jueves, marzo 13, 2008

Un libro y una canción

A day in the life

Esta es una canción de esas de las que uno puede decir, "es una obra maestra" delante de cualquier musicólogo petulante y conseguir que se calle. Porque lo es. Es un trabajo tan soberbio de composición y arreglo, con una lírica tan brillante, con una interpretación tan estremecedora, que no cabe duda sobre su magnitud. Una pieza formidable, enorme, incontestable.
Desde la primera vez que escuché la canción, me enamoré de ella. La melodía de la parte principal, de John Lennon, el crescendo de la orquesta, el puente, de McCartney, la batería magistral de Ringo, al que muchas veces, muy injustamente, se minusvalora como instrumentista... todo en la canción es una obra inspiradísima y todo coincide y confluye en en un punto, álgido y genial, que hace de esta canción una pieza inolvidable. En un documental sobre el 30 aniversario de grabación del Sgt. Pepper's..., George Martin, el productor (y quinto Beatle, en realidad), pone las cintas originales de este tema. En la primera toma, se oye contar a John Lennon para dar entrada al grupo y, una vez empezada la canión, George Martin quita todas las pistas excepto la voz de John.
Os juro que jamás he oído nada más emocionante y estremecedor: su voz, sencillamente, te llega a lo más profundo del alma, y no es una exageración. Aparte de eso, es una hermosa canción, un precioso tema.
Como yo soy como soy, he exagerado la guitarra acústica, que es mi seña de identidad musical, pero he respetado todo el arreglo original, excepto que introduzco alguna que otra vocecita extra que no está en el original. Y eso, lo de sobrevocalizar las canciones es otra seña de identidad de mi música. Supongo que conoces la original, pero si no es así, búscala porque es, sin duda, una de las cumbres de la música del siglo XX.
Si te gusta esta versioncita mía, como siempre, estaré encantado de que la bajes, gratis total, y de que lleves, además de en tu corazón, en tu disco duro o en tu iPod o mp3. Píllala de aquí:

Cerca del parque donde te conocí, junto a la sucursal de la Caixa y Mercadona, donde aún puden oírse los gritos de los niños que juegan al fútbol, ahí es donde quiero volver a verte. Quiero ver tu vestido granate, tu pecho elegante y generoso; quiero ver tu cara apareciendo tras las grandes gafas de sol, tus caderas rotundas y prometedoras y tu melena descendente, lamiendo tu figura, como si fuera el foco que, en el escenario, hace que todos nos fijemos solo en ti.

Ese fue el peor y, a la vez, uno de mis mejores días, ¿sabes?

Iba en mi vieja Lambretta y tú me esperabas con los brazos cruzados, el libro sobre el pecho y tu figura, apoyándose ahora en el pie derecho, ahora en el izquierdo, parecía impaciente por verme llegar.

Habíamos quedado a las 10, porque ese día, los dos nos saltamos la clase y nos íbamos a regalar algo por haber resistido juntos un mes. Un mes sin vernos, además.

Nos conocimos aquí, claro, pero hace un mes. En ese portal, en el último piso, el cuarto, creo, donde un amigo de nosequién daba una fiesta aprovechando que sus padres no estaban en ese fin de semana, un fin de semana de enero, el primero después de reyes. Un frío fin de semana, un fin de semana inolvidable.

Yo te miraba bailar, con tu amiga, la de los fulares, y me quedé embobado viendo volar tus manos, tu pelo y tu risa impetuosa. Entonces tú eras así: te reías de nuestras fiestas, de nuestras cosas. Te reías de que para mí fuera importante que mi traje gris tuviera pantalones estrechos, de perneras por encima de los tobillos, para que todo el mundo apreciase bien la rotundidad de mis zapatones, y que mis calcetines rojo eléctrico hacían juego con el polo que asomaba, abrochado hasta el cuello, por debajo de la chaqueta. Te reías de mis chapitas de los Kinks y los Small Faces, de mis gafas oscuras, de mi pelo pincho, de mis pastillas azules y de mi forma de bailar. No te impresionaba nada que hubiera estado en Brighton y que allí, hubiéramos quedado con unos rockers locales para pegarnos y que al final, acabáramos bebiendo cerveza juntos. No te impresionaban, tampoco, los espejos y los faros y el respaldo de mi Lambretta, ni mi gabardina verde con el escudo de la RAF a la espalda ni que me supiera todas las canciones de la primera época de los Who y las de los Jam. Todo eso te hacía sonreír.

