lunes, agosto 24, 2009

aeropuerto ’09 (la balada de la estúpida odisea, la muerte útil y el duelo vulgar)

Fly me to the moon

Mi querida amiga Kotinussa me convenció para que grabara esta canción. Vale, no es la mejor versión, pero es mi versión, y por eso, querría dedicársela a ella en este día que, si mis cuentas no salen mal, ella cumple años. Añado unas cuantas versio9nes más que, creo, serán de su gusto también y le dedico, asimismo, la historia que viene a continuación. Yo sé que a Kotts lo que más le gusta de mi página es cuando desvarío y la hago reír. Es arriesgado intentarlo, pero espero que ría con esta historia absolutamente disparatada de desastre aéreo y desastre posterior terrestre. Un beso, Kotts, y muchas felicidades.


Sinforoso Delano Rojo murió de la forma más estúpida que quepa imaginar: y este es un post de homenaje a su persona.
Sinforoso era casi obeso, y viajaba de vuelta de Tenerife a Madrid en avión, como todo hijo de vecino: en turista, y en turista (Vuelo 525i de Hem Air Roide, una compañía con fama de incómoda y con una realidad económica innegable: iba de culo) le entró el apretón y se dirigió al baño, digno y apresurado; como siempre, se llevó su novela para tener algo que hacer, algo que ocupara su cabeza, mientras se aliviaba. Imaginadle: concentrado, con los pantalones por los tobillos, los calzones perdidos entre la ropa arrebujada, y los faldones de la camisa hawaiana cayendo a ambos lados de sus gordos muslos, que ocupan sin dejar resquicios el agujero de la taza, su novela en el regazo y haciendo esfuerzos regulares para efectuar la descarga de archivos nocivos. Como mucha gente que sufre de constipación del vientre, un apretón no significa una evacuación rápida, completa y satisfactoria. Sobre todo cuando estás fuera de tu rutina. De tu casa. Significa, de corriente, que has de sentarte, apretar los dientes, las tripas, y sudar la gota gorda para que el asunto fluya. Es un esfuerzo no continuado, sino que, como la inspiración, viene y se va. De repente, Sinforoso lo siente: ¡ahora! Y aprieta con todo su ser durante un minuto para expulsar una canica que, en la poco acogedora taza del avión, suena no al caer al agua, sino al rebotar, como un pimball, en las paredes no inundadas del inodoro. Bien, pues para los interludios inter-aprietis, a veces de diez minutos de reloj, cada uno de ellos con sus sesenta segundos del mismo reloj, un libro es mejor compañía, y ofrece mayor consuelo, que contar las baldosas o la literatura (mejorable) de las etiquetas del desatascador de tuberías.
Como casi toda la gente estreñida, además, a este mal le acompañaba una silente hemorroide que se irritaba y florecía magnífica (como queriendo saludar) cuando las sentadas de Sinforoso superaban los quince minutos.
Por mucho que duela leerlo, e imaginarlo, me debo a la verdad y a ella seré leal en el relato de los hechos que acontecieron a bordo del vuelo 525i. Y por ello advierto a los sensibles de corazón, a las mentes impresionables y a los débiles de tripas revueltas, que no avancen, por favor, en esta crónica verdadera, sí, pero cruda y cruel con la sensibilidad.
Sinforoso el lector, atravesaba en ese momento una época Elmore Leonard, y era la quinta novela del gran novelista americano. A Sinfo le daban esas épocas (las tenía Wodehouse, novelaza histó/érica, grandes sagas, Jardielescas, ingleses de principios del siglo XX, contemporáneos americanos o clásicos personales) y ahora estaba ya a punto de terminar con Leonard, pues estaba un poco harto ya de los arquetipos leonardescos: el poli duro, el prota hiper duro, pero sensible, el malote desagradable y sin sentimientos y el fortachón enorme, chulo, tonto y cobardica. La que ahora devoraba, aquella cuyo canto vibraba entre sus rodillas desnudas mientras apretaba para expulsar un tronquito en ese momento, era Joe LaBrava y a él le gustaría ser como el prota, claro.
