus tetas con el dedo y levantando el pecho, como si hiciera falta, para que pudiese leer ese logotipo que cubría tus gloriosos melones.
Y la vergüenza, la inmensa vergüenza de que tu padre, tan graciosillo, me hubiera pillado mirándote obsesivamente las tetas, fue lo que impidió que tuviera una polución diurna espontánea. En mi vida había visto nada más bonito que tú.
Xano, mi gran amigo, te preguntó, no sé si con coña, yo estaba demasiado aturdido para pillar esos matices, que si te llamabas Virginia y que si venías para mucho tiempo y entonces tú dijiste las ocho palabras que me han torturado desde hace casi 40 años:
- Me llamo Lorna Cor y vengo para quedarme.
-.-
Y ya nunca fue nada igual.
En clase ya no dormitaba, sino que escribía tu nombre con complicadísimos caracteres mil y una veces y ensayaba cosas interesantes que decirte; no jugaba al fútbol igual y ya no tiraba petardos y secretamente, escribía poesías repulsivamente cursis en las que eludía hablar de tus pechos de forma explícita, pero no conseguía soslayarlos del todo y las figuras representativas (montañas suaves y redondeadas, cántaros de miel, etc) aludían evidentemente a ti. A esa enorme y preciosa parte de ti.
No iba a ver pelis musicales, sino que intentaba ver engendros como La fuerza del cariño o Grease, que no sé porqué te gustaban esas atrocidades.
Dejé de vestirme con la primera camiseta que pillara y los vaqueros y las zapas y empecé a ponerme camisas y zapatos y jerséis de pico.
Ya no vivía despreocupadamente. Ahora pensaba en ti todo el rato.
Me imaginaba que me veías todo el tiempo. Como si en algún lado hubiera una cámara de video y te retransmitiera en tiempo real mi vida, mis cosas. Cualquier cosa que hacía o decía, la hacía o decía de un modo en que –a mí me parecía- te gustaría a ti. Pero trataba de ser natural, para que tú no te dieras cuenta de que yo sabía que me mirabas. Lo que se dice una obsesión.
Y lo peor fue cuando te hiciste mi amiga. E intimamos. Y esa noche en la que, al fin, me invitaste a dormir a tu casa, cuando tu padre se fue de viaje.
Vimos Yo Claudio en la tele y yo creí enloquecer cuando te quedaste dormida en pijama y pude mirarte a mis anchas durante casi media hora. Te di un beso en la punta del piececito, sin despertarte, y te desperté tocando tu hombro para que nos fuéramos a acostar. Íbamos a dormir en la cama de tu padre, que era enorme.
Nunca se me olvidará lo que me dijiste cuando me acerqué a ti por tu espalda y cogiéndote el pecho con firmeza y cariño, empecé a lamerte detrás de la oreja. Te diste la vuelta rápidamente, casi con violencia, te deshiciste de mi abrazo y, echando fuego, me dijiste:
- ¿Eres gilipollas, o qué…!
- ¿Qué pasa… no te gusto?
- Pues no…
- Perdona, creí que… en fin, que me habías invitado para esto… ¿por qué no te gusto?
- Porque no me gustan las tías. Y menos las marimachos, como tú.

Desde entonces, os lo juro, soy mucho más femenina.

34 comentarios:

The Foss dijo...

Gran Wolffo.

Vayamos por partes. ¿Qué canción es ésta?

Creo que no la había oído nunca y me ha gustado ... mucho. Tengo que buscar la original pero tu versión es buena buena, como diría Arguiñano, con fundamento.

Además, te ha quedado como un sonido de años atrás, como mono ... no sé si me explico. Y esa guitarra, cómo suena!!!

Y la historia ... Por un momento pensé que habías escrito mi vida, esos profesores con mote, esa sensación de aburrimiento en clase tan directamente proporcional al castigo al llegar a casa con las notas o tarde.