Por eso, porque no eras una modette como las demás, porque ibas a tu son, cuando saliste de aquella fiesta de empujones y bailes brutales, yo te seguí.

- ¡Eh, espera...!

Te diste la vuelta y parecías muy segura de que comería en la palma de tu mano en cuanto la extendieras. Empezamos a hablar y fue un desatre, porque yo intentaba epatarte con mis modos mods, con mis conocimientos de música de los años 60, de anfetaminas, de sitios con marcha... pero tú no te ibas. Sólo sonreías y me hacías ver que así nunca te conseguiría.

A ti te gustaba el cine. Hablamos de diálogos brillantes, tú escogiendo algunos buenísimos y yo esforzándome por quitar de mi cabeza los de Quadrophenia porque, dejando aparte que era todo muy mod, sabía que el guión de esa peli, y la peli entera, salvo la banda sonora, era una auténtica mierda. Me contaste uno muy bueno:

- Me gusta uno de “Con la muerte en los talones” de Hitchcock, ¿sabes cual es?

Afortunadamente, mi hermano era un loco del cine y sí, conocía la peli.

- Claro... la del tren, y el avión fumigador y todo eso...

- Bien, pues hay un momento, justo después de que Cary Grant se libre por los pelos de morir aplastado por el avión fumigador, en el hotel, en la habitación de Eva Marie Saint, en el que Cary Grant, que ya no se fía de ella le dice, zalamero: “Señorita, es usted de esa clase de mujeres que podría matar a un hombre casi sin proponérselo, así que... ¿por qué no deja de proponérselo?” Es genial, ¿no te parece?

La verdad es que era genial y yo no me quitaba de la cabeza películas musicales que tenían de todo menos diálogos brillantes. Pero me acordé de uno.

- ¿Has visto Yellow Submarine?

- ¿Yellow Submarine... pero eso... esa no es de dibujos animados? – dijiste reticente.

- Sí, pero es buena... – dije, intentando armarme de valor- Hay un momento, cuando están en el Mar de los Agujeros...

- ¿El Mar de los Agujeros? Eso suena muy bien...

- Justo, el Mar de los Agujeros – proseguí, animado – bueno, están allí Ringo y John, ya sabes metiéndose en los agujeros arriba y abajo, una escena muy psicodélica, muy de la época, y de repente, Ringo se agacha y coge del suelo un agujero, lo dobla y se lo mete en el bolsillo y dice con su voz tremenda y grave I gotta hole in my pockett, “tengo un agujero en el bolsillo”

Reíste con ua carcajada cristalina, limpia y afilada que se me clavó en el corazón. Nada, ni siquiera el hecho de estar frente a un Mercadona (no tenemos ofertas, nuestros precios son una oferta constante), hizo que el momento fuera devaluado: fue un momento mágico porque nadie ríe como tú. Entonces, a partir de entonces, se me olvidó que era un chico mod y un poco idiota y hablamos largo tiempo, hasta que, vaya, llegó el momento de besarnos. Había gente en la calle, así que nos metimos en uno de esos cajeros que están en una especie de hall del banco, cerramos la puerta y nos besamos durante unos 45 minutos. Simplemente nos besábamos y nos robábamos la lengua y el labio inferior, y chocaban nuestros dientes con choques leves y suaves y yo inspeccionaba el cielo de tu boca y tú reías cuando la punta de mi lengua te rascaba allí y yo sentí que el mundo podía terminar en ese momento.

Tenías que irte y yo también. Estuvimos un mes sin vernos, porque que un vecino tuyo trabajaba en esa sucursal de La Caixa y se encargaba de visionar las cintas de la cámara de seguridad. Dio la maldita casualidad de que esa misma noche, alguien entró en ese cajero pero no para morrearse con su chica, sino para intentar reventarlo. Tu vecino vio la escena de las risas y los besos y le pasó la cinta a tu padre, quien, la verdad, no encajó demasiado bien mis chistes procaces y mis manos exploradoras.

Así que, un mes y medio después, tras un montón de interminables, larguísimas conversaciones telefónicas, en la Mobylette Cady de mi hermano Suso, me acerco a ti, y tú me esperas ahí, en la puerta del Mercadona (pruebe nuestras marcas Hacendado y DeliPlus). Tienes el libro que me has prometido. Y yo llevo una cinta con una canción de los Beatles que he grabado para ti.