Apretaba pues, los dientes, las páginas de Joe LaBrava y las tripas cuando sucedió lo inesperado: de la presión, el cerito dijo que no aguantaba más tensión y se desgarró con gran aparato hemorrágico y sonoro. El grito de Sinforoso no fue pequeño, pero quedó apagado por el descomunal pedo, que fue lo que llamó la atención de Rosita, la azafata, que en ese momento preparaba el carrito de la infamia (el tentempié de abordo).
La tranquilidad de Rosita y el ano de Sinforoso, no fueron lo únicos arruinados por la gigantesca ventosidad: la taza del inodoro, que estaba preparada para las más grandes cagadas, era a prueba de mierda, como si dijéramos, no estaba sin embargo, diseñada para los efectos que el atronador cuesco produjo: unas ondas demasiado potentes para la débil estructura metálica del wáter: como si, en lugar de una hez, Sinforoso hubiera cagado un misil aire-tierra, el pepino mortal, tras dejar atrás el sangrante culo de nuestro héroe, atravesó el fuselaje del avión y cayó, produciendo un mini seísmo marino, en el atlántico, matando una ballena payasa y tres peces-berenjena que le estaban dando la mañana a la ballena, riéndose a sus lomos.
Las consecuencias en la cabina fueron inmediatas: el comandante Mich Tanguy percibió el impacto e interpretó que se trataba de un ataque terrorista, así que le dijo a Marjorie, azafata y, a la sazón, hermana guapa de Rosita, que se levantara de donde estaba sentada (o sea, encima de él) y que iba a confirmar que se trataba de un ataque terrorista.
- Dios mío, ¿y si lo es…? – preguntó aterrada Marjorie
- En ese caso –dijo el comandante Tanguy mirando de forma ausente al horizonte extraño (porque las nubes eran el suelo) pero hermoso (porque se trataba del cielo, al fin y al cabo) - en se caso, Marjorie, si lo que tenemos entre manos es un ataque terrorista, bonita, terminamos lo que estábamos haciendo, que se te da muy bien y así nos despedimos del mundo con una sonrisa.
Pero no era un ataque terrorista.
Aunque sí terrorífico, a juzgar por los daños causados. El agujero del fuselaje hizo ventosa en el culo de Sinforoso y la hemorroide, los intestinos, el estómago y todas los higadillos salieron del cuerpo sin vida de Sinforoso y, en contacto con la atmósfera, provocaron una pequeña, pero letal, lluvia ácida en la costa oeste de El Jadida (Marruecos).
En realidad, no se me ha escapado lo de "el cuerpo sin vida de Sinfo", pero quería resaltar (para facilitar la labor de Grissom y sus muchachos) que murió del pedo, y que cuando se vació como un odre rajado, estaba ya fiambre.
En el avión, superada por el pasaje la conmoción del super-pedo, el comandante Tanguy su puso manos a la obra y dejó que el copiloto, Ramón E.T. siguiera a los mandos del avión, exactamente igual que si siguiera follándose a Marjorie. Fue a inspeccionar los daños causados en la cabina por el temible cagarro volador.
- ¡Joder, joder, joder…! – fueron sus únicas palabras en los primeros minutos de su inspección. Nadie sabía si se trataba de una exclamación causada por la impresión, de cabreo o simplemente de la verbalización de su deseo, de su coitus interruptus.
Cuando comprendió la naturaleza del incidente (la gran cagada) tuvo un acceso de humanidad: se descojonó internamente, vamos, y tuvo que hacer grandes esfuerzos por no hacerlo abiertamente cuando abrieron el W.C. y vieron al parcialmente desinflado Sinforoso con la expresión de dolor cagón congelada en el rostro.
Rosita, jefa de azafatas de abordo, había hecho la inevitable pregunta “¿hay algún médico abordo?” y el doctor FantCotts se personó, claro, para echar una mano.
Así que Rosita, el comandante Tanguy y el doctor FanCotts formaban el gabinete de crisis que se asomaba, incrédulo al W.C. donde el cuerpo vacío de Sinforoso seguía en esa poco decorosa postura.
- Démosle dignidad a la escena, vistámosle – dijo Rosita
- ¡Anda… está leyendo a Elmore Leonard…! – dijo el doctor y se dispuso a ayudar a Rosita y aprovechó cuando pasó a su lado para tocarle el culo.
- ¡Por dios, no lo haga! – gritó el comandante
- Envidia, ¿eh…? – dijo doc
- Me refiero a mover al sujeto… gracias a su gran culo, está haciendo de tapón y nos está salvando la vida a todos. Le vestiremos al aterrizar. Si le movemos, la cagamos…
Y nadie puedo evitar, esta vez, las risas apagadas.

