miércoles, noviembre 18, 2009

Un amigo inesperado

Salgo, de noche y sin más equipo que unos ropajes decididamente inadecuados y mi teléfono móvil para escuchar la radio a caminar. Es un peligroso periplo y me encuentro cada dos por tres con indeseables elementos de la banda nocturna de aquí, Los Amos de la Noche, que, de momento, me dejan en santa paz. Pero al cruzar nuestros caminos nos desafiamos con la mirada y no parece impresionarles en absoluto mi tamaño; piensan que, aun siendo ellos netamente menos robustos, me superan en agilidad, velocidad, juventud, malas artes y flexibilidad y, sobre todo, en eso que tienen los malos y que no tenemos las buenas personas: ellos no tienen nada que perder y sienten un total desapego por la vida y, cuando pelean, lo hacen a muerte, sin pararse en barras, sin miedo a hacerse daño, y eso les distingue de nosotros. También les distingue de mí que pesan 10 veces menos y que son gatos.
Camino a un ritmo endemoniado (un poco más fuerte cada día) y tomo una cadencia que me obliga a regular la respiración, sobre todo cuando, como sucede a menudo, el camino se empina y la subida te frena el ímpetu, como si fuera un bofetón de realidad. Estos últimos días, a ratos sueltos, abandono el enérgico caminar para someter mi obesa anatomía al leve castigo de algo que, si bien sería exagerado llamar carrera, podríamos denominar trotecillo cochinero, pues es a un puerco trotón a lo debe asemejarse mi oronda figura cuando levanto los pies del suelo y dejo que mis kilos se balanceen de diestra a siniestra con plúmbeo gracejo hasta que noto que empiezo a cansarme y me dejo llevar, levanto el pie del acelerador y abandono el trotecillo para volver al andar enérgico.
Al pasar por las zonas no urbanizadas se ve el suelo tierno completamente hozado por los jabalíes en busca de trufas y raíces y eso, de noche y a pie, me da más respeto que gustito. Se ve (y se oye) a los búhos o lechuzas, no sé qué es lo que hay por aquí y sé de las miles de ardillas que pululan por aquí: cada noche, al menos, veo un par de ellas aplastadas por los coches. Porque. de vez en cuando, un coche, un humano despistado que conduce por estos lares, pasa trepidante junto a mí y las más de las veces me ignoran, pero también se da el caso de los que me pasan rozando más por dar por culo que por necesidad, porque la avenida es grande y no hay, nunca, más de un coche cada cuarto de hora.
Bien, eso es solo para contaros lo que me pasó con él.
Yo vivo casi en lo más bajo del cerro que da nombre a mi urbanización, muy cerca el embalse; salgo y voy avanzando por las calles describiendo grandes ochos hasta que llego a la parte alta del cerro; recorro ésta de sur a norte y desando mi camino. El total es unos 100 minutos de ándale, ándale.
Ayer, cuando hacía la parte alta del cerro, pegado a la izquierda de la calzada, noto una presencia silenciosa. Miro de reojo, pues no quiero parecer nervioso, y la presencia se hace sombra en movimiento. Avanza paralela a mí, a unos 5 metros y a la misma velocidad que yo, más o menos.
Es demasiado grande para ser un gato. Pero su andar es gatuno. Demasiado ligero para ser un perro y demasiado silencioso, elegante y no sé, demasiado… ¿salvaje? Es de color pardo, pero ya se sabe, de noche… solo que éste no es un gato. Me detengo.
Él se detiene también. Es un precioso zorro. Me acerco a él para intentar fotografiarlo con el teléfono. Él parece esperar, pero baja la cabeza sin dejar de retarme con la mirada. Me acerco a unos dos metros, dos y medio, tal vez. No más.

Después de un rato, parece perder el interés y se da la vuelta, deja la calzada y empieza a adentrarse en el campo. Entonces le llamo.
- ¡Eh…!
Y él, asómbrate, se detiene. Está un rato parado, como ignorándome, parece decirme con su lomo que no me teme, pero que no le resulto estimulante. Está a unos 15 metros de mí y apenas le veo. Pero vuelvo a llamarle.
- ¡Mira…!
Y el tipo, se vuelve displicente para ser retratado por segunda vez, pero esta vez, apenas se le distingue.
Después de tirar la foto, le digo, puesto que parece escucharme:
- Mañana nos vemos, ¿eh?
Pero él, sin contestar, simplemente se da la vuelta y, en silencio, se va.