No me he quitado el casco aún, ni siquiera me he bajado de la moto, pero tú muestras una habilidad lingual asombrosa, y evitas la mentonera del casco y consigues saludar a mi lengua con la tuya en el beso más vocalmente acrobático de la historia de mis besos (no sé si de los tuyos).

Me das el libro: El libro de las tierras vírgenes, de Rudyard Kippling. Una maravilla, eso es lo que pienso ahora, después de los años y de haberlo leído, al menos, una docena de veces, porque entonces pensé, ¿qué mierda es eso que me das?

- ¿Te gusta Kippling? – me dijiste.

- (¿Quiplin...?) Mujer, qué cosas tienes, no me va a gustar... – dije, pero no tenía ni idea de quién era, ni puta idea, vamos.

- A mí me deja k.o. No hablo del poema ese “If”, que le gusta a todo el mundo, y a mi también, claro, sino de su forma de escribir, de contar las cosas: este libro es el mejor libro del mundo. Ya verás cómo te suena la historia y... cómo te gusta el libro - todo eso que dijiste era como chino básico para mis oídos lerdos y yo sólo sonreía con cara de bobo, pero no entendía nada - ¿Y tú qué... me traes algo?

- Claro, toma... – dije acercándole la cinta (una Basf C-60, de las buenas, buenas)

- Ah... una cinta...

- Te he grabado una canción

- ¿Solo una...?

- Bueno, es que la canto y toco yo la guitarra y el bajo y todo

- Ah, vale... y ¿me va a gustar la canción?

- Claro: la he escogido por el último verso que dice, después de que en la estrofa explique que han encontrado cuatro mil agujeros en Blackbourne, Lancashire, y que tuvieron que contarlos todos, que ahora sabían cuantos agujeros hacían falta para llenar el Albert Hall, ¿entiendes?

- No

(¿qué pasa, es que eres tonta?)

- Agujeros que llenan, ¿no ves el juego de palabras?

- Ah, sí...

O sea, que no eras tan tonta.

- Te traigo otra cosa. Toma – le dije y le regalé, impulsivamente, mi walkman - te dará vidilla.

- ¿Vidilla?

- Sí, vidilla, vidilla, diminutivo de vida, cariñosote, en -illa, en vez de en -ita, es más gracioso: ya verás cómo te da vidilla.

- Vale, me voy, pero te empezaré a escuchar desde ahora mismo. ¿Me prometes que leerás el libro?

- Sí, claro (¿por qué napias me meto yo en estos jardines?), pero yo esperaré a llegar a casa para leer tu libro, si no te importa

- No me importa.

Y te fuiste. Y mi walkman no te dio, precisamente, vidilla.

Me quedé mirando tus preciosas caderas alejarse de mí. Y tu pelo lamiendo tu espalda y tus orejitas preciosas tapadas por los auriculares de mi walkman y yo sonando dentro de tu cabeza e impidiéndote escuhar el claxon del taxi que te arrolló y te mató en menos de un segundo, antes de que nadie se diera cuenta de lo que estaba pasando.

O sea, que mi walkman no te dio vidilla.

Ahora, voy a poner un epílogo.

Epílogo.

No he leído su libro. Es decir, esa obra sí que la he leído, muchas veces, pero el ejemplar que ella me regaló, con una cariñosísima dedicatoria que no os cuento, duerme a mi lado y todas las noches, antes de dormir, lo miro, lo tomo en mis manos y, sencillamente, no puedo leerlo. Pero me gusta meterlo bajo la almohada y mis sueños siempre empiezan por sus besos y sus besos siempre me ponen alegre, y la alegría me hace dormir tranquilo y el sueño reparador me hace separar el día de la noche y creedme si os digo que aún la amo.

Creedme, porque no puedo dejar de amarla, por mucho que me disfrace.

Creedme.


22 comentarios:

Binche dijo...

Primer!!!!!!!!!!!!!!!!!!

(ahora leo este testamento taaaan largo)

Binche dijo...

Que historia tan bonita con un final tan triste, me has dejado de piedra!


Besoss

The Foss dijo...