Sinforoso Delano Rojo fue rellenado por un taxidermista para que su capilla ardiente tuviera un cadáver presentable en el féretro. Porque hubo capilla ardiente. Era la típica noticia idiota que encantaba a los periodistas: un hombre salva, gracias a su obesidad, a todo el pasaje del vuelo 525i de HAR de una muerte segura. Durante tres días, y a falta de una catástrofe mejor que rellenara los noticiarios, se entrevistó a la tripulación y los viajeros del vuelo, que mintieron como bellacos para parecer buenas personas (“era un tipo simpático, le dio un caramelo a mi hijo…” “era un pasajero modelo –dijo Rosita-, educado, atento con nosotras, siempre agradable… ha sido una gran pérdida”). Se entrevistó a un sinfín de psicólogos y pretendidos expertos en las más variadas disciplinas con las preguntas más peregrinas (¿deberían vigilar en los aviones a los obesos? ¿habría que habilitar vuelos especiales para estreñidos? ) y se oían las típicas y falsas frases de siempre: “hay que seguir adelante”, “es lo que a él le hubiera gustado”, “la muerte no puede marcar nuestra hoja de ruta” y estupideces así.
Joaquín Sabina, perdido en su habitual mar de chocheo mental, le escribió una canción; Nieves Herrero promovió una asociación de “Héroes Obesos”; Matías Pratts hizo un guiño de los suyos diciendo que Sinforoso dejaba “un legado… de peso…” y sucedieron todas las cosas que suceden siempre.
En los programas del corazón se hicieron unos sonrojantes homenajes con supuestas novias (unas veinte, en total) todas con una pinta inefable de golfas calentorras que jamás se hubiesen acercado a Sinforoso en vida y que, sin embargo, ahora contaban sin pudor sus hazañas sexuales con un poco verosímil, sorprendentemente hábil y bien dotado Sinfo. Todo terminó cuando unos de esos programas, presentándolo como una exclusiva, entrevistó en directo, telefónicamente, a la madre de Sinforoso.
- Esperad, esperad – dijo el presentador, tratando de acallar los cacareos de los pretendidos periodistas que debatían- porque tenemos en directo, en exclusiva, a Dorotea, la madre de Sinforoso… Dorotea, cariño, buenas noches, le agradezco muchísimo que nos atienda en tan dolorosas circunstancias, pero, como sabe, estamos tratando de que la gente conozca al verdadero Sinforoso… díganos, Dorotea, ¿cómo era Sinforoso?
Y se oyó, atronadora, la voz de la decencia
- Váyase usted - sollozos-, y todos los que están ahí--- -respiración entrecortada-, a tomar por culo. ¿Me han oído? - gritando - ¡¡A tomar por culo, malditas hienas!!

Y no tengo nada más que añadir.

17 comentarios:

Kotinussa dijo...

No sé si llorar de emoción por la dedicatoria, de risa por la historia de Sinforoso, o de sentimiento por escuchar una de mis canciones favoritas en tu voz, Wolfillo.

Tan encantada estoy que voy a pasar sutilmente por el hecho de que todavía quedan tres días para mi cumpleaños (es el 27), y me has robado 72 horas de la cuarentena. Pero no lo tengo en cuenta en absoluto, porque tu dedicación al elaborar esta historia tan conmovedora y al cantar la canción del gran Frankie (aunque la canción no es suya, existía años antes, con otro título, pero fue él quien la puso de moda, y no se puede negar que su maravillosa voz la mejoró sobre todas las versiones anteriores). Hasta que llegaste tú. Porque tu versión, aunque no tenga la absoluta perfección de La Voz, le toma la delantera por el cariño, la amistad y las ganas de complacer a una amiga.