(me gusta vivir en el campo)

17 comentarios:

Kotinussa dijo...

Estoy segura de que habrá miles de razones para que hagas ese recorrido a esas horas, pero como no estoy segura de tenerlas claras, pregunto: ¿No sería más agradable esa caminata por la mañana bien temprano? ¿No se pierde uno muchas cosas al dar ese paseo en medio de la oscuridad?

Besos.

Kotinussa dijo...

Por otra parte, ya se sabe que los zorros van muy sobrados. Saben perfectamente que los tenemos muy valorados tanto por su pelaje como por su supuesta inteligencia. De ahí la indolencia de su reacción. Tal vez si supiera que está cara a cara con uno de Los Ciclones sería más modesto. Porque eso sí, seguro que el muy soberbio no sabe tocar la guitarra, componer canciones o cantar. La ignorancia nos hace osados.

(He tenido que dividir el comentario en dos porque el ordenador estaba haciendo cosas raras y pensé que se me iba a colgar de un momento a otro. Y sí, se me colgó)

Joe Clemens dijo...

Y si el resultado es que vivas y nos cuentes cosas así... a mí también me gusta que vivas en el campo.
Un abrazo, oyes.

Fray dijo...

Que envidia me das, pero es lógico que un lobo como tú necesite el campo para sus paseos.
Yo que trabajo en Las Rozas y tengo dos paseillos (matinal y vespertino) obligatorios por día no he pasado de encontrarme alguna que otra ardilla inquienta saltando entre los arboles.
dale recuerdos a Fox si le vuelves a ver.
Un abrazo

Anima-Lin(mer) dijo...

Vengo sigiloso como el zorro, porque ¡hey!, amigo, yo también lo soy. Así que si hay alguna zorra por aquí... EHEMMMMM ¿Quién ha dicho eso? Malditos peces, siempre que los dejo sueltos me mamporrean el teclado hasta decir autenticas sandeces.

Que decía yo, que paso por aquí sólo y solo, por pasar a tiempo. ¿A que lo echabas de menos? El autoestima esta como los peces, ya ves, con el banderín por todo lo alto.

Debo decir que siempre me ha gustado tu estilo, esto siempre te lo he dicho, pero como te lo dicen a menudo y todo eso, concretaré un poco más: me gusta que impersones, es decir (ya que los mequetrefes de la academia no se dignan, tendré que hacerlo yo...), que cojas al sujeto humano y lo describas como es, te deshagas de su cuerpo natural y se lo coloques a otro, aunque a veces no sea propiamente una persona. Me gusta que siempre des giros y requiebros que, aunque alguna vez sean previsibles, siempre terminan por ser sorprendentes. Me gusta que adornes, que hagas filigranas, que inventes/revientes la realidad para contar cualquier hecho que te ha sucedido, o que habita en tu cabeza.

Y definitivamente, me gusta tu canción, me gusta mucho. No sabría explicártelo, pero te pega. Suena a ti. Y acaba sorprendiendo con ese aullido, como tus historias.

Un abrazo de osezno descarriado

Wolffo dijo...

Bueno, Kotts, en cieto modo, tienes razón: el que mi paseo sea nocturno hace que, en vez de ir por el campo, directamente, tenga que ir por zona alumbrada, la pequeña carretera que separa ese mismo campo de mi urbanización, lo cual es menos agradable claro. Pero es que no encuentro horas en el día para hacer eso. Demasiadas cosas que hacer y es a esa hora, a las 10 de la noche, cuando he decidido abandonar por completo la insana costumbre de ver la tele y salgo a pasear. Tiene otras ventajas, la noche: te encuentras animales salvajes y te encuentras menos animales humanos. Pero no te niego que, por aquí, a menos de 10 minutos a pie, hay unos increíbles paseos salvajes que son inviables de noche, y que serían preciosos de disponer del tiempo necesario. En cuanto al zorro, vete tú a saber si no era una zorrita y lo que quería era tema... no descarto nada, que nada es descartable... Un beso, Kotts, pero de los gordos.

Jeje, Joe, cuán amable sois, camarada; ya sabes que esta es tu casa, o sea, no, ni de coña, quiero decir que esta es mi casa y que puedes venir con tu equipo de magos que cambian las habitaciones en un minuto... y también sin ellos, claro. Abrazo.