Qué tío!!! me has hecho retroceder hasta el 83 o el 84 por lo menos. Las chapas en la solapa (que mi madre aún hoy se debe avergonzar de mi si las recuerda), Quadrophenia, The Jam (siempre The Jam), las Lambrettas ... Aunque a la hora de la verdad, cuando pude comprarme algo fue un coche porque me acojona conducir una moto por Madrid.

Incluso pensaba en ir a Brighton, aunque lo mismo es una porquería de sitio ... No tengo ni idea, la verdad.

Y todo esto, mientras escuchaba la canción (que ya está en la Blackberry of course) y alucinaba. Me parece una de las canciones más bonitas y más difíciles de tocar de los Bitels y, la verdad, no sabía qué me iba a encontrar al descargarla.

¿Sólo con la acústica? Tenía que oirlo y, curiosamente, esta vez no he tenido problemas para bajarla Divshare

¿Puedo quitarme el sombrero? La has clavado. Sobre todo me ha enganchado el principio, los primeros acordes y la entrada de voz... En dos palabras: Mag nífica

Solo se me ocurre una cosa: Now they know how many holes it takes to fill the albert hall

Best regards.

el_Vania dijo...

Joder.
Me has dejado hecho polvo.
¿Sabes?... en ocasiones tus escritos son montañas rusas de emociones. Absolute Thrills. Todo chascarrillos, amorío, pastel, tensión sexual implícita, romance explícito... Y esa gran hecatombre final que me ha dejado con un nudo en el estómago.
Precioso el gesto del libro. Reliquia, testigo.
Y la frase de O sea, que mi walkman no te dio vidilla. me parece acertada, aunque puede sonar a humor negro (qué cojones, lo es).
Tienes ese don, no me gusta hacer la pelota a la gente y lo sabes... pero transmitir cosas así, es algo que ya me gustaría. Aunque esta historia no me hubiese gustado escribirla, por motivos obvios.
PD: Te creo, Wolf.
A LIFE in a DAY.
Salud y Saludos.

Claudia Magdalena dijo...

Si he de morir de ardiente frenesí, quisiera me recordaran del modo que la sigues amando.

Me has cautivado.
Un abrazote... CLAUDIA

Wolffo dijo...

MariBinchi's
Bueno, no sé si es bueno dejarte de piedra cuando se trata de una historia... ¿quiere eso decir que te has quedado fría? ¿Que ni fu ni fa... que no te dice nada? Pues tú dirás... Venga, Tuli, muchos besos, guapa.

The Foss
las chapitas... a mi madre le hacían gracia, especialmente la clásica de los Who con el escudo de la RAF de fondo y la flechita masculinizante en total erección. Yo tuve una Lambretta 200 con faros y espejos extra y la rueda de repuesto haciendo de respaldo... era chula. Eso sí, nunca fui a Brighton y la verdad, ni ganas, porque yo no era mod, era solo un poco, un pelín mod-way, simpatizaba con ello, pero nada más.
Sólo con la acústica quiere decir que la única guitarra que toco es la acústica (hay tres aunque no lo parezca), la batería y la cuerda son de maquinorro.
La canción es soberbia, ¿verdad? Una cosa tremebunda de verdad. voy a ver si encuentro el trocito ese de la antología de Beatles que digo, y lo cuelgo, para que se te derrita la columna vertebral con la voz de John. Qué buena frase es afinal, ¿eh?
Un abrazo enorme, Fossman.

Vanitas
Bueno, life is a rollercoaster, you know, si todo estuviera escrito y fiera previsible, qué aburrimiento, Van.
En cuanto al humor negro, es el intento de los discretos por no sucumbir a los devaneos de la brutalidad cotidiana.
A life in a day... o cómo la vida se escapa por el desagüe sin que tes cuenta, en un segundo.
Un abrazo, Vanitas, my friend.

Caudette
estoy seguro de que no hace falta que te mueras para que mucha gente te recuerde así... y mucho mejor todavía. Tú vales mucho...

Un beso y un abrazo, cholita.

Binche dijo...

Wolff, con lo de "me has dejado de piedra" quería decir que me habías dejado echa polvo. Una historia tan bonita, tan bien contada y con un final tan tremendo no puede dejar frío a nadie.