"In other words" (que es como se llama la canción realmente), te adoro por estas cosas, como grabar una canción para una amiga porque sabes que le gusta, aunque tú no te sientas plenamente a gusto con ella. Te adoro cuando desvarías y cuando no desvarías. Te adoro cuando me haces reir y cuando te pones serio, reflexivo y sentimental.

Los besos que te envío hoy son indescriptibles. Creo que todavía no se ha inventado la palabra que los defina.

Wolffo dijo...

Lo mejor es reírse, Kotts, como me río yo de mi idiotez: así que el 27, ¿eh...? Dios mío, estoy en la luna, no hace falta que me lleves volando.
En realidad, la canción se llama Fly me to the moon, pero no siempre se llamó así. Es curioso que nos fijemos en las mismas cosas, las mismas anécdotas de las canciones y en las historias de la historia que, yo lo sé, te apasionan. Por eso me permito corregirte levemente y decirte que, como ya contaba hace unos meses (http://otradewolffo.blogspot.com/2009/03/ella-esta-en-la-luna.html) la canción nació como "in other words", es verdad, pero la insistencia del público en llamarla por su primer y magnífico verso, hizo que los editores le cambiaran el nombre en el registro y su nombre, desde entonces, es Fly me to the moon que, en esoe stamos todos de acuerdo, es mil veces mejor como título que el soso "en otras palabras".
Voy a aprovechar para recoger esos besos no descritos que me dejas y un día, te lo prometo, te los devolveré en forma de historia, o de canción o de algo, pero los atesoro y ya te llegarán de vuelta. Ten paciencia, porque estas cosas son como el vino o el jamón: necesitan su tiempo y dejar que maduren a su ritmo. Pero lo tendrás, puedes creerlo. Y, si me acordara de la fecha exacta, podría hacerlo coincidir, de verdad, con la fecha buena...
Besos enormes, Kotts y felicidades adelantadas.

Buch dijo...

Género de catástrofes con desinflado, enhorabuena, ya era hora de que alguien se preocupara en algún post de dar la cara y afrontar este tema con valentía y honestidad. Por supuesto que a todos nos gusta escribir sobre cielos azules y nubes vaporosas, sobre mujeres guapas, o sobre caravanas de tuaregs. Eso lo hacemos todos, pero nadie se había atrevido a profundizar en el proceso de desinflado ni mucho menos en el marco de la catástrofe aérea.
Te felicito pues.
Pero ahora tendrás que dar la cara de nuevo, todos esperamos que afrontes sin ambages el asunto de las colisiones ferroviarias.
Con un par.

Besos.
PD: ¡Bebida toda la cerveza que se vende en este bar! ¡¡VEN A VER A LOS CICLONES!
PD2: ¡Muchas felicidades a Kott! ¡Que invite a acedías!

Wolffo dijo...

Tus sabias palabras, amigo Buch, son un bálsamo para mi espíritu quebradizo e inestable. Ya pensaba que estas 1.700 palabras atizadas a traición no ibab a tener más lector que Kotts (no se me puede ocurrir, por otra parte, un mejor lector), pero veo que tú eres todo un hombre y no te arredras ante dificultades nimias.
Acedías... joder, de repente, me has recordado a mi madre en la playa de Torregorda, comiendo acedías y tratando de convencenos de que era mejor eso que las hamburguesas...
uf.

Kotinussa dijo...

Buch, si te tuviera a mano, te invitaría a acedías y a gloria bendita, no lo dudes.

Tú madre era muy sabia, Wolffo, y Buch, por lo que veo, también. Está por ver si sigues prefiriendo las hamburguesas a las acedías, porque no dices al final si cambió tu gusto.

Otra cosa. Voy a estar el puente de la Inmaculada en Madrid. Si Los Ciclones tuviérais una actuación el 5, el 6 o el 7 de diciembre por la noche en algún lugar de Madrid, me volvería loca de alegría. A ver si hay suerte y os cuadra.

Wolffo dijo...