Ya sabes, hermano, que los lobos somos más de andar ligero que de correr y que nuestras etapas son de grandes distancias a tren, no de carreras alocadas al sprint. Las ardillas son una bendición, hombre. A mí de da lástima que Sam, mi perra, le tenga esa manía a las ardillas, porque las mantiene alejadas de mi casa, pero son simpatiquísimas y me vendría bien un puñado de ellas en casa, porque con más de 30 encinas, mi parcela está continuamente con una alfombra de bellotas que alimentaría no solo a un millar de ardillas, sino a un par de gorrinos... Saludaré a Fox (The Foxx) si le veo, de tu parte, tronk. Un abrazo, hermano.

jajajajaja, anima-lin-merick, se te ve reluciente, por dios. Vaya, tus palabras me sonrojarían si no fuera porque soy un sujeto altamente susceptible al halago y me muero de gustito al recibirlos.
La canción, es una pasada y siempre me he identificado con ese lado salvaje, que no macarra, que propone en las relaciones humanas: hagámoslo, como si dijéramos.
Un abrazo fuerte, amigo, y gracias.

Princesa del Guisante dijo...

Bueno, si yo viese un zorro creo que batiría la marca de Bolt, pero claro, no es fácil que eso pase porque entre mis habilidades no está la de andar por andar, y mucho menos caminar por sitios solitarios y sin asfalto. No puedo decir que no me guste vivir en el campo, porque jamás lo he hecho y por no disfrutar de la vida rural no he tenido ni pueblo de mis padres o abuelos, que era una cosa que todo el mundo tenía cuando yo era pequeña...
Eso sí, con este relato haces que dé hasta envidia.

Wolffo dijo...

En realidad, vivo pegado a un ordenador y a una guitarra y por las noches... salgo a pasear, tampoco es que lleve una vida de lechuguino, Guiss, no creas.
De hecho, esas caminatas nocturnas las doy pisando asfalto, salvo los fines de semana, que no son nocturnas y son campestres del todo.
Y el zorro, no sé... yo creía que me daría miedo, pero no. Como caminaba a mi lado, era una sensación guay, en serio. Quizás si hubiese sido un tigre me hubiera cagado, pero un zorro es tan chiquitín...
En fin, que no es para tanto, es para mucho más. Y me encanta volver a leerte, Guiss. Me encanta. Un millón de besos.

Princesa del Guisante dijo...

Fíjate, cuando has dicho "y por las noches..." me has recordado al pretendiente de la ratita presumida. Nunca he entendido por qué la ratita se quedaba con el que prometía "dormir y callar, dormir y callar" Igual en eso reside la vocación de casada (de esposa o de mi señora, según quien hable)
Digas lo que digas, a mí me parece valiente caminar junto al zorro, incluso sin compararte conmigo porque en cuanto a soportar bichos tengo el listón por los suelos.
Otro millón para ti :)

Buch dijo...

Tranquilos, ya estoy aquí. Entiendo la magia de la comunicación silenciosa con otras especies, especialmente si esta comunicación es nocturna.POr ejemplo, en la peli "Stand by me", se da este hecho, con un ciervo, o algo así. Mola. LOs zorros son más pequeños de lo que uno puede pensar antes de verlos. Esto es un reportaje la mar de interesante.

BEsos.

Kotinussa dijo...

Qué cosa más rara. Cuando leí el post anoche, no vi el chisme para pinchar la canción. También es cierto que mi ordenador estaba haciendo cosas raras, de hecho se colgó a los dos minutos. Pensé que era muy raro eso de un post sin canción. Ahora ya la he oído y coincido con Limmer: te pega un montón. Dejando a un lado cuando haces versiones de Beatles o de Eagles, es éste tu estilo más identificable para mí. No sé explicarlo mejor, pero ya comentarán por aquí, como de costumbre, los que comprenden perfectamente lo que estás haciendo con la guitarra en ese momento y ese tipo de cosas, y lo dejarán bien claro.

Perdona el comentario tan churripastroso. Da hasta vergüenza, pero quería dejar constancia de que había oído la canción, y de que me gustó.

Besos.

Wolffo dijo...