¿Sabes que me fui con mi abuelo al Duplex a ver un programa doble con Yellow Submarine y A hard day's night? No recuerdo el año pero debía tener yo unos 15 o por ahí...

Ahora, volviendo al tiempo actual , ¡qué cabrona Lorna Cor!. A quién se le ocurre calentarte hasta hacerte reventar el pantalón y dejarte de esa forma...

País.

Hoy vuelve a ser un día largo, con actualización de sw y todos esos líos que harán que llegue a casa muuuy tarde. Así que te dejo resignados abrazos pero llenos de admiración.

Buch dijo...

Si, claro que sí, Till there was you, con buena picha bien se jode. ¿Quién se resiste amigo mío a esa canción? Es mágica ¿Qué no? Es de esas cosas que cantaba mac. Que fue intentando, que empezó con Bésame mucho, Take good care of my baby (esa no tienes huevos a grabarla, lo sabemos todos), y por fin el cover definitivo, Till there was you.
Siempre me gustó mucho, y me alucinaba que el final fuera tan brillante.

Pero aparte de la canción, que es perfecta, la historia es también un escándalo, un padre perspicaz en un 1430, preparao, con las movidas Hellas. Coño, es que lo estoy viendo. Canela. Joder, desde el fura cronos del capullo aquel que se ponía histérico por si le dábamos a un pelotazo, no había visto yo un coche con tanta clarividencia.
¿No tenía tu padre uno, solo que son preparar? No estoy seguro porque puede hacer 350 años de esto, pero me huele que sí.
Jó, y cuantas veces nos pasó eso de que los padres de las buenorras del barrio se piraran de viaje, y las hijas nos invitaran a sus casas…
Oye me encanta la camiseta, se puede hacer una colección con cachos de canciones…
You were my strength when I was weak.
Y todo ese rollo.

Kotinussa dijo...

Yo tampoco conocía la canción. Es que ¿hay alguien que conozca todas las canciones de los Beatles? Bueno, tú seguramente sí.

Y con respecto al relato, comprendo perfectamente a Lorna. Una vez, en unas excavaciones arqueológicas en un infecto pueblo de la sierra, en una horrible pensión (era la única del pueblo), también se me metió una tía marimacho en la cama (esto no se lo había contado a nadie, jamás), con la excusa del frío tremendo que hacía. Menos mal que no trató de lamerme la oreja ni nada. Se conformó con dormir en mi cama y yo no pude pegar ojo porque le castañeteaban los dientes (era verdad que hacía un frío mortal).

Así que, por una vez, Lorna, estoy contigo.

Besos, Wolffete.

Buch dijo...

Muy bien cantada, tío. Se ha portado el JVLC.

Wolffo dijo...

Gran Foss,
bueno, la original es más como la del enlace de YouTube de The Music Man, pero esta versión es hija de la de los Beatles. Como cuento en el textito de la canción, el fundamento es que llevo mucho tiempo tocándola y que es una canción de esas que llevas metida en la piel.
¡Cómo era la vida entonces, eh? buf, qué duro era el cole y qué geniales los Dúplex, donde a lo mejor coincidimos en una de esas: yo fui unas cuantas con Buch, y con Fants a ver musicales de los de verdad, no mariconadas tipo Mama Mia.
Espero que no sea demasiado dolorosa esa actualización de las partes blandas y que no llegues demasiado tarde a casa. ¡Buena vida!

Buchy, nen, mañana tienes teicgudquer y que sepas que hace apenas 10 segundos, tu ahijada estaba aquí detrás de mí leyendo por encima de mi hombro y en la pantalla, sublime, tu frase relucía: "con buena picha bien se jode" y me pregunta, angelical, Buch, ¿es mi padrino? y se ha reído, tengo que reconocerlo... mira, te voy a llamar y luego sigo.

Wolffo dijo...

Sigo.
Eso, que has quedado como un poco padrino búfalo, o sea, golfillo, pero buen tipo y todo eso.