Es que según te iba leyendo me iba transportando a los 80. Yo no era mod, pero era lo que entonces se denominaba "vanguardista", ya sabes, Simple Minds, Echo & the Bunnnymen, Talking Heads, Radio Futura, etc. Ropa fundamentalmente de color negro, faldas anchas y largas casi hasta el suelo, cinturones por encima de las camisetas, pantalones ajustados y de pitillo, pelo con permanente, etc. Bueno, que te voy a contar que no sepas.
El final es tan inesperadamente triste que me dejó en blanco para describir lo que sentía en ese momento. Lo siento mucho, entiendo que nunca hayas podido leer ese libro.

Besos

The Foss dijo...

Yo tampoco era Mod, lo que se dice Mod, porque básicamente no era nada.

Y eso es algo que mis amigos de aquella época no entendían. Ellos únicamente escuchaban rock duro (ACDC, OBUS y demás). Pero yo, que llevaba escuchando música desde que era un crío, ponía cosas tan dispares como Billy Joel, Los Ramones, Ella Fitzgerald, Paul Wheeler, Los Elegantes, Nacha o Marley.

Pero tuve una época en que me gustaba mucho la música Mod (y alguna chica de ese estilo), incluso escuchaba ska.

Lo que también me ha traído recuerdos es lo de las cintas BASF. Eran buenas ¿verdad?
Y si la chica te gustaba en serio pillabas una de "chrome" para grabarle las canciones.

Abrazos again.

Buch dijo...

A day in the life. Tiene esa parte de John, de cuando le cuesta, pero que el cabron consigue que le quede bien. Creo que hay que tener mucho talento para componer cosas que en realidad casi no puedes cantar. Y la parte de Paul, bueno, no es la única vez que lo ha hecho, ahí está ese cacho de You never give your money, y también aporto un cacho así pianñistico-diferencial que hay en "Live and let die". Para mi esta historia tiene una cosa especialmente destacable, y es que es de lo máspulido, es máspùlida que la magnífica serie "June", y escrita desde un poquito más afuera.
Ya entenderé lo que quiero decir...

Luna dijo...

Aprovechando que hoy descanso del curro me he paseado por tu blog y ;-O ups... prometía un final menos trágico la historia pero catapúm, toma mazazo... nunca me han gustado loswalkmans...

Estoy escuchando la canción en este mismo momento, me encanta, ese sonido acústico que sacas tan limpio y me gusta que parece que haya un montón de gente contigo ;-)

Besazos!

Anónimo dijo...

Hola WOLFFO-ito

No he entendido lo de "cholita" :-)

Si muero, ya sabes... Claudia-FENIX y Claudia-CIGARRA.

http://www.youtube.com/watch?v=sMTFL_yYX2g

Un beso (sorry, dos besos) para tí, trovador de pluma irreverente.

Anónimo dijo...

Mi PAPA me decía: "No seas 'TAN' Quijote"... yo me resistí y me sigo resistiendo a renunciar.
He muerto, me he dejado matar, me han matado, y aquí estoy.
He sobrevivido y soy la suma de mis momentos. No he muerto y mis instantes tampoco lo han hecho.
Explicarlo es como cuando he intentado explicar la brecha y diferencia entre perdonar/disculpar y olvidar.
No puedo pretender que cada instante no haya sido vivido... y busco entenderlo.
Pienso y creo que entender me ayuda y me permite aceptar.

http://www.youtube.com/watch?v=YH6masTdEzs

CLAUDIA

Anónimo dijo...

Hola,entro porque pienso que este post y sobre todo esta canción merecen muchos más comentarios.La historia,bien; la canción, impresionante, aunque no me atrevo a hacer con ella el experimento definitivo. Con las otras me bajo varias versiones, las pongo en una carpeta y las escucho todas juntas (por supuesto,la tuya entre ellas)y nunca desmereces. Con esta no me he atrevido(los dioses son los dioses)jajajaja.De todas formas estás genial.Otra más para la tercera recopilación, que como las dos anteriores regalaré a mis amigos para que engorde tu ego(que conste que no quiero interferir en tu dieta).Espero escucharte algún día en vivo y en directo.Hasta la próxima.

mahomal dijo...

Yo no sé en qué frasquito estuve metida todos aquellos años... Tampoco conocía esta canción, pero tu versión (original para mí) me gusta muchíismo.
Y tampoco me esperaba yo ese final del post. Me ha pasado como a ella, que estaba tan distraida con la lectura que ni me enteré del taxi que venía a toda leche..Pero me ha gustado, y más aún el epílogo.
Muchos besos, Montaña

Wolffo dijo...