Me gustan mucho las hamburguesas, Kotts, pero he aprendido a amar el pescado, aunque las acedías, la verdad... prefiero peces más contundentes.
Tenemos que cerrar los conciertos de Los Ciclones (queremos dar un par de ellos entre octubre y diciembre) y esa fecha podría ser factible... a lo mejor hay suertecilla, Kotts, y se cumple nuestro deseo (tuyo de vernos y de Buch y mío de que no veas) de coincidir en el momento y el lugar oportuno.
Iremos informanding, naturally.
Un carro de besos.

Buch dijo...

¡Pues se agradece mucho!. También me gusta mucho la fritura gaditana, y la fritura por si misma, y la gaditana ni te digo.
¡¡VIVA KOTTS!!

The Foss dijo...

Estoy con Buch. Bueno ahora no, yo estoy en la oficina e imagino que él estará en la suya (aunque vaya ud. a saber...)

Pero estoy con Buch, repito, en que este es un post valiente. Y aún diría más, es un post contundente.
(Que se lo pregunten a los del avión...).

Y es muy valiente reconocer en público como algo que a priori es una cagada (terrible e infantil juego de palabras indigno de mi, lo sé) se torna en salvador de la humanidad (al menos de la que viajaba en el avión).

Además, veo que eres consciente del tiempo en el que vives. Antes, cuando uno palmaba se decía de él todo eso de que era un gran tipo y mejor persona. Ahora, en cuanto hay ocasión se llena la tele de cerdillas dicendo que se lo han tirado, que si la tenía de tal o cual forma ...

Y esto amigo Wolffo, ¿no es bonito también?

Tremendo y divertido post, digo!.

Abrazos señorito.

PD. ¿Acedías? Creo que no. Cazón en adobo o tortillas de camarones, eso ya es otra cosa.

Wolffo dijo...

Bien dicho Foss, también es valiente por tu parte, admitir que es tás de acuerdo en algo con un ser como Buch al que la gente, no me explico porqué, no parece amar y desear como, por ejemplo, a mí. Está bien que no se sienta solo.
Otra cosa de hoy en día son los psicólogos. Se muere alguien y allí que van corriendo 900 psicólogos para ver si:
a) le sacan pasta a los familiares
b) salen en la tele
Y luego, pero eso no es de hoy, sino de toda la vida, a los muertos les sutjen amigos por doquier.
Estoy contigo (bien sabes que no físicamente, pero sí en espíritu) con los de las acedías: mejor, mucho mejor, el cazón, aunque no sé... una duda, Kotts, si lees esto: ¿el cazón es el que en la isla llaman bienmesabe? Las tortillas de camarones, sin en cambio, me son completamente inverosímiles, usease, indiferentes.
Saludos vigorosos, buen amigo. Y gracias, eso siempre.

Kotinussa dijo...

Pues sí, Wolffo, el cazón es lo que en San Fernando llaman bienmesabe. No está mal el cazón, pero lo verdaderamente importante es que quien lo haga sepa hacer bien el adobo, que es lo que le da toda la gracia, y que haga el plato como debe ser, haciendo el adobo el día antes y dejando el pescado metido en el adobo hasta el día siguiente. Hay platos que requieren su tiempo, que hay que empezar a preparlos el día antes, y eso muchas veces se ha vuelto incompatible con la forma de vivir de hoy, nuestras obligaciones y nuestras prisas.

Las tortillitas de camarones, como todo en esta vida, pueden ser gloriosas o una masa vomitiva. Tienen sus secretos: que la harina sea mitad harina de garbanzos y mitad harina normal, que la masa salga muy fina y que se frían en un aceite muy, muy caliente, para que queden finas, etéreas, que se deshagan en la boca, y no un tolondrón de masa pastosa.

En general, cualquier pescado frito fuera de determinadas localidades pierde mucho, porque la gente no se conoce los trucos. Cuando yo he explicado a algunos compañeros de trabajo que tenían que usar harina de pescado para el idem, y lo han hecho, me han contado luego que han notado una gran diferencia, y es que si eres de Zaragoza, por ejemplo, no tienes ni idea de que exista la harina de pescado y, claro, usas la misma que para el bizcocho y el resultado es abismalmente diferente.