Mi padre tuvo, después del 1500 familiar un 1430 sin preparar color café con leche; luego un Ronda 75, un 131 Diplomatic... y ya, porque en fin, se hizo viejecito y ya no condujo más. Yo de buenorras sin padre me acuerdo de la canaria esa que no me acuerdo y una vez las hermanas sexuales esas, Claudia y nosequé. Uf, qué de cuantas cosas. Mi camiseta podría ser I'd rather see you dead, pojemplo.
Besines, rey.

Kotts, mujer, esta canción es imprescindible, la compuso Meredith Willson en 1957 y podría seguir copiando de Wikipedia, pero tampoco vale la pena. Puedes ver, eso sí, los enlaces que pongo en el post y te mando por correo la excelsa versión de los Beatles con un Macca más que sobrado... quién tuviera el 10% de su garganta... En fin, Kotts, esa experiencia pseudo sáfica has de contarla con más detalle, ya sabes lo que nos pone a los nenes buenos las historias de niñas malas...
Un beso, Kotts, con otros ojos...

mahomal dijo...

Wolffo: la has bordado. Sigue siendo mi favorita de bitels, y sigo sin saberme el nombre. Me encanta que te acuerdes de mí cada vez que la tocas, pero te he de confesar que yo la tengo mentalmente asociada a mi cuñado Augusto, que fue a quien se la escuché la primera vez. Y tuvo que repetirla una segunda (y una tercera, y una cuarta..) porque me enganchó ipso-facto.
Ahora me engancharé a tu versión y, me conozco, la escucharé compulsivamente unos cuantos dias, ya verás.
Ni me he leído el post de los nervios que me han entrado. GRACIAS y enhorabuena, artista

Wolffo dijo...

Ojs...! Augusto...me has clavado una espina en el corazón, mierda, él tiene el monopolio de Till there was you...
Bueno, a ver si te mola el post, ya me dirás algo, Un beso y gracias a ti, nena.

Buch dijo...

Silvia, cojones. ¿Como te puedes plvidar de su nombre, con la de veces que habrás...cantado My back pages, en su honor.

Wolffo dijo...

Cuando... cantaba esa canción, ya sabes, era ella la que repetía mi nombre, no yo el suyo, y yo me limitaba a asentir, sí, nena, sí, toma...

Y la canaria, que estaba rebuenísima, la que vivía en el mismo portal del Bombilla... esa era Bárbara, Sandra, o algún nombre así. ¿te acuerdas de ese?

The Foss dijo...

¿No sigue contando Kotts su historia de colchón??????????

¿Nadie va a pedir un "más más más"?

Buch ¿tú tampoco hijo mío?

Wolffo dijo...

Sí, Kotts, es justo y necesario.

Buch dijo...

¿canaria? A esa nunca le canté My Back Pages, además en el portal del bombilla, ni puta idea. Molaba Lourdes.

Efectivamente, Aquí la gente viene y deja las historias a medias.
Así que me sumo,¡Que lo cuente, qué elocuente!

Wolffo dijo...

¡Gabriela!

(no era canaria, pero había alguna historia de canarias en torno a ella, me parece)

Buch dijo...

Gabriela ¿Gabriela? Claro Gabriela, pero de canaria no tenía nada. Eso de canarias es la clásica inventada tuya. Además Gabriela, que era precosa, no era del barrio propiamente dicho, era externa. Silvia y claudia si que eran del barrio, además Claudia de pequeña era de la pandi de mi hermana, y entonces era mofletuda y regordeta, pero luego...¡FDíjate lo que llevaba dentro!

fantasma paraíso dijo...

No es la nostalgia. No es la puta nostalgia, sino que lo cuentas bien y da gusto leerlo. Foss ve su infancia y yo la mía. Y eso es lo bueno, que seas capaz de escribir algo en lo que muchos nos sintamos reflejados, sin que sea literal, ni falta que hace. Porque, además, nuestros recuerdos tampoco lo son. Después de todo yo no fui al CHA, sino a los Jesuitas, ya sabes, aunque sí me senté muchas veces en un dúbel (término, por cierto, cuyo copyright reivindico). Y también conocí a Ringo.