Vaya, llevo un par de días sin conexión, así que se me acumula el curro. Vamos.


Binche
Oh... me vas a tener que perdonar, Binche, pero es que querías que me doraras la píldora un poquito más.
Echo and the Bunnymen eran de Liverpool, como los fab4, Talking Heads, Simple Minds... a mí me encantaba ese rollo también, pero siempre robó mi corazón, en primer lugar, la música de los años 60.Tienes que mandarme una foto con peinado eighties, Binche, de verdad, lo necesito.
En cuanto a la realidad y la ficción, soy yo el que he regalado ese libro, en realidad. Y lo he leído unas 12 veces, de verdad. Nadie debería morirse sin antes leerlo.
Besios a ti, Tuli, y mil perdones y dos mil gracias

FossMan
Tenías amigos durillos, ¿eh? Yo tenía uno hardrocker, pero era tan buena persona que a todos nos parecía que eso de que le gustaran ACDC, Barón Rojo y Obús, era más una una extravagancia de posse que otra cosa. La música mod es fantástica, hombre, como casi toda la música, a mí me gustaba y, aunque tampoco fui mod, coqueteaba con eso un poquito. Pero siempre me ha encantado, por ejemplo, el rock and roll, que era el enemigo nº 1 de los mods. Esas cosas eran las que me fastidiaban de ls tribus, en general: eran demasiado cerriles.
¡Qué importante era grabarle una buena cinta a una chica que te gustaba! Te pasabas horas eligiendo las canciones y grabándolas, pensando en el orden y todas esas cosas. Ay...
Buena semana santa, amigo.
Abrazos.

Buch
Es que en composición, hay que econocerle a Paul una majestuosidad y una versatilidad que nadie más posee. Es una especie de Mozart, salvando las distancias. Quizá no tiene, para mí, el genio y el talento interpretativo de John, pero le reconozco una superoiridad sobre John en la composición.
Y bueno, matxo, cuando entiendsas lo que quieres decir con lo del "máspùlido", ya me lo explicas, ¿sí...?

Lunilla
Los walkman tienen esa cosa traicionera. A mí me gustaban, como ahora el iPod, para dormirme una siestecilla musical, pero no para ir por ahí caminando.
me encanta que te guste la canción, porque es de mis preferidas, y la he grabado con mucha ilusión. Así que ojalá la disfrutes. Besos, Luneros y semanasanteros, de todas las clases.

Claudia, supongo,
cholita es como cabecita loca, algo así. Es una expresión tradicional wolffa, que viene de hace dos días que es cuando la inventé con este sentido.
Tu papá, tenía razón, Claudia, no seas tan Quijotesca, pero sí un poquito. Los papás casi siempre siempre razón, excepto cuando me llevan la contraria a mí, que dejan de tener razón en el acto.
La vida, enr ealidad, es un juego sencillo, si te pones a ello, Si resuelves una serie de sencillos y elementales enigmas, sencillamente, se suceden los acontecimeintos y te vas adaptando sin dramatizar. Te mando besos, superviviente, y te deseo unas felices vacaciones. Sé buena, pero tampoco te pases.

Hola, anónimo
en realidad, no necesitas excusa para entrar, estás invitado permanentemente, incluso cuando la historia o la canción te den cien patadas.
¿Eres el de Cai?
Si es verdad que haces eso, recopilaciones Wolffas, y las regalas a tus amigos, mi ego va a estallar, colega.
Un abrazo muy fuerte, muchas gracias y feliz semana santa.

mahomalilla
¿Por qué dices eso...? Seguro que estabas pasándolo bomba y punto. ¿No conocías esta de los Beatles? es buenísima, ¿a que sí? y me gustaría estar en tu cabecita para ver qué pasa cuando se oye esta canción por vez primera, con lo buena que es, y resulta que la canta un amigo tuyo. Si haces ese ejercicio, escríbelo y me lo mandas, ¿si?
Es que la música no es para ir escuchándola por la calle, requiere concentración, así que... bueno, mantén los ojos abiertos, y recuerda que la historia es hasta la última línea, y muchas veces, ni siquiera termina ahí...
Besos y feliz semana santa, Mal.

ANNA-LYS dijo...

Wooow is that You singing???
Touching voice, indeed!

Princesa del Guisante dijo...