Pero bueno, si algún día se da la conjunción interplanetaria de que Buch, Foss y tú estéis en Cádiz al mismo tiempo, os llevaría a comer a algunos sitios de donde saldríais levitando de placer.

Y después de esta clase magistral de cocina (y encima gratis), me callo ya. Sólo decirte que, una vez ya pasado el día, el mejor regalo que he recibido ha sido el tuyo, que lo sepas.

Besos tamaño XXL en cantidades incontables.

Buch dijo...

No estoy de acuerdo contigo, Wolffo, y te lo digo sin ánimo de descalificar a un sinvergüenza como tú. Yo soy un ser de lo más deseado, y, muchas veces he tenido que sacudirme de encima a mujeres tipo la clásica rubia amerciana un poco gordita rebuenísima. ¡Ea!.¿Como se te queda el cuerpo? Bueno, no sé si la acedía es lo mejor de la fritura gaditana, a mi, desde luego me gusta más que el cazón, aunque para mí el rey es el chopito, donde va a parar. Eso hablando de frituras sureñas, porque si hablamos de pescados sureños en general, lo que más me gusta a mi, y que por tanto debe marcar tendencia, es la sardina en espeto, por las buenas.
Otro día os hablaré de delicias marinas del norte, pero hoy homenajeamos a Kott, y Kott es como más del sur.
Y tú, Wolffo eres una tortillera degenerá y gorfa.
Y Foss es muy buien tío, y muy gracioso y un día nos vamos a comer por ahí, coñe.

Wendeling dijo...

Ufff... tengo tal ataque de risa que no veo por las lágrimas.

Gracias!! por la canción y por el post, te necesitaba.

Besos de una maia.

(Empieza a dolerme la tripa de tanto reirme xDDDDD )

Wolffo dijo...

Caray, tres días desconectado es como estar tres años en la luna...
En San Fernando, siendo pequeñajo, Kotts, compraba los cucuruchos de papel de bienmesabe y aquello era para morirse: hasta que no descubrí Romerijo, creo que se llamaba así, en el Puerto de Santa María, me parecía lo más del "fast food" hispano. Ayer comentaba con Buch, mientras compartíamos una paella post-conciertil, que a mí el marisco ni fu ni fa.. pues lo mismo me pasa con las tortillas de camarones, o con el caviar: no me parecen tan buenos como parece que te tiene que parecer, como si fuera obligatorio que te gustaran determinadas cosas. Ese día por el que clamas con más deseo que esperanza (un día que nos juntemos un buen puñado de amigos allá abajo), será, fijo, un día genial, pero si me dejo caer yo solo (no invites a Buch, es un tragaldabas y con su encanto norteño te desarma y acabas pagando no solo la comida, sino el hotel y su avión), ¿verdad que me llevarás a que se me deshaga el sentío?
Besos enormísimos, Kotts, y a ver si se cumplen todas estas cosas que abstractamente, son tan fáciles de imaginar...

Te desean, no digo que no, Buch, pero no es un deseo espontáneo y verdadero. Pongamos por ejemplo, el rock and roll: me oyen cantar y tocar la guitarra y dicen, dios mío, es el hombre de mis sueños; luego me miran un poco mejor y se imaginan qué ocurriría si un tiarrón como yo estuviese encima y dicen, mejor Buch, que es del mismo grupo, pero no es tan corpulento. Aunque sorprenda, estoy casi contigo en lo de la sardina en espeto (uno para mí y otro para el resto de la mesa): no es lo que más me gusta, pero es casi insuperable. A mí de Andalucía me gustan más las piernas de las andaluzas.

¡Wen, my dear! qué gustito verte por aquí otra vez... te echo de menos, debo decirlo sin ambages. Y echaba de menos un poco de coba lectora, que de vez en cuando viene bien. Un beso muy gordo.

Anónimo dijo...

faltó la bolsita de café para evitar el ataque terrorista. y es que estas cosas pueden suceder de verdad.
besos

Wolffo dijo...

Pos tienes razón. Faltó eso.

linmer dijo...

Maldita prensa de mierda jajajjaa

Grande, Wolffo, grande.

Wolffo dijo...

NO sé porqué te metes con ellos: hacen una labor que te cagas...

Abrazo, lin.