Leyendo tu historia estaba expectante por saber quién era la nueva vecina de las grandes tetas; sí sería real o no. Y al final resulta que sí lo es. Lorna Cor..., en cierto modo, amigo, tú me la presentaste o al menos me enseñaste mucho de ella. Y tienes toda la razón: llegó para quedarse.

«Till there was you» es una bonita canción de los Beatles. Hacía tiempo que no la escuchaba y ha sido agradable revisitarla. Y además viene que ni pintada con la historia, porque la relaciono con la Lorna de entonces, la que tímidamente empezaba a conocer y la que también me recuerda a ti en esa época. Sonrío al recordar que Lorna Cor tenía entonces grandes tetas. ¡Pues claro que sí! Éramos adolescentes y no se podía pedir nada mejor.

Luego el tiempo fue pasando y Lorna cambió. Todos cambiamos. Y cada uno de nosotros al crecer, al alejarse, fue buscando a su propia Lorna Cor. Esa Lorna que un día llegó al Redondel y bajó las maletas del coche no nos abandonó jamás. Yo la seguí, la busqué y la encontré en muchas otras mujeres. Y todas eran distintas. Y todas eran ella. Conocí y amé a Lornas negras y desgarradas. Lornas neuróticas y adictas a las drogas. Lornas excesivas, Lornas sensibles, Lornas poetas. Incluso conocí a Lornas muertas.

Lorna se cortó el pelo a tijeretazos y se lo pintó de azul. Se vistió de negro y me enseñó el lado oscuro. Caminé con ella por lugares prohibidos. Crucé las puertas de la percepción. Bebí, me drogué, y bailamos frenéticamente hasta el amanecer. Follamos como si el mundo fuera a terminarse mañana. Quizá lo haga. Quizá fuera cierto que no hay futuro.

Y Lorna también creció y maduró. Aunque dentro de un orden, claro, porque ella es rebelde por definición. Hoy sé que todas esas Lornas que conocí —y las que conoceré— son una sola. Y ella, salvaje, descarada, vivida como nadie, también sabe de vez en cuando mostrar una sonrisa inocente y juvenil. Y poner cara de no haber roto un plato. Y cantar, por ejemplo, «Till there was you». Y derretirnos a todos.

Me gusta pensar en que llega un 1430 al Redondel. Y va preparado. Con llantas chulas. Con faros Hella. Y ella se baja con la camiseta esa de West Virginia (que a mí, junto a John Denver, me recuerda a una amiga americana que tuve entonces y era de allí). Me gusta pensar que tú la ayudas con sus bártulos y sé que te acostumbrarás a llevárselos. Y lo harás bien. Me gusta pensar que deja embobado a todo el que la ve.

Pero, sobre todo, me gusta pensar que coges el teléfono, que marcas mi número, y sin más preámbulos y visiblemente excitado, me sueltas: «¡Ha llegado una tía nueva al barrio. Tienes que conocerla: no te vas a creer las tetas que tiene!».

Fray dijo...

Post Wolffo en estado puro.

Narración evocadora con final imprevisto. Muy bueno , si señor muy bueno.

Ayer no me pitaba el divshare (será por el java de los cojones), pero hoy he podido escuchar
por fin tu canción. No la conocía (no soy excesivamente escarabajero) pero me ha gustado mucho.

En fín querido hermano lobo, un gran abrazo y un buen fin de semana.

Post Abrazum: quizas se me haya ido la neurona, pero ¿no llamaban 'FU' a los 1430 preparados?

kotinussa dijo...