Iba pensando, a medida que te leía, en los besos sorprendidos, en lo poco que puedo concentrarme yo en las conversaciones de cortejo previas a los besos inaugurales, en las rubias frígidas de Alfred, en la maestría que llegué a alcanzar cuando grababa cintas, empalmando las canciones para no desperdiciar ni un milímetro y que no hubiera vacíos de sonido... pero en realidad nada de eso importa delante de un relato así, que serpentea suave hasta que estalla sin que se supiera que había pólvora dentro.
No sé si es el que más me ha gustado de todos los que te he leído hasta ahora, porque sin repasarte entero no me atrevería a hacer una afirmación tan tajante, pero sé seguro que sí es uno de los que más. Seguro.

Wolffo dijo...

ANNA-LYS
Hmmm... yes, that's me!
Thanks & kisses.

Guiss
besos sorprendidos... eso parece el germen de una película. Juliette Binoche en Besoso sorprendidos, con Edward Norton, Guillermo del Toro y Alfredo Landa.
Es verdad que cuando sabes que va a pasar no te concentras. A mí me pasa también, al menos. Normalmente hablo y contesto y digo bobadas, pero lo que hago es mirar los labios de ella, ver si atisbo su lengua, imaginar sus posibles reacciones (se quita, se deja, me come ella también...) e imaginar, no te rías, qué hago con las manos. No me refiero a meter mano, que suelo dejarlo para la intimidad, sino a saber si la abrazo, si le toco la nuca, si acaricio sus mejillas, si aprieto sus manos... esas cosas.
Empalmar los temas no era solo una cuestión de espacio, o tiempo, sino de que pegara una canción con la siguiente. Era importante una buena cinta en las transiciones.
En fin; en realidad, mi querida y deliciosa princesa, todo esto sí que importa, sea como sea el relato, porque me sirve para que bajes la guardia y distraerte mientras miro tus labios y no te vas a dar ni cuenta, pero me vas a tener enredando en menos que canta un gallo.
Un beso, claro, y gracias por tu forma de leerme.

kotinussa dijo...

Pues sí, hubiera sido una pena que me hubiera perdido esta historia, con ese final tan triste que no me esperaba.

Me ha recordado los tiempos de las cintas de casette grabadas en casa, las Basf C-60, por supuesto. Sin embargo, mis tiempos no fueron de cajeros automáticos donde meterse a darse besos, doy fe de que en Cádiz no existían por entonces. Los primeros que hubo eran accesibles directamente desde la calle, y los que daban esa cierta intimidad no vinieron hasta mucho después.

Ahora espero cada mañana a que me recojan en coche para ir al trabajo delante de un cajero de esos, pero aparte de que me coje ya un poco tardíamente, mi cajero está ocupado por un indigente que se monta cada noche una casita la mar de mona en su interior.

Wolffo dijo...

Kotts
hablo de los años, más o menos, 82-83, en los que, la verdad, es posible que no hubiera cajeros, puede ser una incongruencia, pero me suena que sí los debía haber ya, ¿no?
Y no deseches lo que no conoces, mujer, tal vez ese indigente tiene una sorpresa para ti... puede que sea un lector admirado de León Felipe, por ejemplo.
O mío, o tuyo... vete tú a saber.

Muchos besos y muchas gracias, preciosa.

linmer dijo...

Perdón por el retraso, malditas vacaciones, son como acumuladores de trabajo.

canción me parece sobervia, no diré más.

La historia magnífica, como nos tienes acostumbrados, los diálogos son lo mejor, se puede palpar el temblor del protagonista mientras trata de impresionarla inútilmente. Y digo inútilmente porque cuando hablas con una chica así, es que ella ya te ha elegido, por lo que lo único que tienes que hacer es no estropearlo (ojo, que a veces, esto último no es tan sencillo).

Un abrazo amigo.

Wolffo dijo...

linmerick
De una vez por todas, no te disculpes nunca más por venir a comentar. Cualquier palabra tuya nunca llega tarde. Me ilusiona verlas, en serio, sea cuando sea.
Gracias por encontrar soberbia la canción, lin, y tienes muchísima razón en lo de "inútilmente" y en la percepción que tienes de la situación. Y en que es dificilísimo no estropearlo... muchas veces, lo normal es cagarla y lo meritorio es sencillamente no tirarlo todo a la basura.
Un abrazo y gracias, Lin.