A mí la ratita presumida me parecía, además, imbécil, así que estoy encantado por estar de acuerdo contigo y consternado porque me confundas con alguien tan mequetrefe como para intentar liarse con semejanta tunanta (¡toma cuota!). Prefiero liarme contigo, si no te importa, así que vuelve a parecerme bien que me consideres "valiente" y aquí estoy dándome los besos que me has dejado.
No doy abasto.

Buchie, guapo, no recordaba eso, pero, ahora que lo mencionas, tampoco. Pero esa peli, con el imberbe River Phoenix, me pareció simpatiquísima, así que seguro que es una buena cosa eso que dices del ciervo. Y el zorro este, era pequeño, pero cuando se queda así, como respitrando con la cabeza abajo sin dejar de mirarte, da un poco de canguis. (que no lea esto Guiss, por dios)

Es "Como un animal" de Gabinete Caligari y me gusta que menciones las guitarras porque tiene u arduo trabajo de guitarras esta canción. 3 guitarras cruzándose continuamente, nada menos. Es el tipo de canción con el que me crié, dejando de lado a los Beatles, Eagles y todo eso, esta música era la música de mi tiempo. Quizá por eso... Un beso enorme, Kotts.

mahomal dijo...

¡ME HA TOCADO PONER "RATIN" EN LA VERIFICACION! ¿Será por lo de la ratita presumida, porque el zorro es pequeñín, porque es exactamente el tiempo que dedicas a trotar en tus paseos?? No acabo de entender cual, pero esto tiene un significado oculto, fijo.

Pues yo me alegro mucho de que sigas con ese buen hábito y de que hagas esas amistades. Podrías consultar en google cómo relacionarse con los zorros y cultiva su amistad, y cuando vaya me lo presentas (pero después de cantarme el Till there...)

The Foss dijo...

Eh! qué bueno.

A mi me pasa un poco como a Guiss, lo de andar por el campo como que me queda un poco lejos (no muy lejos en km sino en afición). Me gusta mucho andar pero soy uno de esos paletos urbanitas que tienen que ir pisando asfalto y viendo tiendas, bares (sí, bares) y todo lo demás. Pero también me entra cierta envidia con roquefort al leerte.
Bueno, estuve no hace mucho echando una tarde de domingo familiar por tu zona. Empezamos a conducir y en no mucho aparecimos por Valdemorillo's Village y entiendo mucho de lo que cuentas...

Mola.

Zorros no he visto nunca (podría hacer una broma muy mala ahora pero me la ahorro) pero hace unos años, en Santillana del Mar, en pleno enero con un frío de narices, niebla, de noche (el parador está cerca del cementerio) ... escuché aullar un lobo y se me pusieron los pelos como escarpias.

Oye.

Abrazos muy matinales.

Wolffo dijo...

Me parece bien, Mahomal, que te fijes en esas cosas: yo también creo que los PADD (Peces, Ángeles, Dioses y Discretos, una sociedad secreta-hasta hoy- que gobierna realmente el mundo) nos mandan mensajes cifrados a través de estas "casualidades", no hay que dejar, nunca, de permanecer alerta.
En cuanto al zorro, es inútil, creo que su breve relación conmigo fue para dejarme claro que no me tenía miedo y que si quería seguiría paseando por ahí. O sea, que a este zorro no le va a asustar un lobo solitario y obeso. Es así. No obstante, trataré de seducirle con mi intelecto, ya que mi físico es incapaz, y si cuela, te lo presento. Un millón de besos.

Hola, The Foxx, my friend. Bueno, supongo que si vivieras aquí no es que te gustase o no, es que carecería de sentido ir a Madrid a pasear todos los días, aunque te aseguro que yo agradezco y disfruto los paseos por Madrid, siempre que sea sin el coche, que es una pesadilla.
Abrazos for you, my friend. Y buen día.

Beatriz dijo...

¡Qué suerte! Te ha pasado como al principito, que has domesticado al zorro y ahora es único para ti...
Que sepas que mi chico usa la expresión "trotecillo gorrinero". Casi como lo que dices tú.
Besos.

Wolffo dijo...

Qué va, Bea, el zorro dejó claro, desde el principio, que lo único que teníamos en común es que habitamos el mismo planeta, pero pasa completamente de mí: de hecho, no ha vuelto a aparecer, snif...!
Tu chico, evidentemente, sabe hablar como sólo sabemos hacerlo unas 17 personas en todo el mundo. Esa expresión le delata.
Un beso y gracias, Bea.