Sois (casi) todos unos guarros. Pues no, no pasó nada digno de contar, salvo que yo no pegué ojo, que en cuanto pude me cambié a otra habitación distinta a la de la marimacho, y que desde entonces ya evitaba irme de excavaciones fuera de Cádiz con ella. En el trabajo, rodeados de gente, se comportaba normalmente, pero yo no pude olvidarme nunca de aquella noche con aquella tía con pinta de camionero búlgaro, el pelo corto como un chico, que llevaba motos de gran cilindrada y que se pasó toda la noche pegada a mí como un sello, mientras yo estaba hecha un ovillo procurando que se rozase conmigo lo menos posible.

Veinticinco añitos tenía yo, era bastante mona (nada más que mona) y más inocente que un bebé. Jamás me había imaginado que le hubiera podido gustar a una chica.

No me ha vuelto a pasar nunca.

The Foss dijo...

Kotts. Si. Definitivamente somos unos guarros.

Menos Fantasma que es un señor. No tienes más que leerle.

Ahora, no me negarás que la historia no prometía... Claro, que la visión del pelo a lo chico con motarro ... como que no me pone demasiado, no creas.

Wolffo dijo...

Gabriela tenía alguna relación con Canarias, te lo digo yo: o había vivido allí o su padre trabajaba allí y por eso estaba mucho tiempo fuera, o algo. Estaba de buena que se rompía, en serio, todavía me cosquillea la parte esa de las cosquillas cuando la recuerdo. ¡Ay...!

Jo, Fants, vaya comentario... da gusto leerlo, muchas gracias, hombre. Una maravilla, en serio.
Lorna, Lorna... qué mujer. Inmortal y odiosa, mortal y adorable, diosa y villana. Todos los que la conocemos sabemos de lo que es capaz (lo mejor y lo peor) y sabemos que es una, y única, sí, pero también es múltiple y diversa y es un pedazo muy importante de la vida de muchos de nosotros.
En fin, te llamaré para contártelo, claro, pero prométeme una cosa: si la ves tu primero, antes de atacarla, llámame, por favor, y antes de que dispuitárnosla, disfrutemos de esas cosas que disfrutan los amigos en común: hablemos de sus tetas sin que ella nos oiga.

Fray hermano, qué amable, hombre. Quizá te guste la canción porque aunque es una versión de la versión de los Beatles no es una canción suya. O quizá te gsute porque yo soy un genio que convierte en oro todo lo que toca. Tal vez. ¿Sabes? estuve a punto de ponerlo, lo del "FU", pero no estaba seguro y no me atreví, por si metía la gamba. Ahora, reconozco tu autoridad barriesca, y si tú lo dices, yo lo creo.
Un abrazo fuerte, hermano. Y gracias.

NO tiene nada que ver con ser guarro, Kotts, puede que lo seamos (yo lo soy, lo juro) pero no por eso. A los chicos nos gustan las historias de lesbianas. Lo que no ocurre, creo, al reves. no os gustan, en general, las historias de gays, ¿verdad? O sea, no sólo las historias, sino verlo y todo eso. Y ahora que sabes esto... ¿nos contarás lo que ocurrió de verdad?

Foss, creo que si insistimos...

Kotinussa dijo...

Wolffo, Foss, ya sé que os gustan las historias de lesbianas. Para mí es algo incomprensible, pero estáis hechos así, ¡qué le vamos a hacer!

Pero, por eso mismo, aquí no hay historia alguna, porque en esta historia no hay "lesbianas", sino sólo una presunta lesbiana (mi compañera la marimacho). Y claro, no me voy a inventar nada para que Foss, Buch y tú estéis contentos.

Pero sabes que soy la profe perfecta y abnegada, así que si un alumno distraído me pide educadamente que le repita una explicación de la que no se ha enterado, lo hago.

1. Estamos en unas excavaciones en un pueblo de la sierra
2. Hace un frío que pela (estuvimos cinco semanas entre enero y febrero, hasta que una gran nevada nos obligó a interrumpirlas)
3. Vivíamos en la nada confortable pensión del pueblo, con habitaciones como neveras, sin chimeneas, ni una mísera estufa.
4. Cuatro chicas compartíamos una habitación
5. Ni siquiera dentro de la cama podíamos entrar en calor
6. Con la excusa del frío, esta compañera me pregunta que si puede pasarse a mi cama porque piensa que así entraremos un poco en calor
7. Servidora, que era un poco tonta, no ve ninguna intención oculta en la petición, y accede
8. Cuando la marimacho se mete en la cama y se pega a mí, se me encienden como una lucecita en el cerebro, ato cabos, e imagino que el frío es sólo una excusa
9. Paso el resto de la noche al borde de la cama que pega contra la pared, procurando mantenerme lo más alejada posible de ella, sin pegar ojo.

Como eres inteligente y tal, creo que si te lo repasas unas cuantas veces puedes sacar un sobresaliente en el examen sin problemas. ¿Vale? El lunes, en el primer recreo, te repito el examen a ti solito. No se lo digas a tus compañeros de clase, que luego dirán que tengo favoritismo contigo, lo cual es verdad, pero no lo voy a admitir.

Besos.

linmer dijo...

Vaya, lo has dejado a medias, esperaba que te recrearas en el tema del sexo lésbico.

Yo tampoco había escuchado la canción nunca, coincido con Foss en que suena a mono y a radio de lámparas o a fiesta de graduación en plan regreso al futuro.

Bonitas historias paralelas se pueden leer en los comentarios, pero queremos material visual, sino no podemos opinar sobre si tal o cual estaba tan percutible como decís.

Un abrazo.

mahomal dijo...

Huy, no sabía que era una versión de un musical y me ha sorprendido un montón ver a esa damisela cantándola en el puente.
Y respecto al monopolio de Augusto, se lo acabo de quitar y ahora compartís un bipolio: ¿o te crees que lo de habértela aprendido por mí no puntúa? Y espero que cumplas lo de cantarla en mi presencia en cuanto haya ocasión.
El post me ha gustado un montón. Y los comentarios, por esta vez, casi tanto como el post

Besos y gracias otra vez

Wolffo dijo...

No es verdad que sea listo (inteligente), pero sí que sea distraído, aunque no en esta ocasión: las historias de chicas con chicas disparan mis alertas y cautivan mi atención; además, tengo una cualidad: no necesito releer para enterarme de las cosas que leo. Por eso, querida, no te pedía que me repitieras, esquematizado, lo que ya habías contado antes, sino que nos cuentes lo que, de verdad, ocurrió. En este contexto, acaso sea necesario advertirlo, "verdad" equivale a que te inventes una historia morbosilla, con su pelín de guarrez, y que nos dejes contentos, mujer, ¿tan difícil es?
Besos a ti, profa.

lin, el que a estas alturas no sepa lo buena que está (y estaba) Lorna Cor, no merece compasión de los dioses y no se ha ganado el derecho a leer las sáficas historias que nos va a contar Kotts. Los comentarios, lin, y en parte gracias a los tuyos propios (aunque, digamos, te lleven tu tiempo...), son la mayor riqueza de este blog. O la segunda mayor riqueza, después de la esplendidez de mi miembro. Dicho queda. Un abrazo, tío.

Pos ahí la tienes, Mal, esos cantarines gorgoritos en el puente son todo un... ¿horror? Algo de eso, me parece a mí. Vale, Mal, acepto el bipolio (¿duopolio?) y en cuanto tenga oportunidad, te la canto, no dudes. El dñía que te vengas para hablar de cosas aburridas, ¡zas! te la dedico. Un beso enorme y muchas gracias, guapa.

Kotinussa dijo...

Uy, que el niño se ha mosqueado porque la profe no le ha entendido bien. ¿Sabes cómo se evita eso? A las mentes un poco cuadriculadas como la mía, diciendo exactamente lo que quieres: Koti, invéntate un cuento chino, anda.

Pero sabes de sobra que entre mis múltiples talentos no está el de inventarme historias, así que eso es lo más que puedo ofrecer al distinguido público de este blog: un esquema que no se puede rellenar con más. Siento no tener tu creatividad. ¿Tan difícil es dejaros contentos? Para mí sí.

¿Cómo podríamos solucionarlo? Te autorizo a que con tu prolífica imaginación y tu mítica creatividad te inventes tú mismo la historia. El esquemita te puede servir para situar el contexto. Prometo que aunque vaya más allá de "una historia morbosilla, con su pelín de guarrez", no me voy a enfadar ni nada. Te firmo un cheque en blanco. ¿Te atreves?

Todo es poco para que mis queridos chicos de "Las Peroratas" disfruten un poco.

Besos.

Wolffo dijo...

NO quiero cuentos chinos, Kotts, dios mío, sólo quería una historia de chicas, pero vamos, que tampoco me va la vida en ello. La solución que propones no es factible: una historia de ese cariz de chicas contada por un chico carece de verosimilitud, así que olvidamos el asunto y santas pascuas. Gracias por autorizarme a inventar pero... como que no. Y, en general, te prometo no enfadarme cuando no te enfades tampoco tú, ¿te parece?
Venga, un beso y olvidemos el asunto.

Kotinussa dijo...

Vale, vale, está claro que no nos hemos entendido en absoluto. Lo siento. Pero compréndeme, por favor, si me pides que cuente algo que no ha ocurrido, es lógico que yo pensara que me estabas sugiriendo un cuento, chino o sueco, es lo mismo.

Besos.

Javier dijo...

Silvia y Claudia Messeguer. Algunas llamadas lúbricas y nocturnas tuvieron que soportar ...
Gabriela se llamaba Navarro, y sí, vivió en Canarias, recuerdo cuando su padre nos echó de su casa con muy malos modos. También estuvimos en su casa de Collado Mediano. Está reconocible pero algo apolillada.
Por cierto, el viernes vi a "la cerdita", ¡qué tiempos!

Un cronista anónimo.

Wolffo dijo...

Perdona, hija. Besos, Kotts.

Jajajaja, tú serás Anónimo, Javier (¿?), pero a las pobres chicas a las que mencionas no les has dejado opción, aunque te ha faltado poner su teléfono, ¿no lo tendrás? Eso sí, pásamelo por mail que no quiero que vuelvan a martirizarlas.... para eso me basto yo solito.
¿Viste a la cerdita? Para mí, ella siempre será la chica que te ofrece un trozo de su bocadillo rebosante de mantequilla. Es decir, asquerosa.
Un abrazo.

Javier dijo...

¿Javier? frío, frío.
No pasa nada, estos apellidos son ficticios. La cerdita lucía nuevo look, estaba totalmenta rubia. Impresionaba, la verdad.
Bueno, me pongo a producir.

Un anómimo cronista

Wolffo dijo...

No, no, si lo de Javier lo dices tú. Yo solo digo que "javier" y "anónimo" en el mismo comentario es raro, de ahí el "(¿?)". Que yo recuerde, la Cerdita ya impresionaba de pequeña, pero en el sentido terrorífico: era espantosamente desagradable.
Bueno, un abrazo, hombre, produce y reaparece de vez en cuando, a ver si soy capaz de adivinar quién eres, aunque, si conociste a la cerdita, y la llamabas así, hay pocas personas que puedas ser. Taluego.

Javier dijo...

Los dos conocimos de cerca a Carayari (y a su padre, sobretodo un día).
Abrazos.

Wolffo dijo...

na... esperaré nuevos datos, soy malísimo para las adivinanzas.

Pero te estoy vigilando...

Beatriz dijo...

A mí también me gusta especialmente esta canción de los Beatles, y tu versión también, caramba.
Y fíjate qué casualidad, que yo también conocí esta canción a través de un señor que se llama Augusto. ¿Será el mismo?
Como veo que tienes buen gusto para la música, te voy a recomendar que pinches en mi nombre de este comentario.
La cosa va sobre la portada del album Abbey Road de los Beatles. Y está interesantísimo.
Espero que lo disfrutes.
¡Beatles forever!
Besos.